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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2018

La dictadura de lo polticamente correcto: un discurso disciplinario

Manolo Monereo
Cuarto Poder

Lo polticamente correcto establece no solo lo que se puede discutir, sino el modo de hacerlo; se convierte en un discurso que establece una hegemona


A la memoria de Danilo Zolo, maestro


Hemos aprendido y seguimos aprendiendo. El debate que queramos abrir Anguita, Illueca y yo, desgraciadamente, no ha sido posible. Ha habido de todo menos debate. Interpretaciones sesgadas, descalificaciones, insultos y desprecios de diversa intensidad. Discusin en serio, con muy pocos, a los que se lo agradecemos. Hemos chocado con lo polticamente correcto. Lo sabamos. Lo que ignorbamos es su extensin e intensidad. Una convergencia entre extremas izquierdas varias, derechas de diversos signos e intelectuales orgnicos empeados en marcar el debate poltico. Hemos atravesado lneas rojas y se ha pretendido escarmentarnos y con ello, expulsarnos del debate pblico.

Desde un cierto punto de vista, estamos rodeados de discursos, discursos dominantes y dominados, cristalizaciones de ideologa organizada en torno a enunciados dotados de sentido. Lo polticamente correcto establece no solo lo que se puede discutir, sino el modo de hacerlo; se convierte en un discurso que establece una hegemona. Nos hemos enfrentado a una variante de ste que podramos denominar discurso disciplinario. Lo que hay en el trasfondo es simple: estigmatizar, criminalizar opiniones y convertir a los adversarios en enemigos. Esto tiene, al menos, una doble consecuencia: se fija lo correcto y se prohbe lo incorrecto hasta tal punto que se obliga a los actores a distanciarse de l, a repudiarlo pblicamente. Un ejemplo lo tenemos delante de los ojos en el debate abierto en torno al artculo de Clara Ramas sobre el patriotismo democrtico.

Se dice que estamos rectificando sin desdecirnos de lo escrito. No es verdad, lo que estamos haciendo es aclarar las muchas tergiversaciones, malas interpretaciones y falsedades. Podemos habernos equivocado en tal o cual frase, pero lo que dijimos est claro: 1) que nos oponamos a banalizar el fascismo y que para entender lo que est pasando en Italia hace falta un anlisis concreto de la realidad concreta; 2) que el actual gobierno italiano tiene un proyecto contradictorio que representa a un determinado bloque social con relaciones complejas con las clases trabajadoras (ejemplo de eso, el decreto Dignidad); 3) la enorme responsabilidad de la izquierda italiana en el surgimiento y desarrollo del populismo de derechas. En el centro, la gran hipoteca para la economa y sociedad italianas de la Unin Europea bajo hegemona alemana.

En vez de discutir los contenidos, se nos descalific acusndonos de blanquear el fascismo emergente en Italia y de mil fechoras ms. Hubo quien pretendi rizar el rizo distinguiendo entre adversarios neoliberales y enemigos populistas. No hay censura sin sospecha. Sin solucin de continuidad, se pas a interpretar intenciones ocultas. Los genios de la lmpara encontraron pronto una supuesta lnea rojo-parda que daba sentido a nuestros artculos. Faltaba Rusia, pero ya apareci. Como no haba mucho que discutir, se busc una conexin adecuada: estamos con Salvini, estamos con sus polticas y defendemos sus opciones. Nunca hablamos de emigracin, pero se convirti en el centro del ataque. Rpidamente se vio las derivas de un discurso disciplinario, se criminaliza la poltica migratoria del gobierno italiano y se salva la de la Unin Europea en un momento donde el Consejo Europeo acaba de aprobar la creacin de una muralla de hierro que impida la llegada de cualquier tipo de emigrantes y la externalizacin de centros de acogida en el norte de frica.

Los elementos del discurso disciplinario han aparecido una y otra vez entre tanta descalificacin e insulto. Dos muestras: cmo se tratan los temas asociados a la globalizacin capitalista y la Unin Europea. Segn este discurso, la globalizacin es irreversible y buena (la falacia naturalista es fundamental en este tipo de enunciado); quien no est de acuerdo con ella es un reaccionario, contrario al progreso y a un futuro brillante ligado a las nuevas tecnologas. Si es necesario, se pueden sacar textos de Marx en favor del librecambio o justificando la conquista de la India. El otro lado de la contradiccin es tambin claro: el Estado-nacin est histricamente superado y es malo, no se puede partir de l y, mucho menos, reformarlo para contribuir al desarrollo de los derechos sociales, de las libertades pblicas y de la soberana popular. Se reconoce que hay ganadores y perdedores y lo que se busca es una globalizacin de rostro humano, una gobernanza de la humanidad entera bajo compactas democracias de mercado.

Lo de la Unin Europea afecta mucho ms, es uno de los grandes consensos de la Transicin. Se considera que la UE es Europa, un bien en s ms all de los conflictos de clase y de poder. El euro, un instrumento inacabado pero que orienta en el buen sentido. Desmantelar los controles sociales, polticos y econmicos del Estado-nacin se considera algo positivo, ya que nos acercar en un proceso histrico a unos supuestos Estados Unidos de Europa. Defender la soberana popular, los intereses nacionales y las polticas econmicas progresivas est considerado como nacionalismo, como formas variadas de populismo y, ms all, negadoras de Europa como proyecto. Poco se dice del vnculo atlntico, menos de la OTAN y sus polticas de rearme, casi nada de la creciente subalternidad con respecto a la Amrica de Donald Trump. Una cosa s que queda clara, Rusia es culpable; hay que impedir, cueste lo que cueste, una alianza de sta con Alemania, Francia y dems pases de la Unin.

Un discurso disciplinario que domina, controla y marca el debate pblico. Unas veces implcitamente y otras, explcitamente y siempre como marco cognitivo en el que hay que estar para ser respetado y convertido en una fuerza reconocida por los que mandan, por los poderes fuertes. Todava asombra que, cuando se ve crecer a una fuerza como Vox, se la relacione con el conflicto entre las dos derechas, PP y Ciudadanos. Es decir, de nuevo se ignora que hay una relacin directa, visible entre las polticas que impone la UE, la degradacin de la vida de las personas, las enormes desigualdades sociales y la crisis de unas nuevas generaciones a las que se les bloquea el futuro.

En una cosa no se equivocan, nosotros proponemos una repblica federal que mire al socialismo desde una defensa ntida de la soberana e independencia nacional, los derechos sociales y las libertades pblicas y, ms all, la lucha por la hegemona de las clases trabajadoras en base a un nuevo proyecto de pas en una Europa democrtica y solidaria.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/09/26/manuel-monereo-dictacura-politicamente-correcto-italia-decreto-dignidad/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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