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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2018

Lehman Brothers, el neoliberalismo y los crmenes contra la humanidad

Martn Alonso
Crnica Popular


Esta disposicin de admirar, y casi venerar, al rico y poderoso, y despreciar, o, al menos, no tener en consideracin a los pobres y a las personas de humilde condicin es, la mayor y ms universal causa de la corrupcin de nuestros sentimientos morales.

Adam Smith. Teora de los sentimientos morales, I.iii, 3.1.


Estos das se habla mucho de Lehman Brothers. Sin embargo, la leccin profunda de aquella catstrofe no solo permanece en la penumbra sino que su filosofa ortodoxia neoliberal y sus prcticas las orientaciones de conducta en la vida colectiva no han sido impugnadas y siguen plenamente vigentes. Es como si al da siguiente del juicio de Nremberg el Partido Nazi hubiera seguido dirigiendo la poltica alemana. Como escrib hace unos aos en No tenemos sueos baratos. Una historia cultural de la crisis (Anthropos, 2015), la crisis que padecemos no es slo, ni siquiera principalmente, una crisis econmica; ello quedar patente cuando los arspices financieros muestren recuperados los ndices grasos macroeconmicos y veamos que nada de lo importante es como antes. Se trata, predominantemente, de una crisis moral, social, poltica y mental.

Acaso una ensalada de ancdotas puede esclarecer este aserto. Desde hace un tiempo, mster se ha convertido en una palabra omnipresente. Como, un tiempo atrs, las preferentes y, algo antes, las tarjetas black. Tenamos los msteres de Cristina Cifuentes, Pablo Casado y Carmen Montn. Que ni son unas pocas manzanas podridas ni un endemismo acadmico. Ada Colau acaba de anunciar que la directiva de una multinacional le ofreci terminar la carrera de una manera fcil (El Peridico, 13/09/2018) y, enseguida, de disculparse por haberlo hecho (Crnica Global, 14/09/2018).

A la vez, conocemos la dimisin de su puesto al frente de un hospital neoyorquino del prestigioso onclogo Josep Baselga por haber ocultado el cobro de varios millones de dlares de empresas farmacuticas. Baselga es uno de los mayores especialistas mundiales en el tratamiento del cncer, forma parte del consejo de administracin de la farmacutica Bristol-Myers Squibb y es director de Varian Medical Systems, una empresa de equipos de radiacin que vende productos a este hospital, segn ProPublica y el Times (La Vanguardia, 14/09/2018). Otra puerta giratoria.

Siguiendo con la clnica, recordamos que cuando a Luis Montes, emblema de la sanidad pblica, se le llamaba doctor Mengele desde los spin doctors asociados al PP, las figuras ms vanguardistamente liberales de este partido estaban cocinando la privatizacin de la sanidad madrilea. Esos mismos que han perdido ahora una oportunidad de oro para ajustar su reloj moral poniendo distancia con el franquismo, mientras que no dejan de instrumentalizar Auschwitz y, cuando se tercia, las vctimas de ETA.

Un salto a la poltica para comprobar con perspectiva histrica la diferencia de trato de la Unin Europea al ultra Haider ayer y a sus epgonos replicados hoy. Y, en la mera sincrona, la diferencia de trato a Grecia cuando se declar insolvente y recibi la visita conminatoria de los hombres de negro y el trato deferencial que hoy reciben los Orbn y compaeros antieuropeos. Durante la campaa de las elecciones griegas que daran la victoria a Syriza, el Ministro de Asuntos Exteriores alemn Wolfgang Schable asever que las nuevas elecciones no afectaban en absoluto a los acuerdos establecidos; en la cumbre de Riga de 2015 el presidente de la Unin Europea salud a Viktor Orbn con un amistoso: Hola, dictador!. Orbn es un ultraliberal, de modo que cabe aqu aquella formulacin estelar del troquelado identitario: ser un hijo de puta pero es de los nuestros. Esto no es ajeno al hecho de que haya estado al frente de la UE una figura que despleg una poltica de dumping de impuestos a empresas extranjeras. Ni a la caracterizacin de unos presupuestos como agresivos por un Ministro de Economa espaol del que los medios internacionales recordaron su importante papel en Lehman Brothers hasta el momento de la quiebra, y que hoy es vicepresidente del BCE; o el que se jodan de una diputada popular espaola de familia aeroportuaria o el no saber que haba un Jaguar en su garaje de otra, o el chalet suntuoso de

Una cultura de codicia, narcisismo y prepotencia

Una gua hagiogrfica de los inquilinos de Wall Street resume la atmsfera de este ecosistema en tres palabras: poder, codicia y gloria.[1] Veinte aos son suficientes para avalar la fiabilidad del diagnstico. Los tres conceptos comparten un rasgo esencial: se inscriben en la categora de las lgicas de suma cero, desigualitarias. Empezando por el primero, acaso lo ms llamativo de l es que esta cultura de Wall Street o de Davos ha conseguido imponerse como alfabeto terico y como tablas de la ley de la vida colectiva. Se ha convertido en cultura y como tal no es percibida como contenido ideolgico partidista. Como escribiera Orwell: Ver lo que est delante de nuestras narices exige una lucha continua.

Los msters son etiquetas de un lxico bien connotado, que empieza por el precio. Y las palabras, a su vez, son indicadores de los vectores de la atmsfera social. En su versin postmoderna, el credencialismo es el equivalente acadmico de la productividad y el emprendedurismo. Si la titulitis jugaba en el registro narcisista, el credencialismo juega en el de la competitividad. Es un activo, por eso se canjea por dinero o por influencia. O por identidad. La figura de las puertas giratorias da ms juego que el convencional.

La excelencia es una forma de capital y se convierte como l en fin. Que se acepte con normalidad la existencia de un producto calificado de basura es ms que un sntoma. Esta es la perversin de la lgica neoliberal que ha alterado la jerarqua entre fines y medios. De manera que hay un impulso hacia la venalidad universal: que todo sea susceptible de compra, de los rganos a los desechos. Si juntamos esto con la diferencia entre actores en funcin de su poder adquisitivo, en cualquiera de sus variantes, veremos que el resultado no puede ser ms desalentador en trminos de equidad y salud democrtica.

En Le monde est clos et le dsir infini, Daniel Cohen denuncia la mstica y la mistificacin del crecimiento que subyace en estas racionalizaciones y que constituye una amenaza concreta para la vida; y retoma la frmula de Pierre Legendre, segn la cual la humanidad ha llegado a un punto por encima de sus medios psicolgicos. La inseguridad personal y social es el precio. De acuerdo con Cohen, el crecimiento econmico es la religin del mundo moderno, el elixir que alivia el dolor de los conflictos sociales, la promesa de un progreso indefinido.

Puesto que esta cultura de la competitividad, del crecimiento y del xito a cualquier precio se halla totalmente instalada se ha banalizado. Atraviesa las fronteras ideolgicas, como en las tarjetas black y otros tantos episodios de corrupcin, porque se ha instalado en un sustrato profundo de la socializacin. Vemos las reacciones de los pillados: todo antes que reconocer un error o una conducta indebida. Si llamamos chiringuitos a aquellos nichos en los que la ley y la integridad no tienen cabida, encontramos que son una constante. Que el responsable de los msteres averiados se llamara Instituto de Derecho Pblico y perteneciera a una universidad pblica es algo ms que sintomtico; sin prejuzgar, desde luego, que tal sea la norma en las universidades.

La codicia es propia de una ecologa de vampiros. Detrs de todo el discurso de la disciplina y la austeridad, lo que encontramos en realidad son mecanismos de expropiacin de lo comn en beneficio de la lite de los negocios y sus cmplices. Robert Frank ha confirmado, tras una revisin de la literatura pertinente, que las reducciones de impuestos a las rentas altas fueron en realidad a costear bienes posicionales (exclusivos) de los ricos en vez de bienes no posicionales (la educacin, la persecucin del fraude, la investigacin); de otro modo y con mis palabras, la reduccin de impuestos a los ms ricos no ha servido para hacer ms eficiente a la economa sino ms voraces a los vampiros. Ha habido una guerra de clases y la hemos ganado. Vae victis!

Me he referido antes al neoliberalismo como cultura, es decir, como universo de smbolos y valores. Llegar a ello exige un programa serio de socializacin, que tiene sus sacerdotes y sus templos. Los sacerdotes son acadmicos de la divisin economa-administracin-finanzas; los tempos, las escuelas de negocios. En el ltimo cuarto del siglo pasado The School of the Americas (SOA) desempe un papel fundamental en el apoyo a los dictadores en el Cono Sur. Sabemos que Pinochet tuvo el aval explcito de los Chicago Boys, que en ese caso no hicieron ascos de las trabas externas al libre funcionamiento de los mercados. En el mundo postmoderno ya no hacen falta esas intervenciones sangrientas, la tarea se lleva sutilmente por el lado del poder blando de otras escuelas, las escuelas de negocios.

La carta de una exalumna de la Harvard Business School (HBS), publicada en el diario progresista The Nation,[2] pone el dedo en la llaga sobre estos alumnos. All, Mary Van Valkenburg parte de una constatacin: Con 70.000 alumnos en 161 pases, la HBS presume con razn de haber conformado la prctica de los negocios en todos los sectores y todos los pases del mundo. Recuerda el comentario que recibi de un profesor: No enseamos negocios, trabajamos sobre vuestros cerebros. No os enseamos cmo ser Harold Geneen; os enseamos a querer ser Harold Geneen [un implacable CEO chief executive officer u oficial ejecutivo en jefe de ITT en los 60 y 70 que jug un papel clave en el golpe contra Allende]. La titulacin en la HBS, dice, es determinante, al forjar una nueva identidad en cuanto miembro permanente de la lite de los negocios. La formacin est destinada a remodelar a los jvenes entrenndoles para ansiar el poder e instalndoles la conviccin de que lo merecen, dice. Como consecuencia, los egresados adquieren un sentido de superioridad y distincin con relacin a la gente corriente. Su impresin respecto a la nueva decana originaria de la India no es optimista: Alguna vez la comunidad de HBS optar por eliminar el sistema que otorga a sus miembros una parte desproporcionada de la riqueza de nuestro mundo? Difcil de imaginar. Mientras HBS cultive, y el negocio global incentive, el elitismo y el exceso de confianza entre los [] jvenes de 26 aos con un salario inicial de $ 250,000 en un fondo de cobertura no se vern impulsados a cuestionar la tica de sus ventajas.

Andres Ross Sorkin recoge datos empricos que avalan la imagen recin dibujada.[3] Una cuarta parte de ejecutivos de la industria financiera declararon haber observado malas prcticas y la misma proporcin admiti su disposicin a ello si pudieran salir de rositas. Un 26 % aseguraron que los planes de compensacin y la estructura de bonos de sus compaas incentivan a los empleados a saltarse los estndares ticos o violar la ley. Un 17 % estaban convencidos de que sus lderes miraran para otro lado si sospechaban que alguien en una buena posicin estaba implicado en trfico de informacin privilegiada y casi el mismo porcentaje sospechaba que sus jefes no informaran de ello a las autoridades. Inside Job proporciona una versin realista de este paisaje mental y moral. El autor aade datos de otro estudio segn el cual los resultados [de un estudio con 6.000 estudiantes de MBA] muestran que la formacin en economa correlaciona consistentemente con actitudes positivas hacia la codicia.

De modo que ahora ni siquiera nos sorprende que nadie haya pagado por sus responsabilidades en una cascada de consecuencias que ha producido daos enormes a un nmero incontable de personas. Incluida la aceptacin de trabajar por menos dinero y con menos derechos; es decir, incluido el desmantelamiento de la justificacin central del funcionamiento colectivo: la meritocracia y el ascensor social. El que la regresin civilizacional de la ltima dcada no solo no haya designado ni juzgado a ningn responsable sino que haya estimulado las disfuncionalidades, en ocasiones criminales, que han llevado a unas tasas rcord de desigualdad, tiene naturalmente que ver con una poderosa estructura de legitimacin que ha convertido el crimen en virtud, en el peor de los casos, o atribuido a causas externas, en el mejor.

Que la mistificacin se haya instalado en lugares como la HBS y afines, y las terribles consecuencias de esas mistificaciones no hayan suscitado reivindicaciones de reparacin indica que las instancias de poder democrtico y de derecho han sido profundamente penetradas y cooptadas por esta misma lgica. El fundamentalismo del mercado se ha apoderado de las instancias representativas de la soberana popular a escala estatal o supraestatal, como la UE. La crisis de representacin que ha permitido la resurreccin de los dolos cados hace ochenta aos es una consecuencia estremecedora. Por lo que anuncia.

La ideologa de despus del fin de las ideologas

Las luces largas ayudan. La dcada de los 50 conoci algunos fenmenos que vale la pena recordar. En 1952, Lvi-Strauss desautoriz la tesis de la desigualdad de las razas y clav la ltima punta sobre el atad de este concepto, que fue tan determinante para las polticas de exterminio nazis. En 1956, el psicoanalista Erik H. Erikson acu el concepto de identidad. En 1960 Daniel Bell decret la muerte de las ideologas. Entrbamos, pues, en un mundo postideolgico en el que se ira imponiendo una doble hlice la molcula del ADN se descubri en 1953, la coalicin de facto entre la escolstica economicista como sucedneo ideolgico de sustitucin y las epifanas de la identidad como sustento emocional de ese universo individualista y lquido sobrevenido.

En 1973, se cre la Comisin Trilateral, que dos aos ms tarde publicaba un informe titulado La crisis de la democracia, obra de M. Crozier, S. P. Huntington el divulgador del choque de civilizaciones y J. Watanuki en el que se puede leer: la feliz coincidencia de circunstancias favorables a la democracia [de los ltimos 25 aos] ha llegado a su fin. Curiosamente, denuncian una degeneracin de la democracia consecuencia del funcionamiento satisfactorio del sistema. De modo que para salvar a la democracia hay que impedir que funcione satisfactoriamente.

Una de las estrategias para esta regeneracin regresiva, valga el oxmoron, recuerda las recetas de James Burnham, un autor poco conocido pero influyente hasta el punto de que inspir la distopa orwelliana 1984. Burham era un converso hiperadaptado del socialismo como los neocon que se volvi anticomunista furibundo y recibi la medalla de la libertad de manos de Reagan. En The Managerial Revolution, Burnham deja perlas como estas: Stalin, Hitler, Mussolini y los Stalins y Hitlers de maana desaparecern, algunos con convulsiones polticas violentas. Pero la clase de los ejecutivos permanecer. [] La democracia, en una sociedad de clases, debe ser limitada de modo que no interfiera con las relaciones sociales bsicas mediante las cuales la clase dirigente mantiene su posicin de poder y privilegio. [] A pesar de existir una democracia generalizada, se puede asegurar el control de la clase dominante si las instituciones que representan su posicin estn firmemente consolidadas, cuando las ideologas que las sustentan son aceptadas de forma generalizada, cuando la clase dirigente cuenta con los instrumentos de educacin y propaganda, etc.. Para el autor, la Alemania de 1933 [el libro es de 1941] es la primera etapa nuclear en el camino hacia ese nuevo superestado. Vea buenos augurios en el hecho de que hay siervos que estn aprendiendo a hablar con la voz del amo. Oigamos ambas voces.

Hacemos el trabajo de Dios, asegur Lloyd Blankfein, CEO de Goldman Sachs, a un periodista de Times en 2009. l mismo, ese ao, haba tratado por todos los medios de esquivar a los que le pedan una profunda regulacin del sistema financiero, segn cuentan Nouriel Roubini y Stephen Mihm. Dirigindose a los congresistas les intim a que se resistieran a dar una respuesta diseada nicamente para protegernos contra una de esas tormentas extraordinarias que slo ocurren cada cien aos.

Y esto dijo el presidente Rajoy en el Congreso, tres aos despus: No disponemos de ms ley ni de ms criterio que el que la necesidad nos impone. Hacemos lo que no nos queda ms remedio que hacer, tanto si nos gusta como si no. Yo soy el primero en estar haciendo lo que no le gusta. La declaracin se inscriba en el momento por encima de nuestras posibilidades, presupuestos agresivos, que se jodan.

Pero tambin en el momento Grtel, Pnica y tantos otros. Rajoy cumpla as fiel y servilmente el mandato de la lite financiera como si estuviera obedeciendo a la misma Providencia. Puro estado de necesidad. El bombeo de dinero pblico, detrado de servicios sociales, hacia la cspide alcanz niveles estratosfricos. Siguiendo el mandamiento de la economa de la oferta que en su versin popular se denomina efecto Mateo. El nacionalismo de los ricos es una variedad hbrida de este evangelio. La corrupcin es el lquido amnitico de la economa especulativa; solo as se puede conseguir mantener a una mayora presa de la servidumbre voluntaria.

En el periodo de la no-ideologa, el poder no se presenta como poder. Los nuevos arios no llevan uniforme, visten de diseo vip o zapatillas vintage. Y sus armas son tan inocentes como los algoritmos. Lo anunci Rockefeller, patriarca de la Comisin Trilateral, a finales de siglo: Los ltimos aos han conocido en muchas partes del mundo una tendencia hacia la democracia y las economas de mercado. Esto ha reducido el papel del gobierno, que es algo que el mundo de los negocios aplaude. Pero la otra cara de la moneda es que alguien tiene que ocupar el lugar del gobierno, y los negocios me parecen ser una entidad lgica para hacerlo (Newsweek, 01/02/1999). As tenemos cuadrada la hoja de clculo, siguiendo el esquema de Burnham. Escribi Baudalaire que la astucia ms fina del diablo consiste en afirmar que no existe; la ideologa neoliberal es tan traslcida que no se ve. Lo que deja ver es en forma distorsionada, como trampantojo en la filantropa y como sucedneo en la identidad.

La lite HBS bien sujeta al volante. Porque, como bien intuy Upton Sinclair, resulta sumamente difcil conseguir que una persona entienda algo cuando su salario depende de que no lo entienda.

La frmula mgica de la derecha radical

Las dinmicas de expropiacin clasista y las maniobras de afiliacin identitaria pueden operar por separado, pero cuando se sincronizan tenemos lo que el socilogo ric Fassin llama el momento neo-fascista o la deriva autoritaria de los regmenes neoliberales[4]. En efecto, hay una especie de simbiosis entre estas dos formaciones. De entrada los enmarcados identitarios favorecen las polticas neoliberales por defecto: la agenda identitaria desplaza a la agenda social y lo que se convierte en importante para la gente son los sentimientos y, particularmente, los de desposesin (victimismo, destino robado, trauma elegido, desastre provechoso).

Populismos y nacionalismos responden a este guion. Y, como muy bien han observado Valerio Alfonso Bruno y James Downes, no slo la derecha populista racial derrota a la izquierda tradicional en este campo, como se vanaglori Steve Bannon, sino que tambin se impone por goleada a la izquierda populista radical.[5] Y lo hacen porque hay una afinidad electiva entre el mobiliario mental conservador, tradicionalista y rechazo a lo exterior, y los formatos identitarios de afiliacin y movilizacin.

Jugar en un terreno simblico ajeno es una temeridad; Lakoff y otros lo han formulado taxativamente, por eso la estrategia de emular a Salvini desde la izquierda no promete nada favorable. Estar contra Bruselas no hace buena per se una causa, como tampoco lo hace el defenderla de forma no violenta, como ha recordado la Fundacin Luther King a Quim Torra. Eric Fassin ve estos motivos para hablar de un momento neo-fascista: Hoy encontramos rasgos familiares del fascismo histrico, como el racismo y la xenofobia, desde luego, pero tambin la difuminacin de las fronteras entre derecha e izquierda, la fascinacin de lderes carismticos, la exaltacin de la nacin, el rechazo a las lites y la glorificacin de las masas, el desprecio al imperio de la ley y un cierta rehabilitacin de la violencia, por citar unos cuantos. El autor de Populisme: le grand ressentiment, atribuye al neoliberalismo la responsabilidad por la eclosin del neo-fascismo; un argumento ms a favor de la figura del crimen contra la humanidad.

El etnopopulismo y sus variantes son en s mismos destructivos porque activan emociones de bajo coste; bsicamente el miedo la invasin africana y odio a las lites, a Europa, a los funcionarios, a Madrid, a Roma, a Bruselas, a los extranjeros. Ha sido la frmula del Brexit y est siendo la frmula del procs.

A su vez, las democracias sentimentales por usar el rtulo de Arias Maldonado son altamente vulnerables al populismo. Ello en parte por el efecto abrasivo de las polticas neoliberales. Si la democracia se ha legitimado en la distribucin equitativa del bienestar, la enorme desigualdad entre los cada vez ms ricos y los cada vez con menos expectativas de dejar de ser pobres destruye el sistema autoinmune de la solidaridad democrtica. De este modo, el neoliberalismo ha engendrado las democracias iliberales; valga el oxmoron, que ya se ha instalado. La ortodoxia econmica supersticiosa ha destruido la infraestructura democrtica y el populismo promete recetas mgicas mientras en la vida corriente se impone la ley de la selva, que es la de la codicia.

Hay dos formas del golpe de Estado posmoderno, la que Daniel Gascn ejemplifica con el procs y que afecta a la arquitectura institucional, y la inspirada en la Comisin Trilateral, que afecta a la sustancia de la democracia.

Desgraciadamente, la izquierda radical no ha construido nada slido tras la cada del Muro pero, sobre todo, una parte de la ciudadana ha cado en la supersticin de que lo conseguido son derechos adquiridos. La tentacin binaria tampoco ayuda. Hay que combatir el neoliberalismo que ha destruido la idea de Europa, un producto de la musa del escarmiento, pero cuidado con destruir Europa sin tener algo mejor. Lo mismo que las organizaciones sindicales

Los efectos de la confluencia entre lgicas expoliadoras y lgicas etnoidentitarias son bien conocidos. Hoy, Israel es un paradigma de ello. Es un pas destruido por el fuego combinado de neoliberalismo y de fundamentalismo tnico. Israel es el campen de las start-up y un santuario ultraortodoxo cultivado por los colonos. A pesar de la satisfaccin generalizada [en Israel] por una renta per cpita de 41.500 dlares anuales (25.000 dlares en Espaa) y una elevada esperanza de vida, una tercera parte de los consultados en una entrevista considera que su situacin financiera deja que desear y un 31 % admiten que pasan dificultades para llegar a fin de mes (El Pas, 12/09/2018).

En un contexto de panmercantilizacin, la identidad se convierte en un activo. Por eso el nacionalismo de los ricos, en Espaa el cataln y vasco, o en otros lugares el liguista o flamenco. Es llamativo que en este peloteo de msteres y tesis no se haya recordado estos das el fenmeno de la tesis y el tribunal de tesis de Juan Jos Ibarretxe en lnea, por cierto, de ciertas licenciaturas de presos de ETA.

Las formas del iliberalismo y la derecha radical pueden ser chillonas, como Salvini, o acolchadas, como Blocher. Hemos hablado de Israel, pero podemos pensar en Suiza, un pas a la cabeza en todos los indicadores de bienestar. Pues bien, all un partido de derecha extrema ha ganado las tres ltimas elecciones. Lo dirige un gran empresario, de la costa dorada de Zrich que ha explotado las emociones baratas, la xenofobia contra la inmigracin y contra Europa. Se ha dicho que el surgimiento de la reaccin populista tena algo de saludable en cuanto aireaba el no nos representan un eslogan realista a la vista de lo descrito; sin embargo, en la Confederacin Helvtica la representacin popular y la prctica del referndum invalidan esta coartada.

En resumidas cuentas, la dinmica de la cultura neoliberal funciona como una bomba de fragmentacin que destruye uno tras otro los crculos de legitimidad de la politeia democrtica. Se ha destruido el ascensor social y ha desaparecido el excepcionalismo alemn la inmunizacin contra la derecha radical. Hay que recordar que la derecha radical alemana, que hoy hace de los inmigrantes el chivo expiatorio, utiliz a la Europa del Sur para el mismo propsito en los aos de la crisis que tanto favorecieron a la economa alemana.

En la tierra quemada del austericidio criminal no crecen orqudeas democrticas. La codicia rompe el saco, lo sabamos. Hoy vemos que tiene poder tambin para comprar las urnas, por las buenas o por las otras. Y hasta a los onclogos. En realidad, la corrupcin es una patologa como el cncer pero, sobre todo, es el sntoma de una patologa estructural que se expresa como desigualdad. Esa patologa estructural es la que subyace a la simbologa de Lehman Brothers. Y la que obliga a una revisin completa de la escolstica neoliberal que debe empezar por un empeo en hacer realidad la figura de los crmenes econmicos contra la humanidad. Algo que, desde luego, no alentarn ni los responsables ni los acadmicos que los envuelven en la sofisticacin de la teora y la modelizacin esotrica. Tampoco un producto homologado de Wall Street como Trump.

Tony Judt, que pens como pocos sobre los males del siglo pasado, vio con claridad los del presente: Nuestra actual fe en el mercado remite a su doble decimonnico, la creencia incuestionable en la necesidad, el progreso, la Historia. []. Pero el mercado es solo una abstraccin: a la vez ultrarracional e infrarracional []. Tiene sus fanticos sus compaeros de viaje y sus vctimas. Pero, sobre todo, la servidumbre con la que una ideologa se enseorea de la gente tiene su expresin antonomstica en la incapacidad colectiva para imaginar alternativas. El historiador se inscriba as en la estela de lo que ha sido el ncleo del pensamiento poltico clsico: la consideracin del bien comn como primer mandamiento del ethos civil y cimiento del demos. Es decir, el negativo de la cultura de la codicia.

Notas:

1 Guide to Whos Who and Whats What on Wall Street, 1998.

2 https://www.thenation.com/article/harvard-business-school-nitin-nohria-pushes-reforms-bankrupt-culture/

3 https://dealbook.nytimes.com/2013/07/15/on-wall-st-a-culture-of-greed-wont-let-go/

4 https://www.opendemocracy.net/can-europe-make-it/ric-fassin/neo-fascist-moment-of-neoliberalism, 10/08/2018.

5 https://www.socialeurope.eu/why-has-the-populist-radical-right-outperformed-the-populist-radical-left-in-europe, 11/09/2018).

Fuente: https://www.cronicapopular.es/2018/09/lehman-brothers-el-neoliberalismo-y-los-crimenes-contra-la-humanidad/



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