Portada :: Cultura :: Leer
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2018

Resea de Los muchachos del zinc. Voces soviticas de la guerra de Afganistn, de Svetlana Alexivich
Voces y ecos de un desastre poltico y humano

Salvador Lpez Arnal
Rebelin


Para los cinco luchadores antifascistas asesinados el 27 de septiembre de 1975. In memoriam

 

Barcelona, DeBolsillo, traduccin de Yulia Dobrovolskaia y Zahara Garca Gonzlez

 

La idea central de Los muchachos del zinc: las guerras, todas ellas, sobre todo las ms insensatas, sacannuestro peor nosotros. No slo durante ellas, sino despus, meses y aos despus. Acaso hasta siempre. Y con bajas en la retaguardia. Por suicidio por ejemplo.

Mi consejo, a bocajarro: lean este magnfico libro (ensayo, crnica, en la lnea de otros de la autora aqu comentados) si estn dispuestos a aproximarse al dolor (no les ser fcil la lectura en muchos momentos) que aquella errnea e incluso absurda intervencin militar caus (no se me olvidan, desde luego, las tretas y estrategias imperiales ni los monstruos que por ellos fueron creados y abonados, incluso, si se quiere, las buenas intenciones de algunos participantes).

No hace falta presentar a la autora (de la que conviene recomendar sus Voces de Chernbil). Conviene sealar algunas razones que justifican la recomendacin apuntada.

Antes de ello, la estructura del ensayo y un resumen de lo sucedido (tomado de una nota de 19 de noviembre de 2000).

La estructura: 0. Prlogo. 1. De las libretas de notas (en la guerra). 2. Da uno. Porque vendrn muchos en mi nombre. 3. Da dos. Otro muere con el alma amargada. 4. Da tres. No acudiris a los nigromantes ni consultaris a los espiritistas. 5. Post mortem. 6. Juicio sobre Los muchachos de zinc (la historia a travs de los documentos).

Lo sucedido:

En diciembre de 1979 el gobierno sovitico tom la decisin, la muy errnea decisin, de enviar sus tropas a Afganistn. La guerra comenz ese mismo ao y finaliz diez aos despus, en 1989. Dur exactamente nueve aos, un mes y quince das. Por Afganistn pas un efectivo de contingente limitado sovitico de ms de medio milln de hombres y mujeres. El total de prdidas humanas de las fuerzas armadas de la URSS ascendi a ms de 15 mil personas. Desaparecieron en combate o cayeron prisioneros 417 militares. En el 2000, todava faltaban por regresar 287 personas, que seguan prisioneras o en paradero desconocido.

Las razones de la recomendacin:

Una, constante en los textos de SA: es difcil no conmoverse por muchas de las historias que aparecen. Por ejemplo, la que abre el prlogo. Estoy sola Me esperan muchos aos de soledad. Mi hijo mat a un hombre! Con un cuchillo de cocina, el que usaba yo para cortar la carne. Acababa de volver de la guerra y de repente asesin a alguien...

Es posible que este sea uno de los ensayos-relatos en los que SA muestra ms claramente no slo su antisovietismo sino su fuerte anticomunismo (no solo antiestalinismo). No importa mucho, no importa sustantivamente. Los ejemplos, las historias que se nos van mostrando, sin idealizar nada que no deba ser idealizado y seguramente sin intencin de la autora (o con intencin en algn caso) muestran muchas aristas de grandeza moral y existencial en aquella cosmovisin sovitica y socialista de la que millones y millones de personas fueron portadores. Muchos aos despus, podemos comprobarlo en la lectura, no se ha anulado del todo.

Empiecen por el prlogo. Les he hablado antes de l. Lo firma una madre. Una historia que finaliza con estas preguntas: Mi hijo era un asesino Porque l hizo aqu (en Rusia) lo mismo que ellos hacan all. All por hacer eso les daban medallas y rdenes Por qu entonces solo le juzgaron a l? Verdad que no juzgaron a los que le haban enviado all? A los que le haban enseado a matar! Yo eso no se lo ense (p. 17).

La madre pierde el control y grita.

Sigan con las libretas de notas de la guerra de la autora. Desde junio de 1986 hasta el 25 de septiembre de 1988. Es su pensamiento, sus sentimientos, sus reflexiones. Hay mucho desdn por supuesto. Un ejemplo: En el avin me toca sentarme al lado de un vehculo blindado que va atado con unas cadenas. Por suerte, el mayor que va en el asiento vecino est sobrio, los dems van borrachos. Cerca de m alguien duerme abrazado a un busto de Marx (los retratos y los bustos de los caudillos socialistas se transportaban sin envoltorios); no solo transportan el armamento, sino todo lo necesario para los ritos soviticos. Hay una pila de banderas rojas, rulos de citas rojas (p. 23).

El 17 de septiembre de 1988 escribe: Da tras da observo cmo el ser humano se hace ms pequeo. Solo en contadas ocasiones se crece (p. 26). Tres das despus: He visto un combate Han matado a tres soldados Por la noche hemos cenado todos juntos y nadie se ha acordado de los muertos, aunque los tenemos aqu al lado. El derecho del hombre a no matar. A no aprender a matar. No est escrito en ninguna de las constituciones existentes (p. 28).

Los tres siguientes captulos impresionan, impresiona casi todo lo que nos cuentan en ellos. Con quejas y amenazas de algunos afectados (pp. 35-36). El libro no tuvo fcil aceptacin. Una constante en muchos relatos: el espritu internacionalista que movi a muchos soldados en la intervencin. No se sentan miembros del ejrcito de un pas colonial o imperial. Nada de eso. Habamos venido para salvar, ayudar, amar. Ese esa nuestro objetivo comenta una enfermera (p. 47). No eran, no se sentan mquinas de muerte. La queja de una empleada; Cree que nosotros somos crueles? Se da cuenta de lo crueles que son ustedes? No nos preguntan nada, no nos escuchan. Pero escriben de nosotros. No mencione mi nombre. Considere que ya no existo (p. 247).

El apartado post mortem., pp. 261-262, en mi opinin, es absolutamente innecesario.

El ltimo apartado -Juicio sobre Los muchachos del zinc- es una descripcin detallada, unas 60 pginas, del pleito que un grupo de madres de soldados soviticos cados en Afganistn iniciaron contra la autora del libro. Algunas voces en la sala: Nosotras somos las madres. Queremos hablar Destruyeron a nuestros hijos y despus ganan dinero con ellos. Hemos venido a defenderlos para que puedan descansar en paz (p. 279)

La autora, en mi opinin, se muestra en algunos momentos incapaz de entender los valores que enmarcan y dan sentido a muchos de los comportamientos que nos presenta. Se lo impide su propia cosmovisin muy alejada de la de aquellas.

Lean y juzguen. Se enfrentarn a una de las grandes tragedias comunistas del siglo XX.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter