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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 29-09-2018

Soberana, Estado y relaciones entre clases en la poca del euro

Domenico Moro
El Viejo Topo


El euro o, ms concretamente, la integracin econmica y monetaria (UEM), no es un mero proyecto econmico; es un proyecto poltico, entendiendo por poltica la capacidad de orientar y gestionar las relaciones de todas las clases sociales entre s y con el Estado.

El euro, por tanto, concierne no solo a la reorganizacin de la economa, sino tambin a la reorganizacin del Estado para hacer frente a la necesidad de acumulacin en la fase de capital globalizado. El euro, segn nuestra tesis, no representa la superacin del Estado-nacin. Es sobre todo el instrumento de una nueva definicin de las relaciones de fuerza dentro del Estado-nacin y de Europa, a favor del estrato superior del capital, el ms grande e internacionalizado, frente al trabajo asalariado y las clases subalternas. Esta nueva definicin de unas relaciones de fuerza heredadas de las luchas del movimiento obrero y socialista de los dos ltimos siglos, en particular de la lucha victoriosa contra el nazifascismo y de las luchas de los aos sesenta y setenta, consiste en transferir algunas funciones econmicas concretas del Estado al nivel supranacional europeo, como el control de la moneda y los presupuestos pblicos. Con ello se altera el concepto de soberana estatal. Cabe precisar, sin embargo, que no es la soberana nacional lo que se suprime de la UEM, sino la soberana democrtica y popular, es decir, el ejercicio del control popular y por tanto la posibilidad que tienen las clases subalternas de incidir en las decisiones y la accin del Estado.

Soberana y Estado

Uno de los conceptos bsicos de la historia moderna es el de soberana. Con ella se entiende el ejercicio exclusivo del poder decisorio y ejecutivo en un territorio concreto, que por motivos histricos peculiares de la historia y la geografa europea suele coincidir con una nacionalidad concreta, es decir, con una uniformidad de caractersticas ante todo lingsticas, y luego culturales, religiosas, econmicas y sociales.

El concepto de soberana se encarna materialmente en el Estado. El Estado, como recuerda Max Weber, es un organismo, una mquina que se caracteriza por el monopolio del ejercicio legtimo de la violencia y, por tanto, por la disponibilidad exclusiva de los cuerpos armados (polica y fuerzas armadas) y las estructuras materiales (crceles, cuarteles, etc.). Pero para el marxismo el Estado no es el ejercicio neutral del monopolio de la fuerza, sino el organismo que garantiza, mediante dicho monopolio, el dominio de la clase econmica dominante. Como han confirmado recientemente las investigaciones arqueolgicas en las zonas de China donde naci la civilizacin de la Medialuna Frtil, el Estado nace cuando se alcanza cierto nivel de divisin del trabajo, que genera la divisin de la sociedad en clases sociales.

Pero, tanto en Marx y Engels como en sus continuadores del siglo xx, como Gramsci y Poulantzas, el Estado no es solo el dominio, basado en la fuerza, de la clase econmica dominante. Tambin es el terreno de la mediacin entre las clases, situado aparentemente por encima de ellas.

El Estado, escribe Engels, no es un poder impuesto desde fuera a la sociedad (). Es ms bien la confesin de que esta sociedad se ha enredado consigo misma en una contradiccin indisoluble, de que se ha escindido en antagonismos irreconciliables y es incapaz de eliminarlos. Mas para que estos antagonismos, estas clases con intereses econmicos en pugna no se destruyan entre s y destruyan la sociedad en una pelea estril, surge la necesidad de un poder que est, en apariencia, por encima de la sociedad, que atene el conflicto, que lo mantenga dentro de los lmites del orden.

El Estado es una gigantesca relacin social que plasma en sus instituciones y leyes las relaciones de fuerza dentro de una formacin socioeconmica determinada la concrecin del modelo abstracto del modo de produccin y entre las clases dominantes de distintos pases. Por lo tanto el Estado, incluso dentro de un mismo modo de produccin, tiende a asumir formas distintas segn la fase del modo de produccin, las relaciones de fuerza entre las clases y los equilibrios y las relaciones de poder internacionales.

El afianzamiento de la soberana en la modernidad europea

En Europa Occidental, a diferencia de China, la unidad estatal y la unidad cultural y lingstica del imperio romano se rompi definitivamente con las invasiones brbaras. La unidad imperial dio paso a una fragmentacin extrema en trminos de soberana y de lengua, coincidente con la implantacin del modo de produccin feudal, limitado a una produccin y un comercio local. En Espaa, Francia e Inglaterra la construccin de una soberana estatal y en este caso de la nacin es el fruto de un proceso histrico muy prolongado, que arranca en el siglo XIVy llega hasta el XVIII.

El proceso de construccin de la soberana estatal y nacional supone la superacin de los llamados fueros, los privilegios reconocidos por la monarqua, tanto los heredados del feudalismo como los de las ciudades de la naciente burguesa protocapitalista. Por lo tanto, el afianzamiento de la soberana es, esencialmente, la consolidacin del centralismo contra el localismo feudal y el localismo de las ciudades manufactureras y mercantiles. Surge un poder central identificado en la persona del rey, del soberano. Entre los siglos XVI y XVII la soberana se llam absoluta, del latn absolutus, sin lmites: el soberano no est condicionado por otros poderes. La expresin emblemtica de este absolutismo es Luis XIV, el Rey Sol, figura casi divinizada, que sujeta bajo su autoridad a la aristocracia feudal.

El afianzamiento de la soberana del Estado-nacin moderno coincide con la aparicin de relaciones de produccin capitalistas mucho antes de la revolucin industrial inglesa. Segn Giovanni Arrighi la divisin de Europa Occidental en Estados nacionales fuertes fue una de las principales condiciones para la formacin de un capitalismo de dimensiones mundiales; Jared Diamond atribuye a esta divisin la superioridad europea sobre otras zonas del mundo como China y la India, donde tambin se haban desarrollado civilizaciones igual de duraderas o ms. La situacin continua de guerra y competicin, a la vez que de intercambio cultural y tecnolgico entre los Estados nacionales, favorece, por un lado, la transferencia de innovaciones y tecnologa, y por otro requiere grandes gastos para mantener ejrcitos permanentes, caones, armadas y fortificaciones de nuevo tipo, con el consiguiente aumento de la deuda pblica y el desarrollo de los bancos y de la movilidad del capital, as como la aparicin de industrias modernas e innovaciones tcnicas, sobre todo en la elaboracin de los metales, la produccin de armas de fuego y la construccin naval.

En este proceso Italia presenta unas peculiaridades que influirn en su desarrollo y su encaje en el proyecto europeo. Italia, cuna del capitalismo y de la banca moderna, es el pas ms desarrollado de Europa entre los siglos XIV y XVII. Pero la incapacidad de crear un Estado nacional unitario apto para sostener el desarrollo capitalista y el desplazamiento del centro de gravedad del comercio internacional desde el Mediterrneo hacia las Indias Occidentales y Orientales la despoja de esta primaca a favor de Estados nacionales con ejrcitos bien pertrechados, como los Pases Bajos primero e Inglaterra despus. Como seal Gramsci, el Papado, nica organizacin supranacional de Europa y heredero ideal del imperio romano, es un obstculo importante para este proceso y para el desarrollo de una cultura cosmopolita, obstculo que influir en la mentalidad de los intelectuales italianos y retrasar la formacin de una conciencia nacional.

En el siglo XVII se afianza la soberana absoluta, pero al mismo tiempo surge la tendencia a criticarla y limitarla mediante la participacin democrtica de sectores sociales ms o menos amplios. Entre finales del siglo XVI y la primera mitad del XVII el aumento de los conflictos armados entre Estados y la fuerte crisis econmica provocan la intensificacin sistemtica del conflicto social. En toda Europa estallan movimientos populares, como la rebelin de Masaniello en Npoles, en los que confluyen tanto la burguesa comercial y la de los gremios como las masas populares empobrecidas por el aumento de la presin fiscal de los Estados en guerra. La crtica a la soberana absoluta alcanza su grado mximo con la revolucin inglesa, cuyo objetivo es limitar la soberana del monarca, quien pretende que su legitimidad deriva directamente de Dios, y someterle al control popular a travs del parlamento. Es una soberana democrtica en sentido muy restringido, porque el parlamento, una vez derrotados los sectores ms radicales y populares, expresa los intereses de la burguesa comercial inglesa, que est suplantando la hegemona holandesa.

El proceso de crtica a la soberana absoluta prosigue en el siglo XVIII con la Ilustracin, pero con dos tendencias opuestas. Una es la reformista, encarnada en Voltaire, amigo de Catalina de Rusia y Federico el Grande de Prusia, que pretende ilustrar el absolutismo monrquico. La otra es la del radical y revolucionario Rousseau, para quien la soberana es el fruto de la voluntad popular y se basa en el consenso expresado en un contrato social. Una idea criticada posteriormente por Hegel, porque cuestiona la naturaleza del Estado como autoridad situada por encima de la sociedad y, por tanto, la propia existencia del Estado: El pueblo, tomado sin monarca y sin la articulacin del conjunto vinculada necesaria e inmediatamente con l, es una masa informe que ya no es Estado. En Rousseau la soberana democrtica tiene un carcter de clase, pues se relaciona con la crtica al cosmopolitismo ilustrado, entendido como crtica a las clases ricas y a la implantacin del capitalismo mercantilista a escala mundial. Para Rousseau, si la soberana quiere ser democrtica solo puede tener un carcter nacional, es decir, debe estar vinculada a las condiciones y necesidades del pueblo y en particular a las de las clases subalternas. Ser la revolucin francesa, en el periodo jacobino, la que represente con ms pureza el concepto de soberana democrtica y popular asociado a la defensa, por todos los medios, de la nacin entendida como inters del pueblo y por consiguiente de las clases subalternas, tanto contra los enemigos de clase internos como contra los exteriores, representados por las monarquas absolutas.

La lucha por la soberana democrtica y popular

Con la derrota de los jacobinos y de otros intentos an ms radicales, como el protocomunista de la Conspiracin de los Iguales, se afianza la posicin de las lites burguesas. La historia del siglo xix en Europa es la historia de los intentos de instaurar la soberana democrtica, pero entendida de dos maneras distintas. La burguesa hegemoniza o trata de hegemonizar esta lucha alindose con las fuerzas obreras y aprovechando los movimientos de unidad nacional para implantar formas democrticas elitistas basadas en sistemas electorales rgidamente censitarios, y as asociar el ejercicio del poder poltico al poder econmico que ya tiene desde hace tiempo. En realidad es solo una pequea porcin del pueblo la que ejerce la soberana democrtica, la porcin ms rica y pudiente. En 1869-1873 solo un promedio del 17,8% de la poblacin europea occidental con ms de 20 aos tena derecho al voto; apenas un 14,9% en el Reino Unido, patria de la democracia, y el 3,5% en Italia. Las clases subalternas, y sobre todo el naciente movimiento socialista, son cada vez ms conscientes de que el nico modo de lograr que exista plena soberana democrtica es la conquista del sufragio universal. En algunos sectores del movimiento socialista se entiende esta conquista como previa a la conquista del poder estatal para cambiar las relaciones de produccin. La repblica democrtica burguesa, como resume Engels, es a la vez la forma ms pura y funcional de soberana estatal en que se expresa el poder del capital y la nica forma de Estado que permite entablar la batalla decisiva entre burguesa y proletariado.

La lucha por la soberana democrtica y popular alcanza su punto culminante con la revolucin de octubre de 1917. Esta revolucin marca un hito, al identificar la soberana popular con la conquista y gestin del poder poltico por la clase trabajadora. Dicha soberana debera coincidir, como escribe Lenin en El Estado y la revolucin, con la demolicin de la maquinaria estatal y su reconstruccin sobre otras bases, es decir, con la participacin de los trabajadores en la gestin del propio Estado. La mxima ampliacin del concepto de soberana democrtica y popular queda resumida en la famosa frase de Lenin sobre el Estado y la cocinera:

No somos utpicos. Sabemos que cualquier pen o cocinera no son capaces de participar inmediatamente en la administracin del Estado. () Pero exigimos que se rompa de inmediato con el prejuicio de que solo unos funcionarios ricos o de familias ricas pueden gobernar el Estado, desempear el trabajo corriente, diario, de administracin. Exigimos que los obreros y los soldados conscientes aprendan la administracin del Estado y que esta formacin empiece ya; en otras palabras, es hora de hacer que todos los trabajadores, todos los pobres, participen en dicha formacin.

Pero la etapa histrica en que se implanta el primer Estado obrero de la historia es tambin la etapa de la crisis estructural del capitalismo, la acentuacin de la tendencia al expansionismo imperialista y la guerra mundial entre imperios nacionales. En estas condiciones de emergencia continua, la soberana democrtica se restringe cada vez ms y el poder econmico se concentra en unas pocas manos, es decir, en las grandes empresas monopolistas, hasta la eliminacin de la forma estatal liberaldemcrata, sustituida en algunos pases por el fascismo.

Al trmino de la Segunda Guerra Mundial la participacin de la Unin Sovitica y los partidos de izquierda, demcratas radicales, socialistas y sobre todo comunistas, fue decisiva para la derrota del nazifascismo. En efecto, los partidos comunistas desempearon un papel determinante en la primera posguerra, sobre todo en Francia, donde el PCF fue durante algn tiempo el partido ms importante, y en Italia, donde le PCI no tard en ser la segunda fuerza poltica, posicin que mantuvo durante dcadas. Por consiguiente, las relaciones de fuerza entre las clases sociales que surgieron de la guerra fueron favorables a la clase trabajadora en toda Europa. Las constituciones antifascistas reflejan estas relaciones de fuerza y asumen una mediacin pluralista entre las fuerzas polticas y los intereses de clase que representan. Por algo J. P. Morgan, en 2013, sostuvo que eran incompatibles con la UEM. Aunque dejan a salvo el predominio de las relaciones de produccin capitalistas, poco a poco se amplan la presencia estatal en la economa y el rea de produccin de servicios pblicos fuera del mercado. Aunque la clase dominante detenta el poder poltico, es un poder limitado por el carcter democrtico y popular de la soberana, que en Italia tiene su expresin en la forma parlamentaria de gobierno y en el sistema electoral proporcional, en cuyo seno operan los partidos organizados y de masas de los trabajadores. Pero no tardan en aplicarse medidas que tienden a limitar la soberana democrtica, como sucede en Francia donde, adems de la eleccin directa del presidente de la repblica, se implantan sistemas electorales mayoritarios que ponen coto a la fuerza electoral del PCF.

Europa como instrumento de la lucha contra la soberana democrtica y popular

Pero es la integracin europea la que, ya desde antes del cese de las hostilidades blicas, se considera el mejor antdoto contra las relaciones de fuerza favorables a la clase trabajadora y sobre todo al auge de las fuerzas comunistas. Esta intencin se aprecia claramente incluso en el Manifiesto de Ventotene de Altiero Spinelli, Ursula Hirschman, Eugenio Colorni y Ernesto Rossi, que se considera el punto de referencia del europesmo de izquierdas: Una situacin en la que los comunistas fueran la fuerza poltica dominante no supondra un desarrollo en sentido revolucionario, sino el fracaso de la renovacin europea. El Manifiesto de Ventotene est basado en las ideas econmicas de Alfred Hirschman, hermano de Ursula y cuado de Eugenio Colorni. Hirschman era un judo alemn que emigr a EEUU, donde lleg a ser un alto funcionario de la FED. A su juicio, el nazismo es fruto de la poltica de potencia basada en la expansin comercial exterior, basada a su vez en la soberana econmica nacional. Por tanto la solucin es eliminar la soberana nacional, sustituyndola por la Europa del comercio libre. Era una idea coherente con los objetivos de reconstruccin del mercado mundial e inclusin de Europa en el sistema de relaciones dominado por Estados Unidos, y no en vano opuesto a cualquier intento de abolir la propiedad privada y estatizar la economa, a los que define, respectivamente, como principio totalmente doctrinario y primera forma utpica de las luchas obreras, destinadas inevitablemente a degenerar en un sistema opresivo burocrtico.

Pero el manifiesto, en realidad, propone una solucin equivocada a un problema equivocado, porque se refiere a una situacin ya vieja, eliminada justamente por la guerra. La forma de capitalismo que emerge de la Segunda Guerra Mundial y recibe el impulso de la reorganizacin estadounidense de la acumulacin mundial ya no es la autrquica de los imperios nacionales cerrados de los aos treinta y cuarenta. Al trmino de la Segunda Guerra Mundial se reanuda la expansin del mercado mundial, tras la interrupcin causada por las dos guerras mundiales del siglo XX. Durante toda una etapa del capitalismo, la acumulacin de las empresas, incluso de las que ya eran multinacionales, se produjo sobre todo a nivel domstico. A partir de finales de los ochenta, en cambio, la acumulacin se lleva a cabo mediante economas de escala y cadenas del valor a nivel global. De todos modos, aunque quisiramos dar por buena la tesis de Hirschman a pesar de su desfase, la potencia que era blanco de su crtica, Alemania, es justamente la que ha reafirmado su hegemona, aunque esta vez lo ha hecho eliminando la soberana econmica nacional a nivel europeo. Paradjicamente, la integracin europea, al fomentar el modelo neomercantilista alemn basado en las exportaciones, ha acabado consolidando la poltica de potencia mediante el comercio exterior, justo lo contrario de lo que quera Hirschman.

La lucha contra las relaciones de fuerza y polticas establecidas en la posguerra se relaciona estrechamente con la defensa de la alianza con Estados Unidos y por tanto con la OTAN. Joseph Retinger, fundador del Movimiento Europeo, promotor de la Unin Europea, fue tambin el inspirador del Grupo Bilderberg, organizacin de las lites atlnticas (Estados Unidos, Canad y Europa Occidental), que los medios sensacionalistas suelen presentar como un mero grupo conspirativo. Pero el Bilderberg es ms que eso, pues se trata de una organizacin que engloba a algunos representantes destacados del capitalismo transnacional, responsables polticos (sobre todo jefes de estado y de gobierno y ministros econmicos), directivos de grupos industriales multinacionales e instituciones financieras, amn de intelectuales de las universidades privadas y laboratorios de ideas vinculados a corporaciones, para dar orientaciones que permitan afrontar, desde su punto de vista, problemas de importancia vital.

El informe de la conferencia del Bilderberg celebrada en Buxton en 1958, revelado por Wikileaks, demuestra que ya entonces los mecanismos aplicados despus por la UEM eran el objetivo poltico de las lites econmicas del momento. Por Italia participaron en la conferencia, entre otros, Gianni Agnelli, Alberto Pirelli y Guido Carli; este ltimo sera uno de los padres del euro.

Uno de los mayores obstculos con que tropieza la Comunidad Econmica Europea es el de la coordinacin de las polticas monetarias. () Como ha puntualizado uno de los participantes, la integracin de los Seis requiere coordinacin en todos los campos de las polticas econmicas. Esta es, se mire como se mire, la mayor debilidad del Tratado. La poltica monetaria est estrechamente relacionada con los presupuestos nacionales, y la disciplina presupuestaria es notoriamente difcil de alcanzar. Los ministros de Hacienda suelen ser ms razonables y en ocasiones podran aceptar presiones externas, pero es mucho ms difcil convencer a los parlamentos nacionales. El que habla duda de que a largo plazo pueda resolverse el problema sin un mecanismo institucional apropiado. Otro participante tambin aborda este aspecto y propone una moneda comn como solucin definitiva.

Queda claro, pues, que se trata de modificar la relacin entre los poderes del Estado, sorteando el poder de los parlamentos y favoreciendo el de los ejecutivos. Porque mientras los primeros, mediante el sufragio universal, expresan los intereses del pueblo y por tanto, aunque con limitaciones, tambin los de las clases subalternas, la formacin y la accin de los segundos los hace ms permeables a los intereses de las lites capitalistas. Lo que est en juego, en sustancia, es la gobernabilidad o ms bien de su falta, asunto que fue el leitmotiv del debate poltico italiano desde finales de los aos setenta hasta los noventa, centrado en la crtica a la Primera Repblica. Tambin es un asunto central en el planteamiento de la Trilateral, organizacin hija del Bilderberg fundada en 1973 por personajes del calibre de Gianni Agnelli, David Rockefeller y Henri Kissinger. Para entender mejor lo que sigue, recordemos que estamos en una poca (la comprendida entre finales de los aos sesenta y mediados de los setenta) en que los movimientos sociales y juveniles estn a la ofensiva en todos los pases avanzados. En 1975 la Trilateral celebr su conferencia anual en Tokio. Michel Crozier por Europa y Samuel Huntington, futuro terico del choque de civilizaciones, por Estados Unidos, redactaron el documento introductorio de significativo ttulo Crisis de la democracia.

La democracia est en crisis se dice en este documento porque hay un exceso de democracia: las clases populares han conquistado un poder excesivo y sus demandas, cada vez mayores, disparan el gasto pblico. Se hace necesario, por tanto, reducir la democracia y la participacin en la vida poltica de las clases subalternas, para las que se propone una sana apata poltica, traducida en abstencin de votar:

La democracia solo es uno de los modos en que se establece la autoridad, y no tiene por qu ser un mtodo aplicable universalmente. () Las esferas en que los procedimientos democrticos funcionan bien son limitadas. () El funcionamiento eficaz de un sistema poltico democrtico requiere, por lo general, cierta dosis de apata y falta de compromiso de ciertos grupos.

La edicin italiana tiene una introduccin de Gianni Agnelli sobre la gobernabilidad. Porque la solucin para el exceso de democracia es la gobernabilidad, o sea, la preponderancia de los ejecutivos sobre los parlamentos. Pero cmo llevar a cabo una transformacin del modo de gobierno y el modo de control social en la situacin europea, donde los mecanismos de la soberana democrtica y popular son mucho ms fuertes que en Estados Unidos y donde la intervencin pblica en la economa y en la sociedad se reforz, justamente, entre los aos sesenta y setenta? La respuesta de Crozier a esta pregunta es el proceso de unificacin europeo y la reduccin del poder del Estado central:

La interdependencia europea obliga a las naciones europeas a afrontar el imposible problema de la unidad. Una Europa unida ha sido durante mucho tiempo el ideal que ha permitido mantener el impulso para superar los modos de gobierno obsoletos que prevalecen en los sistemas estatales nacionales. Pero los promotores de la unificacin europea titubearon demasiado frente al grave obstculo del poder del Estado central, que las crisis actuales han reforzado, para que quepa esperar esta unificacin en un futuro inmediato. No obstante, la apuesta por una capacidad europea comn sigue siendo indispensable no solo para el progreso de Europa en su conjunto, sino tambin para la capacidad de superar sus propios problemas.

Fue as como desde los aos ochenta el vnculo europeo fue un instrumento para aprobar medidas a las que las instituciones nacionales no habran dado su visto bueno. Significativamente, varios aos despus de la Conferencia de Tokio y como confirmacin de lo que propona Crozier, Guido Carli, ministro de Comercio Exterior y sobre todo gobernador, durante quince aos, del Banco de Italia, se expresara as: La Unin Europea ha sido una va alternativa para la solucin de unos problemas que no logrbamos afrontar por las vas ordinarias del gobierno y el parlamento.

Pero fue con la introduccin de la moneda nica que la soberana democrtica y popular qued fuertemente restringida, hasta reducirse a la mnima expresin y desaparecer. El mecanismo institucional creado, la moneda nica y el Banco Central Europeo, hurta el control de la poltica monetaria a los Estados y les obliga a una disciplina presupuestaria cuyos lmites estn establecidos en los tratados europeos. En estas condiciones y ante semejante cerrojo, los parlamentos han quedado de hecho despojados de gran parte de sus poderes. Por si fuera poco, la obligacin del equilibrio presupuestario se ha introducido en la constitucin italiana con el artculo 81 que, de hecho, est en contradiccin flagrante con otras partes de la carta magna.

Un aspecto que confirma hasta qu punto el euro es, sobre todo, un proyecto poltico y como tal la concrecin del plan urdido por la Trilateral para lograr la gobernabilidad es el papel preponderante de los ejecutivos nacionales en los mecanismos de gobernanza europea. En las instituciones europeas la funcin decisiva corresponde al Consejo Europeo, formado por los jefes de gobierno y de Estado de la UE, que define las orientaciones generales y las prioridades polticas de la Unin, decide la poltica exterior y nombra y elige a los candidatos a cargos de alto nivel, como los de la Comisin Europea y el Banco Central Europeo. El Consejo de la Unin Europea, en cambio, es la sede donde debaten los ministros de los gobiernos nacionales competentes en el asunto que est en discusin. El proceso legislativo pone de manifiesto la centralidad del ejecutivo europeo, la Comisin Europea (cuyos miembros son nombrados por el Consejo Europeo), que prepara las proposiciones de ley. Leyes que se tramitan en el Consejo de la Unin Europea y el Parlamento Europeo, este ltimo con unas funciones mucho ms limitadas, por tanto, que cualquier parlamento nacional: no propone leyes, se limita a aprobarlas. Adems comparte con el Consejo su facultad de aprobar el presupuesto de la UE. Una UE que, de hecho, es sobre todo una organizacin intergubernamental y depende de las relaciones de fuerza que se establecen entre los ejecutivos nacionales, que representan los intereses de la lite capitalista internacionalizada.

Las funciones econmicas que se delegan son las referentes a la poltica monetaria y la poltica presupuestaria y por tanto econmica que, segn los tratados, es competencia de la UE. En realidad, dadas las condiciones de falta de autonoma presupuestaria y monetaria, un pas no puede desarrollar una autntica poltica industrial independiente. En sustancia, las funciones delegadas a las instituciones europeas permiten eliminar justamente ese exceso de democracia que las lites europeas sealaban como un peligro para la gobernabilidad y para el control presupuestario y de la poltica econmica, evitando as influencias democrticas inconvenientes. En este sentido la UE es una jaula que obliga a los gobiernos, en el caso de que tomasen iniciativas contrarias a los tratados, a respetar su sustancia.

Frente a la delegacin de estas funciones econmicas, hay otras funciones, decisivas para la caracterizacin de un Estado como tal, que no se delegan a escala europea sino que, como mucho, se coordinan de un modo casi siempre poco eficaz y limitado. Me refiero, en particular, a las funciones de ejercicio de la fuerza y a la poltica exterior, elementos fundamentales de la soberana nacional. Pese a algunas formas embrionarias en las fuerzas armadas, con un valor ms que nada propagandstico, y pese a algunas posiciones a nivel de la UE sobre la poltica internacional, los Estados nacionales mantienen su actuacin en el campo militar, diplomtico y de inteligencia dentro de estrictos lmites de autonoma. Prueba de ello es el caso de Francia, muy autnoma en su activismo reciente, sobre todo militar en Libia y el frica subsahariana, y sobre todo diplomtico frente a Rusia y Estados Unidos.

A mi entender, una unin estatal europea completa no es nada conveniente, porque estara sometida al gran capital europeo y desembocara en un superestado imperialista. Pero es una posibilidad muy improbable, porque la construccin europea obedece a otros objetivos, internos y de clase, de los Estados europeos. La UEM no supone el fin del Estado nacional, que incluso refuerza algunas de sus funciones, sino, si acaso, su modulacin. Es el instrumento para resolver definitivamente, en beneficio de las lites capitalistas, el problema de la soberana democrtica, y por tanto para volver a definir a su favor, de una vez por todas, las relaciones polticas de clase. Esta condicin es necesaria para reorganizar la acumulacin capitalista, que lleva ya tiempo en una fase estructural de crisis secular debido al exceso de acumulacin de capital y tiene que lidiar con un mercado capitalista mundial cada vez ms competitivo.

La salida de la UEM y la UE no es ningn factor de regresin histrica, como piensan los que confunden el terreno de la UE con el terreno progresista de la construccin del internacionalismo y el fin del nacionalismo. Es la Unin Europea la que representa la mayor regresin histrica desde la poca de la Restauracin. El concepto de soberana da un salto atrs, salta dos siglos de historia y se sita en las democracias censitarias, dominadas por las lites econmicas, o incluso directamente en el ancien rgime, con una vuelta a la poca de la soberana absoluta. Una soberana absoluta que se zafa del control popular gracias a los mecanismos del mercado, en apariencia automticos, y a la preponderancia de los ejecutivos nacionales, elegidos a menudo con sistemas fuertemente mayoritarios.

Traduccin de Juan Vivanco

Fuente: http://www.elviejotopo.com/articulo/soberania-estado-y-relaciones-entre-clases-en-la-epoca-del-euro/



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