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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-09-2018

Del poeta, la derecha y el derecho a la memoria

Pablo Salvat
Rebelin


Septiembre siempre trae una brisa extraa. En medio de volantines, asados y traslados, no deja de estar siempre presente el dolor, la partida y el sufrimiento de tantos compatriotas en esas fechas demonizados, como si hubieran sido la encarnacin misma del mal. La poltica se trastoco en lenguaje cirujano-biolgico: hay que extirpar, liquidar, limpiar, recuperar/sanar si es posible, un cuerpo enfermo y contaminado por ideologas forneas. Ahora tenemos un presidente que dice que la democracia estaba, antes del Golpe de Estado, enferma. Ante este diagnstico poltico-mdico todo estaba entonces justificado, incluido el derecho a disponer de la vida y el cuerpo de los otros, jvenes, nios, adultos, mujeres. Haba que dar un escarmiento pues. Dijo el poeta: Fueron arrojados. Llueven. Asombrosas cosechas de hombres caen para alimento de los peces en el mar. Viviana oye llover tierras santas, oye a su hijo caer como una nube sobre la cruz despejada del pacfico (Zurita). Agrega ms adelante: Un pas de desaparecidos naufraga en el desierto () El sol ilumina abajo una mancha negra en el medio del da. En la distancia parecera slo una mancha, pero es un barco sepultndose a pleno sol con su noche en los pedregales del desierto. Si ellos callan las piedras hablarn. He aqu uno de los problemas que tiene la derecha poltica, econmica y militar en el pas. Por un lado, no quiere reconocer lo brutal e injustificado de lo sucedido con el Golpe de Estado, e intenta, cada cierto tiempo, volver a las teoras del contexto o a las del empate moral.

Por el otro, hace genuflexiones abstractas sobre el valor de los derechos humanos y dice al mismo tiempo- que la democracia ya estaba fallada obviamente desde antes. Lo cual, deja la puerta semiabierta para intentar nuevamente- relativizar y justificar lo injustificable: dnde estn los responsables del asesinato y desaparicin forzada de 3.227 personas? Donde, aquellos que participaron de la detencin y tortura de otras 38.254? Y aquellos que decretaron el exilio de ms de 200 mil chilenos? .Y es muy probable que estas cifran sean aproximadas. Esta contradiccin vital anida en su seno ms ntimo y por ahora no tiene salida. Entre otras cosas, porque la dictadura fue un gobierno cvico-militar, y los civiles fueron instigadores, inspiradores y partcipes de lo sucedido del 73 y lo que vino despus. Paradojalmente, desde 1990 en adelante, muchos de aquellos que fueron llamados cmplices pasivos siguen en cargos en diferentes reparticiones del Estado y el gobierno. Tranquilamente. Por eso, entre otras razones, sostenemos que la posibilidad de lograr una democracia real pasa tambin por la recreacin de nuestra cultura poltica pblica. Y que en esa tarea, ocupa un lugar fundamental discutir la importancia de edificar y preservar un derecho a la memoria compartida. Dar un espacio y tiempo permanente al cultivo de la memoria colectiva, implica traer al presente-futuro la proximidad del otro herido y pasado a llevar, a las vctimas. La importancia de este ejercicio tiene un presupuesto: no ser posible construir un presente y futuro decente y justo como sociedad sobre la base de negar el pasado. Tener conciencia histrica pasa por no eludir las catstrofes; por no negar o despreciar la autoridad de los que sufren. Junto con ello asumir las responsabilidades de lo sucedido nos demanda hacernos cargo de una pregunta esencial: cmo educar y auto-educarnos en cuanto sociedad, despus de Villa Grimaldi, Tres y Cuatro Alamos, Londres 38, el cuartel de Simn Bolvar, detenidos-desaparecidos y otras expresiones violentas del terror de Estado? Esto parece un punto crucial. Sin embargo, como bien sealara T.Adorno () el que se haya tomado tan poca conciencia de esa exigencia, as como los interrogantes que plantea, muestra que lo monstruoso no ha penetrado lo bastante en los hombres (). Sntoma, lo anterior, de que mutatis mutandi-, la amenaza de repeticin de lo sucedido an persiste entre nosotros.

Dice nuevamente el poeta: Y entonces, llovidos desde feroces nubes nuestras pupilas vacas oyeron aletear las suspendidas rompientes mientras nuestras piernas, brazos, torsos, se agitaban abajo como pequeas olas sin vida esperando el estruendo final de sus aguas. Porque nos lanzaron al mar y los peces fueron las carnvoras tumbas del mar. Porque nos lanzaron a los volcanes y fueron los crteres las carnvoras tumbas de los volcanes. S, porque nos mataron y morimos y las rompientes de la resurreccin nos volaban por arriba como inmensas trizaduras de hielo a punto de reventarse sobre nuestras olas muertas.. Si nosotros callamos las piedras hablarn.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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