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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 27-09-2018

Said, la cabeza rota, y el Latino

Fernando Luis Rojas
Rebelin


Lo cual le indujo a decirles a los compaeros alemanes: El Al est trabajando aqu porque no puede volver a Turqua, dado que all tienen al loco ese de Jomeini. Gnter Wallraff, Cabeza de turco.

Despus de esto, califica a los orientales y a los rabes de crdulos, faltos de energa e iniciativa, muy propensos a la adulacin servil, a la intriga, a los ardides y a la crueldad con los animales; los orientales no son capaces de andar por un camino o una acera () los orientales son unos mentirosos empedernidos, unos letrgicos y desconfiados y son en todo opuestos a la caridad, a la rectitud y a la nobleza de la raza anglosajona. Edward Said


I. Orientalismo.

He vuelto a Orientalismo (1978) varias veces: cuando lea Cabeza de turco(1985) de Gnter Wallraff; cuando hemorrgicamente algunos presentaban a Trump como accidente y falla del sistema; cuando se trata de aritmetizar la persistencia y durabilidad de un conjunto de ideas basndose en los aos que han pasado de su exposicin por algn autor o grupo.

Hay libros que marcan a su creador, los que en Wikipedia se presentan como obras notables. Es un juego doble de pedestal y espada acechante. En ese juego el hombre llega a convertirse, a vox populi, en su libro referencial; a deshumanizarse. Algo as ha ocurrido, en ocasiones, con Edward Said y sus Orientalismo y Cultura e imperialismo (1993). Pero al mismo tiempo, el palestino nos dej la resistencia ante esa espada. No fue una cabeza de palestino aunque tambin y mucho, fue una cabeza rota entre la lucha por su lugar de partida, por el terreno identitario que pisaba, y la bsqueda y arquitectura de ese terreno.

Nadie lo describe mejor que el propio Said, cuando la proximidad de su fin le hizo moverse de los escritos de otros a su vida. En su hermoso trabajo Entre dos mundos sintetiza los martirios de quien no cabe en un mundo binario y que ahora, paradjicamente, recorre el camino hacia una estrechez homognea. Las tensiones entre su escenario geogrfico y la educacin en escuelas coloniales de lite; la heterogeneidad de lenguas de sus condiscpulos (rabes de varios tipos, armenios, griegos, italianos, judos y turcos) y la obligacin (instituida) de hablar en ingls; la educacin anglocntrica prevaleciente; la indefinicin identitaria; las deficiencias morales que le descubrieron todo en su juventud le presentaba sus dilemas con cualidad de novelas: () mi sensacin de duda y de hallarme fuera de lugar, de sentirme siempre colocado en el rincn equivocado, en un lugar que pareca escurrrseme cuando trataba de definirlo o describirlo. No es casual entonces que sus memorias aparecieran precisamente con ese nombre: Fuera de lugar.

Sin embargo, esta sensacin es engaosa (para los dems). Esa indefinicin generalmente corroe e inmoviliza, uno se desgasta en la bsqueda: no encuentra y no hace. Con Said no sucedi. Ponindonos temporales, bastara decir que analiz ese camino al final, pero se dedic a vivirlo. Fue uno de los principales defensores y voceros de la causa de los palestinos en los Estados Unidos con un doble agregado: primero, la Unin ha sido (y lo era especialmente entre los sesenta y los setenta del pasado siglo) el territorio ms hostil a la propaganda a favor de los palestinos; segundo, en un escenario binario era sacrlego compaginar esta actividad y criticar a buena parte de los lderes rabes y palestinos, entre ellos Yaser Arafat.

Como decimos, en este punto a Said le tocaba la tarea del indio. Tony Judt lo sintetiza as: Con los palestinos Edward Said fue un augur infravalorado y con frecuencia irritante, que reprendi a sus lderes por su incompetencia y cosas peores. Para sus crticos, Said era un pararrayos que atraa temor y vituperios. Por improbable que parezca, este hombre cultivado e inteligente fue presentado como el mismsimo demonio: la encarnacin personificada de todas las amenazas reales o imaginarias para Israel y los judos al mismo tiempo. Para una comunidad juda estadounidense, revestida de smbolos de vctima, era un recordatorio provocadoramente explcito de las vctimas de Israel[1].

La mencin a la actividad de Said por la causa palestina nos lleva, aunque sorprenda a algunos, a Cuba. Tomemos como punto de partida estrecho este asunto dominante en su produccin y actividad, que lo llev a apoyar primero (inicios de los ochenta) y considerar inviable despus la solucin de los dos estados (israel y palestino); oponerse al proceso de Oslo en los noventa; publicar con sistematicidad sobre la alarmante situacin en el Oriente Prximo en los 2000; colaborar con medios en lengua rabe como Al Ahramde El Cairo; detallar los excesos israeles en textos como Los palestinos sitiados (2000), Muerte lenta: castigo al detalle (2002), Un monumento a la hipocresa (2003); acumular pginas con trabajos como The Question of Palestine, From Oslo to Iraq, The Tragedy Deepens, Israel, Iraq and the United States, The Politics of Dispossession: The Struggle for Palestinian Self-Determination 19691994 y Oslo a qu precio?.

Cuba ha sido uno, para no pecar de absoluto, de los estados contemporneos que con mayor sistematicidad y persistencia han defendido en foros internacionales, discurso poltico y acciones de solidaridad (becas estudiantiles, campaas de opinin pblica) la lucha del pueblo palestino por su autodeterminacin. Lo haca incluso en tiempos en que la Organizacin de Naciones Unidas (ONU) y otros organismos internacionales normalizadores del sistema no se daban por enterados.

Pero dejemos esto como una primera vieta de lo que llamar elementos favorables para la recepcin de Edward Said en Cuba, y pasemos a la segunda.

Mucho le debe la internacionalizacin de la lucha anticapitalista al marxismo y el anarquismo. En sus momentos ms lcidos y revolucionarios, estas corrientes implicaban explicitndolo o no una crtica a la lectura corriente de la nacin desde el Estado moderno. Era improbable pensar la revolucin anticapitalista sin su condicin internacional. Los lmites a esa internacionalizacin se fueron ampliando progresivamente: el escenario europeo desarrollado, la periferia europea, los pases coloniales, el Tercer Mundo Marx, Bakunin, Luxemburgo, Lenin, el Che y Fidel Castro imprimieron esa condicin a los proyectos de transformacin social que lideraron.

Esta digresin nos lleva a un tema dominante en Said: el poder y las relaciones de poder, como anuncia desde la propia introduccin de Orientalismo. De hecho, define orientalismo () sobre todo, [como] un discurso que de ningn modo se puede hacer corresponder directamente con el poder poltico, pero que se produce y existe en virtud de un intercambio desigual con varios tipos de poder: se conforma a travs de un intercambio con el poder poltico (como el estado colonial o imperial), con el poder intelectual (como las ciencias predominantes: la lingstica comparada, la anatoma o cualquiera de las ciencias de la poltica moderna), con el poder cultural (como las ortodoxias y los cnones que rigen los gustos, los valores y los textos); con el poder moral (como las ideas sobre lo que nosotros hacemos y ellos no pueden hacer o comprender del mismo modo que nosotros). Said es, ante todo, un desafiante del poder en todas sus manifestaciones. Ello significa, tambin, cuestionar los poderes microlocalizados a nivel nacional y local; pero su mbito cultural nos remite a las dominaciones de amplio alcance, digamos, globales.

Si esto fuera poco, son varios los autores que se han situado en la perspectiva de anlisis del latinoamericanismo y el pensamiento caribeo desde los aportes de Said.

Eduardo Mendieta, por ejemplo, lo hace evidente en su texto Ni orientalismo ni occidentalismo: Edward W. Said y el Latinoamericanismo. Mendieta insiste en una de las tesis centrales de las formas recientes del latinoamericanismo (visto como un tipo de crtica): la superacin del occidentalismo, y al mismo tiempo valora Orientalismo no como inconexo, no como especie de bosquejo afortunado. Adems, hurga en los significados que Said se propone adherir al trmino orientalismo, e incluso en los ms estrechos (digamos, su consideracin como disciplina o rea de estudios) destaca sus correlatos con el poder que es precisamente la idea de Said: () tenemos que el orientalismo es un rgimen disciplinario de produccin de conocimiento con efectos de poder muy reales, efectos de poder que a su vez sancionan ms de su produccin de conocimiento y ms de su propia acumulacin y consolidacin de poder.[2]

En Sobre literatura, crtica y globalizacin en la Amrica Latina, para referirse a la crtica literaria en el escenario latinoamericano contemporneo, Vctor Barrera recurre con un agregado a las clasificaciones de Said que aparecen en El mundo, el texto y el crtico.[3] Si bien Barrera reivindica los postulados de Alfonso Reyes en Notas sobre la inteligencia americana de 1936 (42 aos antes de la publicacin de Orientalismo), que perfilan la larga data problemtica de las relaciones culturales entre Latinoamrica y occidente, se respira la presencia de Said para reivindicar esa tradicin en el escenario contemporneo.

Esta idea sobre la lectura de Said en nuestra regin no en clave de descubrimiento, si no de conexin con su historia cultural que es, en mi opinin, una de los postulados base de Barrera en sus menciones a Alfonso Reyes es asumida por el cubano Flix Valds Garca en El problema del negro en el pensamiento caribeo y otros trabajos posteriores. Seala Valds Garca: La crtica poscolonial esa suerte de revisionismo crtico (H. Bhabha), ese anlisis centrado en el discurso colonial, donde modernidad y colonialismo se hacen inextricables (E. Said, G. Spivak), que tiene por objeto la deconstruccin del sujeto imperialista occidental, la crtica a los mitos del colonialismo eurocntrico, tratando de restituir la voz del otro frente al saber occidental encuentra en el pensamiento caribeo referentes esenciales, tanto en Jos Mart, como en Csaire y Fanon, en el pensamiento y la accin de la Revolucin cubana, que han hecho problemtica la nocin de Occidente antes que Said la refiriera ().[4] Es justo reconocer, que en el texto anteriormente mencionado de Eduardo Mendieta, este identifica a Frantz Fanon, Aim Csaire, C.R.L. James como influencias y hroes conceptuales y generativos de Said.

Veamos una tercera vieta de esos elementos favorables para la recepcin de Edward Said en Cuba.

Es la que se refiere propiamente a la mirada al orientalismo como disciplina acadmica. Lo que est en discusin son los estudios de rea que ponen como objeto una determinada regin geogrfica y legitiman, en circulacin de doble va, la hegemona cultural occidental. El problema no es el trmino, como dice Said al aplicarlo a las ciencias sociales estadounidenses modernas: los investigadores de este campo no se autodenominan orientalistas. As, institucionalizados, organizados y financiados existen Estudios africanos, Estudios asiticos, latinoamericanistas, cubanlogos

II.

A pesar de estos favorables elementos, la recepcin de Edward Said en Cuba ha sido tmida. Ciertamente, en la era digital han aumentado las referencias, pero en la mayora de los casos son de pasada. En el 2001, Lisandro Otero, a propsito de la entrega del Premio Nobel de Literatura a Vidia Naipaul fallecido este agosto de 2018, alude a las protestas de Said contra el galardn.[5] Dos aos despus, y a raz de su muerte, Cubaliteraria (digital) replicaba los textos/homenaje escritos por Daniel Barenboim y Mickey Z; tambin aparecieron Propaganda y guerra y Entre dos mundos de Said. Ha sido publicado o referenciado en escenarios que abarcan el amplio espectro que representan el blog La pupila insomne, la versin digital de la revista Cuba Socialista, numerosos artculos de la revista Temas, Librnsula (de la Biblioteca Nacional Jos Mart), La Gaceta, Caminos (del Centro Martin Luther King), El Caimn Barbudo, Catauro, el peridico Granma y Espacio Laical. Debe destacarse, como era de esperar, la presencia de Said en las revistas Casa de las Amricas y Criterios.

Resulta llamativo, que las ocasiones en que el nombre de Said apareci con mayor simultaneidad en medios de informacin (no propiamente acadmicos o del mbito artstico literario) responden a las alusiones que hizo al mismo el presidente venezolano Hugo Chvez [6].

Si hablamos de libros publicados, puede mencionarse La funcin pblica de los escritores, presentado en la XVII Feria del Libro de La Habana (2008) como parte de la coleccin Rebeliones de la Editorial Ciencias Sociales.

En el terreno acadmico llama la atencin que quienes acuden con mayor fuerza a Said para enfocarse en temas cubanos residen (o cursan estudios) fuera de la isla. En las Actas del II Congreso Internacional El Caribe en sus literaturas y culturas celebrado en abril de 2015 en Argentina, las investigadoras Mara Fernanda Pampn (Instituto de Literatura Hispanoamericana, Universidad de Buenos Aires) y Anabella Castro Avelleyra (Universidad de Buenos Aires) recurren a Said (o a otros autores que lo referencian) para hablar de las lecturas norteamericanas en el siglo XIX cubano y de la (re)construccin de la cubanidad en el cine a partir del denominado Perodo Especial [7]. Otros ejemplos, el doctorante por la Universidad de Michigan Pedro P. Porbn acude a Said en 2009 en su lectura de las Aventuras de Elpidio Valds; [8] y Lina Jardines del Cueto lo hace para hurgar en la problemtica orientalista en el modernismo hispanoamericano desde el estudio de Jos Mart [9].

En la perspectiva de contactos directos con Said, destaca el de Adelaida de Juan y Roberto Fernndez Retamar en Nueva York. Recordemos que Retamar a finales de los cincuenta, en el contexto del cierre de la Universidad de La Habana por la dictadura de Batista, recibi una oferta para cubrir plaza en la Universidad de Columbia, a la que renunci despus del triunfo de la Revolucin cubana. Ms de tres dcadas despus, en los noventa, Adelaida y Roberto asisten a un simposio internacional convocado por la Universidad de Nueva York (NYU) en ocasin de los 500 aos de la llegada de los europeos a las costas americanas. Por esos das, se produce el encuentro con Said: Una noche nos contact Jean Franco para invitarnos a una cena en casa de Gayatri Spivak, con el fin de conocerla a ella y a Edward Said () La noche fue muy grata y provechosa, y Said, ya enfermo pero extraordinariamente amable, conversaba especialmente con Roberto, sobre todo a partir de sus respectivos ensayos Caliban y Orientalism[10]. Para entender esta amable conversacin y su centro, vale la pena destacar lo que sostienen Elzbieta Sklodowska y Ben A. Heller en su introduccin al libro Roberto Fernndez Retamar y los estudios latinoamericanos publicado por la Universidad de Pittsburgh en el 2000: Estn resonando en este comentario las palabras de Edward Said, para quien el ensayo de Fernndez Retamar ocupa un lugar de excepcin en el canon poscolonial por su estrecha vinculacin con la cultura de resistencia.[11] O el criterio de Fredric Jameson, quien plantea que Calibn, despus de todo, si algo es, es el equivalente latinoamericano del libro de Said Orientalismo (al que precede por unos seis o siete aos) y gener una inquietud y un fermento similares en el campo latinoamericano.[12]

Dicho esto, por qu la timidez del acercamiento a Said?

Situemos en primer lugar el asunto de los tiempos, o los destiempos. En su reciente libro Traductores de la utopa, Rafael Rojas analiza las diversas representaciones y posiciones de la izquierda neoyorquina ante la Revolucin cubana en los sesenta. Esa variedad que, aunque reflejo de la polarizacin ideolgica de la Guerra Fra, estuvo muy lejos de cualquier fractura binaria,[13] da cuenta de numerosos medios, revistas, libros, posicionamientos pblicos, organizaciones, intelectuales y militantesEdward Said no aparece en ese mapa. En primer lugar porque el estudio de Rojas parte de considerar un eje cultural La Habana-Manhattan que implica los dilogos de, sobre y desde estos escenarios. Esta sera una razn temtica: en esos aos de identificacin o crtica a la naciente Revolucin cubana no existe una participacin de Said. No puede haberla.

Y aqu vamos a la cuestin temporal (que supera el sentido estrictamente cronolgico). Said llega a dar clases en Columbia en 1963. En sus propias palabras, me tenan por un maestro con antecedentes rabes exticos aunque un tanto intrascendentes () Recuerdo la sensacin de ser aceptado, incluso procurado, por colegas mayores de Columbia, que salvo una o dos excepciones, me vean como un acadmico joven y prometedor, incluso muy prometedor, de nuestra cultura. En aquellos momentos, no haba actividad poltica que se centrara en el mundo rabe, y ello lo concentra en la docencia y la investigacin.

Esta mirada condescendiente de la academia, con el doble karma de disminuir por edad y pertenencia a otra cultura empieza a tambalearse en el caso de Said con la publicacin en 1966 de su libro Joseph Conrad and the Fiction of Autobiography. Al mismo tiempo, se operaba un gran cambio con la guerra rabe-israel de 1967 y el intenso activismo poltico a propsito de los derechos civiles y la guerra de Vietnam. El centro de Said, llamar la atencin sobre la causa palestina, estaba muy alejado de los macrotemas del momento. Lo describe dramticamente: Sin embargo, en Estados Unidos no compartan mis ideas polticas; con pocas excepciones, tanto de activistas en favor de la paz como de simpatizantes de Martin Luther King. Por primera vez me sent realmente dividido entre las presiones recin avivadas de mis races y mi idioma, y las complicadas exigencias de un medio estadounidense que menospreciaba, y de hecho despreciaba, lo que yo tena que decir sobre la lucha en favor de la justicia palestina, la cual era considerada antisemita y fascistoide.

Y en materia temporal est la parte cubana. Cuando se publicaron Beginnings en 1975 y su libro punta Orientalism en 1978, ya en Cuba se haba producido el cierre de la revista Pensamiento Crtico,[14] expresin de una reaccin cultural y poltica que algunos sitan a partir de 1968 y otros desde 1971. En un mbito de anlisis ms amplio, investigadores como Juan Valds Paz identifican subperodos entre 19641974 marcados por la creacin de las bases de un socialismo convencional (19641965), la promocin de un socialismo autctono y ms avanzado (19661970) y un regreso a las condiciones de un socialismo semejante al de otras experiencias histricas(19711974). Para 19751985 Valds Paz considera el restablecimiento de las bases de un socialismo convencional, inspirado en la experiencia del socialismo real europeo[15].

Hay otras razones que pueden explicar esa timidez. Por razones de espacio solo las mencionamos, ms all de valorar su validez o no: las desconexiones entre determinados mbitos del mundo acadmico norteamericano y Cuba, la mencin a Marx en su libro de 1978 como un representante de ese orientalismo que analiza, la preferencia a utilizar a Said como autoridad en asuntos de la migracin y la condicin de exiliado y su posicin crtica de Yaser Arafat y su crculo con acusaciones de corrupcin y autocracia.

III

No obstante, Said es un puente para mirar la condicin precursora en oposicin a la cultura dominante occidental de Amrica Latina y el Caribe. Y tambin, pudiera darle un peso a las palabras en nuestra vida cotidiana. Quizs la idea de la ciudad es La Habana y lo dems, reas verdes se mostrara con la mirada despectiva y hegemnica que tiene. Quizs con Said, cuando el Latino ruge y la fanaticada sobre el banco de Home Club empiece a gritar Palestinos! Palestinos!, se queden sin voz las gargantas que ofenden con el sufrimiento de la migracin forzada de miles de personas por la saa y la impunidad israel. Quizs no saben. No saben de Said.


  Notas:

[1] Tony Judt. Edward Said: el cosmopolita desarraigado. En Sobre el olvidado siglo XX. Santillana Ediciones Generales. S. L., 2008. p. 166.

[2] Eduardo Mendieta. Ni orientalismo ni occidentalismo: Edward W. Said y el Latinoamericanismo. Tabula Rasa, nm. 5, julio-diciembre, 2006, pp. 6783. Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca Bogot, Colombia. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=39600504.

[3] Vctor Barrera Enderle. Sobre literatura, crtica y globalizacin en la Amrica Latina. En Revista Casa de las Amricas, №237. Disponible en http://www.casa.co.cu/publicaciones/revistacasa/237/enderle.htm.

[4] Flix Valds Garca. El problema del negro en el pensamiento caribeo. Revista Cubana de Filosofa. Edicin Digital. La Habana. 2009. Nro. 15.

[5] Lisandro Otero. El Premio Nobel contra el Islam. Naipaul, apstata aborrecido. En http://www.lajiribilla.co.cu/2001/n24_octubre/laopinion.html.

[6] Resalta Chvez importancia de su gira para soberana venezolana. Disponible en http://www.radiosantacruz.icrt.cu/15555-resalta-chavez-importancia-su-gira-para-soberania-venezolana/; Carta de Chvez a la ONU: Reconocer soberana palestina es acto de justicia histrico. En http://www.cubadebate.cu/opinion/2011/09/20/carta-de-chavez-a-la-onu-reconocer-soberania-palestina-es-acto-de-justicia-historico/#.W5iQLLQng54; Las Lneas de Chvez: Llevo tu luz y tu aroma en mi piel. En http://www.cubadebate.cu/especiales/2010/10/26/lineas-chavez-llevo-luz-aroma-piel/#.W5iP07Qng54.

[7] Actas del II Congreso Internacional del Caribe en sus Literaturas y Culturas. Universidad nacional de Crdoba, 2015. Disponible en https://rdu.unc.edu.ar/handle/11086/2263.

[8] Pedro P. Porbn. La Revolucin deseada y el hombre nuevo: Ensamblando polticas, negociaciones y prcticas culturales e intelectuales en Cuba. A dissertation submitted in partial fulfillment of the requirements for the degree of Doctor of Philosophy (Romance Languages and Literatures: Spanish) in The University of Michigan 2009. Disponible en https://deepblue.lib.umich.edu/bitstream/handle/2027.42/62383/pporben_1.pdf&q=nenas+xxx+revolucion+del+sexo+out&sa=X&ei=dgzhT-r8FaqX0QWIyczZDA&ved=0CCoQFjAI?sequence=1.

[9] Jardines del Cueto, Lina. La problemtica orientalista en el modernismo hispanoamericano: Jos Mart. Contra Relatos desde el Sur, 2016. (13), 8998. Disponible en https://revistas.unc.edu.ar/index.php/contra-relatos/article/viewFile/15214/15139.

[10] De Juan, Adelaida. Soy de aqu. Ediciones La Memoria. Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, La Habana, 2016. p. 111.

[11] En https://www.hispanic.pitt.edu/iili/RFRIntro.pdf.

[12] Fernndez Retamar, Roberto. Todo Caliban. Coleccin En Clave de Sur. ILSA, Bogot, 2005. p. 27.

[13] Rafael Rojas. Traductores de la utopa. La Revolucin cubana y la nueva izquierda de Nueva York. Fondo de Cultura Econmica, Mxico, 2016. p. 18.

[14] Menciono Pensamiento Crtico por la alusin de Rafael Rojas en Traductores de utopa a la revista y la publicacin en sus pginas de un nmero dedicado a los intelectuales afroestadounidenses agrupados en los Black Panthers. Debe destacarse tambin en los sesenta, como caja de resonancia de algunos intelectuales estadounidenses, la revista Casa de las Amricas.

[15] Valds Paz, Juan. La evolucin del poder en la Revolucin cubana. Tomo I. Rosa Luxemburg Stiftung Gesellschaftsanalyse und Politische Bildung e.V. Ciudad de Mxico. pp. 88, 183.


El autor es ensayista e investigador de la Ctedra de Estudios Antonio Gramsci del Instituto Cubano de Investigacin Cultural (ICIC) Juan Marinello.

Fuente original: https://medium.com/la-tiza/said-la-cabeza-rota-y-el-latino-e887b7487953

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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