Portada :: Espaa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2018

Cinco miradas del activismo de los cuidados

Patricia Reguero y Susana Albarrn
El Salto

Algunas llegaron hace ms de una dcada, otras aterrizaron este ao. Ellas son cinco de las mujeres que, con su esfuerzo, estn consiguiendo cambiar las condiciones laborales del sector de los cuidados.


Mara Elena Cruz, Rafaela Pimentel, Yamileth Rozas, Afroza Raham y Jamileth Chavarra son algunos de los nombres propios que hay detrs de la profunda transformacin que ha sufrido el sector del trabajo domstico en los ltimos aos en Espaa. Trabajan en el cuidado de mayores y pequeos, limpian hogares, acompaan enfermos, cocinan, hacen la compra, juegan, educan y acompaan pero sus derechos valen menos que los de cualquier otro trabajador o trabajadora. En los ltimos diez aos su activismo no solo ha dignificado y hecho visible el empleo domstico, sino que ha transformado tambin el aspecto laboral.

MARA ELENA CRUZ

Limpiaba un chalet de cuatro plantas y, cuando acababa, agotada, pasaba a cuidar de los nios. Algunos das su jornada, que empezaba temprano por la maana, no haba acabado a medianoche.

Una vez, tras estar dos meses sin trabajo, le ofrecieron un empleo fuera de Espaa, que acept. All trabaj dos meses hasta que le dijeron que no daba la talla y se negaron a pagarle 18 das de trabajo por estar en el periodo de prueba. En su trabajo como interna, sala un sbado a las cinco de la tarde y tena que regresar a las 21h del domingo. Ese era su descanso semanal.

Mara Elena Cruz lleg de San Pedro Sula, Honduras, hace casi diez aos. All su experiencia laboral pasaba por trabajar como empleada del Centro de Derechos de las Mujeres, que investiga sobre enfermedades de las maquiladoras, imparte talleres de violencia de gnero y trabaja en empoderar a otras mujeres. En el trayecto que separa San Pedro Sula de Madrid, Mara Elena se qued sin derechos. Hasta 2015.

En 2015 conozco la asociacin Senda de Cuidados y desde entonces mis condiciones han sido otras, explica. Este proyecto, que lucha por la dignificacin de los cuidados y del empleo del hogar, informa a las empleadas y media con los empleadores para garantizar unas condiciones dignas de trabajo. Trabajar con enfermos de esclerosis mltiple o alzheimer o acompaar a enfermos de cncer en hospitales son desde entonces sus tareas. Para Mara Elena, el empleo domstico suple muchas veces carencias personales. Damos cario, damos amor, damos educacin a veces estamos con nios que no ven a sus padres en todo el da, y yo he jugado con los hijos de mis empleadores casi ms que con mis dos hijas, dice. Por las de ayer, por las de hoy y por las del maana, tengo la esperanza de que el prximo curso se ratifique el Convenio 189 de la OIT y, a la vez, que en los Presupuestos Generales del Estado de septiembre se derogue la enmienda 6777, y por lo menos sepamos que tenemos un lugar en el territorio espaol.

El curso que empieza se presenta decisivo para las activistas del empleo domstico y de los cuidados. La ratificacin del Convenio 189 y la enmienda que menciona Mara Elena son dos de los puntos en la agenda de los colectivos de empleadas domsticas. Uno, el Convenio sobre el trabajo digno para las trabajadoras y los trabajadores domsticos, aprobado por la Organizacin Internacional del Trabajo en 2011, reconoce los derechos de las empleadas domsticas como trabajadoras de primer orden. Ha sido ratificado ya por 25 pases, solo cinco europeos, y Espaa no es uno de ellos. La otra es una enmienda a los Presupuestos Generales del Estado (PGE) introducida por el PP que posterga hasta 2024 la prometida equiparacin de derechos de empleadas de hogar con el rgimen general de la Seguridad Social.

RAFAELA PIMENTEL

Rafaela Pimentel pone en valor el camino que han recorrido las empleadas domsticas en la bsqueda por el reconocimiento de derechos. Un camino largo que empez en 1985, cuando un Real Decreto introduce una regulacin del trabajo domstico que el Estatuto de los Trabajadores, aprobado en 1980, haba dejado en la sombra. Se trata, sin embargo, de una regulacin bastante particular y que, de alguna manera, preserva todos los prejuicios anteriores sobre la informalidad de estos trabajos, al no exigir contrato por escrito y considerar a las empleadas en un Rgimen Especial de la Seguridad Social.

En los aos 90, algo empieza a moverse. En el 96 algunas mujeres de movimientos feministas y trabajadoras domsticas empezamos a juntarnos en Vallecas, explica Rafaela. Sus preocupaciones eran an ms urgentes entonces y tenan que ver con su situacin administrativa en Espaa, pero Rafaela seala estos encuentros como la semilla de la que germin, diez aos ms tarde, Territorio Domstico, un colectivo que agrupa a mujeres, muchas migrantes, algunas empleadas domsticas, que pone en valor el trabajo de cuidados.

En los 90, las mujeres que llegbamos lo nico que encontrbamos era empleo de hogar, dice. Para m fueron momentos duros porque yo estaba en lucha por otros derechos en Repblica Dominicana y, cuando vengo aqu, me da un poco de bajn.

Entonces muchas espaolas que venan de los pueblos a trabajar ac pudieron presionar para hacer el Real Decreto, reconoce Rafaela. A partir de ah, la cada vez mayor presencia de las trabajadoras migrantes, al tiempo que las autctonas entran en el mercado laboral reglado, genera una nueva situacin que cristaliza en 2011.

Ese ao se aprueba el Real Decreto 1620/2011, que regula la relacin laboral del servicio del hogar familiar. Obligatoriedad de recoger las condiciones acordadas en un contrato escrito. Descansos reglados de 12 horas entre jornadas o el respeto a la intimidad son algunos de los aspectos que incluye este decreto, que a la vez deja fuera otros aspectos cruciales como el derecho a una prestacin por desempleo.

Al mismo tiempo, en julio de 2011 la Organizacin Internacional del Trabajo crea el Convenio 189, que entra en vigor un ao despus. Sin embargo, queda a la voluntad de los pases miembro el adoptarlo, en primer lugar y, en segundo lugar, el hacerlo efectivo. Hay buenas perspectivas para lo del 189, pero estamos alerta porque no queremos que se hagan la foto y ya est: queremos que se firme y que se acte, y eso va a ser una gran pelea y va a necesitar que estemos en la calle, explica Rafaela.

Esta dominicana de origen fue una de las que en 2012 asisti a una reunin de empleadas de hogar en Turn, Italia. All se enteraron de que el Gobierno del Partido Popular no iba a ratificar el C189 y comenz la idea de formar una plataforma que tuviera como objetivo, ya en Espaa, el conseguir por todos los medios posibles la ratificacin por parte del Gobierno espaol. As naci el Grupo Turn, formado por entidades, colectivos y personas que desde diferentes mbitos y perspectivas haban venido trabajando por la dignificacin del sector denominado Empleo del hogar y los cuidados.

El grupo ha tenido una vida bastante activa en estos aos con movilizaciones, alianzas con otros colectivos, pequeos sindicatos y asociaciones, as como diversas iniciativas parlamentarias, mociones a favor en mltiples ayuntamientos y la organizacin del primer encuentro de empleadas de hogar en el Estado espaol.

Qu supone este convenio? El texto viene a ser un marco normativo que reconoce el derecho de las empleadas domsticas a horas de descanso diarias y semanales, derecho a un salario mnimo y a elegir el lugar donde viven y pasan sus vacaciones. En resumen, se trata de propiciar unas condiciones con respaldo internacional equiparables a las de cualquier otra persona asalariada. El C189 tiene un importante carcter simblico, aunque el gran peso estar en las garantas que el Gobierno espaol procure para incluir plenamente el trabajo de cuidado en el Rgimen General sin remilgos.

Pero la lucha de las empleadas domsticas no gira solamente en torno a la regularizacin y equiparacin de su trabajo. La principal aportacin de nuestra lucha ha sido el que nosotras reconozcamos que este trabajo es importante y que lo que estamos haciendo tiene valor; nos cost mucho porque de toda la vida te meten en la cabeza que no vale nada, entonces, si no tienes derechos, tampoco pasa nada, dice Rafaela.

YAMILETH ROJAS

Aterriz en Madrid en abril de este ao. Mdica de formacin y con familiares en Espaa, fue casi directa del avin que la trajo de Venezuela a Territorio Domstico. Un amigo de un familiar que trabaja en una oficina de empleo le habl de ellas.

Yamileth buscaba informacin sobre la mejor forma de introducirse en el trabajo domstico. Como mdico ests muy ligado al paciente, a sus necesidades me interesaba el trabajo domstico porque tiene que ver con lo que yo hago, que es impartir cuidados, explica.

En una situacin de vulnerabilidad como la suya sin papeles y con una solicitud de asilo pendiente de respuesta, decidi pensar en cules son sus fortalezas y lleg a una conclusin: Mi fortaleza es esta, el cuidado, la prevencin la cura; yo lo enfoco as.

En Venezuela, Yamileth trabajaba desde su mbito, el sanitario, en la defensa de un sistema que pueda ofrecer a todas las personas la atencin que merecen. En eso confluye su trabajo con el de Territorio Domstico: Ha sido enriquecedor encontrarme con este colectivo y me interesan mucho sus causas, creo que a todos nos interesa lo que es lo justo y, si en este lado del continente tenemos un poco ms de tiempo la humanidad en la organizacin como sociedad y lo poltico-social, pienso que junto con ellas tenemos que aprovecharlo.

Un total de 637.700 personas trabajan en el empleo domstico en Espaa, y casi la totalidad son mujeres concretamente el 96% del colectivo. Lo hacen por una media de 350 euros al mes en empleos a tiempo parcial, pero solamente 420.288 estn dadas de alta, segn datos de la Encuesta de Poblacin Activa. Adems, se trata de un gremio con una fuerte presencia migrante, ya que el 42% de estas trabajadoras tiene nacionalidad extranjera. Con la crisis, muchas mujeres espaolas volvieron a los trabajos domsticos para completar jornadas parciales o compensar con el paro, y sin embargo no son tan visibles.

Antes esto era un empleo obligado y se ha peleado que no es un trabajo esclavizante sino que permite que otras personas desarrollen otros trabajos, es como ayudarse, dice Yamileth, que asegura que seguir en Territorio Domstico si sus planes salen como ella quiere y consigue trabajar como mdica en Espaa.

AFROZA RAHAM

Sin una asociacin no puedes cambiar las cosas, cmo luchar? cmo cambiar?, dice Afroza Raham. Esta mujer de Bangladesh que no deja de sonrer cuando cuenta que ha vivido situaciones muy duras en los ltimos aos trabaja como empleada domstica, es traductora en la Junta Municipal de su distrito (habla bangla, hind, urdu, ingls y espaol), trabaja como mediadora intercultural en los servicios sociales comunitarios del mismo distrito, a la vez que pertenece a la Red intercomunitaria de Lavapis. Los fines de semana, trabaja como interna en una casa.

Lleg a Espaa en 2006 buscando solucionar una difcil situacin econmica y familiar despus de que su marido enfermara gravemente y le fuera imposible sostener un negocio con el que, dice Afroza, llevaban una buena vida.

Yo viajaba mucho y estaba contenta, pero enferma mi marido y a partir de ah tuvimos muchos problemas, muchos gastos, perdemos el negocio, explica. Lleg sola a Espaa. Dice que fue la primera mujer de su comunidad que lo hizo explica que lo habitual es que migre el cabeza de familia y luego venga el resto por reagrupacin. En 2014 logra traer a su marido, que sigue enfermo, y a una de sus hijas.

En 2008 conoce a Pepa, una monja que ha dado la cara por ella en varias ocasiones es como una hermana, ha cambiado mi vida y a Territorio Domstico. Estudi Ciencias Polticas en su pas, un ttulo que aqu no le reconocen.

Afroza se desahoga contando algunas de las situaciones de abuso de poder que ha sufrido en su trabajo en el empleo domstico. Como la vez que una empleadora la despidi de su trabajo en la casa en la que trabajaba como interna un lunes, cuando ella sala solo los fines de semana y peda favores a conocidos para pasar una noche fuera de su lugar de residencia habitual.

Tras firmar el despido, llam a Pepa. El caso acab yendo a juicio y la empleadora le pag una indemnizacin. Ahora s que tengo que poner no conforme si me despiden, apunta.

O aquella vez que una mujer se neg a pagarle despus de un mes trabajando para ella y tras haberle rebajado de 10 a 9 euros el salario por hora. Soy una mujer luchadora, mi familia depende de m econmicamente y es muy duro, mi marido sigue teniendo muchos problemas de salud, explica. Por eso es parte activa de Territorio Domstico: Quiero cambiar muchas leyes.

Los espacios de organizacin que las trabajadoras de los cuidados han formado en estos aos han servido no solo para ganar en derechos sino para empoderarse anmica y emocionalmente. Son lugares de apoyo mutuo, de autocuidado, acompaamiento, pero tambin de creatividad y celebracin. Los saberes de todas, tan diversos y de tantos lugares, se comparten e intercambian desinteresadamente en cada uno de sus encuentros.

En sus actos reivindicativos los elementos performtico y festivo son muy habituales. Con ellos han ganado visibilidad meditica e incidencia poltica en los ltimos aos, algo casi imposible para un sector atomizado y menospreciado, ya que se desarrolla en el espacio de lo privado, y por lo tanto organizarse lleva el doble y triple de esfuerzo.

En aos recientes, la camareras de piso y las empleadas de hogar son los colectivos que ms han puesto en cuestin al sistema de cuidados. Son dos de los sectores vitales de la economa aunque esta nos las incluya en su justa dimensin de este pas: el turismo y los cuidados. Y, a pesar de que estos trabajos sostienen en gran medida la vida de los dems, estn entre los peor remunerados y valorados.

JAMILETH CHAVARRA

Jamileth Chavarra es empleada domstica pero, sobre todo, es bruja migrante. Cuando se convierte en ese personaje, invoca a las santas y las ancestras para reivindicar sus derechos, como haca en el programa de radio Palabra de Mujer, en Paiwas. De Nicaragua, su pas de origen, al que mira hoy con preocupacin, se trajo una mochila de militancias: Vengo de historias de militancia desde muy joven, explica. Crec con mi madre mientras trabajaba y militaba en las organizaciones de mujeres feministas o de AMLAE, que era la asociacin de mujeres en la Revolucin Sandinista. Pero en los 90 se hizo disidente del frente para irse con el movimiento autnomo de mujeres. Ah vio que las revoluciones no son para nosotras, sino para unos seores que, cuando se termin la guerra, se quedaron con el poder y mandaron a las mujeres de vuelta a la cocina.

En Paiwas, su lugar de origen, trabaj en la Casa de la Mujer, primero como voluntaria tres aos y luego en el rea de Educacin de Gnero y lucha contra la violencia intrafamiliar, como llaman all a la violencia machista, aclara. Es all donde empez a ser bruja. En el programa de radio Palabra de Mujer hacamos La Bruja Mensajera, primero como stira, para cuestionar todo, la casa, la cama, la calle, el partido; luego nos la llevamos de teatrillo al pueblo para desaprender aprendiendo otras cosas, explica. Tener un medio de comunicacin en manos de mujeres feministas sera darnos la oportunidad de desarrollo porque, si no, todo es un cuento, dibujado bonito, pero no para nosotras, concluye.

Jamileth decide migrar en 2011 y enseguida se encuentra a otras brujas: No he aprendido a vivir lejos de las mujeres, tengo esa cosa que me nace de ir a andar en masa, y, si voy a una manifestacin, voy como un acto teraputico, para quitarme ese peso que nos achacan todos los das.

Al llegar busc grupos de mujeres y ah entra en contacto con Territorio Domstico. Su primer trabajo fue de interna. Cuidaba a un hombre de 93 aos. Pese a que es muy crtica con el trabajo de interna, cuenta que me dola dejarlo, yo no s si producto de esas soledades paralelas, tanto la ma como migrante como la del abuelo.

Ah tuvo mucho tiempo para estar consigo misma, ley mucho: Stieg Larsson me senta como una Salander interna, El poder de la palabra, material de teatro del oprimido. Pese a ese tiempo que consegua dedicarse a s misma, afirma que te das cuenta de que ningn tiempo del que se est ah adentro es de nosotras.

Como ejemplo de este no poseer el tiempo, cuenta entre risas que una vez se estaba masturbando con un vibrador y la llam el abuelo: Cuando volv ya no tena pilas ni poda ir a comprarlas, siempre lo hago chiste para que no me vengan diciendo de las bellezas del trabajo de interna, porque rompe derechos, dice tajante.

Como frutos del activismo de las empleadas domsticas destaca que estamos, creo, muy cerca de que se ratifique el C189, aunque luego los gobiernos pueden ratificarlo y no aplicarlo; y el Congreso Internacional fue un gran paso. Jamileth se refiere al primer Congreso de Empleadas de Hogar, realizado en octubre de 2016, en Madrid, gracias a la iniciativa del Grupo Turn con el apoyo del Ayuntamiento, haciendo un gran esfuerzo para que fueran las empleadas de hogar y los cuidados las ms representadas. All se dieron cita cerca de 270 personas durante tres das, ms de la mitad eran trabajadoras domsticas. El encuentro ha dado impulso a una organizacin ms amplia a nivel estatal y se espera un segundo congreso, de hecho ya trabajan en ello, para el 2019. Desde el Grupo Turn se tiene previsto una serie de talleres por varios territorios que desembocar en una reunin de colectivos y asociaciones para octubre de este ao.

Para Jamileth la dignificacin del empleo domstico no es su nica lucha: la Ley de Extranjera y el movimiento LGTB estn tambin en sus militancias. Soy feminista, y una feminista es antirracista, anticapitalista, antipatriarcal y lucha por los derechos LGTB. Dentro de la diversidad sumamos. Soy bisexual, estoy en este planeta, todas las luchas por el bienestar social me interesan.

Adems, ha participado en la creacin de una cooperativa, La Comala, que desde hace unos meses funciona ya prestando servicios de cuidados del hogar, as como facilitando talleres sobre derechos sexuales y reproductivos, porque creemos que necesitamos recuperar el cuerpo.

Las creacin de cooperativas de trabajo entre estas mujeres tambin ha surgido como alternativa a la precarizacin de los trabajos domsticos. Algunas se han constituido para garantizar una mejor relacin con empleadores y superar as las negociaciones individuales en la que, normalmente, la empleada lleva las de perder por no tener garantas ni testigos.

Segn Jamileth, las que no estn aliadas estn peor que nosotras. Y despus nos canta una letana que se queda flotando en la sala, como un murmullo para recordar a la redaccin de El Salto cules deben ser las prioridades de su agenda informativa de este curso que empieza.

Fuente: http://www.elsaltodiario.com/cuidados/cinco-miradas-del-activismo-de-los-cuidados



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter