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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-09-2018

Recogiendo los pedazos
De cmo ha cambiado la sociedad siria

Synaps.network

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



La guerra de Siria ha transformado el pas de forma devastadora y sutil. Si bien muchos de los cambios han sido a peor, ha habido otros que inspiran un cauto optimismo: los sirios han demostrado un incansable ingenio para adaptarse a cada una de las etapas de un conflicto horrendo, acertando a rescatar retazos de dignidad, solidaridad y vitalidad de entre circunstancias de pesadilla.

Por lo general, lo han hecho en sus propios trminos, haciendo frente a cambios prcticamente ignorados por todos aquellos que afirman ayudarles o representarles. Esas transformaciones no han estado presentes en las conversaciones de paz ni en las polticas de poder, y rara vez se han tenido en cuenta en los esfuerzos de ayuda. Al parecer, tambin escapan a la percepcin del creciente grupo de forasteros que pueden visitar Siria, que a menudo comentan que las cosas son ms normales de lo que pensaban: los cafs damascenos estn llenos de gente, las tiendas han vuelto a abrirse en Alepo y los funcionarios de diversas nacionalidades pululan por all con planes ms que optimistas para el futuro.

Ciertamente, la sociedad siria ha sufrido tales alteraciones que va a necesitarse tiempo para poder asumirlas. Por ello, se impone llevar a cabo una reevaluacin completa si queremos comprender incluso las realidades ms bsicas existentes y en evolucin hoy en Siria. Para evaluar la magnitud de estos cambios, las aportaciones de los sirios normales y corrientes son las que ofrecen las orientaciones ms potentes.

No es pas para jvenes

Puede sostenerse que la aniquilacin de la poblacin masculina siria representa el cambio ms fundamental sufrido por el tejido social del pas. Como toda una generacin de hombres ha quedado reducida a causa de la muerte, la discapacidad, el desplazamiento forzoso y la desaparicin, quienes all permanecen han sido en gran medida absorbidos por un sistema violento y corrupto centrado en las facciones armadas.

Una familia alau de un pueblo costero brinda una ventana a la devastada situacin de la poblacin masculina, incluso en un territorio que ha permanecido firmemente bajo control del gobierno. De tres hermanos, a uno le mataron en una batalla, otro qued paraltico por una bala en la espina dorsal y el tercero un funcionario civil mal pagado de 30 aos- vive con el temor de que le llamen a filas. Su madre resuma as su situacin:

Estamos hartos de la guerra. Se me llev un hijo y otro est medio muerto. Al ms joven podran enrolarle en cualquier momento. Confo en que Dios ponga fin a esta guerra; las tumbas estn llenas de hombres jvenes.

Su historia es la tpica de un pueblo de 3.000 habitantes, que a su vez refleja las realidades de muchas comunidades ligadas socioeconmicamente al aparato militar y de seguridad. Segn las propias estimaciones de la familia, que coinciden con la informacin proporcionada por un director de una ONG activa en la zona, 80 hombres de la aldea han muerto y 130 resultaron heridos, lo que representa un tercio de la poblacin masculina de entre 18 y 50 aos. Los dos tercios restantes han sido abrumadoramente absorbidos por el ejrcito o las milicias.

La violencia, que ha consumido tantas vidas, ha generado tambin fuentes indispensables de ingresos. En esta familia en particular, el hermano paraltico depende de su pensin de veterano de apenas 60 dlares al mes (todas las cifras en dlares son aproximadas, y se redondean a una tasa de cambio de 500 libras sirias por dlar). La viuda de su hermano recibe una asignacin mensual equivalente a 35 dlares, que distribuye la milicia para la que combata cuando muri en batalla. Sin embargo, esos estipendios estn lejos de ser suficientes, y otros miembros de la familia tienen que buscar algn tipo de trabajo para poder llegar a fin de mes. El padre, de 65 aos, que tambin es veterano del ejrcito, dijo desanimado: Con un hijo mrtir y otro destrozado, mi hijo sano y yo trabajamos da y noche para poder alimentar a la familia.

Similar malestar ha echado races en las zonas anteriormente controladas por las facciones de la oposicin que despus fueron retomadas por las fuerzas sirias. Aunque muchos de sus jvenes han sido asesinados o han tenido que huir, quienes all permanecen tienen que hacer frente a potentes incentivos para que se incorporen a los grupos armados alineados con el rgimen. Si lo hacen, tienen la oportunidad de salvarse a la vez que de ganar un jornal, lo que proporciona una alternativa al reclutamiento en el ejrcito regular, que combina un sueldo psimo con el riesgo mortal de que te desplieguen en fronteras alejadas.

La mitad oriental de la ciudad de Alepo es un ejemplo de esa tendencia. Devastada por los aos de asedio y bombardeos del gobierno, dispone de mnimos servicios, una economa arrasada y la inseguridad que provocan las milicias sin control. Si quieres protegerte a ti mismo y a tu familia, tienes que incorporarte a una milicia, coment un hombre de mediana edad de la barriada de Yasmati. La zona est infectada de delincuentes asociados con las milicias de la Defensa Nacional. Cada grupo controla un barrio determinado y en ocasiones luchan entre s por el reparto del botn. Los comerciantes tienen que pagar por su proteccin a esas milicias. A uno de ellos, que se neg a hacerlo, le quemaron la tienda.

En este contexto, portar armas conlleva un natural atractivo. Un hombre del barrio de Masakin Hanano describa esta dinmica:

Los jvenes que se quedaron en la zona este de Alepo se han unido a las milicias porque ofrecen soluciones a algunos de los peores problemas a que nos enfrentamos. Los combatientes consiguen un salario decente, pero tambin otros beneficios, por ejemplo, ms amperios para los generadores privados, porque los proveedores de electricidad reducirn el precio si saben que estn tratando con un miliciano.

Otro vecino de la misma zona explicaba que l y su familia podan pasar desapercibidos gracias a la posicin de sus dos hijos en la brigada Baqir, que cuenta con los apoyos de Irn y facilita no slo salarios mensuales sino tambin oportunidades para agenciarse artculos para el hogar procedentes del saqueo.

Por toda Siria, los jvenes que desean evadir el servicio militar obligatorio, ya sea en el ejrcito regular o en las milicias, disponen de pocas alternativas. La mayora de los que pueden permitirse salir del pas, lo hacen; otros se benefician de una exencin otorgada a los estudiantes universitarios, mientras que un tercer subconjunto puede disfrutar de un aplazamiento debido a su condicin de ser el nico varn de su generacin en una familia nuclear. Otros pueden pagar sobornos exorbitantes para eludir el reclutamiento o se confinan en sus casas para evitar ser detectados, hacindose invisibles tanto para el ejrcito como para la sociedad en general. Algunos soportan mltiples pruebas de este tipo para permanecer tan slo en un estado de limbo indefinido debido a la naturaleza contingente y precaria de estas soluciones. Un hombre de unos treinta aos relat su experiencia despus de que las fuerzas leales retomaran su ciudad natal en los suburbios de Damasco en 2016:

Me enfrentaba a dos opciones: pagar de 3.000 a 4.000 dlares para pasar de contrabando a Turqua o al Lbano, o unirme al ejrcito o a una de las milicias. Haba alrededor de nueve de esas facciones en mi ciudad, dirigidas por jvenes vinculados a los servicios de seguridad. Para los hombres que no desean combatir, existe un acuerdo tcito para que el jefe de cualquier faccin puede registrarte como combatiente y despus dejarte vivir tu vida. A cambio, tienes que pagarle de una sola vez a ese comandante un soborno que oscila entre 250.000 y un milln de libras sirias [de 500 a 2.000 dlares], adems de tu salario mensual de la milicia y, en ocasiones, una suma mensual adicional de hasta 50.000 libras [100 dlares].

En mi caso, el coste de pasar de contrabando era demasiado alto; adems, tengo esposa e hijos aqu. As que gast ms de 500.000 libras [1.000 dlares] para arreglar las cosas con una faccin. Por simple mala suerte, esa faccin se disolvi y perd mi dinero y mi libertad de movimientos. Ahora estoy confinado en mi casa, teniendo que depender de los ahorros y de la ayuda de la familia. Ya no s qu hacer.

En otras palabras, incluso la menguante cohorte de jvenes que consigui mantenerse con vida en Siria llevar durante mucho tiempo sus propias cicatrices: o por el trauma de tener que unirse a las milicias o por las desesperadas medidas tomadas para eludir hacerlo.

Inevitablemente, la devastacin de la fuerza de trabajo masculina de Siria afectar en gran medida en los esfuerzos para recuperar la economa del pas. Un industrial de Alepo lo expresaba de forma sencilla: Hablo con los propietarios de las fbricas y dicen que quieren reabrir sus fbricas pero que no pueden encontrar trabajadores. Cuando los encuentran, los servicios de seguridad o los milicianos llegan y, para empezar, arrestan a esos trabajadores y extorsionan a los propietarios por haberlos contratado. Con tan pocas perspectivas en el horizonte de que las empresas locales consigan rendimientos, se necesitarn aos para resolver este callejn sin salida a nivel econmico.

A nivel poltico, la guerra ha mutilado a la misma generacin de jvenes que encabez el levantamiento en Siria. Aquellos que permanecen en el pas se han visto forzados a someterse, o han sido reclutados por la fuerza en el mismo aparato de poder contra el que se haban levantado. El resultado es una sombra paradoja: aunque prcticamente todos los problemas que desencadenaron el levantamiento de Siria en 2011 se han exacerbado, la sociedad ha quedado aplastada hasta el punto de casi garantizar que ningn movimiento reformista de base amplia va a poder materializarse en la generacin que est por venir.

Canibalizacin econmica

Las desesperadas circunstancias a que se enfrentan los jvenes sirios alimentan y se ven reforzadas por una segunda transformacin fundamental: la destruccin de la economa productiva de Siria y su sustitucin por una economa de canibalizacin sistemtica en la que los segmentos empobrecidos de la sociedad siria sobreviven cada vez ms a base de depredarse unos a otros.

La manifestacin ms visible de esta nueva economa es una cultura de saqueo tan desarrollada y arraigada que la lengua verncula siria ha incorporado un nuevo trmino taafish- para describir una prctica que va mucho ms all del robo de muebles para incluir extremos tales como desmantelar los tendidos de electricidad y plomo de casas, calles y fbricas.

Un ejemplo reciente y particularmente espectacular de este saqueo sistemtico se produjo con el regreso de las fuerzas pro-Asad a Yarmuk, un campo palestino en expansin al sur de Damasco, en abril de 2018. La cada de Yarmuk desat una ola de saqueo que sigue vigente desde el mes de junio y que va a dejar el paisaje urbano casi irreparablemente arrasado. El nivel de depredacin es tal que incluso algunos milicianos partidarios de Asad expresaron sentirse conmocionados, sobre todo porque sus mismas propiedades se convirtieron en objetivos de otras facciones. Vi a soldados uniformados usar un tanque del ejrcito sirio para arrancar cables elctricos a seis metros bajo tierra, coment un combatiente de una faccin palestina leal al rgimen que estaba luchando por recuperar las pertenencias de su apartamento antes de que pudiera ser saqueado. Vi a soldados de unidades de lite saqueando hospitales privados y oficinas gubernamentales. Esto no es slo un saqueo, es un sabotaje de toda la infraestructura esencial.

Caricatura de Mwafaq Katt (The Creative Memory of the Syrian Revolution)

Se ha sabido de vecinos desesperados que estaban destrozando sus propiedades para impedir que se beneficiaran los grupos armados. Una de esas personas explicaba:

Regres a mi apartamento slo para recuperar los documentos oficiales y algunas piezas de oro que haba escondido. Lo hice y luego destru mis propios muebles y electrodomsticos porque no quiero que esos tipos ganen dinero a mi costa. Me dispona a quemar mi apartamento, pero mi esposa me contuvo; no quera que causara daos en otros pisos del edificio.

A medida que este flagelo se ha extendido por Siria, el botn ha creado microeconomas por derecho propio, desde el reciclaje de escombros hasta la proliferacin de mercados taafish, donde las personas compran bienes de segunda mano robados a otros sirios. Muchos no tienen ms remedio que utilizar estos mercados para reemplazar sus propias pertenencias robadas. Un funcionario explicaba el proceso de regresar a su ciudad natal, Deir Ezzor, despus de dos aos de desplazamiento en Damasco:

En octubre de 2017, me ordenaron volver a Deir Ezzor para reanudar mi trabajo para el gobierno. Me sorprendi descubrir que mi edificio de apartamentos haba sido desmantelado. Lo haban robado todo. Mi hermano me ayud a encontrar un dormitorio sencillo y me compr algunos bienes saqueados para amueblarlo. La gente de Deir Ezzor ha perdido dos veces: primero perdimos nuestros objetos de cocina, camas, todo; y luego sentimos que habamos perdido de nuevo al tener que comprar bienes saqueados a otros.

Los sirios desplazados que tratan de regresar a sus hogares deben navegar, de muchas maneras, por un complicado y costoso proceso de compra en sus propios vecindarios. Adems de los costes directos ocasionados por daos y robos, estas personas tienen que enfrentarse a actos depredadores que van desde peajes informales en puestos de control hasta tarifas extorsionistas impuestas por varias ramas del Estado incluso por servicios bsicos inexistentes. Un comerciante de textiles entrado en aos de la ciudad vieja de Alepo sealaba los costes siguientes:

Gast tres millones de libras sirias [6.000 dlares] en poder reabrir mi arrasada tienda. Por si no fuera suficiente con eso, las agencias del gobierno me exigieron que pagara los recibos del agua y electricidad -ms los impuestos sobre las ganancias- de 2013 hasta 2017. Les dije que mi tienda haba permanecido cerrada, que no haba ganado dinero alguno y que no haba utilizado agua ni electricidad, pero me obligaron a pagar de todas formas. Despus gast siete millones de libras sirias [13.500 dlares] en comprar textiles nuevos porque mi tienda haba sido totalmente saqueada.

As pues, en total, gast diez millones de libras [20.000 dlares] para poder reabrir mi tienda. Ahora consigo unos beneficios de entre 6 a 8 dlares diarios, que apenas me dan para cubrir los gastos de comida, electricidad, agua e impuestos. Pero es mejor que pase los das en el mercado que quedarme sentado en casa dndole vueltas a la situacin hasta que me d un infarto.

Los sirios han tenido tambin que recurrir a recursos preciosos para pagar a los funcionarios por la informacin sobre familiares desaparecidos, por ejemplo, o sobre su propio estatus en la extensa lista de personas buscadas en Siria. Para aquellos que desean confirmar que no sern detenidos al cruzar la frontera con Lbano, la tarifa actual es de aproximadamente 10 dlares, que la mayora de las veces se pagan a un empleado del Departamento de Migracin y Pasaportes.

Si bien gran parte de la economa depredadora de Siria est vinculada directamente a la violencia, la guerra ha generado innumerables formas ms sutiles de depredacin que perdurarn y evolucionarn en los prximos aos. Esta economa canbal, que abarca a todos los que han llegado a depender de la extorsin para su propio sustento, se extiende a la cohorte de abogados, agentes de seguridad y funcionarios civiles que se han posicionado como intermediarios en el mercado de documentos oficiales, como son los relativos al nacimiento, certificados de matrimonio y defuncin. Un nmero incalculable de sirios han pasado por eventos vitales fundamentales mientras se encontraban en un territorio fuera del control del gobierno; para evitar el purgatorio legal tanto dentro como fuera de Siria, a menudo pagan sumas exorbitantes a los intermediarios para facilitar la documentacin. Un abogado con base en Damasco explicaba cmo esta industria en crecimiento ha transformado su propia profesin:

En la actualidad, incluso los abogados ms veteranos estn trabajando como intermediarios de documentos. Un intermediario bien conectado gana de 30 a 40.000 libras [60 a 80 dlares] al da; esto equivale aproximadamente al salario mensual de un funcionario civil educado en la universidad. Como resultado, muchos empleados del gobierno renuncian y trabajan como intermediarios para ganar ms dinero.

Y todo eso es realmente un negocio, no una obra de caridad: cada agente toma dinero incluso de sus propios hermanos y hermanas. La semana pasada un colega me trajo a su cuado. Le pregunt para qu me necesitaba cuando poda conseguir l mismo todos los papeles. Me explic que no puede coger el dinero de su propio cuado, pero que yo s poda hacerlo y darle luego la mitad.

Estas dinmicas canibalistas son an ms perniciosas por su capacidad de autoperpetuarse. La multiplicacin de las formas de depredacin ha acelerado la salida del capital humano y financiero de Siria, dejando atrs un pas poblado en gran medida por una clase inferior que puede aspirar a poco ms que a la subsistencia. Las demandas de supervivencia, a su vez, empujan a un nmero cada vez mayor de sirios normales al crculo vicioso de las industrias depredadoras, si no como depredadores, como beneficiarios de segundo orden de la depredacin a travs de la compra o recepcin de bienes saqueados, la dependencia de ingresos basados en la extorsin a parientes, y as sucesivamente. En otras palabras, la economa depredadora de guerra de Siria se est convirtiendo de forma lenta pero segura en una economa depredadora de la paz.

Muros de miedo y fatiga

Un cambio menos notorio, pero no menos profundo, se plasma en el grado en que la sociedad siria se ha visto obligada a someterse psicolgicamente despus de un perodo de despertar revolucionario. Como dicen algunos sirios, Damasco ha sido particularmente eficaz en la reconstruccin de una cosa en medio de la inconmensurable destruccin: el muro del miedo que caracteriz al rgimen antes de 2011, y que se vino momentneamente abajo al comienzo del levantamiento.

Esta transformacin se relaciona, obviamente, con el resurgimiento del Estado de seguridad de Siria en distintas partes del pas del que se haba retirado temporalmente. Las reas que alguna vez se desbordaron de activismo revolucionario han vuelto a estar bajo la atenta mirada de la polica poltica siria, o mujabarat, haciendo que muchas personas sientan temor de hablar abiertamente fuera de la reclusin de sus hogares. Un investigador de Homs describa el peso de esta presin en su ciudad natal:

Tengo una amiga que estaba llevando a cabo investigaciones, haciendo preguntas en la calle, con una ONG con licencia. Estaba embarazada. La seguridad vino y se la llev, sin preguntas, simplemente se la llevaron. La detuvieron durante la noche y la dejaron salir por la maana slo porque estaba embarazada.

Sin embargo, la vigilancia activa, la intimidacin y la represin no son los nicos elementos que contribuyen a esta atmsfera tan plomiza. Los sirios abatidos e implicados en la guerra se sienten totalmente agotados y desilusionados con todos aquellos que pretenden dirigirlos o protegerlos, al verse en gran medida reducidos a luchar por la subsistencia cotidiana. El mismo investigador de Homs continu:

En 2011, todos hablaban de poltica, incluso aquellos que no saban nada de ella. Hoy ya no hablan de poltica porque no les importa. Quieren vivir. Y tienen que gastar toda su energa tratando de encontrar lo suficiente para comer o intentando sacar a sus familiares de la crcel.

Un analista norteafricano que vivi y trabaj durante dcadas en Damasco se haca eco de esta situacin describiendo las interacciones actuales con sus amigos en la capital y en sus alrededores: La gente se siente perdida, frustrada hasta el punto de que no se preocupa por los acontecimientos diarios. Incluso los leales a Asad le dirn francamente: No sabemos hacia dnde nos encaminamos. Nadie es capaz de imaginar el futuro.

Fragmentando

No slo se ha doblegado a la sociedad siria, tambin se la ha desmantelado. A medida que las comunidades tenan que amoldarse a la agotadora rutina de la guerra o el exilio, se iban encerrando en grupos separados que ya no saben nada, o muy poco, los unos de los otros, a pesar de que a menudo tienen mucho en comn.

A determinado nivel, la guerra ha desgarrado an ms las fracturas sociales y econmicas que existan mucho antes del conflicto. La ciudad de Homs es quizs el microcosmo ms doloroso de esa tendencia. Ciudad de mayora sun con considerables minoras cristianas y alaues, Homs fue el primer gran centro urbano en levantarse y el primero en degenerar en amargas sangras sectarias. Casi cuatro aos despus de ser reconquistados por las fuerzas lealistas, las divisiones comunales de Homs se mantienen brutalmente claras, cambindolo todo, desde las interacciones sociales comunes hasta los patrones de reconstruccin y el trabajo cvico. Un trabajador de una ONG describi cmo hasta la esfera caritativa de Homs se ha visto moldeada por tales divisiones: Las organizaciones de beneficencia no eran intrnsecamente sectarias, pero la guerra hizo que se volvieran sectarias. La gente no se siente cmoda trabajando fuera de sus zonas.

En Homs, como en toda Siria, las separaciones comunales estn ntimamente ligadas a la divisin entre los que se considera que estn con el rgimen y los que estn en su contra, un binario inadecuado e ineludible que ha marcado a familias, barrios, ciudades y pueblos enteros en formas que reverberarn durante dcadas. Mientras que la mayora sun de Homs se puso de parte de la revolucin de forma abrumadora, la minora alau de la ciudad se moviliz rpidamente contra lo que percibi como una amenaza existencial. Ahora, con el resurgimiento de Damasco, los lmites comunales asumen una nueva prominencia, enfrentando al vencedor contra el vencido.

Un hombre de un vecindario alau en Homs se quejaba de los esfuerzos de rehabilitacin en curso en las reas sunes de la ciudad: No s por qu nuestro gobierno est permitiendo estos proyectos de reconstruccin. Deberan estar en nuestros vecindarios, para dar las gracias a las familias que sacrificaron a sus hijos. Mientras que gran parte de la poblacin sun de Siria se siente silenciada y brutalizada, las comunidades alaues tienen a menudo su propia narrativa de victimizacin, combinando reclamaciones legtimas con impulsos vengativos respecto a los sunes, a quienes consideran traidores al pas. Los sunes, por su parte, expresan con frecuencia el punto de vista opuesto: que los barrios alaues han prosperado gracias a especular con la guerra. Las zonas lealistas se han beneficiado enormemente", coment un comerciante sun de la ciudad. Se han convertido en mini-Estados administrados por los shabija [matones lealistas]. Incluso las fuerzas de seguridad no se atreven a entrar en la zona de Muhayirin [una vecindad alau de clase baja]. Es aterrador, no creo que podamos recuperar pronto la normalidad.

Homs ejemplifica el abismo cada vez ms amplio entre ricos y pobres en Siria, una realidad que ayud a sentar las bases para el levantamiento y que hoy ha alcanzado proporciones sin precedentes, con una camarilla reducida que est sacando tajada de la economa de guerra mientras que la mayora se hunde en la pobreza. Un comerciante local sun resuma la situacin:

La guerra ha arruinado aqu toda la actividad comercial. Muchos comerciantes respetables han emigrado o han muerto asesinados. La mayora de ellos tiene miedo an de regresar al trabajo. Y ves que los que tienen xito es por estar cerca de los servicios de seguridad, por denunciar a jvenes afiliados a la oposicin o coger grandes sumas de dinero de las familias que intentan garantizar la liberacin de los nios detenidos. Esos son los hombres de negocios que logran prosperar.

Otras divisiones que se dan por toda Siria son menos visibles, pero no menos insidiosas y provienen de los siete aos de guerra brutal y desordenada. De hecho, las puras divisiones basadas en la secta o la clase no describen un paisaje tan complejo y fluido. Algunas brechas son menos dramticas, casi imperceptibles, excepto para quienes las experimentan de primera mano. Vecinos, colegas, amigos y familiares pueden haber acabado en lados opuestos, a pesar de tener todos los marcadores sociales en comn. Cada parte del pas tiene su propia red de eventos trgicos que desenmaraar.

De hecho, el conflicto ha generado una enorme acumulacin de resentimiento que de momento puede estar siendo reprimido, pero que se no olvidar pronto. Un maestro en Raqqa, por ejemplo, expresaba una sombra perspectiva sobre las perdurables desavenencias que dej el gobierno del Estado Islmico en esa ciudad:

Muchos combatientes del Estado Islmico se cambiaron de ropa y se unieron a las Fuerzas Democrticas Sirias [lideradas por los kurdos] para protegerse a s mismos y a sus familias. Pero son los mismos de siempre; esa gente es mala y seguir siendo mala. Y habr venganza. Ahora no, porque todos estn ocupados tratando de arreglar sus vidas. Pero finalmente, todos los que sufrieron bajo el ISIS, que tienen algn familiar asesinado por el ISIS, se vengarn.

El legado de violencia se ve agravado por una feroz competencia por los escasos recursos, lo que genera otra fuente de descontento latente. En Damasco han ido surgiendo diversas gradaciones sutiles entre los habitantes originales y el mosaico de comunidades desplazadas que luchan por los empleos y donaciones de beneficencia. Una mujer desplazada de Deir Ezzor justificaba su sentimiento de culpa por aceptar trabajos de individuos conocidos coloquialmente como nazihin, sirios desplazados en 1973 por la ocupacin israel de los Altos del Goln, y que durante dcadas han ocupado posiciones humildes en la jerarqua social siria:

Trabajo para una mujer que sola contratar a su mujer de la limpieza en el campamento Wafidin [habitado por nazihin], pero envejeci y la torpeza le haca romper las cosas. Me dijo que yo soy ms joven y que me adapto mejor a las tareas. Otra mujer sola contratar a alguien tambin de Wafidin, pero ya no les considera desplazados. Ella siente que los nuevos desplazados, y yo pienso igual, se merecen ms atencin.

Hay ancdotas similares que son comunes entre quienes luchan por sobrevivir en la capital y sus alrededores. Una mujer de la zona rural de Alepo describi su experiencia cambiante dentro de la jerarqua de privaciones existente en Damasco: Llegamos a Damasco hace un ao y nos registramos en la asistencia de la Media Luna Roja rabe Siria. Nos dieron tres mantas, un colchn y finalmente tres cestas de comida. Pero ahora ya no nos dan nada, dicen no pueden, que ahora le toca a la gente de Ghuta. Una mujer de Deraa seal en otra direccin: La gente de Deir Ezzor se est llevando todas las cestas de comida. Son muy hbiles a la hora de convencer a los trabajadores sociales de que los ayuden. Por su parte, las gentes locales necesitadas se sienten a menudo ignoradas. Una nativa de un suburbio de Damasco coment: Por lo general, las organizaciones de beneficencia quieren ayudar a quienes huyeron de otros lugares. Por eso, cuando voy a una de ellas les digo que estoy desplazada.

Esas divisiones, aunque menos venenosas que el cisma entre quienes se alinearon en lados opuestos de la guerra, captan sin embargo la medida en que la violencia ha dividido a Siria entre sus partes constituyentes. Y la lista contina: la divisin entre sunes conservadores y la gente ms laica se ha calcificado, manifestndose incluso en el tratamiento diferencial en los puestos de control. Me resulta ms fcil moverme en coche porque no llevo el hiyab, coment una mujer de los suburbios de Damasco. Si te ocultas, la seguridad asume que ests con la oposicin. Las divisiones entre los sirios dentro y fuera del pas, entre las comunidades urbanas y rurales y entre la capital y la periferia se han profundizado tambin, con los primeros grupos culpando a menudo a los segundos del levantamiento y la consiguiente destruccin.

Esta fragmentacin parece dar lugar a una creciente gama de esfuerzos de dilogo, financiados por Occidente, entre un grupo comunal y otro, entre las comunidades de acogida y los desplazados, entre las instituciones estatales y los actores de la oposicin. Si bien el dilogo es extremadamente necesario, algunos sirios advierten que no se debe enfatizar el dilogo per se, incluso a costa de ocultar los temas ms importantes en juego. Un empresario de Damasco describa su propia experiencia malograda en conversaciones que se proponan vincular elementos dispares del sector privado de Siria: Existe toda una industria en torno a la 'mediacin', incluso entre partes que en realidad no estn en desacuerdo sobre nada. Mientras tanto, todos los problemas que motivaron el levantamiento han ido a peor.

El riesgo de empaar los peores males de Siria es an ms agudo en un momento en el que Damasco puede imponer cada vez ms su versin de los acontecimientos en todo el pas, empoderando a los partidarios del rgimen ms agresivos y silenciando tanto a los que se oponen como a quienes, ambivalentes, se quedan de alguna manera en medio de los dos.

Manteniendo la unidad

Dada la magnitud de la desintegracin de Siria, resulta an ms llamativo observar el ingenio con el que los sirios comunes siguen tratando de salir adelante, confiando en una mezcla de determinacin, paciencia y formas de solidaridad que salvan vidas.

Para muchos, esto equivale simplemente a esperar y soportar todo el tiempo que sea necesario hasta que puedan retomar de verdad sus vidas.

Un maestro empleado por el gobierno en Deir Ezzor describa la tpica experiencia de volver a la ciudad tras varios aos de desplazamiento en la provincia de Hasakah:

Me puse muy contento al encontrar mi apartamento intacto; haba sido totalmente saqueado, pero al menos haba paredes y techo. Necesito alrededor de dos millones de libras [4.000 dlares] para arreglarlo. Tengo algunos ahorros y mi hijo es mdico en Arabia Saud, por lo que me enviar los fondos que necesito para esos arreglos y pagar para que mis otros hijos puedan librarse del reclutamiento en una milicia kurda.

La vida en Deir Ezzor no es buena. No hay servicios bsicos de ningn tipo. Pero al menos tengo mi apartamento, confo en que en pocos meses el gobierno traiga agua y electricidad y que el prximo ao se abran algunas escuelas. Estoy cansado de ser un desplazado. Quiero descansar en mi propia comunidad. Aqu puedo ir al caf y reunirme con mis amigos, fumar argileh, tomar t y jugar a las cartas todos los das.

A menudo, las circunstancias en constante cambio exigen un alto grado de adaptabilidad simplemente para poder sobrevivir. Otro nativo menos optimista de Deir Ezzor explicaba los esfuerzos que ha tenido que hacer para mantener su trabajo en una clnica de salud estatal y que, al mismo tiempo, le permite a su familia continuar viviendo en la relativa seguridad del desplazamiento en Damasco:

Hace tres meses, me pidieron que regresara a Deir Ezzor para reanudar mi trabajo porque si no lo perdera. Pero tengo tres hijas adolescentes y dos hijos y me da miedo llevarlos conmigo debido a la presencia de milicias y bandas criminales. La ciudad se ha convertido en un lugar para shabijas, no para civiles. As pues, me quedo con mi hermano en Deir Ezzor una semana cada mes y paso tres semanas en Damasco con mi familia. Tena una casa de dos pisos y una gran farmacia en Deir Ezzor; todo est arrasado.

El gobierno me paga un salario de unas 45.000 libras [85 dlares] al mes, que slo cubre mi alquiler en Damasco. Gano otras 60.000 libras [120 dlares] mensuales trabajando largas horas en una farmacia privada. El mero hecho de ir y venir desde Deir Ezzor a Damasco me cuesta ms que el salario de mi gobierno, entre 45 y 50.000 libras [90-100 dlares] por viaje.

Aunque los sirios se ven obligados a ser ms autosuficientes, tambin han llegado a depender cada vez ms de estructuras vitales de apoyo social. De hecho, las circunstancias extremas han creado una paradoja: aunque la sociedad se haya dividido de innumerables maneras, podra decirse que el nivel de privaciones ha hecho que los sirios sean ms interdependientes que nunca.

Quizs el mecanismo de apoyo ms fundamental y omnipresente sean las remesas de los familiares que viven en el exterior. Una mujer desplazada de Homs, ahora en Damasco, explicaba cmo la ayuda de su familia le permite sobrevivir:

Trabajaba como empleada domstica de una anciana y recib un pago por adelantado para que mi esposo pudiera abrir una pequea tienda, pero sufri un derrame cerebral, entonces dej mi trabajo y me hice cargo de la tienda. Entre el alquiler, los recibos, la comida, el tratamiento para mi esposo y la escuela para mi hija, gasto ms de lo que gano. Tengo tres hermanas, dos en el Golfo y una en Homs, que estn en mejor situacin que yo, por lo que me mandan una asignacin mensual.

Otras formas de apoyo estn ms organizadas, pero no son menos autnticas, ya que no provienen de ningn inters financiero o poltico, sino del simple impulso de ayudarse mutuamente. Tales esfuerzos de base se producen a menudo ante necesidades inmediatas y urgentes, y dependen de la buena voluntad de los vecinos que pueden permitrselo. Un oficial retirado del ejrcito que viva en los suburbios de Damasco describi cmo l y un grupo de amigos decidieron tomar medidas al margen de cualquier iniciativa de ayuda formal:

En 2013, lleg a nuestra ciudad un gran nmero de personas desplazadas en busca de refugio y comida. Algunos vecinos les dieron comida y mantas, o les encontraron apartamentos vacos, tiendas y escuelas para que durmieran. Mis seis amigos y yo debatimos cmo podamos recoger donaciones. Fuimos por la ciudad pidiendo a los vecinos que donaran cualquier comida extra, mantas o dinero en efectivo que tuvieran. Algunos se ofrecieron para hacer comida caliente. Los mdicos se ofrecieron a examinar a los desplazados, mientras que los farmacuticos proporcionaron medicamentos gratuitos.

Visitamos tambin la zona industrial y les pedimos a los propietarios de las fbricas que facilitaran materiales para equipar un refugio. Algunas fbricas de prendas de vestir acordaron donar ropa dos veces al ao, mientras que las fbricas de alimentos proporcionaban alimentos bsicos mensualmente. Tambin conseguimos dinero en efectivo de los expatriados sirios.

Estos mtodos informales de apoyo tienen profundas races en la sociedad siria. Las clases medias y altas del pas han extendido desde hace mucho tiempo las formas vitales de solidaridad a sus compatriotas ms necesitados, con las redes comerciales y religiosas de Siria desempeando un papel de liderazgo. Lo que es nico, hoy en da, es la magnitud de las dificultades por todo el pas, que es tan grande que ha cambiado la forma en que los sirios conceptualizan el acto de recibir caridad. Un empresario del centro de Siria sealaba hasta qu punto la dependencia, que alguna vez exigi cierto grado de discrecin, se ha convertido en un hecho directo de la vida. La gente sola ocultar cuando dependan de la caridad. Ya no. Hoy puede escucharse a los trabajadores en una fbrica preguntndose: Dnde est el gerente? Y alguien contestar que ha ido a buscar su cesta de alimentos. Todo el pas vive de limosnas.

A medida que las necesidades se han disparado, los sirios comunes han dado la talla colectivamente para hacer frente a desafos aparentemente insuperables, una hazaa que, para este empresario, implica un lado positivo:

La gente sigue haciendo caridad a la manera islmica, a partir de la premisa de que debes ayudar a las personas ms cercanas a ti. Si hay alguien a quien debes ayudar, por ejemplo, un vecino, pero no puedes, entonces es tu responsabilidad encontrar a alguien ms que s pueda. Estos crculos permanecen muy intactos y la sociedad entera vive de esto. Siete aos de guerra no han destruido ese aspecto de la cultura siria, y eso es algo de lo que los sirios estn orgullosos.

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La guerra de Siria evoluciona hacia una conclusin sin tener la sensacin de haber llegado a su final. A medida que disminuya la violencia a gran escala, las preguntas esenciales seguirn sin respuesta: Cuntas personas murieron asesinadas? Por quin y por qu motivo? Innumerables tragedias permanecern oscurecidas por narrativas rivales, por las pruebas destruidas y por la magnitud de la devastacin del pas.

Otras preguntas, agotadas desde hace mucho tiempo, provocan sin embargo un ciclo interminable e intil de comentarios. El rgimen ha ganado, en los trminos maximalistas establecidos desde el principio y sin ningn deseo de compromiso de tratar de avanzar. Tras su victoria, los aliados de Damasco no van a reconstruir el pas. Tampoco lo van a hacer los Estados occidentales, que continuarn ofreciendo apoyo humanitario aunque resistindose a la idea de financiar una reconstruccin dirigida completamente por Asad. No habr recuperacin a nivel nacional, ninguna reforma seria, ni reconciliacin significativa en un futuro predecible.

Pero eso no significa que no haya preguntas que valga la pena hacer. Por el contrario, los temas ms apremiantes son los que a menudo se pasan por alto porque el mundo se centra en geopolticas y procesos de paz vacos. Esos temas reflejan cmo la sociedad siria ha luchado, se ha transformado y, finalmente, ha sobrevivido: en qu se ha convertido Siria, cmo se organizan los sirios y qu necesitan para crear un futuro para ellos mismos. Las respuestas no van a encontrarse en Ginebra, Astana o en los corredores del poder en Damasco. Ser el pueblo, sobre el terreno, el que susurre las respuestas.

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[Gracias! Tu compromiso activo, simplemente invirtiendo tu tiempo en nuestro trabajo y compartindolo a tu alrededor, es una gran recompensa para nosotros. Esta publicacin viaja tan lejos como t la lleves. Por eso estamos inmensamente agradecidos. Este ensayo fue colectivamente elaborado por el equipo de Siria de Synaps.]

Synaps es una agencia de informacin dedicada a obtener la informacin correcta de y para las personas adecuadas. Nos centramos en los crecientes desafos socioeconmicos de hoy en da, utilizando los conocimientos y vivencias de quienes los experimentan de primera mano para poder orientar a los socios decididos a actuar.

Fuente: http://www.synaps.network/picking-up-the-pieces

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar a los autores, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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