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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-12-2005

Asturies y su progreso: La casa se est cayendo

Carlos X. Blanco
Rebelin


De entre las peores lacras del marxismo y de la filosofa orientada hacia el socialismo se encuentra la mana del progresismo. En nombre del progreso se han cometido los peores crmenes contra el hombre y los atentados ms salvajes contra la naturaleza. Por ms que se quiera respaldar esta persistencia de progresismo en la izquierda con ciertos textos sagrados de Marx, Engels, Lenin, etc., lo cierto es que han transcurrido muchos aos desde que aquel espritu decimonnico y prometeico prevaleciera entre las filas proletarias, ora socialdemcratas ora comunistas. La crtica de la sociedad capitalista global, la oposicin a esta economa depredadora e imperialista, debe asumir que el Progreso es una religin indiscutida y una enfermedad moral que padecen por igual fuerzas burguesas y fuerzas de izquierda. La tcnica, el desarrollo, el crecimiento, la ciencia y el bienestar... Todas estas ideas son dolos, y hay que acostumbrar a una nueva izquierda a no dejarse postrar ante ellos. Nos parece abyecto que aquellos que pretenden un mundo y un rgimen de produccin alternativo y posible, sigan comulgando con estas ruedas de molino. Molino de destruccin.

Lo ms universal es lo ms prximo. El anlisis del capitalismo mundial quiz empieza a ser posible cuando desde el mbito de la pequea patria y del marco ms local se puede incoar una crtica, una impugnacin global al rgimen econmico que se nos ha impuesto. Nuestra patria es Asturies. Y desde ella se quiere levantar la protesta. Por qu no comulgamos con estas ruedas de molino? Qu dolos exigen el sacrificio de todo un pueblo, de una cultura, una lengua, una nacin? Los arriba mencionados son dolos homicidas y genocidas. La idea de progreso de lvarez Areces y de su caterva de progresistas y socialistas no nos merece el ms mnimo agrado, el menor rayo de luz ni de esperanza. Desde que estos progresistas se encaramaron al poder, muchos aos atrs, en nombre del progreso, el desarrollo, la competividad, etc., hicieron desaparecer casi del todo la unidad productiva (pero tambin tnica, social, cultural) que fue la casera o quintana tradicional. Recordamos todava el crimen que supuso ante los ojos del Principado criar a una o dos vacas y la disuasin que las instancias gubernamentales ejercieron sobre los aldeanos menos pudientes. Menos casera humilde y ms empresas agrarias. Ese fue el dogma. Concentracin y engrandecimiento de las explotaciones para que stas fueran competitivas. Simultneamente, al proletariado se le sacudi con toda la fuerza que se pudo por obra del cierre estatal por decreto y la ley de la porra. Lo que no pueden hacer los burcratas, lo completan los antidisturbios.

Casi desaparecieron las vacas, los maizales y las instalaciones mineras y fabriles de nuestro pas. No estamos haciendo sino un cuadro impresionista de una realidad socioeconmica que cualquier hijo de Asturies ha podido constatar. Desde la abundancia de elementos prototpicos con que los asturianos de cierta generacin fuimos criados en nuestro entorno percibido (Umwelt), hemos pasado, de golpe y porrazo (nunca mejor dicho) a la escasez artificial y decretada de los mismos.

Para la izquierda jacobina o ilustrada, no se puede regresar a la economa de subsistencia de las dos o tres vaquines. Querer vivir de nuestro campo es querer regresar al hambre. Suspirar un regreso del proletariado, que haca de las Cuencas Mineras, por ejemplo, un hervidero de gente (y de cultura, ideologa, contestacin social etc.) y no el asilo que casi es hoy, quiz resulte utpico. Ahora lo que se lleva es una reconcentracin de la poblacin. Una parte residir en la Ciudad Astur, ese engendro que algunos imbciles morales han ideado para aniquilar a nuestro pueblo. Esta Ciudad ser una mancha de asfalto y cemento gris que podr verse desde los satlites del espacio, en medio de la verde Asturies, justo en el tringulo ocupado por Gijn, Oviedo y Avils. El resto, nos tendremos que conformar con el exilio o la emigracin por Espaa. Quien no encuentre acomodo en este progreso de ciudades golfsticas ajardinadas y barrios de adosados, que encubre una economa precaria basada en el turismo, y en la administracin de muerte y de pensiones, tendr que huir por causa de una dictadura econmica. Porque no nos engaemos, el rgimen impuesto desde Madrid y asumido por su fiel caniche, el Principado, es una dictadura econmica violentamente impuesta por una maquinaria autoperpetuante de poder. Quien no se encuentre instalado en ella, o en la oposicin conservadora, casi indistinguible de la socialista, es un verdadero apestado del sistema. A brazo partido tendr que competir con miles de asturianos de su misma cualificacin o capacidad, y sistemticamente ingresar en las filas de los amenazados. Amenazados, s. Amenazados por el paro y el terrorismo econmico. Miles de asturianos que suean con regresar un da a su patria, que aspiran a ocupar en ella el puesto que merecen, que la nacin les debe.

Algn da se narrar la historia de tantos exiliados y amenazados por el terrorismo econmico de estado. Algn da habr memoria histrica, y se podr pasar factura a esta persecucin y genocidio generacional. Abuelos nuestros marcharon a Amrica. Padres o parientes, fueron allende los Pirineos. Y ahora, hijos, hermanos o amigos de toda una generacin toman el ALSA para civilizar un poco las zonas ms brbaras de la cultura espaola, o empujar un poco del subdesarrollo meridional, pero ante todo, para ganarse un sueldo. Hasta cuando tendremos que ver esto? Ven progreso los asturianos mnimamente sensatos en este nuevo episodio de aniquilacin? Porque es aniquilacin de nuestra propia savia vital como pueblo, como cultura y nacin. Los ancianos y los jubilados ya no podrn mantener mucho tiempo la casa en pie. Asturianos: la casa se est cayendo, y otros vendrn que la reclamen.



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