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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-10-2018

La soledad del pueblo Ixil

Ilka Oliva Corado
Rebelin


Cuando nos envuelve la nostalgia escuchando Luna de Xelaj, la chirima y el tum, o cuando nos maravillamos con los gigantescos barriletes de Santiago Sacatepquez. Cuando los multicolores de las vestimentas de los Pueblos Originarios nos dejan sin voz, anonadados; de pronto nos entra un no s qu muy parecido a un orgullo por la Guatemala multicultural. Es lo que exportamos: algo a lo que llamaron folclore.

Los Pueblos Indgenas son utilizados para eso, para ser el folclore de Guatemala ante el mundo. Esas vestimentas de los Pueblos Indgenas aparecen en mantas, servilletas, carteras, morralitos, manteles que nos llevamos en caso que nos vallamos a vivir al extranjero o regalamos en caso llegue visita del extranjero.

La marimba, a quin no le ha emocionado la marimba? Tan propia, decimos, de los guatemaltecos. Las postales de nias indgenas vendiendo pulseras o vestimentas de sus pueblos, las pinturas de paisajes del occidente del pas, hechas por manos indgenas. Esa versin romntica de la Guatemala racista.

Lindas las postales de las nias que en lugar de ir a la escuela venden en las calles de poblados tursticos. Qu importa que no vayan a la escuela, las postales estn hermosas!

El atol blanco, quin no ha tomado un atol blanco? Tan nuestro, decimos. Y no digamos ver a la delegacin de deportistas guatemaltecos representando al pas en Juegos Olmpicos, con su uniforme que lleva decoracin de vestimenta de los Pueblos Indgenas, qu orgullo y emocionados nos brotan las lgrimas! Hasta ah todo hermoso con los Pueblos Originarios, pero la historia es distinta cuando estos exigen sus derechos.

Entonces la Guatemala racista que conformamos, explota, sus largos brazos de impunidad tratan de ahogar las voces de quienes por derecho son los dueos de la tierra. Y esas nias hermosas que venden en los poblados tursticos se multiplican y van a dar a casas particulares: al trabajo esclavo, van a dar a las maquilas, a las tortilleras, esos nios lindos que aparecen en las pinturas del occidente del pas, van a dar a las abarroteras, a los campos de cultivo, a cargar costales de basura en mercados como La Terminal.

Entre menos castellano hablen es mejor porque as no entienden de su explotacin, ni de salarios ni de derechos. Entonces los sacamos del folclore y los convertimos en los indios patas rajadas, haraganes que nos avergenzan, a nosotros que nos creemos descendientes de europeos: ms prietos que una piedra de moler.

Y somos los opresores, quienes les escupen en sus rostros, quienes como amos quisiramos flagelar sus lomos curtidos, romper sus manos con un martillo, violar a las nias y mujeres, esclavizarlas y apropiarnos de sus vidas, cmo dueos dspotas! Y obligarlos a que nos digan: s, patrn!

S, quisiramos ser los patrones de los Pueblos Originarios, claro que s. Aduearnos de sus pensamientos, de sus sueos, de sus vidas. Inmovilizarlos y que solo respondieran al chasquido de nuestros dedos o a nuestros golpes. S, quisiramos ser la versin europea de la esclavizacin. Revivir los tiempos y quedarnos ah, como los beneficiarios del sometimiento. Quisiramos ser los oligarcas que por cretinos nos utilizan para sus beneficios.

Somos esa sociedad carente de identidad, nuestra conciencia es una burbuja flotante en un ro de aguas negras, sin escrpulo alguno. Los hemos dejado solos, desde siempre. Los ametrallaron, los violaron, los desmembraron, los torturaron, los desaparecieron, los asesinaron y seguimos negando la dictadura y el genocidio. Lo negamos por racismo, por clasismo, por mediocridad.

Los negamos porque queremos estar del lado del opresor y no del oprimido, porque pensamos ingenuamente que estando del lado del opresor jams nos oprimirn. Creemos que pertenecemos a una raza superior, que nuestro gen es distinto, que somos el agua destilada.

Nuevamente, por segunda vez un tribunal confirma con hechos comprobados que hubo genocidio en Guatemala, y nosotros de nueva cuenta: avaros, insolentes, insensibles y racistas volvimos a dejar solo al pueblo Ixil.

Todo un proceso; de nueva cuenta revivir el dolor, los testimonios, los recuerdos, el infierno. Y los dejamos solos. No estuvieron los flamantes estudiantes universitarios que cuando son manifestaciones por corrupcin lanzan bocanadas y se revuelcan para que los medios de comunicacin se acerquen y les tomen fotos y los entrevisten y entonces creerse intocables e inmortales: lo mejor de Guatemala, de la juventud, del la historia del pas.

Son las marionetas que salen a manifestar por corrupcin pero que siguen negando el genocidio, la masa amorfa que la oligarqua maniobra a su antojo.

Nos creemos el agua destilada y apenas somos el agua de calcetn en un ro de aguas negras. No merecemos a los Pueblos Originarios que embellecen Guatemala, que son nuestra identidad, nuestra raz, que son la vid. Nos merecemos no morir nunca y padecer para la eternidad las mismas vivencias que ellos tuvieron en la dictadura, y que vengan otros como nosotros hoy: a escupirnos en la cara, a llamarnos indios patas rajadas, a deshonrarnos, a esclavizarnos. A decir que nos lo merecamos por nuestro origen, que mejor nos hubieran extinguido. Tal vez as, conoceramos la sensibilidad, al conocer el dolor del otro y hacerlo propio y que ese dolor nos despertara en indignidad y supiramos que somos uno solo y que el enemigo no son los Pueblos Originarios, sino quienes han intentado separarnos.

Pero qu va, es pedirle demasiado a una sociedad podrida, egocntrica, racista y pestilente a ro de aguas negras.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

@ilkaolivacorado

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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