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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2018

Soberana, democracia y socialismo

Hctor Illueca, Manolo Monereo y Julio Anguita
Cuarto Poder


Desde que Bodino escribiera Los seis libros de la Repblica en 1576, el concepto de soberana ha recorrido un largo camino. En un principio se asociaba al Estado absolutista e implicaba la potestad de expedir y derogar leyes y obtener la obediencia de los sbditos sin necesidad de su consentimiento. Sin embargo, no ser hasta bien entrado el siglo XVIII, tras un arduo conflicto social y poltico, que se reconozca al pueblo como verdadero titular de la soberana y se afirme el papel de la ley como expresin de la voluntad popular. Haba hecho su aparicin Rousseau. Desde entonces, la idea de soberana ha sido desarrollada y matizada por innumerables pensadores, generalmente en el sentido de establecer lmites al poder del Estado e introducir garantas frente a la arbitrariedad. Pero conservando siempre aquella sustancia que haba identificado Rousseau y que est en la base de la democracia: la capacidad de los pueblos de autogobernarse y decidir el modelo social, econmico y poltico en el que desean vivir.

Pues bien, la Unin Europea es la negacin de la soberana y de la democracia. Lo hemos dicho en el pasado y no vamos a insistir mucho en ello. La Europa neoliberal ha exacerbado la competencia entre pases, ha liquidado los derechos sociales y est corrompiendo los valores cvicos de las sociedades europeas. An ms, el neoliberalismo ha dividido el continente europeo en un ncleo de pases industrializados dirigido por Alemania y una periferia cada vez ms dependiente desde el punto de vista econmico. En el espacio europeo no hay lugar para las polticas redistributivas; aqu lo nico que cabe es un neomercantilismo feroz e inmisericorde que, en el mejor de los casos, genera crecimiento empobreciendo a las mayoras sociales. Los ciudadanos europeos empiezan a entender el significado de la lex mercatoria que impera en Europa: voten lo que voten, siempre es lo mismo. Y si alguien osa desafiar la autoridad de Bruselas, los mercados le hacen entrar en razn desencadenando ataques especulativos hasta provocar un corralito bancario. Primero fue Grecia. Ahora, tal vez, Italia.

Ha llovido mucho desde la aprobacin del Tratado de Maastricht. Tras casi tres dcadas de neoliberalismo, las sociedades estn reaccionando en el sentido previsto por Polanyi. Millones de personas lo han perdido todo y asisten atnitas a la desintegracin de sus comunidades sociales. La miseria se extiende cada da y la juventud carece de horizonte. Acaso puede sorprender el auge que el populismo de derechas est experimentando en Europa? Puede extraar la reaparicin de demandas de soberana, de seguridad, de proteccin frente a las consecuencias deletreas del mercado autorregulado? Cada vez ms ciudadanos apelan al Estado y reivindican un marco nacional porque saben que es el nico en el que pueden intervenir y vencer. Tildarlos de fascistas es no entender, o no querer entender, la verdadera naturaleza de la Unin Europea, su carcter jerrquico y destructivo, su orientacin profundamente antidemocrtica. La re-nacionalizacin de la poltica europea no es un efecto coyuntural de la competencia entre partidos, sino el producto histrico de la globalizacin capitalista y de la forma especfica que sta ha adoptado en Europa.

Llegados a este punto, tenemos que ser claros. Lo que se est produciendo en Europa no es un enfrentamiento entre un fascismo atvico y un europesmo pretendidamente liberal y cosmopolita. Lo que se est produciendo en Europa es un enfrentamiento entre dos nacionalismos exacerbados por la competencia que tiene lugar en la economa europea: el nacionalismo econmico de Alemania, que propugna una poltica neomercantilista, y un nacionalismo reactivo y revanchista que emerge en pases como Italia, Francia o Gran Bretaa, por no hablar de Europa del Este. El europesmo vacuo que exhiben las lites polticas y econmicas, su defensa cerrada del euro y del mercado nico, no es ms que una coartada ideolgica del nacionalismo econmico alemn. Hace casi doscientos aos, el gran economista alemn Friedrich List advirti lcidamente que la doctrina cosmopolita obedeca a razones nacionalistas de los pases industrializados, que predican la libertad de comercio a los pases pobres slo cuando saben que no pueden competir con ellos.

El europesmo y el globalismo pueden todava cautivar a las clases medias intelectuales, pero no frenarn el avance del populismo de derechas. Para ello se necesita una nueva sntesis poltica que sea capaz de interpelar a los estratos populares con ideas fuertes, con pasin e imaginarios radicales. La clave es unir un discurso dirigido a las grandes mayoras sociales con un programa orientado a la defensa de la dignidad de las clases populares y trabajadoras: la recuperacin de la soberana como base de la democracia; la reindustrializacin de Espaa a partir de la intervencin pblica en la economa; una poltica orientada al pleno empleo; y una profunda transformacin del Estado en un sentido republicano, federal y democrtico. Naturalmente, ello exigir un replanteamiento de las alianzas internacionales y una nueva unin entre los pases europeos que respete la soberana de los Estados: una Europa confederal. De fondo, la posibilidad real de una gran alianza entre las clases trabajadoras, los estratos medios empobrecidos y las pequeas y medianas empresas golpeadas por la globalizacin. Si no la construye la izquierda, no lo har nadie.

El soberanismo ha venido para quedarse. Lo que estamos viendo slo son los primeros vientos de la tempestad que se avecina. A estas alturas, la nica pregunta relevante es quin hegemonizar las fuerzas sociales que ha desencadenado la globalizacin y que demandan proteccin, seguridad, identidad. La inquietud de las lites neoliberales europeas resulta comprensible: es el correlato lgico de su hostilidad al Estado y a la democracia. Por el contrario, la postura de algunos intelectuales de izquierda es muy difcil de entender. Las personas que nos han criticado estos das soslayan que el control de la soberana es una condicin indispensable de la democracia. No parecen comprender el carcter dependiente y subalterno del pas en que viven. Rechazan, en fin, cualquier posibilidad de realizacin histrica concreta de las aspiraciones populares. Hermann Heller escribi algunas pginas luminosas sobre esta contradiccin del movimiento socialista. La nica alternativa real al populismo de derechas es una sntesis poltica que anude soberana, democracia y socialismo como respuesta a los sufrimientos sociales provocados por el neoliberalismo. Pero una cosa es segura: el futuro de los pueblos se construir sobre las cenizas de esta Unin Europea.

Fuente: https://www.cuartopoder.es/ideas/2018/10/02/monereo-llamazares-illueca-soberania-democracia-socialismo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de los autores mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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