Portada :: Conocimiento Libre
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2018

Bastaran 100 multiespecialistas con un mnimo acuerdo en sus prioridades... para reescribir la ciencia por entero
El multiespecialista y la torre de Babel

Miguel Iradier


Pensar hoy que la empresa colectiva de la ciencia est al servicio de todos es simplemente despreciable. Nunca lo estuvo, y con la pantalla de la sociedad de la informacin, mucho menos todava. Es justo en esta poca de "explosin informativa", en que vamos dndonos cuenta que lo que se publica sobre investigacin es ante todo fachada, que hay que suponer que la investigacin real ha pasado a las catacumbas y que sirve a intereses cada vez ms particulares y minoritarios, en consecuente armona con la pirmide invertida de distribucin de la riqueza. O qu esperbamos? No sabemos todos que el cientfico depende de sus fondos no menos que el cobaya enjaulado de su racin peridica de comida?

Esto tendra que volver del revs nuestra apreciacin del conocimiento cientfico como claraboya abierta en el techo hacia lo universal. Algo que nos resulta muy difcil, pues si no reconocemos lo universal en la ciencia dnde si no? Hace mucho que pasamos de hablar de la revolucin cientfica a hablar de la revolucin tecnolgica, una admisin tcita de que la ciencia por s sola cada vez nos interesa menos; y sin embargo ya en tiempos de Newton la balanza se inclinaba decididamente a hacer de la prctica teora, y en eso seguimos despus de todo.

Y lo ms gracioso es que para la moderna figura del cientfico nunca hubo traicin, ni respecto a quin pudiera ser su amo, ni en cuanto a la universalidad, pues en ambos casos tan slo se trataba, entre el comps y la escuadra, de ir trayendo poquito a poco el cielo a la tierra. La ciencia tuvo algo de grandeza mientras era consciente de que poda estarse equivocando y tomar decisiones erradas que podra llevar generaciones subsanar; pero ahora que funciona en piloto automtico y se vende como el algoritmo ganador de Occidente, podemos estar bien seguros de que se ha convertido en la mejor manera de estar profundamente dormido incluso si se cosechan ciertos resultados, cuyo rendimiento siempre decreciente es difcil ocultar.

Todo lo cual no deja de ser una coyuntura afortunada y segn se mire incluso favorable, pues la irreflexin en ciencia no puede dejar de pagarse muy cara, y la ciencia de hoy necesita irreflexin en grandes cantidades. Esas teoras, mtodos y procedimientos tan exitosos slo pueden marchar hacia adelante a costa de ignorar y negar categricamente muchas cosas, y as lo mismo que les ha hecho coger un gran impulso se encarga de que encuentren un freno natural a sus exponenciales pretensiones.

Hoy el multiespecialista, el que se ha formado en distintas competencias y no ha depositado su destino en ninguna de ellas, parece la nica fuerza con msculo suficiente y la posicin necesaria para no tener que hacerse cmplice de las enormes inercias y mecanismos de frenado de los especializados feudos en su inevitable y triunfal proliferacin. Pero tener el msculo necesario no lo lleva ms all de la categora de mano de obra si no es capaz de elevar su perspectiva sobre un panorama cada vez ms lleno de contingencias slo remontando el vuelo como generalista estar en condiciones de decidir dnde sita su lealtad y porqu. Ms all de la moral personal, la ciencia nunca tuvo un criterio para tales cosas, a no ser que se crea en el valor de esos comits de tica tan difciles de distinguir de sus homnimos para las corporaciones.

Hay una cuestin de contenido y otra de forma en el bloqueo de la ciencia moderna, si es que queremos llamarlo as y no hablar, sin ms, de una muerte de la ciencia que sera tanto ms inapelable cuanto menos sentida resulta. Ambas cuestiones dependen ms del puro instinto que de cualquier argumento racional de entre los infinitos que pueden aducirse, y por eso mismo, porque ponen a prueba nuestro instinto, al servicio del cual se pondr la razn, es que resultan reveladoras e interesantes. Porque no son cosas que afecten slo al hombre de ciencia o de conocimiento, sino al espacio que comporta el hombre en cuanto hace o deja de hacer, y que termina por definir tambin el contorno de su accin-conocimiento.

La cuestin interna es el peso que otorgamos al movimiento, en nuestro imaginario y fuera de l, a la hora de explicar las cosas. La cuestin externa es la relacin entre lo cuantitativo y lo cualitativo. Ambas cuestiones estn ntimamente relacionadas pero son demasiado vastas como para reducir sus conexiones a un simple criterio.

Respecto al movimiento, desde siempre hemos sabido que la realidad fsica por no hablar de la realidad sin ms- no se limita a la extensin y el movimiento. Por supuesto, tampoco el movimiento es slo extensin, aunque nos inclinemos tantsimo a pensar en ello, ni el movimiento se reduce a la traslacin o el desplazamiento. El caso es que se pueden utilizar las magnitudes fsicas ya sean vectoriales o escalares, fuerzas o masas- que siempre tienen un componente intensivo hacia la interpretacin en trminos de movimiento, y se puede por el contrario utilizar los movimientos en direccin a interpretaciones ms intensivas en las que el movimiento es una resultante.

S, estamos hablando de interpretaciones con todo lo subjetivo que eso conlleva. Poco importa que sea subjetivo si es el timn que determina todas las sntesis y aplicaciones la ciencia es una empresa altamente teleolgica empeada en negar este ltimo punto, pero esa negacin no la acerca ms a la realidad sino ms bien al contrario. As pues, podemos interpretar lo que no se mueve en funcin de lo que se mueve, como hace la fsica desde Galileo, y podemos intentar interpretar lo que se mueve en funcin de lo que no se mueve.

Newton dedujo la fuerza de la gravedad del movimiento, a pesar de que lo que hace que se deforme un cuerpo el ms inequvoco signo de fuerza- es el potencial, y no la energa cintica. La energa cintica y potencial no eran iguales ni siquiera en la cantidad conservada, el lagrangiano, pero poco poda importar, cuando de lo que se trataba era de sacar a discrecin las derivadas. Lo dir ms claro por si an alguien no lo ha entendido: la aplicacin es la interpretacin. Podramos decir "y viceversa"? En general, es lo que hacemos lo que determina lo que pensamos, y no al contrario. Pero a veces la voluntad de hacer otras cosas se abre a s mismo camino a travs de "otra interpretacin".
De modo que si queremos profundizar en lo ms interesante de la fsica, en esa gran incgnita que siempre ha estado ah, pero que hemos interpretado en beneficio de la superficie, ya sabemos lo que hay que hacer: ir en la direccin opuesta a toda la abrumadora tendencia actual. Estando esa parte siempre presente, es menos difcil de lo que pudiera parecer. Y adems, en la todava muy breve historia de la fsica no es nada difcil tampoco identificar los puntos de ruptura, la introduccin de criterios operacionalistas a mayor gloria de nuestra arbitrariedad.

Lo que se mueve no cambia, y lo que cambia no se mueve si entendemos el movimiento como mero desplazamiento en la extensin. Esta certeza indudable para la honda sencillez machadiana se vuelve poco menos que irrecomponible en un mundo incapaz de descifrar la actividad en la inmovilidad. Ms que la ciencia misma, que para esto ni siquiera tiene una posicin, es el arrastre del imaginario cientfico, de un funcionalismo ms presupuesto que deducido, el que nos traiciona.

El otro punto es la no menos arbitraria oposicin entre lo cualitativo y lo cuantitativo. Es indiscutible que la fsica es una disciplina cuantitativa basada en la medida. Pero tambin parece obvio que la matemtica, el lenguaje en que la fsica se expresa, no es menos cualitativa que cuantitativa algunos incluso han dicho que es la traduccin cuantitativa de aspectos puramente cualitativos. La distincin, tambin desde Galileo, en cualidades primarias que son medibles y cualidades secundarias que no lo son est en la base de una disociacin que con el tiempo ha llegado muy lejos.

Y as hoy se ha convertido en una creencia universal pensar que para llegar ms lejos que con las actuales teoras se necesita un instrumental y unos experimentos de un grado de precisin prohibitivo slo al alcance de la Megaciencia. Lo cual no suele ser cierto sino justamente dentro de la actual versin de la ciencia y no en otras. Hay experimentos muy simples, al alcance de los medios del siglo XIX, que rinden toda una gama continua de informacin y conceptualmente van ms all de los modelos que manejamos, experimentos como los de Fizeau, Hoek, Scanglon, Miller, Sagnac, etc. Lo nico que ha ocurrido es que entre tanto se ha descartado la idea de un medio continuo por consideraciones puramente cinemticas, que slo son una parte de la fsica, y por cierto la ms superficial. Y as el tema del movimiento vuelve a incidir en lo que se considera medible o no, cuantitativo o cualitativo.

Ahora bien, si incluso ahora se admite que teoras ms amplias y generales demandan conceptos y criterios nuevos, lo nico que se est admitiendo es que estas teoras no pueden seguir por los mismos caminos trillados de un determinado procedimiento de clculo y tienen que ser cualitativamente diferentes de las anteriores. As, los cambios y los reordenamientos ms profundos son ms cualitativos que cuantitativos, y luego es el clculo el que se encarga de explotar en forma de rutinas estos avances cualitativos en la comprensin.

Ocurre sin embargo que los fsicos tericos han exagerado la grandeza de la teora, en realidad la parte del clculo, y han subordinado a ella la parte experimental, que a menudo es la que mejor encarna los nuevos conceptos. La distorsin en este sentido ha sido extrema, convirtiendo al fsico terico en el sacerdote que define la realidad y al fsico aplicado como a un inevitable operario. Si comprendemos que lo contrario es cierto, entenderemos tambin que el avance conceptual y cualitativo estn ms del lado experimental, y que es el aspecto terico, que debera estar a su servicio, el que pasa a confiscar los logros prcticos y decide qu se debe o no experimentar.

Como decamos, es lo que se hace lo que cambia nuestra forma de pensar, mucho ms que al contrario.

La mecnica cuntica no ha hecho a menudo otra cosa que obstaculizar multitud de logros prcticos que luego se ha atribuido. Se habla de teoras fsicas con una precisin de once o doce decimales pero se obvia la gran cantidad de cosas que no pueden prever de ningn modo, por no hablar de discrepancias que slo involucran dos o tres decimales, como en el caso de la gravedad. Que nadie se engae con estos alardes.

La tergiversacin de los experimentos en nombre de la teora ya estaba presente de la forma ms descarada en experimentos tan clebres como el del prisma de Newton o el de Joule de la equivalencia mecnica del calor; pero todo esto no ha dejado de agigantarse como una bola de nieve con la estandarizacin y burocratizacin de los procedimientos de la llamada Gran Ciencia contempornea.

Si se entiende lo que queremos decir, todo esto son excelentes noticias, adems de ser de sentido comn. Pues quin ir a creer que la profundidad de conceptos depende del dinero invertido en ellos? Lo contrario es, con mucho, lo ms probable: cuanto ms dinero se invierte en un proyecto, cuanta ms gente se haya involucrada en l, mayor tendr que ser el aplanamiento de su perfil; es casi imposible que sea de otra forma.

Bastaran 100 multiespecialistas con un mnimo acuerdo en sus prioridades y sin intereses personales en el actual sistema de produccin cientfica para reescribir la ciencia por entero sin perder el grueso de sus logros efectivos, tan distintos de los tericos.

De entre todas las ciencias experimentales concedemos prioridad a la fsica porque es la que tiene la estructura de conocimiento ms slida y ms difcil de cambiar; si esto puede hacerse con la fsica, no hay ni que decir con cunta ms facilidad podr hacerse en la biologa u otras disciplinas mucho menos estructuradas.

La actual deriva de la ciencia es completamente irreversible, s, dentro de sus presentes supuestos. As que a los que estn satisfechos con su algoritmo ganador habr que dejarles que sigan comprando. Nunca podramos convencerles de nada, ya que ante todo es una cuestin de instinto. Mi instinto me dice muy claramente que el modelo actual va para abajo, y eso desde hace ya mucho tiempo.

Cuando digo que para revertir la situacin apenas se necesita otra cosa que independencia, valorar lo cualitativo sobre lo cuantitativo y los factores que no dependen del movimiento como extensin sobre los que s dependen de l, va de suyo que hay una buena nota de exageracin y simplificacin en ello. Pero si se admite que el presente sistema de investigacin ha llevado la exageracin en su propio sentido tan lejos como se poda llevar, se entiende que la ma es slo una forma de volver a un cierto equilibrio por la cuenta que nos trae. Sin embargo este reflejo ms bien de sentido comn estara cargado de consecuencias poco obvias.

Occidente ha llegado a un grado tal de embotamiento que slo la amenaza de algo que perciba como externo parece capaz de hacerlo reaccionar. La ciencia fue su gran baza, su argumento dominador, pero ahora que pierde la conviccin moral de su universalidad, como dominacin pura, se encuentra en una situacin que la convierte en algo realmente detestable, y contra ello se dirigen todos los prestigios y falsedades de sus omnipresentes relaciones pblicas.

Y justamente uno de los argumentos ms aducidos a la hora de hablar de la superioridad de la ciencia occidental, y con ella de Occidente mismo, sobre sus precursores era la universalidad de su conocimiento. A otras culturas les habran interesado ms los resultados prcticos que su generalizacin, y a la mayor universalidad del conocimiento le correspondi una cultura igualmente ms universal con un mucho mayor derecho natural de expansin.

Nos guste o no, algo de cierto tena que haber en estas pretensiones, pues no se remitan meramente al argumento de los resultados mismos y la dominacin, sino, a menudo, a las condiciones formales del conocimiento a cuestiones del conocimiento por el conocimiento mismo. En un proceso paulatino de degradacin, son estas condiciones formales las que se han desvirtuado, confundiendo sin ms el lenguaje matemtico con la universalidad. El clculo siempre fue un compromiso heurstico, pero si ya todo para nosotros es algoritmo difcilmente lo podemos notar.

Por eso es que insistimos en el no-movimiento y en la cualidad, para que podamos notarlo de nuevo. Que el lenguaje de la fsica sea la matemtica no significa automticamente que el lenguaje de la matemtica se haya emancipado de las limitaciones humanas, como tan comprensiblemente tienden a creer los fsicos. De hecho que nuestra idea de leyes naturales se pliegue a lo que podemos predecir es un criterio utilitario por antonomasia, y por lo mismo, igualmente humano, centrado adems en un objetivo sumamente parcial y limitado.

Cuanto ms "algortmico" es el conocimiento, ms desciende este a un orden inferior. Se hablado a este respecto de dos grandes modos de hacer ciencia, un "estilo griego" o axiomtico, y un "estilo babilnico" o heurstico. Pero alguien tiene dudas del lado en que nos situamos ahora? Uno es libre de proceder como quiera o como pueda, pero lo peor de todo es que bajo los actuales procedimientos no se renuncian a la pretensin de universalidad. Tanto peor para quien lo pretenda.

Empezbamos hablando de una pirmide invertida y eso es justamente lo que es la actual torre de Babel de las ciencias y es la matemtica la que ha invertido su propia universalidad. Se ha credo y se sigue creyendo que la matemtica nos ahorra los difciles problemas de interpretacin de los experimentos, y que con limitarnos a la prediccin de sucesos nos libramos tambin, santa simplicidad, de las limitaciones de la subjetividad. Slo que subjetividad y universalidad son prcticamente sinnimos, lo que simplemente nos ayuda a corroborar la mencionada inversin.

En el fondo, por ms que se hable de la complementariedad de la observacin y la teora, lo que subyace siempre es la mentalidad dualista: en el mejor espritu baconiano, la naturaleza nos sirve para hackearla. Los experimentos tendran que ayudar a refinar los "modelos cuantitativos", pero no en el nmero de decimales, sino en la cualidad misma de las herramientas matemticas. La mecnica del continuo es la mejor gua para esto; el continuo fsico mismo es el supuesto de base para que la matemtica, incluso la ms pura, pueda refinarse aprendiendo de la fsica realidad. Si oponemos observacin y pensamiento ya hemos perdido de antemano la partida.

Hay una escalera de retorno para esta nefasta situacin de sonambulismo cuantitativo que pasa por los mismos matemticos. Ellos seran el prototipo del multiespecialista, con slo que aprendieran a redefinir su situacin respecto a la observacin, el continuo fsico, la relacin entre lo cualitativo y lo cuantitativo y su contemplacin del movimiento, lo inmvil y la mutacin, que tienen su arquetipo en el mismsimo proceso del pensar.

Ya sea en China o en India, en Rusia o en cualquier parte, todava es posible cambiar el aciago destino al que nos somete la ciencia como objetos de la cantidad. Este camino pasa necesariamente por la pequea escala, la independencia de los grandes presupuestos, y la conviccin inquebrantable de que hay cosas ms importantes que la precisin cuantitativa; cosas con las que se adquiere perspectiva e igualmente se reduce la probabilidad de convertirse a uno mismo en objeto de manipulacin.

Escribo ante todo para los que ya estn convencidos de que todo el conocimiento cientfico actual es de un orden decididamente inferior; para los que no esperan que el maana alumbre slo un poco ms de lo mismo. Y sin embargo no hay mediocridad como la que nos invita a pensar "fuera de la caja" pretendiendo que no es necesario romper sta. Para este dilema hay una clara solucin: no hay mejor maestra que la historia. Los descartes del pasado muestran suficientemente que no es tanto una cuestin de inventar cosas nuevas, sino de ver las viejas con un mnimo de profundidad, algo que el operacionalismo moderno ya procura hacer imposible.

El especialista no lo sabe todo de su especialidad; por el contrario, est adiestrado para ignorar selectivamente muchos de los pasos decisivos que han constituido su dominio. Los multiespecialistas han de saber sacar partido de esto incluso aunque en principio no tengan vas abiertas para expresar su discrepancia: tendrn que crear las suyas propias.

El multiespecialista se ha tomado un gran trabajo en saber lo que el especialista sabe; el especialista se ha tomado un gran trabajo en no ver lo que el multiespecialista ve. Esto da al ltimo una enorme e inesperada ventaja.

Sorprende la poca o nula comprensin estratgica de la actual situacin de la ciencia, salvo que nos inclinemos a pensar que lo que ocurre es que estas cosas simplemente no se discuten pblicamente. Acabramos si las cosas por dentro se movieran al nivel que reflejan los medios.

Nuestra mal llamada "ciencia reduccionista", en realidad ciencia algortmica puesto que no ha podido reducir nada a mecanismos, se mueve entre la reduccin del caso general a un caso particular, que luego se generaliza de nuevo sin contencin, y una creciente e irrefrenable falta de fe en la existencia de cualquier realidad fsica, que ha venido a hacer de la materia primero un equivalente de la energa y luego un mero soporte de la informacin. Lo que no se comprende es que esto deja libre un eje interno para otro tipo de generalizacin inversa de lo global que est justamente basado en el excedente de fisicalidad rechazada: en los cinco artculos anteriores de este blog he tratado de aspectos muy diversos de esta misma contingencia.

Chris Anderson en su artculo sobre "el fin de la teora" en la era del diluvio de la informacin ha definido bien el nivel o ms bien falta de cualquier nivel que ha alcanzado la ciencia moderna y que la cultura anglosajona ha tenido el dudoso honor de liderar. Y puesto que han estado luchando a brazo partido por pasar por esto a la historia, seguramente su deseo se tornar realidad.

Ahora bien, hay mucho ms aqu todava. Anderson se refiere a la destilacin de conocimiento de la masa del Big data, la granja definitiva de los matemticos. Claro que estos seran los asistentes de un proceso autnomo e incluso con aspiraciones de hacerse automtico para prescindir finalmente de sus torpes operarios. Como se ve, un gran futuro para los microsiervos. Ni que decir tiene, el objeto del Big data somos todos y todo, y el sujeto es simplemente el poder.

No s si alguien ha reparado siquiera que la fase de destilacin del Big Data se corresponde sorprendentemente bien con una profeca completamente olvidada de hace cien aos: la morfologa comparada o "ciencia fisiognmica" de la que habl Oswald Spengler. Pues ste vaticin enfticamente el advenimiento de una ciencia puramente formal liberada definitivamente de las estrecheces de la causalidad y de la lgica. Nadie ha sabido que hacer con esta anmala previsin, pero Anderson, que en lo ltimo que poda estar pensando era en esto, sentenciaba en el 2008: "la correlacin reemplaza a la causacin". Bingo. Quin lo iba a decir; qu revelacin intolerable.

Uno siempre supo que el pronstico metacientfico de Spengler superara inmensamente en calado las naderas de los filsofos de la ciencia de rigor, pero le costaba ver cmo y con qu tendra lugar su advenimiento y "materializacin". Y es que su material, justamente lo contrario de la materia, es la ubicua circulacin de informacin que nos envuelve. La ms pura creacin del espritu, tal como bien supo ver este anormal profeta-historiador-filsofo, al servicio del poder y el control social. La transmutacin final del viejo organismo social en mera organizacin.

Y aqu llega el derroche de irona. Spengler, a su manera otro de tantos abogados en aquella poca de "la carga del Hombre Blanco", adverta del peligro de poner en manos de otras culturas los conocimientos del hombre fustico, que deban permanecer bajo su escrupulosa administracin y responsabilidad. Pero resulta que esta ltima creacin mefaustoflica, al menos en la versin anglosajona de "Bacon con matemticas" que hoy impera, ha supuesto un rebajamiento de la ciencia y del sujeto cognoscente al rango de tanteador de algoritmos "babilnico", el redoblado avatar del "hombre inferior", del brbaro a quien slo le importan los resultados, slo que muy debajo de l en cuanto a su insaciable gusto por manipular y revolver hasta las cosas ms indefensas: la Super-lite y el Club de la Chusma todo en uno. Pero tal vez no sean estos los nicos extremos que se aparean en este mysterium coniunctionis.

El dilema es ste: la ciencia, sin aspiraciones de universalidad, es algo abyecto y destinado a servir al poder en contra del resto de la poblacin. Pero una ciencia que verdaderamente buscara la universalidad, ms que los resultados, sera mucho ms trasparente y asimilable para el resto de la poblacin, que de este modo dejara de ser ignaro objeto de gobierno. Entre verdad y poder este dilema es ineludible y ha existido siempre. Pero en una poca de difusin aparentemente irrestricta de la informacin tiene que adoptar unos sistemas de defensa completamente diferentes, que de forma obvia pasan por apoyarse en el mismo exceso de informacin para filtrarla y modularla de la forma ms conveniente. Esto parece haber llegado muy lejos y cabe suponer que el proceso continuar refinndose en grados sucesivos.

Por otro lado, y a modo de contrapeso, ha existido siempre una suposicin que est en la misma raz del optimismo cientfico: es muy difcil ocultar una verdad universal, por su propia naturaleza sta busca ser compartida sin trabas. La trasparencia intrnseca de la verdad. Es realmente cierta esta verdad sobre la verdad? No lo sabemos, pero s sabemos que tambin al poder le gusta airear esta conviccin contagiosa.

Ahora bien, si las verdades universales quedan cada vez ms lejos y lo que tenemos es el mero conocimiento instrumental, ya hay poco lugar para la duda respecto al destino de tal conocimiento. Pero tiene an algn valor? Tal vez s para otros, no desde luego para m.

Los ordenadores pueden analizar pero hasta Anderson sabe perfectamente lo pobres que son a la hora de producir o sintetizar conocimiento, que es como decir "sintetizar trasparencia". La funcin zeta de Riemann es infinita y completamente analtica, pero pdele a un ordenador que te saque conclusiones globales sobre ella. Lo nico para lo que podran servir ah los ordenadores es para encontrar un cero fuera de la lnea crtica, como ya pretendi el inefable Turing con un ordenador de piezas de madera, pero igual podras esperar un cuatrilln de aos. En fin, da un poco de embarazo tener que hablar de estas cosas.

Qu tienen en comn la zeta, la luz, el principio hologrfico, la electrodinmica, la cromodinmica clsica, la mecnica del continuo? Y ni siquiera hemos mencionado aqu a la mecnica cuntica. Lo que tienen seguramente en comn son aspectos globales que pueden entenderse mejor al compararlos entre s. Puede hacerse eso con algoritmos? Tambin los algoritmos pueden ayudar, pero la sntesis la tiene que producir o reproducir- el sujeto.
Veo una verdad con muchas ms capas que una cebolla. La energa trasmite informacin pero no la soporta, la materia soporta la informacin pero no la trasmite. Slo el sujeto puede soportarla y trasmitirla. Cada vez que dejamos de atribuirle al movimiento la razn de un fenmeno, nos desprendemos de una mnima capa de nuestra superficialidad y nos acercamos al omnipresente ncleo, tan parecido a una llama.

El movimiento, por s solo, es lo insignificante; slo con respecto a lo que no se mueve puede tener algn valor. Si yo percibo movimiento y actividad en mi pensar, es porque hay algo en mi que no se mueve, de otro modo, qu movimiento podra detectar? La tcnica como pura funcionalidad es la ms viva encarnacin del nihilismo, de la "vida de insectos" que seguimos atribuyendo a otras culturas. La tcnica hoy es lo mostrenco, lo sin dueo. La tcnica domina a las cosas, pero quin dominar a la tcnica?

Se imaginan que fueran los chinos quienes finalmente domaran al domador, dominaran al dominador? Ellos, a los que tantas veces se les ha echado en cara su carencia de originalidad? Es curioso, que se atribuya a la lectura lgica de Leibniz de los exagramas chinos del Libro de los cambios el origen del cdigo binario; curioso porque el espritu chino haba usado la lgica binaria como mero soporte para un cdigo autosuficiente de imgenes, la abreviatura mnima de una omnmoda pansofa analgica. Y no podran conseguir ahora darle otra vez la vuelta a la tortilla?

Sin embargo, ya lo hemos sugerido, la cosa pasa por donde menos lo esperara el librrimo y bienpensante cientfico de hoy: por la reinterpretacin de la realidad fsica. No hay resurreccin del Logos sin renacimiento de la Physis. La ciencia moderna vol muchos puentes a su paso pero ahora no puede controlar todo ese inmenso terreno desde el aire con algoritmos voladores. La lgica no suele caer del cielo.

En cualquier caso hay que ir ms all de la accidental geopoltica del conocimiento y concentrarse en el problema de fondo: la enconada lucha entre lo universal y lo particular en la arena del saber y del hacer. Si se ignora este contexto y su alcance, es casi imposible hablar con sentido de nada.

El poder es lo inmvil que puede hacer que otras cosas se muevan. Uno tendra que desconfiar por principio de cualquier "empoderamiento" que le conmina a movilizarse por ms que el movimiento sea muchas veces obligado y necesario. Si el saber no particular empieza a entrar en la esfera inmvil del poder tendr lugar un problema de desalojo. Quin desalojar a quin? Slo que no hay un solo saber, como no hay un solo poder.

Lo malo no es el movimiento, sino la compulsin de moverse y entenderlo todo en esos trminos. Siempre se delata en su raz, en su primer impulso. La actual e innombrable prisin en la que participamos es una crcel echa casi exclusivamente con nuestro propio movimiento, o agitacin, una tcnica a la que podramos denominar confinamiento inercial o autoconfinamiento del sujeto y su sustancia. Otros lo siguen llamando enajenacin o alienacin de lo social, sin reparar en que la sociedad misma es la crcel y la estampida, la huida pensada a lo grande.

As que no slo estoy persuadido de la existencia de un ter electrodinmico, tambin doy por hecha la existencia de un ter financiero, al que toda la financiarizacin rinde cuentas. Y si vosotros no lo creis, mejor para m, dice el poder. Vuestra agitacin es mi filn, y como saben los mineros de la miseria, no hay forma ms rpida de separar el oro que con el voltil y txico mercurio. Lo que se mueve no cambia, lo que no se mueve tiene libertad para cambiar.
De la situacin presente tendramos que echarle la culpa ms a los cientficos que a la ciencia, pues de otro modo slo estamos admitiendo que nunca han podido nada y son en todos los sentidos una pura nulidad.

Comprender hasta qu punto nuestro conocimiento es de un orden inferior equivale a dejar en el mismo nivel la sociedad que lo ha producido y aun se ha preciado de l. Esto no puede lograrse por la impotente deriva de arrastre del futuro, sino por el impulso del pasado que se le opone, pues en la presente correlacin, ambos son como el movimiento sin fuerza frente a la fuerza sin movimiento.


Referencias

M. A. M. Iradier, Light, gravity and color

M. A. M. Iradier, Autoenerga y autointeraccin

M. A. M. Iradier, Beyond control Feedback and potential M. A. M. Iradier, Salud, vida, envejecimiento, evolucin

M. A. M. Iradier, Entre la presin y la tensin

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter