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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 19-09-2018

El problema de Oslo es que sigue vigente

Yamal Yuma
Middle East Eye

Traduccin para Rebelin de Loles Olivn Hijs.


Seguimos dispuestos a construir sobre las ruinas de otro pueblo destruido; somos una nueva generacin combativa posterior a Oslo que ha aprendido las lecciones del pasado. No ser fcil pero Israel no nos deja otra opcin. Nuestra gente ha demostrado que la constancia sumud nace de nuevo todos los das en Palestina.

Un tribunal israel ha condenado a la comunidad beduina palestina de Jan al Ahmar (al este de Jerusaln) a ser destruida.

Despus de haber sido expulsados de sus hogares hace dcadas en el curso de la Nakba, la limpieza tnica generalizada sobre la que se cre el Estado de Israel, los beduinos de Jan al Ahmar vuelven a ser desplazados. Y esta es solo una de las 20 comunidades de la zona que Israel tiene previsto eliminar.

No es que el mantenimiento de la limpieza tnica revele el fracaso del proceso iniciado con la firma de los Acuerdos de Oslo hace un cuarto de siglo; ms bien pone de manifiesto las consecuencias para las que se planific el propio acuerdo.

 

Estratagema para la opresin

Los Acuerdos de Oslo representan una perversa estratagema para la opresin, la des-posesin y la fragmentacin de nuestro pueblo. Con la experiencia de la Primera Intifada Israel entendi que sus principales objetivos eran colonizar la tierra y reforzar su control sobre la poblacin ocupada.

Jan al Ahmar se prepara para hacer frente a los bulldozers y este es un momento crucial para revisar los dos medios de dominacin que se ocultaban tras el histrico apretn de manos de 1993 en el csped de la Casa Blanca.

1. En esencia, los Acuerdos de Oslo fueron el anteproyecto de la solucin Bantustan para el problema palestino. Israel consider que clasificar la divisin del territorio de Cisjordania, tal como recoga el acuerdo, en reas A, B y C era una herramienta para una anexin gradual. Las reas B y C, que comprenden la mayor parte de Cisjordania, deban llenarse de colonias y finalmente anexarse.

En 1993 vivan en Cisjordania (incluida Jerusaln Oriental), la Franja de Gaza y los Altos del Goln, menos de 300.000 colonos israeles. En la actualidad son ms del doble los que pueblan decenas de asentamientos, y siguen aumentando. En los primeros seis meses de 2018 se aprobaron unidades de vivienda para ms de 27.000 colonos en los territorios palestinos ocupados.

Desde Oslo, Israel ha incentivado considerablemente la construccin de infraestructuras de asentamientos, que incluyen reas industriales, hospitales, universidades, agro negocios, etc. El objetivo es hacer que el mapa geopoltico de Cisjordania se parezca a cualquier otro territorio bajo control israel: reas israeles residenciales, industriales y altamente desarrolladas rodeadas de comunidades palestinas desposedas y privadas de servicios bsicos.

Poltica de expulsin

En 2002 Israel comenz a construir el Muro de Apartheid que rodea ciudades y pueblos palestinos de Cisjordania aislndolos de sus tierras y de sus reservas de agua as como de Jerusaln. Gaza, por su parte, lleva desde 1994 rodeada por una valla cuya funcin se materializa en el brutal asedio actual.

El proyecto israel de Oslo se completa con una poltica sistemtica de expulsin de ciudadanos palestinos de reas residenciales restringidas solo para israeles a pesar de estar dentro de la Lnea Verde, y en la anexin de Cisjordania donde se aplica de manera gradual la legislacin israel a los colonos mientras se restringe la administracin militar a los guetos que se encuentran dentro del Muro.

2. La segunda dimensin de la trampa de Oslo es aquella por la cual la direccin palestina se transform en administradora del gueto. Primero, los Acuerdos de Oslo establecieron la Autoridad Palestina (AP), un organismo supuestamente destinado a supervisar la transicin hacia un Estado palestino pero dependiente en realidad, y en muchas facetas, de las fuerzas de ocupacin.

Ms tarde, Yaser Arafat transfiri a la AP muchos poderes, como por ejemplo las relaciones internacionales y la supervisin del Fondo Nacional Palestino, la tesorera de la Organizacin de Liberacin de Palestina (OLP) que financia los partidos polticos. Esto someti a los partidos polticos palestinos y a las instituciones de gobierno a los objetivos de las fuerzas de ocupacin.

Para empeorar las cosas, hace una dcada la AP accedi a que cinco organismos internacionales, incluyendo el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional, controlaran y supervisaran los gastos y las polticas palestinas. Esto puso fin a toda toma de decisiones independiente e impuso eficazmente el neoliberalismo como poltica de Estado.

Rehn del pago de la deuda

Mientras el Estado [la AP] destina el dinero principalmente a las fuerzas de seguridad entrenadas por Estados Unidos e Israel, y a falsos proyectos de desarrollo que han generado una lite minoritaria pero enriquecida que se aviene a coexistir con la ocupacin, la gran mayora de la poblacin se ahoga cada vez ms en la pobreza.

El apoyo de la AP a los agricultores palestinos, verdaderos protagonistas de nuestra resistencia y constancia, es casi inexistente. En cambio, se alienta a los bancos a dar prstamos fciles a personas que han perdido sus medios de vida a causa de la ocupacin israel convirtindolos en rehenes del pago de una deuda que les incapacita para hacer frente a la ocupacin.

La actual divisin entre Hamas y Fatah ha fragmentado an ms al pueblo palestino y ha transformado la cuestin de cmo construir un liderazgo eficaz para la liberacin a otra sobre quin administrar los bantustanes.

Hemos alcanzado uno de los puntos ms crticos en la historia de nuestra lucha por la justicia. La ideologa racista de Israel basada en el principio de un grupo etno-religioso que domina un Estado construido en la tierra de otro pueblo y que defiende mediante guerras y muros infinitos cuenta con partidarios fanticos en todo el mundo, desde el presidente estadounidense Donald Trump hasta el primer ministro indio Narendra Modi, pasando por la derecha que re-emerge en Europa.

Deber colectivo

Israel y la Administracin Trump se sienten fuertes para ir ms all de Oslo y cepillarse unilateralmente las cuestiones medulares de la lucha palestina. Ignorando el derecho internacional y el consenso, la Casa Blanca ha reconocido a Jerusaln como la capital de Israel; asimismo puede reducir arbitrariamente hasta nueve dcimas el nmero de refugiados palestinos a los que otorgue reconocimiento. De momento, ya ha dejado sin financiacin a la agencia de ayuda de la ONU para los refugiados palestinos, la UNRWA.

Est claro que nuestra direccin no est en condiciones de responder a esta ofensiva ni a las necesidades de su pueblo ni a nuestra lucha. Por lo tanto, nos corresponde a todos y todas asumir la responsabilidad colectiva de garantizar la supervivencia del pueblo palestino.

Tenemos que enterrar el nefasto legado del proceso de Oslo y hacer espacio para nuevas alternativas. Necesitamos un liderazgo responsable y democrtico, y estructuras de toma de decisiones que puedan traducir la disposicin de nuestro pueblo para el sacrificio y la accin colectiva en un programa y una visin comn que rechace la construccin del Estado bajo la ocupacin.

La nuestra es una lucha de liberacin. En lugar de elogiar la cooperacin en materia de seguridad con la potencia ocupante y regatear sobre fronteras, tenemos que volver a oponernos radicalmente el proyecto supremacista del sionismo basado en la exclusividad tnica. Las reivindicaciones de justicia social deben tener prioridad desde una plataforma igualitaria y democrtica, lejos de las disputas y los enfrentamientos de los partidos polticos.

Ir ms all de Oslo  

Tenemos que seguir desligando nuestras relaciones internacionales del marco de los Acuerdos de Oslo. Despus de 1993, muchos pases pusieron fin al boicot a Israel sin que este hubiera cumplido previamente la exigencia de acabar con las violaciones israeles de los derechos palestinos. Lo que debemos exigir hoy en da es que la rendicin de cuentas y la justicia precedan a cualquier compromiso.

La campaa internacional de Boicot, Desinversin y Sanciones (BDS) que lideran los palestinos es un paso en la direccin correcta. El compromiso constructivo con un Estado que practica el apartheid y con empresas y organismos que lo apoyan significa recompensarlos por violar los derechos humanos.

Mientras Israel prepara sus bulldozers para destrozar las vidas y los hogares de los residentes de Jan al Ahmar, hacemos un llamamiento a nuestra propia gente y a la comunidad internacional para que sancionen y boicoteen a Israel y a las corporaciones que le proporcionan la maquinaria que utiliza para nuestra limpieza tnica.

Seguimos dispuestos a construir sobre las ruinas de otro pueblo destruido; somos una nueva generacin combativa posterior a Oslo que ha aprendido las lecciones del pasado. No ser fcil pero Israel no nos deja otra opcin. Nuestra gente ha demostrado que la constancia sumud nace de nuevo todos los das en Palestina.

 

*Yamal Yuma naci en Jerusaln y curs estudios en la Universidad de Birzeit donde se inici en el activismo poltico. Desde la Primera Intifada se ha centrado en el activismo de base. Yuma ha sido desde 2002 coordinador de la Campaa Palestina de Lucha Popular contra el Muro del Apartheid, y desde 2012, coordinador de la Coalicin por la Defensa de la Tierra, una red palestina de movimientos de base.

Fuente: https://www.middleeasteye.net/columns/problem-oslo-its-still-alive-1380989227



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