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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-09-2018

Cristina Santos, el arrullo-blues de su pintura

Juan Montao Escobar
Rebelin


El venteo salitroso del mar pone alguna mansedumbre en el sol de las tres de la tarde. Las Palmas, barriada al norte de la ciudad de Esmeraldas, de par en par al mar, infinita ventana que ya mismo mostrar el impresionismo crepuscular de las seis de la tarde; persisten asombros cotidianos y se arruman versos secretos en todas las generaciones que han sido desde que este lugar se llam La Boca. Las calles, a esa hora, con sonidos menos deplorables es un largo blues dominical, reposado y vespertino. Arrullo blues o blues arrullado porque no esconde sus esencias esmeraldeas. Presiento que nadie se cansara de vivirlo si por algn sentimiento inesperado les llenaran odos y vieran otros colores distintos a los habituales. Son ideas copiadas de los cuadros de Cristina Santos. Este domingo, en la va acuarelstica de los veranos esmeraldeos, tiene el con qu preciso para una conversacin de vida y pinturas. O al revs, porque nunca sabr si se nace para cumplir ese imprevisto destino o la vida cierra muchas oportunidades en una sola. Busqu a Cristina Santos all en Las Palmas, porque su pintura me ha consumido muy bien el tiempo cuando he mirado sus cuadros.

Menuda, serena y al hablar deja sus manos en reposo, no siempre es cierto, pero el gesto ms decidido ser para el lienzo en algn momento. Cabellera negra, abundante y ensortijada, hablar medido sin disponer relevancia para sus trabajos, proporciona la informacin con el pausado deleite de la irreversible satisfaccin, ms adelante confiesa su vocacin de poeta: unas veces escribe los versos y en otras elige la tcnica artstica (grabado, acrlico o dibujo) para mostrarlos. Cristina tiene los arrullos en la intencin desde que a los tres aos empez a dibujar lo que distingua con sus ojos nuevos e interpretaba las consejas de su abuela. Esa primera y mayor influencia que no abandonara ni permuta con lecturas o apremiantes demandas de expresarse. Es en aquella edad de 0 a 7 aos que se establece la memoria ancestral, sentimental, ntima (esotrica), amatoria e identificadora del mapa sonoro de los colores (y al revs el color detallado de los sonidos). Cristina, durante la conversacin, varias veces se devolvi para referirse a la gravitante presencia de su abuela. Y por ella llega a todas las mujeres.

No, no se considera feminista; no hace falta si ella incluye a todas por medio de su imagen. Insistir en ese tema sera algo as como una aburrida conferencia sobre tcnicas pictricas, prefiero el flow sugestivo de las experiencias emocionales (thriller) de Cristina. Buscndose a s misma retrata a las mujeres sin faltar a su diversidad, experimentando con el autorretrato completa el diseo de unos actos de mujer; centrar el instante onrico en la constante mujeres. Es la conversacin recurrente intuitiva con la abuela y sus milagros imaginarios, para nada imaginados. Hay una pintura que rene esa memoria thrilleresca (bunde emocional), Cristina Santos la titul La Curandera, un resumen de sabiduras afectivas y muy efectivas de abuelas, para ahuyentar males y maleficios de la niez esmeraldea. No lo dijo y no hizo falta, ella cumple con obedecer la misin de la raz, no hacen falta proclamas solo el tropel de nimas en la punta del pincel.

Se gradu en la Universidad Central de pintura y grabado, aunque se llev un pequeo desencanto por no haber profundizado en el estudio universitario de diseo. Y se ocupa EN delinear intranquilidades. Cristina disea trajes, no cuando se cansa de la pintura, ms bien cuando se embolata con una idea y deja que sus manos se entretengan en armonizar diferentes objetos. Esa es ella y as lo cuenta. Es artista que juega a crear, crea jugando o no se licencia jams del tiempo oportuno de creacin. O vindolo desde sus obras pictricas: rapsodia in arrullo-blues. Est en La Curandera con la sbana de retazos, la cabellera geogrfica de la abuela y su magisterio medicinal para curar espantos, mal-de-ojo y malaire. Hay ojos malos en el cuerpo del personaje enfermo y los dedos de ella calculando la mtrica del mal. El collage dinamiza la vida de ese ayer infantil, ahora devenido en vivencia. Mezcla tcnicas que no economicen argumentos estticos a la reminiscencia emocional. El discurso de la abuela de Cristina no tiene por qu acabarse en un solo cuadro.

No es definicin de Cristina, pero son sus explicaciones, las pinturas y los olvidos de mi presencia que me sugieren que es un ser potico. En un momento me acompaa con este concepto: la pintura (la suya, JME) es pensamiento activo. Esta s es ma: es un arrullo-blues bundeao o sea una evolucin en el mainstream afroecuatoriano en tres etapas, por ahora. Una: el desarrollo formal, mientras se vuelven proteicas las conversas-consejas de sus abuela. Dos: el juego de creacin, las experiencias con materiales y la desesperada bsqueda de un estilo personal a la medida de sus expresiones artsticas. Tres: consolidar imgenes poticas perceptibles para el pblico y expresar temas universales (y esenciales) sin faltar a las virtudes estticas.

Observo "Conexiones" y garabateo el golpe de la primera impresin: sntesis y analoga de las madres naturalezas, el mismo acto de crear. La mujer y el suelo rompiendo la necedad infrtil. Es kuchanganya (en swahili) o sea una mezcla de ciclos inevitables, presumen quiebres, pero todos son jornadas de creacin sin importar si se fracturan, dividen o se trisan en huellas. Al final una nueva vida cierra y abre el ciclo creativo.

En las horas de conversacin, Cristina apenas ha tocado los rizos de su cabellera, cuando lo hizo fue para expresar una idea: intuicin. Al paso me habl de los efectos misteriosos y sosegadores de su cabellera, en saberes entregados por su abuela. Miro la pintura titulada "Tristeza profunda", mientras comenta sobre tcnicas, gneros y estilos; leo a partir de lo intuitivo: la grisura pictrica muestra un paisaje enfermo de melancola; tonalidad apagada que ni las armonas de la guitarra alegra (imagen de una mujer con guitarra); el sentimiento no es de inacabable alabao, sino de chigualo-blues hay pena en el fondo y tambin renaciente alegra, porque son medios necesarios para los cambios, para organizar el proceso de la existencia; una imagen final de optimismo (o primaveral) los corazones mudan a hojas. Al final las hojas secas volvern a ser corazones. Cristina Santos acomoda los rizos negros de su cabellera y espera ms preguntas, pero ahora comienza el ciclo de escritura. Y de lectura.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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