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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-12-2005

La ciencia ideolgica, o marxismo, como anlisis de las totalidades y de las clases

Carlos X. Blanco
Rebelin


Habiendo dado con los elementos, las fuerzas y clases que se contradicen en el sistema total, se puede ofrecer un anlisis materialista de la sociedad. Quien vea la realidad total como espiritual o indivisible ("mstica") no puede pretender ningn anlisis. Ese sujeto cree captar el todo, y por ende, se incapacita a s mismo para emprender un anlisis. El anlisis de una sociedad en sus componentes materiales (aunque no meramente fisicalistas o energticos, ver infra) es la crtica, el punto de arranque de una labor de desbrozado de una pretendida totalidad indivisible heredada y recibida (con especial polarizacin lxica hacia los trminos "nacin", "patria", e incluso "pas"). La totalidad mstica, que tiene como pre-juicio constitutivo el de su naturaleza indivisa, slo entiende la existencia de realidades discretas tangibles (cada una de las totalidades ontolgicamente separadas entre s, y sus poblaciones respectivas de individuos corpreos, abstraccin hecha de las relaciones necesarias sociales- que mantienen entre s, relaciones que son la misma crtica del concepto de un individuo social discreto), totalidades e individuos que pueden ser recprocamente comparados (o sea, incluidos o segregados de clases lgicas) por relacin a una cierta comunalidad de rasgos, por unas esencias compartidas (o no). Los rasgos de los individuos pueden ser fsicos (color de piel) o espirituales (la lengua, la cultura), pero hay una preferencia por estos ltimos, ya que permiten ms cmodas operaciones de inclusin participativa en un todo cultural, patrio o nacional) al considerarlo igualmente espiritual en su naturaleza. As ocurre que quienes hablan en trminos de nacionalidades, culturas o patrias, lo hacen considerando que la intensin de esos trminos tiene que ver con un principio de indivisibilidad y, al igual que ocurriese con cada alma individual (una individualidad que previamente se percibe en cada cuerpo humano), algo anlogo habra de ocurrir tambin con una especie de alma colectiva, de la que beben, nacen y en definitiva participan todos los seres humanos. Est claro el origen teolgico de ese concepto de alma colectiva para referirse a formaciones sociales inmunes a todo anlisis (como no sea un anlisis externo, evacuador de esas mismas esencias invisibles, insondables, megricas, para quedarse con triviales correlatos en lo fsico, geogrfico, antropo-zoolgico). En estos campos, como en otros, el reduccionismo fisicista es la misma contrafigura de los mentalismos y espiritualismos. El Estado, Espaa, Europa, la Totalidad Social, la Nacin, la Cultura Occidental, y dems totalidades concebidas como espirituales y supra-humanas, no existen cuando son analizadas. No son nada. Son mitos eficaces de la historia, por los que se llega a morir y matar, sin duda, y esto se ve entremezclado con otros tipos de operaciones humanas que quedan envueltas (y por ende, explicadas) por referencia a tales mitos (por ejemplo, legislar, manifestarse, asociarse, y dems violencias relativamente incruentas).

As las cosas, tenemos la obligacin de recabar una inteligencia tal de la formacin social que no la considere como sacrosanta y real ya desde el mismo punto de partida, para no prejuzgarnos con frmulas heredadas, con ideologas recibidas que cosifican la totalidad envolvente (se cosifican por educacin, por socializacin, por ver la T.V.). Este tipo de operacin es compleja, porque un adulto no puede nacer de nuevo y emprender anlisis en un "estado de pureza". Hay que analizar in medias res, desentraando aquellas condiciones de partida de nuestros anlisis que al tiempo son las mismas condiciones de nuestra existencia concreta. Tal tipo de anlisis presenta una "fluidez" extraordinaria. Es como el barco mitolgico, que surca el mar al mismo tiempo que se rehace ntegramente a lo largo de la navegacin. El materialismo histrico exige este tipo de sistematizacin operatoria, a saber: reconstruir una realidad objetiva, que est ah como otra cualquiera (un mundo de fenmenos que es la sociedad), y fijar de manera conjugada las coordenadas a partir de las cuales el sujeto gnoseolgico ha sido determinado, envuelto, socializado, partiendo de esa misma realidad objetiva envolvente. Una realidad que no determina de cualquier modo, sino ajustndose a la pertenencia a una clase social en un momento histrico y lugar geogrfico concreto. Por eso, el materialismo histrico debe ser ideologa, pero es al mismo tiempo "ideologa de las ideologas". Seguiremos con esto, pero antes hay que decir unas palabras sobre un concepto que acaba de aparecer en escena (y ya se retrasaba en nuestra exposicin, porque sin l, el materialismo histrico pierde su identidad): la clase social.

CONFORMACIONES, MORFOLOGIAS

Junto a los conceptos "fluidos" del materialismo histrico, que implican lucha, fuerzas, estudios del desarrollo y de todo cuanto significa movimiento y transformacin hay que considerar aquellas conformaciones relativamente "slidas" que, inferiores en escala con respecto a la totalidad fenomnica, sin embargo constituyen partes necesarias, partes que revisten una forma caracterstica, una forma que dota de relieve caracterstico a la totalidad social: las clases sociales.

Una formacin social debe constar de una serie de clases que, segn su posicin respecto a la posesin y control de los medios de produccin, quedarn recprocamente delimitadas entre s. Adems segn su demografa relativa, las clases definen marcos nacionales distintivos para el anlisis concreto, como pueda ser la mayor o menor abundancia de una clase media a modo de "colchn" para los enfrentamientos entre proletarios, (o campesinos) y burgueses (o aristcratas). Histricamente, este es un criterio bsico en las comparaciones: por ejemplo la debilidad de una clase media espaola, el subdesarrollo de la industrializacin (y por ende de la clase obrera) y la abundancia de campesinado constituan elementos definitorios del estado de Espaa previa a la guerra civil, que ya no siguen vigentes en la actualidad, pero que estn en la base de las explicaciones histricas del enfrentamiento.

Las clases sociales, en su determinacin recproca, dibujan el paisaje global, fenomnico, de una totalidad social. Adems, en el seno de cada clase (y precisamente debido a tradiciones y las determinaciones recprocas) se genera un microcosmos ideolgico, esttico, todo un complejo de hbitos y costumbres, etc.

Si el materialismo histrico simplemente afirmara que la base es la causa de las superestructuras estaramos pulverizando los contornos y aristas de nuestra ciencia ideolgica, para presentarla, a la postre, como un materialismo ms al lado de tantos otros. Sin contacto alguno con el marxismo, y antes de su nacimiento, ciertos filsofos, historiadores y sabios han defendido proposiciones materialistas de ndole genrica. Pero nuestra ciencia ideolgica debe incorporar el estudio de toda una serie de determinaciones que deben envolver las relaciones causales y que, siendo ellas ms genricas o formales que las determinaciones estrictamente causales, precisamente permiten abordar lo concreto en la historia. La existencia misma de las clases sociales, entender su lucha como recapitulacin de todo lo dems que acaece en la historia, nos dar la clave del mtodo.

En cuanto al papel y la defincin de la base, el economicismo al estilo de la II Internacional, el realizado en la U.R.S.S., el predicado por tantos cuasimarxistas de la ciencia social occidental, ha suscitado polmicas que suelen cerrarse aparentemente, lo que es ndice de no haber solucin a la vista, porque no se puede acumular demasiado polvo debajo de la alfombra. La cuestin del economicismo no se resuelve con retoques estilsticos, moderaciones y matices, con estudios de crtica textual y filologa, con invocaciones a los Santos Padres del marxismo, con un "ms" o con un "menos", dando vueltas alrededor de coletillas y frases acuadas ("determinacin en ltima instancia", "autonoma relativa de las superestructuras", "interaccin recproca", etc.). La causacin de las superestructuras es algo que puede y debe desarrollarse en los estudios empricos, positivos. No es, desde luego, una causacin "mecnica". Se trata de una causacin que toma multitud de caminos, en virtud de la concrecin social de que se trate.

Una sociedad siempre es algo concreto en manos de Marx: una sntesis de mltiples determinaciones. Gramsci parece que sigue a un Marx muy ocasional cuando da una interpretacin hilemorfista a la distincin entre base y superestructura, como si slo hubiera una "materia" econmico-social, y una determinacin formal unificada, la suprestructura. El Diamat tambin tom ese camino. Pero la correspondencia general entre materia y base, por un lado, y superestructura con la forma, por otro lado, slo puede servir como metfora expositiva y, en todo caso es inaceptablemente dualista. Es precisamente en la sociedad como un todo concreto donde debemos hallar una reunin mltiple de determinaciones, que pueden parecer un enjambre confuso en un anlisis instantneo, copresente, pero que van ajustndose unas a otras a lo largo de la historia dando lugar a rganos, diferenciaciones, estructuras, objetos que evolucionan, se destruyen y dan lugar a otros nuevos, de un modo semejante a la evolucin natural, creadora de morfologas. Efectivamente, las relaciones econmicas, en su transcurso, van tomando unas formas. Por ejemplo, la ideologa del "sujeto jurdico" enraizada en el concepto de mercanca, con la especial acepcin de "igualdad formal" de los sujetos, imprescindible para una sociedad que produce orientada hacia el mercado y en la que el mismo trabajo se ofrece en ese mercado como mercanca. Son formas ideolgicas stas que no slo brotan o emergen de una base econmica capitalista. Tampoco pre-existan o se inventaron a la par, acoplndose en una suerte de armona o adaptacin funcional; son formas inherentes al sistema de explotacin mismo, un sistema (no se olvide) en el que bajo una cierta fachada de vinculaciones "impersonales" (objetuales, mercantiles, financieras, etc.), lo que hay, realmente es una madeja de relaciones entre seres humanos. Estas relaciones humanas, y ms en concreto, sociales, no se dan ni se pueden dar sin una serie de condiciones previas, si se quiere inherentes a la historia (biolgica y social del animal humano), que permiten la explotacin de unos sujetos por parte de otros, de unas clases por otras. Entre dichas condiciones habra que destacar la capacidad de trabajo manual, capaz de moldear, capaz de dar forma a la materia de acuerdo con unas normas. Por ende, envolviendo a esa capacidad normativa de transformar fsicamente los objetos (a diferencia de un mero transductor), la especie humana puede hablar, esto es, manipular los msculos involucrados en la vocalizacin con el fin de darles tambin formas complejas (en la produccin y en la comprensin) a las ondas sonoras y as transmitir unas normas en un proceso social que distingue al trabajo humano de cualquier gasto energtico dirigido externamente o forzado, por parte de animales de tiro o mquinas. As las cosas, el contrato de trabajo no es el resultado de una coaccin del patrn sobre el obrero, sino la verbalizacin jurdica de una forma de relacin estrictamente econmica, en la que no entra (o mejor dicho, no tiene por qu entrar) la coaccin fsica o el engao. Es una figura jurdica que alude a relaciones concretas existentes en un determinado modo de produccin, una base de procuracin material que aparece envuelta desde su gnesis por la instancia jurdica pre-existente pero en transformacin a tenor de los cambios en la base. La ideologa de la igualdad formal de los individuos humanos qua humanos, con abstraccin hecha de sus propiedades, la ideologa del individuo abstracto, sin determinar en clases diversas (lo cual nos arrojara como producto una serie de individuos concretos) expulsa hacia fuera un rasgo material que diferencia al comprador y al vendedor de la fuerza de trabajo: su diversa capacidad de control de los medios de produccin. Pero la ficcin jurdica equipara a los dos agentes que firman el contrato laboral, pues son "libres" en un sentido formal, en un sentido abstracto. Siempre hay relaciones "envolventes" a las relaciones econmicas, tales como la ficcin jurdica o las teoras filosficas del liberalismo y la libertad y la igualdad formales. Constituyen determinaciones que tallan el tipo de relaciones materiales, inmediatas u operatorias que establecen los agentes sociales. Hacer abstraccin de esas relaciones materiales operatorias que se dan en el proceso de produccin era, para Marx, la ideologa burguesa misma. Por relaciones operatorias entendemos aquellos procesos intencionales a cuyo travs un sujeto determina de algn modo a otros sujetos u objetos, incluyendo aqu a los smbolos (lenguaje). Esa determinacin social inmediata debe hacer uso de elementos mediadores cuyo desarrollo o generalizacin constituye todo un medio social, que es el que rodea a toda relacin de un sujeto con los objetos o con otros sujetos. Ese medio social es un espacio de relaciones envolventes, y su evolucin consiste en ir imponiendo su sello de formas mltiples en cada relacin social, a lo largo del tiempo (incluyendo extinciones y generaciones de nuevas relaciones). El espacio envolvente (o medio social) puede ser entendido como una estructura de condiciones que siempre se ha de aportar en cada estudio cientfico y son las que, en efecto, "envuelven" a la causa eficiente. Esta causa, si aparece como una condicin que adems toma el aspecto de determinante de cambios sustanciales, ya nunca aparece como una chispa aislada de la estructura de condiciones que hemos mencionado. Las estructuras sociales, pues, actan "por encima de la voluntad" de sus agentes porque ellas se alzan y evolucionan con una lgica que le es propia y no de acuerdo con la lgica (o los fines) de los agentes particulares. En ese sentido, las estructuras sociales sern objetivas, necesarias y "ciegas", porque su causalidad no se entremezcla con una causalidad estructurada a otro nivel, es decir, con los marcos de condiciones que rodean al obrero y lo impelen a trabajar, o al empresario buscar su beneficio. Los espacios de relaciones operables e inmediatas (el proceso fsico del trabajo, los aspectos motivacionales, el hambre, el egoismo, etc.) y los espacios envolventes (estructuras sociales objetivas) pueden coordinarse, y de hecho las relaciones en un nivel contextualizan a las relaciones en el otro nivel).



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