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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-09-2018

El vals de las identidades

Martn Alonso Zarza
CTXT


Mientras predomine la lgica identitaria que reivindica lo particular y lo propio, la agenda social por la igualdad y los derechos comunes quedar relegada a un papel subalterno.

Nosotros nos preocupamos por la cultura y por la identidad del pueblo europeo, se promocionaba Matteo Salvini a principios de agosto, de cara a las prximas europeas. La misma msica entonaba Steve Bannon poco despus: Las ganarn los movimientos de derecha populista y nacionalista. Se harn con el gobierno. Veris Estados-nacin cada uno con su identidad y sus fronteras. As pues, el principio activo de la pcima mgica de esta nueva hornada de caudillos es la identidad; una ubicua hagan la prueba de contar el tiempo antes de encontrarse con ella etiqueta. De modo que vale la pena echar un vistazo a la cuestin.

Empecemos por el lado, digamos, anecdtico. En la cafetera bonaerense Floren Garden, las servilletas de papel proclaman La identidad de una esquina, la del cruce Florida-Paraguay. El tomate de ramellet es parte de nuestra identidad y cultura popular, declara el ganador de una beca de investigacin en la modalidad de Cultura Popular del gobierno balear. Desde la misma seccin hortelana pero en los Alpes, los hermanos Zollinger se ocupan de las semillas swiss-made y reivindican para la ensalada identitaria el tomate rosa de Berna. De la huerta a la cocina. En mayo pasado el gobierno sueco confes que el plato nacional, las albndigas, es en realidad turco. Muchos tuiteros reconocieron la honestidad del gobierno por revelar la verdad sobre un tema tan sensible para la identidad nacional. Salto a la msica. En la interesante exposicin Sonidos de la protohistoria del Museo Numantino de Soria leemos sobre las trompetas celtibricas que los romanos las eligieron como elementos identitarios en las representaciones de los galos y los celtas vencidos. Cambio de registro para sustituir en la representacin colectiva un quido por un bvido. Un titular de finales de agosto: Galicia estrena su primer paso de vaca, porque la cebra no le representa. Pero resulta que las manchas representativas son de una vaca forastera no autctona. Hay razones para homenajear a la vaca como icono gallego, declara la directora de marketing de una granja. No poda faltar el deporte: Durante dcadas [el Madrid] fue el equipo de los que llegaban a la capital. Sin embargo, ha perdido su particular batalla sociolgica, lo que ha dejado a muchos madridistas sin identidad. Pobres madrileos sobrevenidos en cueros identitarios! Y para finalizar un ejemplo en sentido contrario, una patologa que viste, porque parece que es mejor una mala identidad que ninguna: Me llamo X, soy autista y no quiero que nadie me cure porque el autismo no se cura. Es una condicin, es parte de nuestra identidad. El caso hace recordar a aquel mdico que sostena que la fiebre del heno era la marca de identidad, y de superioridad, de los ingleses.

El inagotable repertorio da cuenta de la omnipresencia del trmino y no solo en las ancdotas populares. Pasa lo mismo en el lenguaje acadmico, donde a menudo la omnipresencia se multiplica en anacronismo y se presenta la identidad como una constante histrica. Es bien sabido que el primer captulo de cualquier identidad es la invencin de una genealoga. Unos ejemplos de firmas autorizadas: La identidad ha sido uno de los elementos destacados en la educacin del siglo XX ( DEDiCA. Revista de Educao e humanidades , 5, 2014); la pregunta por la identidad ha estado presente en todas las pocas de la historia de Occidente ( Ensayos de Filosofa , 6, 2017).

Es as? En el Diccionario de Ciencias de la Educacin (Santillana, 1983), no aparece identidad. En los ndices analticos de los nueve volmenes de la Historia de la Filosofa de Frederick Copleston, las referencias son, hasta el siglo XX, al principio de identidad, que es una propiedad lgica (una cualidad de las proposiciones) no ontolgica (un atributo de la realidad, como quiere el uso actual). En los cinco volmenes del Dictionary of the History of Ideas (1974) no aparece el trmino. La identidad en la tradicin clsica se entiende como una relacin de semejanza total entre dos instancias. Por eso el trmino brilla por su ausencia en los clsicos del pensamiento social. De modo que en el ndice de The Macmillan Book of Social Science Quotations , editado por David L. Sills y Robert K. Merton como volumen 19 de la International Encyclopedia of Social Sciences (1991) no aparece identidad. En los volmenes de contenido aparece solo en la acepcin psicolgica (desarrollo de la personalidad, concepto de s mismo) en la entrada identidad psicosocial, no como atributo de culturas, sociedades u otras instancias colectivas. El trmino tampoco aparece en los volmenes del Diccionario Unesco de Ciencias Sociales (1975).

Precisamente la referencia psicolgica es la primera en el sentido corriente y nace en la segunda mitad del siglo pasado de la mano del psicoanalista Erik H. Erikson. Pronto, en el maelstrom del 68, el trmino se extiende a otros campos hasta convertirse en el constructo comodn y nebuloso que conocemos. La identidad nace precisamente en el humus conservador del final de las ideologas (la obra pionera de Daniel Bell con ese ttulo se publica cuatro aos despus del trabajo de Erikson, en 1960). La genealoga es clara, como han puesto de manifiesto analistas como Liana Giorgi, Robinson Baudry y Jean-Philippe Juchs o Detlev Claussen. En particular, Baudry y Juchs aciertan a resumir la paradoja en una frase: La nocin de identidad es de un uso masivo pero reciente en el campo de la psicologa y las ciencias sociales. De modo que es un claro abuso retroproyectar histricamente el uso del trmino. Y esa alegra en el uso se replica en otras direcciones. La identidad nacional es un algoritmo poltico, dice una de las vietas de El Roto. Un algoritmo performativo, porque el lenguaje de la identidad se inserta en una constelacin semntica muy connotada. Claussen asegura que ha sustituido a ideologa y desplazado el foco desde lo social hacia el tejido blando culturalista. Las palabras crean campos de valores. As, identidad rima con particularidad (se enaltece lo propio frente a lo comn), distincin, ADN, competicin, privatizacin/patrimonializacin, diferencia, pureza, exclusin, tribalismo, marcadores, fronteras, muros, estrategias de suma cero, sndrome carencial; pero no con solidaridad, igualdad, reciprocidad, cooperacin, fraternidad, ciudadana, dominio pblico, universal o planetario.

No cabe aqu el desglose de la constelacin tenebrosa (supremacismo, victimismo, esencialismo, narcisismo, faccionalismo, radicalizacin, binarizacin nosotros-ellos, fundamentalismo, organicismo, irredentismo emocional, intolerancia, burbuja cognitiva, paleofilia) propiciada por las gramticas de la identidad que se resuelven en el mejor de los casos en bastiones incomunicados. Es algo ms de una irona que el mismo Erikson padre de la criatura acuara igualmente a su contraparte, a la que denomin pseudoespeciacin, la tendencia a considerar al endogrupo como naturalmente superior (The concept of identity in race relations. Notes and queries, Daedalus , vol. 95, 1966). Es esta propensin la que explica las prevenciones de mentes preclaras: para Tony Judt, Identidad es una palabra peligrosa. No tiene ningn uso respetable en nuestros das; para Ian Buruma, como para Amin Maalouf, es un asunto con sabor a sangre. Sin llegar tan lejos, la identidad es una herramienta que produce resultados bien diferenciados segn el espacio ideolgico y civil. De nuevo Steve Bannon: En tanto [los demcratas y la izquierda] sigan hablando de poltica de identidad, les tendremos dominados. Recordemos donde germin el Spain is different, precursor del contagioso X [nosotros] primero, hacer a X grande otra vez. De ah la inclinacin de los lderes etnopopulistas a convertir la identidad en palanca de movilizacin. Porque la identidad activa emociones negativas low cost , como el miedo, el odio o el resentimiento. De modo que a poco que las circunstancias coadyuven, el vals de las identidades derrapa en danza macabra.

Pero sin llegar a ello la identidad produce una segmentacin en la movilizacin que impide la confluencia en trminos de solidaridad ciudadana, como sealaba hace poco en estas pginas Eugenio del Ro y acaba de recordar Michael Ignatieff aprovechando la publicacin de dos libros recientes que apuntalan el mismo argumento. No se ha prestado bastante atencin a la diferente respuesta de la marea blanca en Madrid y en Barcelona; y a las consecuencias que ello ha tenido para las poblaciones respectivas en trminos de calidad asistencial. Es evidente que mientras predomine la lgica identitaria que reivindica lo particular y lo propio, la agenda social por la igualdad y los derechos comunes quedar relegada a un papel subalterno. Al final, la poltica de la identidad se convierte a la vez en una prisin grupal y en un obstculo social para configurar una accin colectiva con capacidad de hacer frente a las lgicas depredadoras de gentes como Orbn, Bannon o Netanyahu. El ltimo nombre es el mejor ejemplo para mostrar el efecto sobre la izquierda y las fuerzas sociales de una lgica identitaria en un estado que se considera con razn heredero de la peor catstrofe producida por la lgica identitaria. Mrese qu peso tiene hoy la izquierda en el pas de los kibutz. No deberamos olvidar, junto a otras reivindicaciones legtimas de la memoria histrica, el ncleo central de la historia del siglo XX.

 

Martn Alonso es autor de No tenemos sueos baratos. Una historia cultural de la crisis y El catalanismo del xito al xtasis.

Fuente: El vals de las identidades https://ctxt.es/es/20180919/Firmas/21766/Martin-Alonso-Zarza-derechos-comunes-igualdad-salvini-orban-bannon.htm

 



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