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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2018

Sobre el espantajo `rojopardista y algunas cuestiones juveniles

Colectivo Punto Rojo Asociacin Jan Ciudad Habitable
Cuarto Poder

Hay un intento de dibujar una brecha generacional que coloca a los viejoscomo una especie de reducto anacrnico destinado a ser erradicado por una generacin de izquierda millenial


Mucho se escribe en estos das sobre debates encendidos. De todo se puede leer con paciencia, pero algunas veces hay que decir basta. De entre las muchas cosas sobre que se han escrito a partir de un artculo firmado por Julio Anguita, Manuel Monereo y Hctor Illueca en Cuartopoder.es, las hay de las que, aunque se quiera, no se pueden dejar pasar, como el intento de dibujar una brecha generacional que coloca a los viejos (las personas mencionadas) como una especie de reducto anacrnico e inadaptado destinado a ser erradicado por una generacin de izquierda millenial, preada de las virtudes propias de su tiempo.

Ya basta de adular a las generaciones jvenes para usarlas como masa de maniobra. No es la primera vez ni ser la ltima. Ocurri ya con el Brexit, cuando se quiso que una parte de la juventud, depositaria forzosa de esencias cosmopolitas, focalizara su rabia en la cerrazn de generaciones que (se lleg a decir) haban tenido la desfachatez de votar sobre algo cuyas consecuencias no iban a vivir. Solo porque no haban votado lo que deban. A la hora de la propaganda no import nunca la otra cara, humillante, de la deslumbrante movilidad europea.

Decenas de miles de jvenes han abandonado Espaa, Italia, Grecia y Portugal en los ltimos aos. El Consejo de la Juventud calcula que si no se frena la tendencia en Espaa, supondr una prdida de 57.000 millones de euros para el pas entre 2014 y 2024. No hay hueco para hablar de eso en medio de tanta diarrea verbal? De quienes se quedan, uno de cada tres estn en paro; de quienes trabajan, una parte importante encadena contratos de menos de una semana y muchos y muchas se libran de la pobreza solo gracias al apoyo de generaciones cuyas sensibilidades se nos anima a despreciar desde esa mtica flexibilidad existencial que hemos mamado y que nos hace ms adaptables al maremgnun del presente y sus incertidumbres.

De la mano de las exigencias para formar parte de la Comunidad Europea y de la divisin internacional del trabajo que conllevaba, contamos 30 aos en un proceso progresivo de precarizacin que alumbra una ausencia total de certidumbres. Importar poco porque los jvenes (a pesar de lo que dicen los datos sobre aumento de casos de depresin y ansiedad) no conocemos los miedos. El anhelo de seguridad no es ms que ese monstruo que anida en las almas de viejos, de cuya decrepitud se alimentan el fascismo y el rojopardismo. Eso dicen algunos.

El actual jefe de Estado francs (ncleo del eje globalista y antipopulista del que participa nuestro presidente) encontr ya soluciones a la situacin de paro juvenil en la uberizacin de la economa. Conoce pocos lmites la manipulacin de las palabras. La esclavitud puede vestirse de empleabilidad y de libertad, sea de movilidad o de esa que se pronuncia en lengua global, la de los free-lancers que nunca se jubilarn dignamente (ni falta que hace porque las conquistas sociales que liquida el ordoliberalismo son recuerdos de los nostlgicos de grandes relatos).

A los jvenes (parece como si al llamarnos millenials nos redujramos, por arte de magia, a una cosa ms funcional) se nos induce a que, armados de una falsa autoestima reforzada por aduladores de todo tipo, marchemos contra los perdedores y contra quienes, en minora, muchas veces e incluso ridiculizados, intentaron: 1) ya en los 90, repeler los cantos de sirena que nos han conducido lentamente hasta donde estamos; y 2) ms recientemente, acompaar a los jvenes objetivamente, es decir, sin hacer la pelota con fines mezquinos.

Hay a quien podra darle por calificar de fascista a quien emplea la manipulacin del lenguaje y de la gente para lanzarla contra personas que han abierto un debate poltico importante (y nada menos, pero tampoco nada ms) acusndolas de decir cosas que no han dicho, de ser cosas que no son (algn sonrojo debera producirse al pronunciar segn qu calificativos) y aprovechar el jaleo para ajustar cuentas con una tradicin de republicanismo y defensa de derechos sociales que es propia, precisamente, de las constituciones antifascistas de posguerra. Podra ser, aprovechando que se dice de todo, pero seguro que no aportara mucho al debate. Quienes quieran debatir honestamente (se puede) bien haran en repudiar determinadas manifestaciones y reclamar, con fuerza, que no se utilice a la juventud como masa de maniobra para que construya orgullosa las bases de su propia derrota. Nunca ms.

Fuente: http://www.cuartopoder.es/amp/ideas/2018/09/24/sobre-el-espantajo-rojopardista-y-algunas-cuestiones-juveniles/



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