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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2018

Capitalismo antiglobi?: el ltimo cartucho del poder global estadounidense

Isidro Lpez
El Salto

La muy izquierdista inercia a asumir que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ya est llevando a no pocos elementos izquierdistas a encerrarse en la lgica de una vuelta al Estado-nacin.



Bolsa de Nueva York

La Bolsa de Nueva York. Foto de Royal Olive.

 

En una escena de la aclamada pelcula sobre tornados asesinos Twister, dos protagonistas, el hroe y una adolescente, se dirigen al corazn de un tornado de enormes dimensiones cuando ven una vaca volando por los aires. Al cabo de un rato ven lo que parece ser otra vaca llevada por el viento. Otra vaca!, exclama la adolescente alarmada, a lo que el hroe, con la mirada clavada en el horizonte, responde de manera tajante Es la misma!. El bvido haba estado dando vueltas en crculo llevado por los vientos del tornado poniendo a prueba nuestra tendencia a ordenar los acontecimientos en secuencias progresivas.

Algo parecido sucede con las crisis capitalistas: cuando se resienten los mecanismos por los que ha sido posible gobernar el mundo: globalizacin, financiarizacin y neoliberalismo, aparecen primero fuertes ecos de las crisis financieras de 1988, 1998 y 2007, y, finalmente, los mismos elementos centrales de la crisis de 1973, una profundsima crisis de rentabilidad en la esfera de la produccin provocada por un exceso de capacidad productiva que no ha hecho sino intensificarse desde mediados de los aos 80.

Y pegada a la crisis de beneficios aparece una fuerte crisis poltica y social. Sin procesos productivos rentables y sin productividad del trabajo, sin beneficio ni excedente, el capitalismo no tiene elementos para mantener con unas mnimas garantas el orden poltico y social que necesita para reproducirse. El expolio financiero que ha gobernado el mundo capitalista reciente plantea un escenario poltico que necesita de niveles crecientes de coercin y control, las finanzas no estn en condiciones de ofrecer un reparto de la riqueza porque no se alimentan exclusivamente de la creacin de nuevos beneficios en la produccin, ni siquiera principalmente.

El poder de las finanzas reside en su capacidad de controlar la riqueza ya producida, esto es, un poder propiamente poltico de apropiacin de lo ya existente, que le da un amplio margen de desenganche frente a la produccin pero, a cambio, necesita de un enfrentamiento casi constante con la inmensa mayora de la poblacin del mundo capitalista y, muy especialmente, contra lo que era la base de la legitimidad del capitalismo: el horizonte de ascenso social y la constitucin de una clase media global estable en los pases del centro capitalista.

Las finanzas son una fuerza nihilista en trminos sociales, son mquinas de golpear poblaciones y apropiarse riqueza independientemente de sus consecuencias polticas. Decimos de nuestros estados que son "neoliberales" porque estn sometidos casi por completo a los mandatos de las finanzas. El margen de movimiento ms all del clsico programa de control salarial, privatizacin y recorte de la propiedad pblica del Estado es el que coyunturalmente otorguen las finanzas.

Lo ms parecido a un modelo social moldeado por el Estado neoliberal son las grandes burbujas inmobiliarias anteriores a la crisis de 2007, ah Espaa estuvo a la vanguardia del mundo capitalista, y tambin lo estuvo a la hora de comprobar qu sucede cuando el experimento falla: la estructura social entera se desploma a una velocidad de vrtigo y una crisis poltica, en este caso el 15M, cuestiona directamente el poder transnacional de las finanzas. Slo gracias a una combinacin de gigantesco sostenimiento de los mercados financieros por parte de los bancos centrales y de renacionalizacin de la esfera poltica, se ha podido reconducir, de manera muy inestable, el agua al molino de las finanzas.

A da de hoy, despus de casi una dcada de sostenimiento del capitalismo mundial por parte de los bancos centrales de los pases ricos mediante polticas de fuerte expansin monetaria, el capitalismo actual sigue sin dar ms sntomas de dinamismo productivo que los que ofrece el saqueo sistemtico de las finanzas. Uber, Tesla, Facebook o Twitter, buques insignia del nuevo ciclo de acumulacin, se parecen ms a un prncipe nigeriano en apuros que, con un poco de ayuda monetaria por parte del receptor del email, le har millonario, que a aquello que fueron y significaron General Motors, Mitsubishi o BASF, por poner algunos ejemplos, durante las dcadas en que la organizacin industrial daba forma tanto al poder capitalista como al contrapoder obrero.

EL CAPITAL EST EN VIAJE DE NEGOCIOS

Dice el gegrafo David Harvey que el capitalismo crea una geografa a la medida de sus necesidades de acumulacin. Esto fundamentalmente quiere decir que cuando el capital se siente confinado en un espacio concreto y entiende que ese confinamiento est acarreando menor poder para explotar la produccin social y convertirla en beneficio, destruye esa configuracin espacial para generar otra desde la que recuperar el mximo poder posible.

La destruccin de las antiguas jurisdicciones medievales, la creacin del sistema de Estados, la colonizacin, el imperialismo, la guerra fra y el tercer mundo, y finalmente, la globalizacin, han sido distintos momentos de asercin del poder del capital frente a los muy distintos contrapoderes que le han hecho frente, y que siempre han adolecido de falta de movilidad, han estado condenados al confinamiento en un espacio local, regional o nacional.

Esta capacidad de pasar por encima de las fronteras existentes, o de crear otras fronteras cuando las anteriormente creadas ya no sirven, ha sido la fuente histrica por excelencia del formidable poder que ha llegado a acumular el capitalismo sobre todo el mundo.

Pues bien, tan lleno est el mundo de capitalismo que se ha quedado sin sitios a los que huir cuando entra en crisis, y en crisis, alternando fases agudas y crnicas, lleva desde 2007. Se ha quedado sin sitios a los que huir, lugares en los que se den las condiciones necesarias para relanzar a mayor escala el proceso de acumulacin.

China fue el escenario de la ltima gran huida, un pas de millones de habitantes, con una reserva interna de fuerza de trabajo rural que pareca inagotable pero tambin con gigantescas economas urbanas relativamente cualificadas y, muy importante, bajo el mando poltico unificado del Partido Comunista Chino, algo especialmente valioso para un capitalismo que hua de los fortsimos episodios de luchas de clases posteriores a 1968, y encontr su refugio en un comunismo estatalizado y en vas de una nueva burocratizacin tras los aos de la delirante revolucin cultural maosta.

Para la potencia capitalista hegemnica desde hace cien aos, Estados Unidos, pactar un modelo de entendimiento con Deng Xiaoping signific el acceso a esas valiossimas condiciones para la reproduccin capitalista de un plumazo. Esas condiciones no se dan hoy en ningn otro lugar, ni en frica, ni en la Antrtida, ni en Retuerta del Bullaque. Lugares, todos ellos, que, aunque algunos tengan poblacin, otros recursos y otros espacios vacos, ya tienen otras funciones asignadas en el mundo capitalista.

LO QUE EL VIENTO (FINANCIARIZADO) SE LLEV

El gigantesco medio oeste americano, es el gran espacio simblico trumpista del desgarramiento de Estados Unidos como nacin. La tierra de los pioneros, donde se encontraron abundancia de tierras y espritus indmitos (y unos pocos indios a los que hubo que sacar de plano porque estropeaban el relato patritico fundacional) es ahora lugar plagado de enormes extensiones de cultivos no rentables y fbricas decadentes.

En el imaginario trumpista la decadencia y la pobreza creciente de este territorio no es asimilable a la gigantesca pobreza urbana de Estados Unidos, a la que sigue representando como minoras tnicas irresponsables y adocenadas que slo saben esperar ociosamente a que pap Estado les pague un subsidio de desempleo, el mdico o la recogida de basuras.

En el medio oeste viven americanos blancos de pura cepa a los que los burcratas de Washington habran vendido, dejando que la produccin se fuera a China y que los empleos internos los tomase una horda de invasores latinoamericanos. La solucin: intentar reafirmar el poder estadounidense mediante el uso de aranceles que encarezcan las importaciones a Estados Unidos y cerrar la frontera Sur, con el meme del muro en la frontera mexicana como imagen central.

Lo cierto es que, ms all de este western crepuscular, el seguimiento de lo que realmente ha sucedido en trminos econmicos es revelador de los lmites, pero tambin de los peligros de la apuesta del gobierno de Trump. En un primer momento intent la va clsica, la depreciacin del dolar para favorecer las exportaciones de las que dependen estos territorios. El mecanismo acostumbrado para obtener ventajas competitivas temporales entre los componentes de la llamada triada (Estados Unidos-Alemania/EU-China/Japn) donde se sitan los puestos avanzados del orden capitalista actual. Pero esto le trajo inmediatamente un serio aviso de las finanzas de Nueva York y Chicago: daar el dolar, significa perder millones en activos de todo el mundo denominados en la moneda americana.

De alguna manera, el mensaje estaba claro, la moneda imperial es menos imperial de lo que era, y solo se mantiene si los nmeros la soportan, ya no puede mantenerse slo por el poder poltico global de Estados Unidos. En la mayor sacudida de mercado vista desde la crisis, los bancos y casas de finanzas norteamericanos provocaron el pasado mes de febrero un desplome de todos los valores burstiles de Wall Street, al abalanzarse sobre los bonos del tesoro norteamericanos para provocar una subida de sus tipos de inters. Un recuerdo a Trump y los suyos de quin manda en este garito.

Con la leccin aprendida, asumiendo que el poder de las finanzas est muy por encima del gobierno de los Estados Unidos, la Alt-right se lanza a una nueva va: la guerra comercial frente a sus rivales econmicos. Y una vez en ese terreno, la apuesta no puede ser otra que la reordenacin geogrfica y poltica del mundo en un contexto de decadencia de la produccin capitalista, de implosin lenta pero segura de las sociedades capitalistas y de turbulencia poltica permanente. Todo esto sin tocar un pelo a los intereses de bancos, hedge funds y casas de finanzas, que en ltima instancia, son los agentes polticos que operan en nombre de las lites norteamericanas y globales.

El populismo liberal americano tiene un pasado de enfrentamiento con los grandes holdings financieros y de reivindicacin del pequeo empresario hecho a s mismo, que durante los ltimos aos del siglo XIX y primeros del siglo XX despert del sueo americano para encontrarse con el feroz oligopolismo de los Robber Barons. Este pasado volvi a emerger con Occupy Wall Street y la campaa de Bernie Sanders a la presidencia de los Estados Unidos, y lo hizo an en una forma ms radical que en el anterior cambio de siglo. Palabras como asamblearismo o socialismo sonaron en Estados Unidos en horario de mxima audiencia.

Lo que es ms, la deuda, cima de la responsabilizacin individual en un pas donde el perfil de crdito es el equivalente al nmero de la seguridad social, se puso en el centro del malestar de la poblacin estadounidense. Un endeudamiento interno astronmico que es comn a blancos, latinos, afroamericanos, mujeres, hombres, protestantes, catlicos, jvenes, viejos, urbanitas y agricultores. Algo tan inslito como potencialmente desestabilizador, y que enmarca la apuesta poltica de Trump, convencer al poder financiero y las lites globales, de que un mundo capitalista y americano slo es posible deshacindose de algunos elementos centrales de ese ordenamiento del mundo post-crisis de 1973 al que llamamos globalizacin.

No es ninguna casualidad que la ltima vez que Estados Unidos se declar proteccionista, en el periodo 1918-1939, con la crisis de 1929 de por medio, fuera para asestar el golpe de gracia al orden global liberal del siglo XIX dominado por Inglaterra, y presentarse al mundo como nueva potencia hegemnica capaz de dirigir una nueva oleada de expansin capitalista. Sus herramientas para hacerlo fueron las mismas que hoy pretende utilizar Donald Trump: el uso del arancel sobre las importaciones americanas y el cierre de fronteras. En su favor jugaba un ciclo capitalista ascendente contenido en un pas de tamao continental que no necesitaba el modelo colonialista para controlar el mundo.

Aquella apuesta se resolvi en un enfrentamiento con el otro aspirante a hegemn, Alemania, conflicto primero entre aparatos productivos nacionales y luego guerra entre potencias imperialistas. La victoria norteamericana en la guerra, la destruccin de capital que esta produjo fundamentalmente en Europa y la legitimacin interna que produjo el ensayo keynesiano-fordista posterior a la crisis de 1929 en un contexto de cierre de fronteras, allanaron el camino para el ciclo de expansin global de la posguerra bajo el indiscutible dominio americano del mundo capitalista. Hoy, sin embargo, aunque los mtodos sean los mismos, la apuesta estadounidense es agnica, quiz la ltima posible para poder seguir con el poder del mundo capitalista en sus manos.

MR. MARSHALL YA NO VIVE AQU

A pesar de que la ms inflamada retrica que acompaa a la nueva estrategia americana est dedicada a China, hay buenos motivos para pensar que el lugar donde se vuelve a dirimir el futuro del mundo capitalista es Europa. En muchos aspectos, China y Estados Unidos llevan dcadas formando una unidad econmica integrada, Chimericale han llamado algunos. Los vnculos econmicos son hoy mucho ms fuertes entre Wall Street y la Zona Especial de Shenzen, que entre la plaza financiera neoyorquina y Flint, Michigan. Durante tres dcadas, Estados Unidos ha enviado capital productivo a China y ha visto como volvan a sus mercados financieros riadas de dlares y productos baratos para alimentar los niveles de consumo, y la paz social, de unas clases medias crecientemente pauperizadas.

La sumisin declarada de Trump al poder financiero implica que el conflicto comercial con China tiene algo de negociacin cargada de testosterona en la que ambas partes redefinen su parte del arreglo. El que la crisis de febrero se resolviera con una revaluacin del Renimbi, la moneda convertible China, apunta en la misma direccin. Las finanzas y sus portavoces en la prensa econmica consideran intocable la integracin entre Estados Unidos y China, aunque estn dispuestos a dar cierto margen de autonoma al gobierno de Trump en lo que toca a la negociacin de las partes del pastel que les toca a unos y a otros en el mbito productivo.

De fondo, es inevitable ver que China ha dejado de estar especializada en manufactura descualificada barata y est entrando en terrenos tecnolgicos que entran en competencia con las especializaciones y ventajas comparativas de Estados Unidos. La propia dinmica del crecimiento capitalista que ha vivido China le ha llevado a este ascenso en la composicin tecnolgica de la produccin. Si a esto se le suma que las reservas de fuerza de trabajo del rural chino comienzan a dar seales de agotamiento y los niveles de endeudamiento pblico y privado son cada vez mas altos, resulta evidente que el sentido de la guerra comercial con China, ms all del uso en la poltica interna que haga Trump de ella, tiene que ver ms con un juego de posiciones de poder relativo en un mbito poltico estable por el lado asitico, que con una apuesta fuerte por el derrocamiento del rgimen chino. China parece ser perfectamente consciente de esto, manteniendo al nivel ms bajo posible sus posibles aspiraciones a ser potencia hegemnica en sustitucin de EE UU.

An as, la opinin pblica, los intelectuales y los medios chinos son conscientes de que el proyecto global de Trump es la recuperacin de la hegemona global antes que la reduccin del dficit comercial. Al contrario de lo que sucede en Europa, donde Trump sigue siendo visto como una especie de hbrido entre Paco el Pocero y Nern con acceso al botn nuclear, al que le dan arrebatos incomprensibles pero que no deja de ser un ignorante enloquecido muy por debajo del savoir fairede las lites polticas europeas. Y sin embargo, es en Europa donde la apuesta poltica del proyecto trumpista toma forma.

Sin duda, a Trump le gusta presentarse como alguien ajeno a los cdigos de reconocimiento mutuo entre las lites globales. Pero como suceda con Ronald Reagan, a cuya figura pblica recuerda poderosamente, l es slo el interprete de un papel asignado por otros menos visibles que llevan aos preprandose para aprovechar su oportunidad para remodelar polticamente el mundo. Steve Bannon sera la figura mas conocida de la autodenominada Alt-Right, pero toda una constelacin de publicaciones y think tanks, que como sucediera con los neocon antes, crecen y construyen en lo social antes de saltar a lo poltico. Trump slo tiene que hacer su papel de outsider con un par de pelotas en su presentacin pblica y de millonario pro bussiness en sus contactos con sus jefes ltimos, las lites financieras.

Porque la novedad del giro proteccionista y hegemonista de Trump y la Alt-Right es que la estrategia del gobierno americano pretende entroncar con algo parecido a un movimiento antisistmico. Trump y los suyos venden una salida americana y capitalista al malestar en la globalizacin, que ya habra encontrado su forma de expresin en Europa bajo la forma de todo un abanico de posiciones reactivas, con distintos grados de sofisticacin, que canalizan polticamente la demanda antiglobalizadora en un sentido desvinculado de resonancias anticapitalistas. En ltima instancia, unos polticos blandos y corrompidos por una ideologa cosmopolita han aceptado llenar Europa de migrantes y refugiados que han desplazado a los nativos del acceso al mercado laboral y a los recursos pblicos.

Esta interpretacin, donde la falta de compromiso con la patria sustituye a la subordinacin a la lgica del beneficio como elemento poltico crtico central, entronca directamente con las formas de malestar que ha generado la crisis en los pases centrales de Europa.

La llamada crisis de los refugiados en realidad no deja de ser la expresin de las polticas de austeridad y la contencin salarial en pases como Alemania, Austria o Blgica en los que, debido a una mayor fuerza relativa del Estado en comparacin con los pases del Sur, la crisis se vive como un largo goteo de grupos sociales que caen paulatinamente por debajo de la lnea de pobreza.

El no hay para todos al que se agarran estas categoras sociales relegadas, es el resultado de su aislamiento en el papel convencional de victimas autctonas de la crisis. Algo que la brutalidad drstica de la crisis del Euro en los pases del Sur, donde la estructura social simplemente se desplom y todos los grupos sociales perdieron posiciones en el espacio de apenas un ao, elimin del men poltico.

Es muy dudoso que esta estrategia vaya a ser xito rotundo en los trminos que plantean Trump y sus aliados, fundamentalmente, el Reino Unido post Brexit de Theresa May y la Italia tercerista de la Lega de Salvini. Su subordinacin evidente al poder de las finanzas americanas y el altsimo nivel de integracin de las cadenas de valor juega en su contra y la llegada de migrantes y refugiados a las fronteras europeas no va a detenerse.

Lo innegable son sus efectos de arrastre poltico. Desarticula a buena parte de la izquierda global, que se ha abonado a identificar capitalismo y globalizacin sin matiz, y que, en general, tiene serios problemas para luchar contra dos males. La muy izquierdista inercia a asumir que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, ya est llevando a no pocos elementos izquierdistas a encerrarse en la lgica de una vuelta al Estado-nacin en mayor o menor grado recubierta de elementos ideolgicos e identitarios y, lo que quiz sea menos visible pero ms importante, a dejar de lado los elementos propiamente anticapitalistas.

Esta impotencia de las posiciones de la izquierda que surgieron a partir de la crisis de 2007, abre de par en par en la esfera transnacional el hueco a los tercerismos, rojipardismos y fascismos que ya tenan en sus Estados-nacin. Ahora mismo, todas estas posiciones son aliadas de Estados Unidos en su proyecto de reordenacin del capitalismo. El gobierno de Estados Unidos es perfectamente consciente de que el soberanismo en un slo pas es imposible. Y en esta estrategia se trata tanto de crear una nueva jerarqua de pases amigos y enemigos de EE UU, cmo de romper las zonas transnacionales ya existentes. Muy en concreto, la Unin Europea, espacio ya jerarquizado a la medida de las necesidades de Alemania, que al contrario de lo que sucede con China es algo as como un aliado sobre el papel y, posiblemente, el verdadero enemigo a doblegar en este giro estratgico.

No hay aqu ninguna vuelta a la economa nacional, sino una serie de unidades territoriales que vinculan su futuro econmico y social a una apuesta ms que improbable de recuperacin de la hegemona global de la nacin americana cmo algo mas que Wall Street y la FED.

El gobierno de EE UU utiliza las herramientas del arancel y el cierre selectivo de fronteras para premiar a sus aliados con la promesa de ventajas comparativas otorgadas. En el caso del cierre de las fronteras del sur global, antes de tratarse de un elemento de mejora de los asalariados nativos simplemente creara an ms condiciones de sobreexplotacin de una fuerza de trabajo migrante que, simplemente, no va a dejar de migrar a Europa y EE UU. Y el resultado esperado, tambin el mismo que en el periodo de entreguerras, la renacionalizacin del espacio econmico mundial y, desde ah, la creacin de nuevos frentes de competencia en el mercado mundial que permitan a los ganadores de la operacin asignar, todava con ms fuerza, los costes econmicos, sociales y ecolgicos de la decadencia del capital a los perdedores de la operacin.

Esto, hoy por hoy, sigue estando absolutamente condicionado a la voluntad de los centros financieros globales, a los que Trump se desvive por convencer, mientras les ofrece algn pas emergente cada cierto tiempo para atacar sus monedas nacionales y fijar programas de austeridad.

Estos pases, con Argentina y Turqua como primeros ejemplos, pero vendrn ms, han pasado de ser los buques insignia del capitalismo global durante los aos de la crisis a ser entidades polticas totalmente subordinadas a las finanzas, cuyas dbiles monedas nacionales nada tienen que hacer frente al gigantesco poder monetario de los Hedge Funds que operan en los mercados de divisas.

De hecho, la rebelin de febrero de las finanzas contra la poltica de dlar bajo oblig a Trump y los suyos a tomar una lnea de accin mucho ms arriesgada y que puede fcilmente terminar con una crisis financiera global fulminante. Algo que sera el desenlace ms esperable de la nueva estrategia americana. Pero que nadie dude de que este extrao momento de desdoble en poder hegemnico decadente y movimiento antisistmico contra los elementos ms superficiales de la globalizacin puede hacer que desde los centros decisionales del gobierno de Estados Unidos se considere que, en los momentos posteriores a esa ms que probable crisis financiera que est por venir, sera donde se jugara la verdadera batalla por un capitalismo renacionalizado.

En los años treinta, Paul Mattick y Rosa Luxemburgo acusaban de oportunista a Lenin por haber incluido a las fuerzas de los movimientos de autodeterminación en el campo de la revolución proletaria. El resultado, según los dos marxistas alemanes, fue descuidar a las fuerzas revolucionarias alemanas, perdiendo la oportunidad de que se estableciera el puente revolucionario entre Alemania y Rusia. Todo a cambio de centrarse en los movimientos de liberación nacional simplemente para sumar numricamente, que no políticamente, a fuerzas políticas con las que había escasos puntos de coincidencia, salvo los de tener enemigos comunes. Hoy nos encontramos con una situación que no se diferencia demasiado, donde la prisa por parecer más puede llevar a los movimientos de transformación a asumir atajos que lleven a un callejn sin salida.

Hay que recordar que un contexto de larga crisis social y poltica del capitalismo como el que vivimos es el ideal para que posiciones relativamente minoritarias hoy prendan. De cunto se deje ir la crtica anticapitalista por la retrica de la vuelta a los espacios nacionales y la prioridad de las clases trabajadoras nativas, dependern las posibilidades de ver una salida medio luminosa a esta encrucijada histrica.

Fuente: https://www.elsaltodiario.com/crisis-financiera/capitalismo-antiglobi-el-ultimo-cartucho-del-poder-global-americano



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