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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2018

A la vista de Sochi

James Snell
Al-Jumhuriya English

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.



 

Tras semanas de amenazas y pronsticos, a los seres humanos que en estos momentos pueblan Idlib les ha sido concedido un aplazamiento en la ejecucin de su sentencia. El rgimen de Bashar al-Asad y sus patrocinadores rusos no van a arrasar, por ahora, la provincia nortea bombardendola hasta convertirla en montaas de escombros. Han retrasado, que no cancelado, su ofensiva inicial.

La razn oficial de este no comienzo de hostilidades fue un acuerdo firmado entre Rusia y Turqua, pocos das despus de que las conversaciones que incluan a los dos pases citados y a Irn parecieran concluir sin concierto alguno.

Las supuestas conversaciones de paz de este tipo presentan sus propios peligros, ya que el asesinato masivo en Siria se evitaba o se haca ms probable en funcin de una conferencia tan slo integrada por dirigentes autoritarios extranjeros.

En cualquier caso, merece la pena que examinemos el contenido del acuerdo y ver si ofrece alguna causa justificada para el optimismo.

Turqua y Rusia van a patrullar la zona-tampn recin creada en la frontera de la provincia. Esta estipulacin trata, en parte, de impedir cualquier brote de violencia no autorizada. Pero el lenguaje del acuerdo contiene otro enfoque: la lucha contra el terrorismo en la provincia de Idlib.

Puede que una leve digresin resulte ilustrativa.

La palabra terrorismo ha servido bien al rgimen y a sus aliados en el pasado. La intervencin directa de Rusia en la guerra siria en 2015, se formul siempre en trminos de actividad contraterrorista aunque, en todo caso, los aviones de combate y las tropas rusas acabaran arremetiendo contra la principal corriente de la oposicin. Del mismo modo, el rgimen ha tildado persistentemente de terroristas a todos sus enemigos internos.

Los ceses el fuego del pasado cayeron en el absurdo a causa del mismo juego de manos lingstico. Como tales acuerdos contenan una clusula que permita a todas las partes continuar combatiendo a los grupos terroristas, la matanza continu en gran medida sin restricciones y sin cambios. El ejemplo de Ghuta oriental, que dispuso de un intil alto el fuego antes de ser invadida, atestigua este patrn.

En Idlib, el antiterrorismo performativo exhibe una fachada de apoyo fctico. Hay'at Tahrir al-Sham (HTS), la organizacin sucesora del Frente Nusra y sucursal en Siria de al-Qaida, est presente -y plenamente activa- en la provincia.

HTS ocupa una posicin central en el acuerdo ruso-turco. En un uso memorable del pasivo, The Guardian informaba que se espera que los combatientes pertenecientes a HTS evacuen la zona-tampn y, por ltimo, la provincia. An no se sabe con certeza cmo este plan va a venderse a un grupo terrorista con poco respeto por los acuerdos internacionales: el grupo dijo el lunes que hara conocer pronto su posicin oficial, aunque sus miembros de alto rango han denunciado ya el pacto a nivel individual.

Si HTS insiste en permanecer donde estn, la violencia aplazada de un rgimen y la ofensiva rusa siguen estando presentes, listas para llevarse a cabo. Faysal Itani ha hecho ver que este punto es ms que real al sugerir que las hostilidades pueden reanudarse con ese pretexto si HTS no se evapora antes del 15 de octubre. En esto, el acuerdo de Idlib se asemeja a otros ceses el fuego en Daraa y Ghuta, que se ignoraron o se vinieron abajo invariablemente bajo el peso de una campaa blica constante.

Hay razones para considerar que este acuerdo es otro ejemplo de prevaricacin disfrazada de paz.

No obstante, puede que la ofensiva inmediata se haya aplazado por razones de necesidad prctica. El rgimen lleva aos sufriendo una escasez constante de efectivos. Sus fuerzas armadas estn operando por debajo de su capacidad, teniendo que depender de turbas reunidas por el rgimen y milicias de importacin y organizacin extranjeras. Sus hombres estn cansados ​​y sus lneas estn sobrecargadas. Roy Gutman seala que no es probable que el rgimen pueda reunir ms de 30.000 soldados para una ofensiva contra una provincia que contiene decenas de miles de rebeldes, muchos de ellos deportados de otros frentes de batalla como parte de acuerdos conseguidos tras rendirse, algunos de los cuales como consecuencia del amplio apoyo turco; adems de los yihadistas curtidos en la batalla que la propaganda del rgimen tanto destaca.

No sera extrao que la anunciada ofensiva no se produjera. Esta posibilidad queda reforzada por el aspecto sealado por Itani de que es probable que el acuerdo se base en la convergencia ruso-turca establecida sobre la base de una alineacin de intereses. El presidente de Turqua, Recep Tayyip Erdogan, no fue el nico en pronosticar un bao de sangre en Idlib, pero tambin encontr su propio nicho global al condenarlo. Impedir la inevitable masacre sirve a los intereses de Erdogan, tanto militar como polticamente.

El rgimen de Asad, clientelista de Rusia, tiene sus propias razones para aceptar detener temporalmente su campaa para dominar cada centmetro del pas, una frase que no slo hundi los altos el fuego anteriores, sino que demostr ser parte de una estrategia consciente de conquista. Esto se pone en evidencia en los informes de que el acuerdo ruso-turco es una victoria incruenta para el rgimen, que incluye facilitar la reapertura de las autopistas M4 y M5, que conectan Latakia y Saraqib, y el sur de Siria y la frontera turca. Estas carreteras, cerradas durante cuatro aos, son fundamentales para los planes del rgimen de remodelacin econmica, adems de la proyeccin de su poder poltico.

Toda esta charla respecto al inters mutuo en evitar la guerra tiene sus lmites. La cooperacin ruso-turca no impidi la agresin del rgimen en contravencin de los ceses del fuego del pasado; y el Estado ruso ha demostrado su disposicin a reforzar la capacidad de agresin del rgimen.

Cortar Siria en pedazos y crear zonas-tampn no puso fin a la violencia en el pasado, simplemente la pospuso. No hay ninguna razn para pensar que este acuerdo tenga ms posibilidades de mantenerse que sus predecesores. El patrullaje conjunto de Turqua y Rusia no es garanta de paz. Incluso las reas bajo la proteccin directa de Estados Unidos han sido objeto de ataques prolongados y firmes por parte de las fuerzas del rgimen y las milicias aliadas. La agresin fundamental del rgimen y la falta fundamental de intenciones pacficas no se ven socavadas por su debilidad ni porque los poderes circundantes adopten una postura temporal de pasividad.

Uno siente la existencia de un trasfondo en el cauteloso optimismo que algunas organizaciones de derechos humanos y de ayuda humanitaria han expresado desde que se anunci el acuerdo: alivio. Ese alivio es autntico, pero bien poco significa para el futuro del pas.

En una guerra que ha durado tanto tiempo ya como la de Siria, que ha llegado a esa etapa de degradacin, cualquier resultado que no incluya una masacre en un plazo inmediato, encuentra una positividad nerviosa. Esto es comprensible, pero tambin es una trampa que hace que una crisis pospuesta parezca un problema resuelto.


James Snell es un escritor britnico. Ha colaborado con The Telegraph, National Review, Prospect, History Today, The New Arab y NOW Lebanon, entre otras publicaciones. Twitter: @James_P_Snell.

Fuente: https://www.aljumhuriya.net/en/content/sight-sochi

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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