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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2018

Prcticas de la izquierda que contribuyen al desencanto

Marta Harnecker
Rebelin


1. La gente comn y corriente est harta del sistema poltico tradicional

2. En el artculo anterior nos referimos a como la corrupcin afecta la credibilidad de la izquierda y sostuvimos que existen una serie de rasgos en ella que dificultan su papel orientador y articulador.

3. Desconcierta la bastante frecuente adopcin por algunos partidos de izquierda de prcticas partidistas que difcilmente se diferencian de las prcticas habituales de los partidos tradicionales. Y esto ocurre cuando cada vez ms la gente rechaza las prcticas partidarias clientelistas, poco transparentes y corruptas, de aquellos que solo se acercan al pueblo en momentos electorales, que pierden energas en luchas intestinas, de fracciones y pequeas ambiciones; donde las decisiones son adoptadas por las cpulas partidarias sin una real consulta con las bases y prima el liderazgo unipersonal sobre el colectivo de la gente.

4. La gente comn y corriente est harta del sistema poltico tradicional, los mensajes que se quedan en meras palabras y nunca se traducen en acciones concretas. La gente quiere cosas nuevas, quiere cambios, quiere nuevas formas de hacer poltica, quiere una poltica sana, quiere transparencia y participacin, quiere recuperar la confianza.

2. Prcticas que contribuyen al desencanto

5. A continuacin sealaremos algunas de las prcticas que suelen ser usadas por la izquierda y especialmente por la izquierda partidaria y que adems de la corrupcin que sealbamos en el artculo anterior conducen a que esta prdida de credibilidad.

1) Errores conceptuales

a) Esquemas conceptuales que obran de anteojeras  

6. A la izquierda partidaria le ha costado mucho abrirse a las nuevas realidades. Muchas veces se ha mantenido aferrada a esquemas conceptuales que le han impedido apreciar la potencialidad de los nuevos sujetos sociales , centrando su mirada exclusivamente en los actores que tradicionalmente se movilizaban como los sindicatos, hoy muy debilitados producto de diferentes factores. Ellos deben tener en cuenta el resto de la gente que se mueve.

7. Esta izquierda suele no considerar, por ejemplo, al movimiento juvenil, que luego de haber casi desparecido durante varios aos, comienza hoy a repuntar.

8. Por otra parte, la aplicacin reduccionista del concepto de clase al campesinado indgena la llev a considerarlo como una clase social explotada que deba luchar por la tierra como cualquier otro campesino, ignorando la importancia del factor tnico-cultural que haca de ese campesinado un sector social doblemente explotado, tanto desde el punto de vista de clase, es decir, de la situacin que se tiene en relacin con los medios de produccin, como desde el punto de vista tnico.

b) Subjetivismo en el anlisis de la correlacin de fuerzas

9. Entre las cosas que hay que rechazar est el subjetivismo en el anlisis de la correlacin de fuerzas. En relacin con este aspecto, Bernardo Jaramillo, dirigente comunista colombiano y presidente de la Unin Patritica en su poca, reconoce que existe en la izquierda una tendencia a auto engaarse, a decir, por ejemplo, que se logra movilizar a miles cuando slo se moviliza a centenas. Cmo puede una fuerza revolucionaria conducir a las masas de esa manera? se pregunta y agrega que l estuvo en el paro de octubre de 1988 en Bogot, que recorri durante todo el da la ciudad; que estuvo con dirigentes de la CUT [nica de Trabajadores] en la zona industrial de Bogot, y el paro no se dio. Cmo puede aparecer luego la prensa revolucionaria diciendo que el paro fue un xito? Sobre esta base afirma nunca vamos a ir a ningn lado. Pero es que ese tipo de concepciones que se reflejan en la prensa nuestra son producto de las concepciones estalinistas que afirman que siempre tenemos la razn, que siempre somos los mejores, que todo lo que hacemos nos da resultado. Ese es el quid del estalinismo, es el criterio que yo considero que hay que combatir; se es el criterio que nos lleva a cometer graves errores.

10. Suele ocurrir que los dirigentes movidos por su pasin revolucionaria tienden a confun dir los deseos con la realidad. No hacen una valoracin objetiva de la situacin, tienden a subestimar las posibilidades del enemigo, y, por otro lado, a sobrestimar las posibilidades propias.

11. Confundimos en parte, nuestro estado de nimo con el de las masas, reconoce autocrticamente el comandante salvadoreo, Roberto Roca. Yo creo que, sobre todo a finales del 88, el apasionamiento subjetivista impregn un tanto a la Comandancia General. No tengo problema en reconocerlo. En enero del 89 la informacin que recibieron les hizo ver que la realidad era diferente. La incorrecta apreciacin de la situacin impidi que se aprovechara ptimamente la coyuntura desencadenada por la propuesta electoral del FMLN.

12. La nica garanta de no cometer estos errores segn Roca es asegurar que la organizacin poltica sea capaz de evaluar la situacin, no en funcin de su estado de nimo, sino a partir de tomarle el pulso al estado de nimo de las masas, al estado de nimo del enemigo, a la realidad internacional. Una vez hecha esa evaluacin es preciso buscar la frmula poltica, militar, operativa, y disear las lneas de accin que permitan capitalizar toda esa situacin. Pero, como se trata de un proceso tan dinmico, sa debe ser una labor cotidiana. Y debe realizarse sin perder de vista jams que el sujeto de la revolucin son las masas, porque la revolucin no se hace a partir de la intriga, de la maniobra poltica, o de las iniciativas en el plano diplomtico. En eso se prueba el arte, la capacidad de conduccin. 

13. Pero tambin es importante que los militantes y dirigentes intermedios sean objetivos al entregar la informacin a su direccin evitando esa tendencia a contar los hechos como esta quiere que sean. Algunas veces stos desinforman en lugar de informar al proporcionar, por ejemplo, cifras abultadas de determinadas movilizaciones o acciones.

14. Con ello, se est poniendo en peligro la capacidad de los dirigentes para evaluar la situacin en la que hay que operar.

c) Generalizar a partir de la experiencia personal sin tener en cuenta la situacin en su conjunto

15. Es lgico que sean distintas las visiones de la realidad segn el lugar donde se vive y el sector en el que se trabaja. Es diferente la apreciacin de la situacin que tienen del pas los dirigentes que trabajan con los sectores ms radicalizados, de la que tienen los que realizan su actividad poltica entre los sectores ms retrasados.

16. No tienen la misma visin de Chile los cuadros revolucionarios que trabajan en un barrio popular combativo, que los que lo hacen con los sectores medios. Esto mismo ocurre en los pases donde existen zonas de guerra y espacios polticos. Los guerrilleros que viven enfrentamientos reales con el enemigo, que han logrado obtener gracias a sus victorias militares el control de determinadas zonas, tienden a creer que el proceso revolucionario est ms avanzado de lo que realmente est. Aquellos militantes que participan en los espacios legales en los grandes centros urbanos tienen visin diferente, en esos lugares el poder ideolgico y el control militar del rgimen es todava muy grande.

17. Las valoraciones de la Unin Patritica y de las FARC sobre lo que ocurre en el pas son completamente diferentes reconoce Bernardo Jaramillo y agrega: Esto me parece lgico. Yo estoy desarrollando la poltica a campo abierto, en contacto permanente con las masas urbanas de la sociedad colombiana; estoy actuando en la vida poltica de un pas de democracia restringida y las FARC estn desarrollando una accin armada donde su contacto es con las masas campesinas, donde sus acciones tienen otras consecuencias polticas que las que tienen para m...

18. A veces los revolucionarios se deslumbran con pequeos destellos de poder local que logran promover en algunos lugares del pas. Estos son perfectamente tolerados por el enemigo, porque no ponen en peligro la reproduccin global de su sistema. Por otro lado, xitos locales les hacen olvidar que el enemigo controla todava los puntos estratgicos en los cuales se asienta su poder.

19. Por eso es muy importante, que, al analizar la situacin, se superen las apreciaciones subjetivas nacidas de la sola experiencia personal y se contemple el conjunto del pas con sus reas y sectores ms avanzados y retrasados.

2) Errores organizativos

  a) Estilo autoritario impositivo de direccin  

20. Los movimientos populares y, en general, los diferentes actores sociales que hoy estn en las principales trincheras de lucha por construir una sociedad alternativa a la sociedad capitalista tanto a nivel de sus propios pases, como a nivel internacional rechazan, con razn, las conductas hegemonistas. No aceptan que se intente imponer en forma autoritaria la direccin desde arriba; que se pretenda conducir al movimiento por rdenes por muy correctas que stas sean.

b) No saber escuchar

21. Parecera una perogrullada decir que es importante que los dirigentes mximos aprendan a escuchar. Pero es fundamental que sean capaces de asimilar las informaciones y opiniones ajenas sobre todo cuando no coincidan con las suyas.

22. Si el lder no se sabe escuchar dice el comandante Roca, para lo cual se requiere de una gran dosis de modestia revolucionaria, y, por otro lado, se reciben informaciones falseadas, lo que ocurre luego es que se bajan lneas de accin que no se ajustan a las posibilidades reales de movilizacin. Entonces despus resulta ms fcil atribuir el fracaso en la consecucin de los objetivos a una falta de madurez del pueblo. Si el pueblo no te va acompaando en el nivel que vos quers, tens que preguntarte por qu, qu es lo que anda mal, y hay que tener la modestia de reconocer en lo que se anda mal, y no descargar la responsabilidad sobre otros.

c) Actitudes sectarias

23. Este es un error que se arrastra desde la izquierda marxista tradicional cuando. Desde la presunta preeminencia que le daba su condicin de guardin de la ortodoxia marxista, el partido tenda a minusvalorar los aportes de sus compaeros de viaje

24. En su forma ms extrema slo las acciones dirigidas por el Partido tenan valor. Una victoria derivada de la iniciativa de otra fuerza, aunque fuera aliada, era peor que una derrota.

25. Y en la prctica el trabajo poltico se sustitua por maniobras de saln para copar directivas de organizaciones de masas y eliminar rivales de otras fuerzas de izquierda, destruyendo cualquier posibilidad de colaboracin entre estas fuerzas.

26. Este error, que se dio en muchas ocasiones en los partidos comunistas ortodoxos, reapareci con ms frecuencia si cabe en los grupos escindidos de aqullos que pretenden defender la pureza revolucionaria, y, por desgracia persiste en la nueva izquierda, en la que el patriotismo de partido se impone muchas veces a la lealtad con los compaeros de lucha.

27. Es mal recibido que la izquierda partidaria tienda a partidizar como dicen los uruguayos Enrique Rubio y Marcelo Pereira todas las iniciativas y los acciones de quienes luchan por la emancipacin, en lugar de esforzarse por articular sus prcticas en un proyecto poltico nico. Se partidiza la lucha cuando sta se subordina a la preeminencia del partido y su lnea poltica.

28. Pero este error, muy grave cuando se trata de conflictos entre partidos de origen obrero o marxista, es ms grave an cuando se tiende a desconocer el aporte de fuerzas que expresamente pretenden representar otras clases o sectores como los campesinos o indgenas.

29. Esta izquierda parece haber olvidado que Lenin siempre subray que la clase obrera no puede adquirir conciencia de clase si no es capaz de comprender y asumir como propios los intereses de todas las clases, capas y grupos de la poblacin que son oprimidos por el rgimen imperante. Quien oriente la atencin, la capacidad de observacin y la conciencia de la clase obrera exclusivamente, o aunque slo sea con preferencia, hacia ella misma, no es un socialdemcrata [1] escriba el dirigente bolchevique en Qu hacer - , pues el conocimiento de s misma, por parte de la clase obrera, est inseparablemente ligado a la completa nitidez no slo de los conceptos tericos... o mejor dicho: no tanto de los conceptos tericos, como de las ideas elaboradas sobre la base de la experiencia de la vida poltica, acerca de las relaciones entre todas las clases de la sociedad actual.

d) Manipulacin de las organizaciones populares

30. Muy ligado a lo anterior ha existido una tendencia a considerar a las organizaciones populares como elementos manipulables, como meras correas de transmisin de la lnea del partido. La direccin del movimiento, los cargos en los organismos de direccin, la plataforma lucha, en fin, todo, se resuelve en las direcciones partidarias y luego se baja la lnea a seguir por el movimiento social en de cuestin, sin que ste pueda participar en la gestacin de ninguno de los asuntos que ms le ataen.

31. Esta posicin se ha apoyado en la tesis de Lenin en relacin con los sindicatos de los inicios de la revolucin rusa, cuando pareca existir una muy estrecha relacin entre clase obrera, partido de vanguardia y estado.

32. Sin embargo, pocos saben por la forma a histrica e incompleta en que se ha ledo a este autor que esta concepcin fue abandonada por el dirigente ruso en los aos finales de su vida, cuando en medio de la aplicacin de la Nueva Poltica Econmica (NEP) y sus consecuencias en el mbito laboral prev el surgimiento de posibles contradicciones entre los trabajadores de las empresas estatales y los directores de dichas empresas y sostiene que el sindicato debe defender los intereses de clase de los trabajadores contra los empleadores utilizando, si considera necesario, la lucha huelgustica que, en un estado proletario no estara dirigida a destruirlo sino a corregir sus desviaciones burocrticas.

33. Este cambio pas desapercibido para los partidos marxistas‑leninistas quienes hasta hace muy poco pensaban que la cuestin de la correa de transmisin era la tesis leninista para la relacin partido‑organizacin social.

e) Trabajar sin tener en cuenta las diferencias

34. Todava existe en la izquierda una dificultad para trabajar con las diferencias. La tendencia de las organizaciones polticas del pasado, especialmente de los partidos que se autodenominaban partidos de la clase obrera, fue siempre tender a homogeneizar la base social en la que actuaban. Si esta actitud se justific alguna vez dada la identidad y homogeneidad de la clase obrera de pocas pasadas, en este momento es anacrnica frente a la presencia de una clase obrera muy diferenciada y el surgimiento de otros actores sociales muy diversos entre s. Hoy se trata cada vez ms de la unidad en la diversidad, del respeto a las diferencias tnicas, culturales, de gnero, y de sentimiento de pertenencia a colectivos especficos.

35. Se hace necesario realizar un esfuerzo por encauzar los compromisos militantes partiendo de las potencialidades propias de cada sector y an de cada persona que est dispuesta a comprometerse en la lucha, sin buscar homogeneizar a los actores. Es importante tener una especial sensibilidad para percibir tambin todos aquellos puntos de encuentro que puedan permitir levantar, a partir de la consideracin de las diferencias, una plataforma de lucha comn .

3) Errores polticos

a) Reducir la accin poltica a lo institucional  

36. El trabajo de la militancia se delega progresivamente en las personas que detentan cargos pblicos y administrativos. La poltica se transforma en una accin exclusivamente administrativa o institucional. El esfuerzo prioritario deja de ser la accin colectiva para convertirse en la accin parlamentaria o en la presencia meditica .

b) Dejar que la derecha fije el calendario de las luchas de la izquierda

37. La izquierda que respeta las instancias democrticas suele estar a la defensiva. Al limitar el trabajo poltico, salvo escasas excepciones, al uso de la institucionalidad vigente casi exclusivamente, es decir, al adaptarse a las reglas del juego del enemigo, casi nunca lo toma por sorpresa. Se cae en el absurdo de que el calendario de las luchas de la izquierda lo fija la derecha.

c) Ir a elecciones en el marco heredado sin denunciarlo

38. Cuntas veces no hemos escuchado quejas de la izquierda contra las condiciones adversas en las que tuvo que dar la contienda electoral, luego de constatar que no ha logrado en las urnas los resultados electorales esperados? Sin embargo, esa misma izquierda muy pocas veces denuncia en su campaa electoral las reglas del juego que se le imponen y plantea como parte de esa campaa una propuesta de reforma electoral. Por el contrario, suele ocurrir que en bsqueda de los votos en lugar de hacer una campaa educativa, pedaggica, que sirva para que el pueblo crezca en organizacin y conciencia utilice las mismas tcnicas para vender sus candidatos que las que usan las clases dominantes.

39. Y esto determina que, en caso de un fracaso electoral, adems de la frustracin, el desgaste y el endeudamiento productos de la campaa, el esfuerzo electoral no se traduzca en un crecimiento poltico de quienes fueron receptores y actores, dejando la amarga sensacin de que todo ha sido en vano. Muy distinta sera la situacin si la campaa se pensase fundamentalmente desde el ngulo pedaggico, usando el espacio electoral para fortalecer la conciencia y la organizacin popular. Entonces, aunque los resultados en las urnas no fuesen los mejores, el tiempo y los esfuerzos invertidos en la campaa no seran algo perdido.

40. Con razn algunos sostienen que el culto a la institucin ha sido el caballo de Troya que el sistema dominante logr introducir en la misma fortaleza de la izquierda transformado logrando minarla por dentro.

41. La accin militante tiende entonces a reducirse a la fecha electoral, pegadas de carteles y algn que otro acto pblico.

d) Someterse a reglas institucionales que fomentan el personalismo y afectan la unidad

42. Por otra parte, las propias reglas del juego electoral impuestas por las clases dominantes dificultan la unidad de la izquierda y fomentan el personalismo . Obligan en algunos pases a trabajar por el propio partido en lugar de hacerlo por un frente ms amplio.

43. La izquierda tiene que ser consciente de este problema y debe elaborar reglas internas que desactiven los efectos de este tipo de reglas institucionales.

e) Depender en cuanto al financiamiento de la organizacin poltica casi exclusivamente de los cargos institucionales

44. Por desgracia, el financiamiento de los partidos proviene cada vez ms de la participacin de sus cuadros en las instituciones Izquierda del estado: parlamento, gobiernos locales, tribunales de control electoral, etctera; con todo lo que ello entraa de dependencia y de presiones.

4) Errores de comunicacin  

a) Mensajes y consignas repetidos mecnicamente sin considerar la evolucin de la realidad

45. Muchos activistas de la izquierda suelen limitarse a repetir mecnicamente mensajes y consignas sin considerar a quien se estn dirigiendo, ni si han ocurrido hechos que ameritaran una modificacin de ellos.

46. Refirindose a la prctica del FMLN en este sentido, uno de sus comandantes Eduardo Sancho escriba: Cuando todos los discursos y los mensajes vienen hechos de la misma tela y se trasmiten de la misma forma y con las mismas palabras, pronunciadas en el mismo tono y por el mismo megfono, cuando pasan los aos y la pinta y la consigna no cambian, la palabra se devala. Es moneda que ya no compra la imaginacin de nadie.

47. Esto ha pasado en buena medida con la propaganda revolucionaria. La gente se aburre de los textos de manual, en los cuales los conceptos se aplican mecnicamente y la realidad parece no cambiar. Nada es ms idealista que esto, nada tan falto de materialismo como este inmovilismo terico, abstracto, este hueso sin carne. Cmo es posible leer un libro de hace 20 aos y encontrar que dice lo mismo que nuestro mensaje de hoy? Cmo es posible que nuestro discurso no cambie? [...] Es que no existen problemas nuevos en la revolucin? Cmo es posible que no seamos capaces de crear nuevas consignas? A veces tenemos sntomas de arterioesclerosis ideolgica. [...] Debemos evitar toda forma de adoctrinamiento que simplifique la verdad, convirtindola en simples consignas o escondindola o manipulndola. A veces hemos cado en esta engaosa trocha del adoctrinamiento por comodidad, por ganar tiempo, por impaciencia.

b) Mensajes uniformes no adaptados a la gente que se quiere movilizar

48. Muchas veces dirigentes de izquierda transmiten mensajes no adaptados a la gente que se quiere movilizar.

49. Nos parece de inters recordar aqu lo que nos narrara Facundo Guardado en mayo de 1989, en relacin con las banderas de lucha y el tipo de gente que, de acuerdo a ello, se mueve. Hasta hace unos pocos das atrs deca estuve trabajando con un compaero que es el responsable del trabajo del barrio nuestro, y le pregunt: Cunta gente de la que tenemos en los barrios es una base segura que pods movilizar a cualquier marcha de contenido reivindicativo o poltico, o lo que sea? Nosotros ah aseguramos 300 gentes, me respondi. Cuntas bases tenemos que pods sacar a las calles de San Salvador por las reivindicaciones del barrio? Ah, bueno! me dijo, ah nosotros aseguramos que salgan mil gentes Y esas mil gentes pueden salir tambin en una situacin de un movimiento ms amplio. Ahora bien, si el llamado lo hacen slo las organizaciones ms radicales esas mil gentes no salen; pero si lo hacen al mismo tiempo otros sectores pods lograr esa cifra o ms.

50. Cuando se planifica una movilizacin es fundamental determinar cul es el tipo de gente que queremos mover. El mensaje debe ser muy diferente si lo que se busca el dinamizar a los ms radicalizados o si se pretende movilizar a amplios sectores de la poblacin.

51. Pero tambin es importante que los militantes y dirigentes intermedios sean objetivos al entregar la informacin. Algunas veces stos desinforman en lugar de informar al proporcionar, por ejemplo, cifras abultadas de determinadas movilizaciones o acciones.

5) El tema econmico: un elemento clave en la crisis de la izquierda

52. El actual vicepresidente de Bolivia, lvaro Garca Linera, ha analizado en forma brillante aspectos objetivos de esta crisis de la izquierda en su Conferencia del 27 mayo del 2016 en la Universidad de Buenos Aires.

53. Aqu quisiramos aludir a uno de los temas que l aborda: el tema econmico que, en general, est ausente del discurso de la izquierda.

54. Concuerdo con el sealamiento que hace el vicepresidente boliviano de que en estos procesos de construccin de alternativas al neoliberalismo la economa es decisiva. Segn l en la economa nos jugamos nuestro destino como gobiernos progresistas y revolucionarios.

55. Tenemos que tener claro que no hay discurso que valga si no va acompaado de la satisfaccin de las necesidades bsicas de la poblacin. Y por eso la derecha ha decidido aprovecharse de esta debilidad de la izquierda para atacarla en este terreno.

 



[1] . Lenin emplea este trmino como el equivalente de militante revolucionario. Este significado no tiene nada que ver con el uso actual del trmino de socialdemcrata.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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