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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2018

Las mantas de la paciencia infinita

Alfons Cervera
eldiario.es


Se acerca el invierno. Hace tiempo que la primavera y el otoo slo existen en los poemas romnticos y en el Corte Ingls. Pronto empezarn los anuncios que hablarn de lo imprescindible que es instalar en las viviendas los aparatos de climatizacin, las estufas, los calefactores para que el cuarto de bao se caliente en diez minutos, mientras te tomas el primer caf de la maana. Cierre su casa al fro del invierno! Eso dirn los anuncios. A estas horas los dueos de las compaas elctricas lo que se estn calentando son las manos, frotndolas con entusiasmo porque saben que el fro del invierno es para ellos un negocio redondo. Sobre todo, cuando ese negocio es de los que no estn sujetos a control alguno. Se sientan unos tipos alrededor de una larga y lujosa mesa de caoba reluciente, se repantigan en los sillones con sus panchorras de millonarios, se miran aguantndose la risa y finalmente estallan a coro en una carcajada ruidosa, estratosfrica.

De qu se ren esos tipos. Qu les hace tanta gracia. El invierno es lo que les hace tanta gracia. El fro del invierno. Cmo ese fro lo van a convertir ellos en millones de euros, en muchsimos millones de euros. Son los tipos de las elctricas, que es como se llaman coloquialmente esas empresas que deciden sin que nadie les tosa a qu precio hemos de pagar la electricidad en nuestras casas. Y qu casualidad: cuando se acerca el invierno se dispara el precio de esa electricidad! No tienen ningn problema para hacerlo, para disparar esos precios sin control de ninguna clase, aunque haya un organismo -o varios- que se encargan -o habran de encargarse- de ponerles freno a sus aumentos caprichosos. Ningn problema tienen para esos aumentos. Ninguno. La sangre que bombea su corazn tiene el color del dinero, el sabor del dinero, el tacto aterciopelado del dinero, el sello inmisericorde y metlico el dinero.

Les importa un pito cmo son los inviernos de muchsima gente que no puede pagar la electricidad en sus casas. Se ren de esos inviernos. De la gente que los sufre. Ellos tienen los riones bien abrigados. Por eso se ren. Porque saben que nadie los va a incordiar. Porque saben que pueden ms que los gobiernos. Porque saben que los gobiernos no gobiernan, sino que gobiernan quienes no se presentan a las elecciones. O sea: ellos, gobiernan ellos, los de las elctricas, los que se sientan a una larga y brillante mesa de caoba para despatarrarse de la risa cuando piensan en los inviernos crudos de la pobreza energtica, en el rostro helado y domstico del abandono, en esa mierda pinchada en el palo de la desigualdad que es la vida de mucha gente en este pas, un pas que puede presumir sin ningn pudor de ser el ms socialmente desigual de toda Europa.

En un par de meses empezarn a dar la matraca con la Constitucin. La Carta Magna de los derechos fundamentales celebra sus cuarenta aos de vida. De qu derechos habla. De ninguno. Los ms elementales no se cumplen, es como si no existieran. Los que hablan del derecho a vivir dignamente. Los que aseguran que ninguna persona puede morirse de fro porque no tiene una casa o que si tiene una casa no puede encender la estufa elctrica porque no puede pagar el recibo de la luz. Tanta Constitucin y tanta gaita, para qu. Para tener que soportar la mentira de que todos somos iguales. Para que se pitorreen los de las compaas elctricas cuando ven en la televisin familias enteras enrolladas en las mantas a cuadros de la precariedad y la pobreza absolutas.

Dice el dicho que la paciencia tiene un lmite. Pero en este mundo adormecido creo que la paciencia es desgraciadamente ilimitada. En fin

Artculo publicado originalmente en eldiario.es



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