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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2018

Hctor Rojas H.: Una gran idea merece un cadver?

Luis Carlos Muoz Sarmiento
Rebelin

Charla estrenada en la Biblioteca del Banco de la Repblica, dentro del XI Encuentro Internacional de Escritores de Sincelejo, el 14/sept/2018


El lenguaje est ms cerca de las pelculas que la pintura.

SERGEI M. EISENSTEIN

Buscamos la esencia/ y sta ya ha sido o declina/ mientras decimos su nombre.

RICARDO VERGARA CHVEZ

No es que yo quiera hacer un poema, un cuadro, una novela, es que no puedo evitarlo.

HCTOR ROJAS HERAZO

 

https://www.youtube.com/watch?v=pvj6SynEIME Hctor Rojas Herazo, su voz: 9:26


A Hctor Rojas Herazo, Tol, 12/ago/1921 Bogot, 11/abr/2002, lo conoc el da que nuestro amigo comn Gustavo Ibarra Merlano (1919-2001) nos invit a la presentacin de su libro Lpida en la BNC, el 21/ago/1988. Fue una bella charla sobre la vida y la muerte desde la ptica de los griegos y, en particular, de los presocrticos. Solo ellos hablaron, algo apenas razonable. Este ensayo propone un homenaje al poeta, narrador, pintor, periodista y autor de la novela mayor de la literatura nacional, basada en no pocos recursos de no ficcin: Celia se pudre, edicin MinCultura, Homenajes Nacionales de Literatura 1998. Razn para ir en la bsqueda de la esencia entre periodismo y literatura en Celia se pudre, sin obviar su opera prima Respirando el verano (1962), ni En noviembre llega el arzobispo (1967), Premio Esso, como sea que son parte de un trptico narrativo intertextual conectado por diversos temas: Guerra de los Mil Das, decadencia, amor y desamor, ruina, violencia, muerte; y por factores como lo grotesco, fragmentario, irracional, dialgico, polifnico. El grotesco es un valor tico/esttico en su obra que resalta el carcter de lo fragmentario, en tanto sucedneo de la memoria; de lo irracional, en tanto complemento y no antinomia de la lucidez; de lo dialgico, en tanto sinnimo de conversacin, la misma en la que se construye el mundo; en fin, de lo polifnico, en tanto consecuencia natural del dilogo constructivo/creativo/crtico entre personas y de la intertextualidad en sus novelas.

Otras de las caractersticas de ese grotesco (goyesco, baconiano, felliniano?) son la locura, relacionada con lo irracional aunque tambin con la lucidez: lo ltimo que pierde el loco es la lucidez, deca Chesterton; tambin relacionada con la animalizacin de la experiencia humana, como en El da del odio (1952), de Osorio L., con lo cual de paso se simboliza la irracionalidad e injusticia del Poder y la resistencia del pueblo, como se ve en lo que con respecto a la literatura afroamericana el crtico J. Lee Greene llam la estrategia de la mscara: usar la lengua coloquial para evitar la intromisin del Estado; lo mismo que, en el caso de RH, con el uso de la enfermedad en muchos de sus personajes, cncer, Alzheimer, hepatitis: aqu la morbilidad como sinnimo de decadencia, de ruina, adems de la obvia antesala de la muerte, el camino al ltimo viaje en el Lura o su definitiva evaporacin entre los arrecifes, como dice en Celia se pudre (1998: 255). Habra que decir aqu que el mundo es grotesco si se lo aprehende en directo. Es serio, o sea, poco serio, trivial, anodino, incluso chistoso si se lo capta desde los medios de incomunicacin: prensa, radio, TV. No se olvide que lo grotesco es sinnimo de ridculo, chocante, extravagante, risible, irrisorio, burlesco, caricaturesco, bufo, monstruoso, macarrnico y hoy de lo meditico atravesado por la posverdad, esa mentira legalizada por el poder para que le sirva a l y a su sistema con respecto al dominio ideolgico, a la hegemona cultural y a la censura biopoltica.

Claro que sin idolatra, lo grotesco, mostrado por RH, sera el espejo en el que nadie (en griego mscara, persona, o sea, nadie/todos), ningn criollo, se querra ver. Por el malestar, la incomodidad, el miedo a la verdad y a la libertad, que tal hecho produce; y, por contraste, por el apego a falsas ilusiones como xito, fama, competencia, mientras el pueblo se debate entre hambre, pobreza, decepcin, en una realidad socio-poltica signada por el engao poltico, la trampa judicial, la corrupcin generalizada. Por ende, nadie, es decir, todos, quiere verse retratado en la figura monstruosa de lo que la llamada opinin pblica, sin saber de qu habla, llama inaceptable por esperpntico. A lo que, no poco, han contribuido los medios de desinformacin con sus noticias falsas, perdn Fake News, porque todo viene del pas ya no del To Sam ni del american dream sino del racista/xenfobo/misgino Hitler Trump, de su pesadilla gringa y su siniestra/perversa posverdad, la que se centra en dos factores inherentes a un mundo desideologizado: nihilismo y narcisismo (1). Aqul no es ms que un megalmano surgido de la caverna meditica, va TV, a travs de un reality show, hijo a su vez del Big Brother orwelliano, en el que lo que ms lo excitaba era echar gente. Su origen poltico se dio en la vagina de la caja tonta: de ah, un imbcil funcional al statu quo, al aparato judicial/meditico y al Sistema, como R. Reagan, G. Bush I y II, (P)arack Obama.

En tal sentido, con respecto al aparato meditico y a la manipulacin de la conciencia colectiva, sin dejar de considerar Respirando el verano y En noviembre llega el arzobispo, se revisa la novela Celia se pudre, a partir del captulo Primera plana del peridico (2). En l, un hombre se sienta en la taza a leer el diario, cual Henry Miller, defeca y, mientras se para a afeitar, han pasado diez pginas de una tan minuciosa como crtica, cida como divertida, spera como inteligente, lectura de la prensa cotidiana, inundada de crmenes, para el caso un secuestro; problemas limtrofes, con Venezuela; propaganda de remedios, para la tos; calamidades mundiales, epidemia de clera en la India; la estereotipia como no propiamente forma encumbrada de la justicia; la recurrencia a chinos o indios para ilustrar con una parbola cualquier nadera; la muerte de un poltico, en fin, de todas las noticias, graves y leves, sobre todo estas, que alimentan las pginas de los diarios para comerciar con el dolor de la gente, mientras un 80% de las mismas se da sin confirmar. En otras palabras, especulacin, hurto o robo, casi iguales pero distintos, con las noticias de la simulacin en el espacio/tiempo de la semicultura, como seala el cineasta/escritor R. Rossellini en su libro/universidad Un espritu libre no debe aprender como esclavo (3); semicultura de la cual con seguridad era muy consciente el propio RH, para quien directores italianos como Rossellini, De Sica y Fellini y un gringo como Huston, eran parte de su entorno natural.

Mediante las modas que dichos medios crean y difunden, como se puede inferir de las pginas citadas de Celia se pudre, se provoca la proliferacin de pasiones absurdas y de ejercicios dialcticos completamente vanos, que distraen a las personas y las hacen creer inteligentes, cuando en realidad las alienan cada vez ms. Si se quiere ser humanos autnticos, debe darse a la escuela lo que es de la escuela: la misin de prepararse a cumplir ciertas funciones, las que les permita incorporarse de manera activa y eficaz a las estructuras productivas, administrativas, cientficas, tecnolgicas, ambientales de la sociedad. En paralelo debe desarrollarse otra forma de informacin exhaustiva, como complemento de la escuela, que facilite el aprovechamiento de toda la energa intelectual en potencia de nuestra especie. Slo una parte del tiempo que ahora ocupan los medios sera suficiente para tal fin: hacer madurar, ensear a pensar (y cmo pensar: Richard Price) y no lo que hay que pensar, como sostiene el neurofisilogo colombiano Rodolfo Llins, porque eso es parte de la autonoma del ser (4).

La historia y la vida estn llenas de lecciones desperdiciadas y olvidadas, si no ignoradas. Mientras tanto, nos sentimos perplejos, arrastrados por las ilusiones, alienados como nunca antes. El mal que nos aflige es quizs el peor de los conocidos hasta ahora: la semicultura, con la cual los medios bombardean hoy a toda la poblacin y que es peor que la ignorancia porque engaa al que cree que sabe y porque le impide saber que no sabe; su engao mantiene atados a los hombres, subyugados por quimeras: en efecto, es la ilusin de saber. Los medios surten a diario con estmulos y noticias pero, claro, se hallan al servicio de grupos dominantes que los manejan a su antojo: para servirlos adecuadamente, necesitan del xito a toda costa; lo que los convierte en caldo de cultivo del sensacionalismo: el afn por exagerar las noticias ms triviales, anunciar con bombos y platillos lo ms trivial, mandar a la basura hechos esenciales, como a lo largo de Celia deja claro RH, humano consciente del ejercicio periodstico y quien con su obra demostr que el lenguaje, antes que a la pintura, est ms cerca al cine: fue redactor de El relator, de Cali; La Prensa y El Heraldo, de Barranquilla; y colega, hacia 1948, de Gabo, incluyendo el intercambio de seudnimos, en El Universal, de Cartagena. Estando en esos medios, supo que noticias/problemas/conceptos que se difunden se manipulan de antemano, para luego manipular a la incierta, aqu concreta, opinin pblica. Segn Jerry Mander, residente en Frisco y presidente del International Forum on Globalization, siete corporaciones controlan el 70% de la informacin que produce el mundo: Fox News; Time Warner; Disney; Sony; Bertelsmann; Viacom; y General Electric (5). En ltimas, los medios hacen cultura a su modo, pero la sirven en dosis aplastantes para que una noticia triture a otra, y su fin no es instruir sino condicionar, no es divulgar, sino ocultar: resultado, la semicultura: simulacin, pantomima, caricatura de la cultura al servicio de EE.UU y del capital transnacional, que es igual a decir que al servi(l)cio del poder, de la manipulacin meditica, de la reduccin colectiva a la esfera triste del pensamiento nico.

Cuando se habla de las influencias literarias en RH surgen a la palestra W. Whitman (poesa) y F. Kafka, M. Proust, W. Faulkner, F. Dostoievski y L. Tlstoi (novela), entre muchos ms. Sin embargo, cuando l mismo hablaba de Mis mejores libros citaba Las veladas de La Quinta, de la Condesa de Genlis; Sandokan, de Emilio Salgari; Las mil y una noches, recopilacin medieval en rabe de cuentos del Medio Oriente; Guerra y paz, de L. Tlstoi; Del tiempo y el ro, de Tom Wolfe (1930-2018); El villorrio (I Parte de la Triloga de los Snopes junto a La ciudad y La mansin), de Faulkner. Escritor que, adems, influy en la escritura de Gabo, en especial con El sonido y la furia para Cien aos de soledad y en la de Cepeda para La casa grande. Y entre Las mejores pelculas que verdaderamente me han hecho caer en el cine, citaba En busca del oro, de M. Curtiz; Umberto D., de V. de Sica; Las fresas salvajes, de Bergman; Rashomon, de Kurosawa A.; y La aventura, de Antonioni. Por ltimo, respecto a Un deseo, deca: Mi nico deseo, mi ms pueril deseo: no morir nunca y en cuanto a Mis fracasos: Confieso que me he cansado por sucesivos fracasos de intentar cualquier conocimiento por correspondencia o de ejercitarme en alguna competencia comercial o dolosa. Para esto soy implacablemente inepto (6). Esto ltimo, franca declaracin de principios ticos/estticos en tiempos oscuros de clara inquietud.

https://www.youtube.com/watch?v=7GzVS2TtnvQ Las cosas que ms amo: 1:50

En esa conexin literatura/cine y viceversa, pintura y representacin de lo no dicho, de lo inefable, lo que no puede decirse con palabras, por el vaco que estas representan, he aqu lo que RH expresa por escrito, en Respirando el verano: Porque las palabras no sirven sino para enturbiar y envilecer lo que sentimos. No, las palabras no sirven. Las pronunciamos y nos quedamos vacos. Es como si lanzramos al exterior los desperdicios de lo que pensamos. Porque lo otro lo que de veras sentimos o nos disponemos a ejecutar ser siempre incomunicable. Y esta es la nica tristeza que nos debe preocupar: la que, por diversos motivos o por uno solo, no podemos contar a nadie. Entonces, lo mejor que se puede hacer, aunque nada pueda hacerse en principio, es contarla; y asunto saldado: desde el pensamiento, quizs no desde el acto. Quizs no resulte arbitrario, ni insensato, en torno a lo incomunicable que es menester comunicar para no morir envenenado, al afn de expresar lo que tiende a hacerse inexpresable, tomar la escena de La Strada, de Fellini, en la que el Bufn conversa con Gelsomina sobre tener un propsito en la vida y, como sin querer, alude a Zampan y su furia persistente, para referirle una metfora: el perro ladra no porque le falten ganas de hablar sino porque an no halla la forma de hacerlo. Y eso es lo que afecta su relacin con ella, la misma que no tendr happy end porque, simplemente, Zampan tendr que aprender su propia leccin: la misma leccin de inocencia que, sin que ella haya querido drsela, l no quiso aprender. En su ayuda, tarda, acude Erich M. Remarque, quien en Sin novedad en el frente, una de las novelas acusadas, por Hitler I (el II es Trump), de ser parte del arte degenerado, sin rodeos seala: No pierdas la inocencia pues jams la podrs recuperar.

Aqu cmo no referir un poema de RH, de los ms conmovedores y entraables por el bien, no por el dao como los personajes de R. Arlt, v. gr., en El jorobadito. Una leccin de inocencia, del libro Las lceras de Adn: Van Gogh pint una vez/ el retrato del mundo./ All estaba todo: las flores que se abren/ y las puertas que se cierran,/ los das del llanto/ y los das de oro/ los senderos y los sueos,/ los ramajes y las palomas./ Tambin un nio/ mirando dos amantes/ y tambin la hora del nacimiento/ y la muerte de cada hombre./ Para pintar ese retrato, Van Gogh/ no tuvo sino que pintar una silla. (7) En efecto, le bast pintar una silla, la misma al centro del cuadro El dormitorio en Arls, para hacer una honda y humana sntesis sobre el despojado hombre feliz, en reposo absoluto, no triste por ostentoso, carente quizs de cosas pero preado de emociones, de alegra, de goce, que puede comprender, al final de su vida, que quien no se conforma con poco, no se conforma con nada. Y por eso all, en tal sentido, como dice RH, estaba todo (8): la esperanza, en las flores que se abren; la desesperanza, en las puertas que se cierran; el dolor y la derrota, en los das del llanto; el triunfo y el xito, en los das de oro; la evolucin eterna y la paz/reposo, en los ramajes y las palomas; el amor y la promesa y la promesa del amor, en el nio que mira a los amantes; el fin inexorable, en la muerte de cada hombre que a la vez es la honda e inefable metfora de que paralelo al ritmo de muerte marcha el ritmo de vida.

En el Cap. XX de Respirando el verano, Celia, la misma abuela de Celia se pudre, hace una analepsis, en literatura retrospeccin y en cine flashback o retroceso temporal, para contarle al lector cmo ve a su hijo joven, as est frente a un anciano, y al que ahora odia porque aunque su rubio hijo est intacto dentro de ella, en el presente lo ve de otra forma: Ese anciano que ahora tose y me llama con voz prestada puede morir cuando quiera. Incluso he llegado a odiarlo. Detesto su cabeza aguda, sus ojos como clavados en el crneo, sus dedos intranquilos rascndose la barba (2003: 158). Aqu, RH muestra la decepcin de una anciana frente al deterioro humano, reflejado en el hijo que ahora es su espejo, el que le produce repulsin, que la hace pasar de la piedad a la impiedad, a un paso de la cual est la locura: por ahora hay enfado, ruido, furia y, desde la tica, la transicin de lo humano a lo inhumano. Al presentar parejas de oposicin como atractivo/repulsivo; racional/irracional; humano/inhumano, no hace otra cosa que resistir para tratar de mostrar/comunicar que la diferencia no es tal, sino el camino ms expedito a la igualdad, a la comprensin, a la aceptacin. El hombre rechaza lo diferente ante todo porque no lo conoce, porque no ha hallado la va para pasar del ladrido al lenguaje: una vez Zampan conoce a Gelsomina, desaparecen prejuicio, intolerancia, rechazo y a se alguien se hace fcil entenderlo, recibirlo, acogerlo. Aunque aqu ya sea tarde y no quede ms remedio que el plaido, que la soledad.

Ms adelante: Bueno, despus de todo lo nico que queremos es entender y las palabras no nos sirven. No nos sirven incluso ni en las cositas ms corrientes. Por eso el da en que le pregunt a Mangu [dice Celia] por qu robaba me mir sin comprender y se encogi de hombros. Como se encogi de hombros el hijo de Custodio cuando trat de darle consejos para que dejara la bebida. Lo nico claro es que vivimos y no sabemos por qu lo hacemos. Trata uno de hacer las cosas lo mejor posible, de hacerlas derechas y como Dios manda, y ellas se ingenian para salir torcidas. A lo mejor el juego consiste en eso y no lo entendemos (2003: 159). Esto para E. Zuleta es la contrafinalidad: toparse al final con lo opuesto a lo buscado en un comienzo: intentar hacer algo bien para que sin intervencin consciente nuestra, acabe mal. Lo que para el comn es suerte si termina bien y destino si se tuerce. Ahora, es evidente que el hombre vive y muchas veces termina sin saber por qu vive; que la intencin de nuestros actos no tiene que ver, per se, con un final feliz o triste; que lo que pretendamos no guarda relacin con mandamientos divinos porque la fe es solo la creencia en una falta de evidencias. Claro, el juego puede consistir en errores y paciencia, en cometerlos y asumirla, pero no venimos aperados desde el inicio para albergar a unos ni a otra. Por eso, quizs tenga razn RH al poner como epgrafe de En noviembre llega el arzobispo, la frase de su/nuestro admirado F. Fellini: Sufrimos las consecuencias y ni siquiera podemos trazar su origen; as que el error contina en la oscuridad (9). Lo que aterra de la visin rojasheraziana, en apariencia pesimista, sobre las palabras y su uso y/o utilidad es algo muy irnico: cmo es posible que quien se nutri toda la vida de las palabras logre hilvanar algo tan inefablemente doloroso, que sacude y remueve las entraas sensibles en cada lector y, sin embargo, construya un discurso, en realidad optimista, sobre lo que aun con lo lesivo o enaltecedor que pueda resultar, logra recordar, sin decirlo, que las palabras, las palabras exactas y verdaderas pueden tener el poder de los actos, aun con el bien o el mal que lleven en su entraa e igualmente salvar o condenar a quienes las reciben, mientras ellas, las palabras, acceden a los lugares ms recnditos de la condicin humana para afectarnos?

Quizs tampoco se aclaren las alusiones, no gratuitas, menos sus razones, a lucha libre, boxeo, ajedrez, lo que permite conjeturar: 1) pudo existir una pulsin homoafectiva en RH: l mismo en Celia se pudre se refiere al ajedrez (que jug en el Club Lasker, Cra. 7 21-81, Bgt.) como la gran metfora homosexual: El ajedrez, afirmaba el peludo filsofo bebedor de chicha, es un duelo sexual. Pero ese duelo, como todo buen duelo, debe ser entre hombres. La gran metfora homosexual. Se enfrentan golosamente, se miden, se tientan. Despus, las ferocidades acariciantes, el deliquio (10) y el murmullo entre frondas: qu va a hacerme, qu pretende?, qu busca, qu quiere usted? Y se retuercen los dos, cada uno en su silla (pero tremendamente enlazados en el techo del tablero), intercambindose piropos y miradas asesinas: vngase, papasito [sic]; no, mijita, djese ms bien. Y respiran profundo. Se adivinan y salen, henchidos de gozo, al encuentro de sus celdas y bellaqueras. Exactamente como si todo ocurriera en un gran lecho, en una vasta comarca de placer. Los perfectos amantes. Existen, conclua el peludo filsofo bebedor de chicha, matrimonios ajedrecsticos. Conoc a dos hombres adustos y muy viriles en la vida corriente, que jugaban todas las noches. Con nadie ms, ellos solos todas las noches. Ni siquiera permitan testigos, pues se ponan hoscos visiblemente dispuestos a reaccionar, incluso a insultar si alguien se acercaba como simple espectador. Al cabo de 30 aos muri uno de los cnyuges. El viudo jams volvi a tocar un trebejo. (1998: 795-796) Qu tanto ms no podr decirse de ese manoseo (juego de manos, juego de villanos, deca mi padre que haca lucha obligatoria para llevarnos comida a casa), llamado lucha libre o de esa otra faena brutal, el boxeo, en la que uno que otro Tyson muerde las orejas a sus rivales?; 2) de esa no probable homo/pulsin se liber por la escritura, en la que a la vez que plasm sus fobias = miedos/odios, pudo exorcizar sus demonios y amar as libremente, sin temores, segn Fassbinder en La ley del ms fuerte. Filme en el que, siendo gay l mismo, seal sin homofobia: Los homosexuales no son miembros de un club exclusivo; son iguales de cabrones que todo el mundo, j (11).

En Respirando el verano Celia recuerda al hombre que conoci a Berta hace dos aos y que es ahora su esposo: luego de vender la hacienda y cuando Horacio cuenta billetes y monedas de oro (acuden ya en tropel El tesoro de la Sierra Madre, Atraco perfecto, La comunidad) ella no puede contener la risa y cuando aqul recomienza la cuenta de un montoncito relumbrante o de algn fajo de billetes, concluye: Yo saba que, a partir de ese instante, todos en esta casa quedbamos derrotados. Y viene enseguida una sentida, dolorosa, nostlgica referencia al incesto en relacin con Horacio, algo que la rebasa por cuanto su esposo y su hijo mayor ya han muerto y yo me senta impotente y cargada de amor hacia l (2003: 156-157). Una especie de amor sustituto por dos amores malogrados. Y cuando expresa todos en esta casa quedbamos, cmo no acotar la inefable similitud con el final de La casa grande, obra que se publica el mismo ao que la de RH: Es que si no hablamos ahora nos va a llenar el odio y entonces tambin estaremos derrotados. De todas maneras estamos derrotados. S, de todas maneras. (2003: 190) (12)

No obstante, nadie puede sentirse derrotado tras leer Respirando el verano, En noviembre llega el, Celia se ni, claro, Cien aos de o La casa grande, las tres primeras porque constituyen un trptico literario/periodstico muy difcil de conseguir en cualquier otro mbito literario, salvo, quizs, en Nigeria con Chinua Achebe y su Triloga africana (Todo se desmorona, Me alegrara de otra muerte, La flecha del dios) e incluso Un hombre del pueblo y Termiteros de la sabana; o con Chimamanda Ngozi Adichie y La flor prpura, Medio sol amarillo, Algo alrededor de tu cuello, Americanah, Todos deberamos ser feministas (13) y de quien bastara or y ver esta y su otra breve charla El peligro de una sola historia, para entender la importancia de conservar la lengua original frente a las lenguas impuestas (14); algo de lo que tambin sabe el keniano Ngũgĩ wa Thiongo en su charla frica, escritura y emancipacin, al reconocer su error por escribir en ingls 22 aos cuando estuvo fuera del pas y al que no quera volver si permaneca el dictador Daniel Arap Moi, y luego darse cuenta de la importancia de seguir hacindolo en suajili y kikuyo (15), como lo hace en sus novelas El diablo en la cruz, Matigari, El brujo del cuervo.

En 1998 particip en un concurso del peridico Suburbia, cuya Coordinacin Cultural estaba a cargo del recordado poeta cubano/colombiano Alberto Rodrguez (como eres de) Tosca, como yo le deca. Se trataba de escribir un prrafo, entre 12 y 13 renglones de 60 caracteres, o sea, entre 720 y 780, sobre una novela de ms de mil pginas. Esa novela se titula Celia se pudre y esto fue lo que escrib sobre ella, con una terronera previa evidente: Estimado Sr. Dir. Hernando Rojas: Casi ni saludo para pasar a escribir media cuartilla sobre una novela de 1.002 pginas, sin duda la de ms largo aliento potico dentro del mbito narrativo nacional y cuyo contenido, aparte del autor, parece recibir puos y patadas cada vez que alguien paga por l la asombrosa y ridcula suma de $15.000 devaluadsimos pesos colombianos. Y es que Celia se pudre, en cuyo comienzo est la abuela del propio Rojas (Herazo Sr. Director) y a la postre la fuerza de la tierra, encarna el aliento de la palabra frente al desamparo y al patetismo humanos, apelando de paso a la inocencia para que el hombre sea defendido por ella y as pueda postergar su inevitable destruccin. Celia representa la bsqueda de un personaje (que deviene en geografa que deviene en lenguaje), de la muerte de Dios pero como, entre otros, el viejo zorro H. R. H. sabe por la mejor novela de la historia, la Biblia, que nadie ver a Dios pues, como resultado, ah est ese homenaje total al demonio, a quien en ltimas se debe ese milagro de la liberacin verbal llamado porque s, Sr. Rojas, Director, Celia, al fin, se pudre El fruto de ese concurso, que gan, es, entre otros premios, la novela que ahora, entre dicha y agradecimiento, intento comentar sin atender a prevenciones, prejuicios, vanos temores. Sin vergenza alguna.

Antes de pudrirse, el marido/to le pregunta: Para ti, qu es el infierno? Muy simple, sabes? Lo imagino como una casa, esta misma casa, de donde se han ido todos los seres que amo. Pasa el tiempo y eternamente los espero y ellos no llegan y en esperarlos, sabiendo que no llegarn nunca, radica el infierno. Y Milciades riposta: En cambio, yo tengo una atroz y exclusiva manera de imaginarlo. Sueo que he muerto y que he sido juzgado por un tribunal que no recuerdo. Y esta condena consiste en encarnar, sabiendo que contino siendo yo mismo, en una persona que detesto y que cuando estoy protestando y gritando, aterrado por aquel cambio, ya soy esa persona y lo seguir siendo por toda la eternidad. (1998: 196) Ahora, Infierno, de V. Piera: Cuando somos nios, el Infierno es nada ms que el nombre del diablo puesto en la boca de nuestros padres. Despus, esa nocin se complica, y entonces nos revolcamos en el lecho, en las interminables noches de la adolescencia, tratando de apagar las llamas que nos queman, las llamas de la imaginacin! Ms tarde, cuando ya no nos miramos en los espejos porque nuestras caras empiezan a parecerse a la del diablo, la nocin del Infierno se resuelve en un temor intelectual, de manera que para escapar a tanta angustia nos ponemos a describirlo. Ya en la vejez, el Infierno se encuentra tan a mano que lo aceptamos como un mal necesario y hasta dejamos ver nuestra ansiedad por sufrirlo. Ms tarde an (y ahora s estamos en sus llamas), mientras nos quemamos, empezamos a entrever que acaso podramos aclimatarnos. Pasados mil aos, un diablo nos pregunta con cara de circunstancia si sufrimos todava. Le contestamos que la parte de rutina es mayor que la parte de sufrimiento. Por fin llega el da en que podramos abandonar el Infierno, pero enrgicamente rechazamos tal ofrecimiento, pues, quin renuncia a una querida costumbre? Espera, odio, costumbre, tres estaciones de un viaje que en las novelas de RH tienen, en su orden, idntico sentido cruel: el infierno. Y que, por contraste, alcanzan el cnit de la literatura nacional en la tercera, Celia se pudre, la que hace de RH nuestro Macedonio Fernndez, es decir, ambos como paradigmas de originalidad dentro de la creacin literaria.

En cuanto a la primera estacin, tan presente en Cepeda y RH, pocos textos como el siguiente ilustran la relacin estrecha entre la espera y el futuro, el lejano perfume del maana: Todo hombre no vive ms que por lo que espera. Toda su vida est hecha de manera que cada instante tiene valor en cuanto sabe que este instante prepara un instante sucesivo, cada hora una hora que vendr, cada da un da que seguir. Toda su vida est hecha de sueos, de ideales, de proyectos, de esperas todo su presente est hecho de pensamientos en torno al futuro. Todo aquello que es, que es en el presente, le parece oscuro, mezquino, insuficiente, inferior, y nos consolamos nicamente pensando que todo este presente no es ms que un prefacio de la bella novela del porvenir. Todos los hombres, lo sepamos o no, vivimos con esta fe. Si en un momento se les dijese que deben morir todos dentro de una hora, todo lo que hacen y han hecho no tendra para ellos ningn gusto, ningn sabor, ningn valor. Sin el espejo del futuro la realidad actual parecera torpe, vaca, insignificante. Sin el maana que hace esperar en la revancha, en las victorias, en las ascensiones, en las promociones y en los aumentos, en las conquistas y en los olvidos, los hombres ya no desearan vivir. Sin el lejano perfume del maana ellos no querran comer el negro pan del hoy. Fragmento del cuento El espejo que huye, de Giovanni Papini, tomado de su libro Palabras y sangre (1932, Ed. Apolo, Barcelona, 347 pp.: 344), que lleva al vnculo espera/futuro igual que al de noche/muerte.

Y como para nadie es un secreto que la noche es para algunos poetas sinnimo de muerte, y lo ms parecido a la muerte, sobre todo de los seres queridos, es el infierno, quizs quepa citar la forma ejemplar como RH en un prrafo describe la noche y en ella rpido se pasa de joven a viejo, como en mi cuento Ocho minutos, pero por otros motivos, tambin con la noche como personaje, y en el que apenas hoy descubro un posible nexo con el texto que sigue: Celia, cmo es la noche? Depende, sabes? Una cosa es la noche cuando eres joven y otra, muy distinta, cuando eres viejo. Cuando joven, para m la noche no te dir que era alegre sino parecida a la alegra. Llegaba como un premio, oliendo a yerba que viajaba en la brisa y buuelos fritos, a caminos donde hay pjaros y caballos y rboles con viento. Me acostaba para esperar la maana y, con ella, a un hombre que todava no conoca, trotando en un caballo melado por el camino de Ovejas. Y me gustaba, antes de quedarme dormida, imaginar cada gota de roco en la madrugada y pensar en el da siguiente no como si fuera otro da sino como si fuera otro pueblo. Porque estando en la noche inventas lo que est y tiene que estar ms all de la noche. Como si necesitaras su oscuridad para aprender a merecer la migajita de dicha o el suplicio de cada momento, a aprender como quien dice a ganar la luz de tu cada da como te ganas tu pan. A medida que envejeces, la noche se te va haciendo ms triste, la soportas menos. Todo el cuerpo, sin saber dnde en concreto, se te vuelve una doledera y te vas encogiendo de un fro que no est en el aire sino en tus huesos. Y se te llena de pesar. Como si todo lo que has hecho, todo, fuera equivocado. Miedo y arrepentideras, en eso consiste la noche para los viejos. Pero, mira qu cosa tan particular. Por muy mal que te haya ido (si te fijas bien, digo), nunca te arrepentirs de lo que hiciste, no seor, de eso no te arrepientes nunca. De lo que de veras te arrepientes es de lo que no has hecho, de lo que dejaste de hacer. Aqu, en esta casa, donde hasta el aire parece arruinado, la noche llega de golpe. Acabas de comerte el poquito de arroz con sbalo, todava clarito, viendo a las gallinas picoteando sus cscaras de papaya y volteas porque oyes un ruido sin saber lo que oyes y ya la noche est en la plaza; como si entre ver el picoteo de las cscaras y or el ruido y voltear la cabeza se te fuera una vida. Yo creo que a m me llega la noche ms temprano que a los otros, te juro. Como si los otros estuvieran todava en el da y yo ya en la noche y hasta con muchas horas de adelanto, as me pasa. Y los grillos me la agrandan y las lucirnagas me la llenan de oro y con ellas se me encienden y apagan los recuerdos que me castigan. Si supieras lo que es esto de la noche en tu pobre Celia! Pero mejor as, porque entonces no pararamos ni yo de contarte ni t de orme. Con decirte que miro hacia atrs y hasta la noche es clara y miro adelante y hasta los das son noches. Igualito es. Porque ya soy noche, pura sombra sin das, sin claridad ninguna, en mi corazn lleno de noche. (1998: 409-410) A propsito, se recomiendan Los himnos a la noche de Novalis y Noche oscura de San Juan de la Cruz (16).

En la FILBO 2001 vi por ltima vez a HRH. Estaba en la sala J. A. Silva, mesa principal, en silla de ruedas y a su lado una bala de oxgeno. Hoy imagino su partida como l vio la de Horacio al final de Respirando (dedicada a GIM), como si anticipara su propia muerte: Entonces una lodosa detonacin agriet sus pulmones. Se irgui estremecindose y abriendo los ojos con espanto. Trat de agarrarse a algo slido en el aire mientras una masa, espesa y negra, cortada en hebras por los dientes desesperados, se derramaba por su pecho. El amago de un grito vena detrs de aquello. Pero no se oy. Apenas fue un quejido mordido, subterrneo, y despus agitando una mano como quien aparta una espesa tela de araa y la otra, esculida y engarfiada, apretando la base del mentn dio unos pasos frente a ella. La anciana trat de sostenerlo. Pero l, enloquecido, rencoroso, con los ojos llenos de gritos, la apart con furor, dio una vuelta en torno del mecedor y luego fundido en un bloque de luz con las almohadas empapadas se desplom, bramando de asfixia y sangrando, mordiendo la arena y haciendo crujir las hojas desprendidas de los almendros como si fuesen alas rotas. (2003: 169-170)

https://www.youtube.com/watch?v=ibkiZBz_XUg 0:56 Espina para clavar en tus sienes HRH

Como si no fuesen alas rotas: como si el crujir de las hojas de los almendros no fuera otra metfora de la muerte y no lo fuera tambin de la vida. Esto no va gratis ni por impresionar. Milciades Domnguez encarna el silencio, su esposobrina Celia la palabra y mientras a ella se le asocia con el centro de la casa, el hogar = fuego, a aqul se lo vincula con el exterior, el patio y, por ende, con la figura del rbol. Recurdese que l planta dos almendros el da de su boda con Celia, que cuidaron y dieron sombra a la casa, al interior/exterior de ambos, largos aos, como seal de suerte por el futuro de la familia. El rbol simboliza la realidad total y es centro de la vida y del mundo. En la Biblia, hay dos rboles en el centro del jardn del Edn: el de la vida y el del saber. Cuando fallece Milciades un almendro muere y el otro lo corta su hijo Jorge, o sea, cuando l, centro de la vida/equidad, parte, comienza el dao de la familia, del mismo modo que la falta de los almendros entraa la ruina material de la casa.

https://www.youtube.com/watch?v=ajlujkNDNXs 1:21 El Caribe en el Bicentenario Hctor Rojas H.

En conclusin, la obra de HRH es un fragmentario (en tanto obedece al mecanismo de la memoria, al capricho de la transmisin sinptica, como en Bad Timing o Tiempo malogrado, de N. Roeg) e inicitico viaje por querer retornar a casa, o volver al tero, como es el de Odiseo/Ulises/Mscara/Persona/Nadie/Todos. En este punto, como su amigo GIM, seala una vuelta a los griegos: para ellos nostalgia, de Nostos = regreso y Algos = dolor o regreso al hogar (17). Ya sea a la casa de Celia, a la de Cedrn, al patio de la de Tol, que es el de Celia y el escritor, donde a la manera de Welles, l tambin tuvo su Rosebud, su trineo de la felicidad o mejor de la alegra. Las que ya no existen ms, porque la alegra/plenitud de antes es la tristeza/ruina de ahora. Pero, no importa: al cabo se trata de buscar la esencia, como la utopa, sin que necesariamente se hallen pues mientras se nombran, y aunque ya hayan sido o declinen, lo clave nunca fue, es, ni ser la meta, sino el camino. Y el que aqu se traz va signado por gratitud, admiracin, respeto, afecto, nostalgia. Se sabe, el origen de algo es la fuente de su esencia: la que entre literatura y periodismo aqu se ha buscado, tratando de captar las razones por las que RH no es que hubiera querido escribir un poema o una novela o pintar un cuadro sino que jams pudo evitarlo: quizs ello ocurra en tanto el artista no escoge sus temas sino que estos lo escogen a l. Como no pudo evitar escribir algo que atae a Colombia ms que a otros pueblos, pero no por designio divino ni por labor de algn demonio sobrenatural, sino, simplemente, por intervencin de los polticos que han sembrado el odio y la cizaa polarizante en ese mismo pueblo: Ninguna gran idea merece un cadver.

Creatura encendida, de Hctor Rojas Herazo. En su libro de poemas: Desde la luz preguntan por nosotros (1956) Editorial Kelly, 122 pp.

No es solamente el flujo de la tierra/ lo que ha de herir el vidrio de mis ojos./ No es este gasto de sudor y lodo/ ni esta ceniza que me puso un nombre/ lo que he de combatir y me combate./ Es mi propia creatura, mi sonido de siempre,/ mi forma de estar vivo aunque no tenga/ un cuerpo qu gastar/ o un tacto entre los dedos./ Es esta furia ma de saberme encendido,/ de tener claridad,/ de ser zumbido,/ silbo de Dios,/ silueta diferente./ De estar dentro de m constituido/ para seguir arando sin arado,/ para seguir tejiendo sin aguja,/ para tener un poco de mi ruido/ disperso en un rincn o en un suspiro./ Es esta firme cantidad de esencia/ para sufrir, para escanciar destino,/ esto que me suplica y me conoce,/ que madura mi luto desde siempre./ Este saber que no hay descanso,/ ni agua para apagarse,/ ni polvo que nos cubra ni deshaga./ Somos esto, sepamos, somos esto,/ esto terrible y encendido y cierto:/ algo que tiene que vivir y vive/ por siempre sollozando pero vivo.

Notas:

(1) Segn el libro de Ken Wilber. https://visionholista.com/wp-content/uploads/2017/04/Trump-y-el-mundo-de-la-postverdad.pdf El Diccionario de la Oxford University Press define el trmino Pos-verdad as: Los hechos objetivos son menos influyentes en la configuracin de la opinin pblica que las emociones y las creencias personales. En s mismo, todo un condicionamiento ideolgico por parte del statu quo.

(2) Cap. pp. 653 a 663 de Celia se pudre. Coincide con el filme Primera plana (1974), de Billy Wilder segn el drama de Ben Hecht y Ch. MacArthur (adaptado ya por Lewis Milestone, en 1931, como Un gran reportaje; y por H. Hawks como His Girl Friday, 1940, o Luna nueva): filme policiaco, con asesinato de oficial incluido, en clave de comedia, sobre los riesgos ticos que se corren por buscar la chiva o noticia exclusiva, ya transformada en mercanca.

(3) Rossellini, R. Un espritu libre no debe aprender como esclavo, Paids, Barcelona, 2001, 165 pp.: 102 a 105.

(4) http://www.eltiempo.com/archivo/documento/MAM-4410378

http://www.semana.com/educacion/articulo/rodolfo-llinas-colombia-es-una-cenicienta-que-quiere-ir-al-baile-de-los-paises-desarrollados/385963-3

https://www.elespectador.com/noticias/educacion/los-maestros-siguen-pensando-son-duenos-del-conocimient-articulo-489552

(5) http://la-verdad-ocultada.blogspot.com.co/2013/03/7-empresas-controlan-el-70-de-los.html

(6) http://www.angelfire.com/art2/rojasherazo/biografia04.htm

(7) Rojas Herazo, Hctor. Las lceras de Adn, Norma, Bogot, 1995, 80 pp.: 70.

(8) https://es.wikipedia.org/wiki/El_dormitorio_en_Arl%C3%A9s

(9) Rojas Herazo, Hctor. En noviembre llega el arzobispo, Biblioteca El Tiempo, N 22, Bogot, 2003, 190 pp.: 7.

(10) Deliquio, rara palabra con significados contrapuestos: prdida o decaimiento del nimo, del valor o de las fuerzas; es tado de la persona que siente un placer, una admiracin o una alegra tan intensos que no puede pensar ni sentir nada ms. Es tambin arrobamiento o embeleso.

(11) Aunque para evitar intromisiones maniqueas, a la vez iguales de buenas personas, jejeje, que todo el mundo.

(12) Cepeda Samudio, lvaro. La casa grande , Biblioteca El Tiempo, N 16, Bogot, 2003, 190 pp.: 190.

(13) https://www.youtube.com/watch?v=85fqNwDKXfA

(14) https://www.youtube.com/watch?v=F3cIVHUnbXI

https://www.elespectador.com/noticias/noticias-de-cultura/una-feminista-llamada-chimamanda-articulo-740623

(15) https://www.youtube.com/watch?v=Z5ifyjAmovY

(16) http://www.iesdonbosco.com/data/lengua/literatura_universal._novalis._himnos_a_la_noche.pdf

http://ciudadseva.com/texto/noche-oscura/

(17) http://www.fronterad.com/?q=acerca-nostos-particular

Nostalgia es el dolor de verse ausente de la patria o de los amigos. El trmino es un neologismo acuado por el mdico suizo Johannes Hofer (1669-1752), quien lo us en su tesis hacia 1688.

Luis Carlos Muoz Sarmiento (Bogot, Colombia, 1957) Padre de Santiago & Valentina. Escritor, periodista, crtico literario, de cine y de jazz, catedrtico, conferencista, corrector de estilo, traductor y, por encima de todo, lector. Colaborador de El Magazn de El Espectador (EE). Mencin de Honor por su trabajo sobre MLK, en el XV Premio Internacional de Ensayo Pensar a Contracorriente, La Habana, Cuba (5/feb/2018). Hoy, autor, traductor y coautor, con Lus Eustquio Soares, de ensayos para Rebelin y desde el 23/mar/2018, columnista de EE.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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