Portada :: Mundo
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2018

Camboya
Las vidas descosidas de la ropa que vestimos

Pablo L. Orosa
Luzes


Sorn Nita camina descompasada, casi a golpes, como si su cuerpo, agotado de tanto arrastrarse arriba y abajo en la mquina de coser, se rebelarse contra lo que est por venir. Otro da ms de trabajo, como todos desde que cumpli 13 aos, en las fbricas de Phnom Penh. A ella le tocan los pantalones y los vaqueros. Como esos que llevas t, me dice. Al rematar la jornada, como tantas otras veces despus del atardecer, volver a casa echando cuentas del dinero que le queda para la semana. Los 100 euros mensuales no le llegan para pagar la renta, el transporte y la comida. Es la condena comn. Algunas compaeras de la fbrica ya han comenzado a prescindir de lo nico imprescindible de lo que pueden prescindir: la comida. As es como las mujeres del textil de Camboya comienzan a debilitarse. De pura hambre.

Son las doce del medioda y los alrededores de la factora de Compress Holding, en la comuna de Chak Angre, son un hervidero de mujeres que atestan las mesas metlicas del pequeo comedor que a todas horas instalan en la explanada polvorienta que da acceso a la fbrica. Los platos de habas con arroz, a 5.000 KRH, algo menos de un euro, pasan de una mano a otra, como las prendas durante la confeccin. En la primera de las mesas, la ms prxima a la fbrica, ya han terminado el almuerzo. Algunas mujeres saborean unas piezas de fruta. Parecen pltanos. Del otro lado de la explanada, un grupo de chicas rebusca entre la mercanca del puesto de ropa. Son prendas hechas en Vietnam o en China. Las nicas que pueden comprar. Las que ellas fabrican jams las podrn vestir.

En la ltima de las mesas, la del tambaleo armnico a cada movimiento, Sorn Nita apura una taza de sopa. Antes de apartarla, le da dos buenas cucharadas. Dentro de la fbrica hace mucha calor. En unos minutos deber volver a ponerse manos a la obra: hay que acabar la produccin a tiempo para el envo. En factoras como esta de la periferia de Phnom Penh, la capital de Camboya, se confecciona la ropa de las principales multinacionales del sector: Inditex, C&A, H&M, N Brown Group, Tchibo, Next, Primark o New Look. Cerca de 475.000 personas, un 90% mujeres, trabajan en los 558 centros del textil registrados legalmente en el pas, una cifra a la que habra que aadir otras 200.000 que lo hacen en los talleres clandestinos semejantes a los que proliferaron en la costa de A Corua en los 80 con el crecimiento de Zara y en las industrias auxiliares.

La Unin Europea y Hong Kong son los principales mercados de un sector que le genera 5.000 millones de dlares anuales a la economa de un pas en el que la renta per cpita no supera los 750 euros. Hay 10 millones de personas en Camboyadel total de 15 millones de habitantes que viven en la pobreza, con menos de 2 dlares al da, remarca Sokny Say, secretaria general del Free Trade Union of Workers of the Kingdom of Cambodia (Ftuwkc). Las familias del textil forman parte de este grupo. Con un sueldo de 100 dlares mensuales, muchas mujeres tienen que sacar adelante sus hijos. Yo vivo endeudada, reconoce Long Chenda. A sus 36 aos, esta mujer de rostro curtido y discurso latente vive al da, sin ms futuro que lo que le permita el cuerpo. Mi marido me dej hace seis meses. Desde entonces nunca tengo dinero en el bolsillo. Ms de la mitad del salario se va en los gastos de la casa, por lo que tiene que arreglarse con menos de 50 dlares para alimentar su familia. Siempre tengo que andar pidiendo dinero para poder comprar comida, repite buscando con la mirada la complicidad de la media docena de compaeras que se agrupan tras ella.

El crculo de la deuda

El caso de Long Chenda no es diferente al de muchas otras mujeres de su tiempo. En 2013, estudios realizados por diferentes ONG e instituciones internacionales establecieron el sueldo mnimo que debera percibir un trabajador del textil para cubrir los costes bsicos de la vida en Phnom Penh entre 157 y 177 dlares mensuales. Es el llamado minimum wage, que llen de protestas las calles de la capital nos ltimos aos. Lo que reclaman es el mnimo para poder vivir, afirma Sokny Say. En diciembre del pasado ao, el Gobierno camboyano, que es quien fija de hecho los salarios a travs del Labour Advisory Committee en el que tambin estn representados la patronal y los sindicatos, decidi incrementar los sueldos en el sector de 95 a 100 dlares, lo que no content a los trabajadores, que mantuvieron las manifestaciones. La represin gubernamental desemboc en los primeros das de enero de 2014 en un fuerte enfrentamiento en el que cinco manifestantes perdieron la vida y otros 40 resultaron heridos. Adems, 23 personas, entre ellas importantes lderes sindicales, fueron detenidas en una campaa de violencia e intimidacin denunciada por las organizaciones de derechos humanos. Pese a todo, nuestras demandas siguen vigentes. Si no hay protestas, no hay aumentos, insiste Sokny.

La marea rosa del textil volvi a recorrer el centro de Phnom Penh en octubre de 2016 para quejarse por el retraso en la decisin sobre el salario de 2015. El Gobierno tiene miedo de que si los sueldos suben demasiado, muchas empresas decidan llevar la produccin a otros pases asiticos como Laos, Vietnam o Indonesia, explica Phoak Kung, analista del Cambodian Institute for Cooperation and Peace. A pesar de los incrementos logrados en los ltimos aos, las mensualidades en el textil en Camboya son an ms bajas que las de otros pases de la zona como Indonesia o China. Trabajamos para conseguir salarios decentes para el textil en toda Asia. As, las marcas estarn menos tentadas de buscar mano de obra barata en cualquiera parte de la regin, explica el secretario general de IndustriALL, uno de los sindicatos ms involucrados en el sector, Jyrki Raina.

Las organizaciones de trabajadores creen que las multinacionales tienen margen suficiente para mejorar los jornales, toda vez que slo en el primero semestre del 2013 la facturacin del textil en Camboya se increment en un 32%, hasta los 1.558 millones de dlares. Preferimos que las compaas que no puedan pagar un salario mnimo se vayan del pas. Nosotros slo le daremos la bienvenida a las empresas que vengan a invertir con buenas intenciones, afirma la responsable del sindicato Ftuwkc.

La subida de los sueldos es imprescindible para romper el crculo de las deudas que atrapa los trabajadores del textil. Con los 250 dlares mensuales que una familia puede llegar a reunir 150 dlares es el salario medio entre los empleados de la construccin, por los 100 del textil muchas se ven obligadas a recurrir a prstamos que acaban por ahogar sus escasos ingresos. Trabajamos sin parar casi hasta morir y ni as podemos hacerle frente a los gastos. Yo an le debo parte de la renta de este mes al casero, apunta Sorn Nita, quien desde hace unos meses vive con su marido en un pequeo piso en las afueras de Phnom Penh por el que paga 50 dlares. Me gustara tener un hijo, pero no podra mantenerlo.

En muchos casos, las mujeres que trabajan en las fbricas de Phnom Penh proceden de zonas rurales, en las que an residen sus familias. Son el nico sustento que les queda. Por ello tratan de ahorrar todo lo que pueden para enviar una remesa mensual que alivie la economa familiar. Mis dos hijos viven en la provincia de Prey Veng. Intento enviarles dinero en cuanto puedo, explica Chem Cahaicin. Ella, de 32 aos, lleva ocho en las fbricas de la capital. Su cuerpo es testigo de la dureza de esta labor, aunque ella nunca pierde la sonrisa . Lo hago por los nios. Con todo, lo peor para estas mujeres es enfermar. En muchos casos no tenemos dinero para pagar los tratamientos, seala Long Chenda. As que tienen que endeudarse de nuevo en un crculo que se vuelve infinito.

Trabajar hasta la muerte

Con las primeras luces del da, un ejrcito de furgonetas oxidadas va repartiendo a los trabajadores por las fbricas que salpican la periferia de Phnom Penh. Uno tras otro van entrando en las factoras, muchas de ellas annimas como ya ocurra con los talleres de la Costa da Morte, para cumplir con su jornada. Aunque la legislacin camboyana establece un mximo de ocho horas diarias, seis das a la semana, con un mximo de dos horas extraordinarias por da lo que hace un total de 60 horas semanales, la realidad es que esta nunca baja de las diez horas. Hay veces que empezamos a las siete de la maana y no rematamos hasta las siete y media de la tarde, explica Sorn Nita. En este tiempo, slo tienen un descanso de una hora para comer. Incluso para ir al bao tienen que pedir permiso. Levantarse para ir al servicio est mal visto, seala Chem Cahaicin. Te hacen sentir culpable, aade Long Chenda. Los sindicatos se quejan del trato que las empresas le dispensan a los trabajadores, as como del incumplimiento de las mnimas condiciones laborales. Es una manera de presionarlos , denuncia la secretaria general del sindicato Ftuwkc.

Exactamente, cul es tu labor en el proceso de confeccin?

Yo llego a mi sitio, me siento en la silla y coso, uno tras otro, pantalones y vaqueros. As, como esos que llevas t dice Sorn Nita, sealndome.

Eso es lo que Sorn Nita viene haciendo los ltimos dos aos, desde que entr en Compress Holding una de las factoras ms grandes, en la que trabajan alrededor de 1.600 personas. Durante los diez anteriores pas por fbricas ms pequeas como Tack Fat y Tak Son. La situacin es similar en todas. Los dueos tienen que cumplir con los acuerdos firmados con las multinacionales siempre con unas exigentes condiciones en tiempos y calidades de las que depende la renovacin del contrato, lo que se traduce en una fuerte presin para los empleados. Si no consigues la produccin estimada, el responsable del grupo unas 65 personas, habitualmente te llama a una sala y te pide explicaciones por lo sucedido. Si no los convences, te dan un aviso. Y se vuelves a fallar te amenazan con el despido, relata Long Chenda.

Hay castigo si no cumpls con la produccin?

Las tres trabajadoras que an permanecen sentadas en el improvisado comedor a las puertas de la factora se quedan en silencio. Pese a su valenta, an hay cuestiones que suscitan los miedos de una sociedad que apenas consigui olvidar las barbaridades del rgimen de los Jemeres Rojos. Castigos? Por supuesto que existen, aclara despus Sokny Say en su pequeo despacho de la calle 360 del centro de Phnom Penh. Les mandan pasar de pie toda la jornada, con las manos en la espalda; o escribiendo en la pared Lo siento, no volver a ocurrir; y a veces las sacan fuera, al sol, y las obligan a pasar all el da para que sientan vergenza delante de sus compaeros, asegura la sindicalista, que no para de gesticular mientras escenifica los castigos a los que son sometidas las trabajadoras.

La inseguridad laboral alrededor del 90% de los empleados del textil tienen contratos temporales de corta duracin, segn un informe de la International Trade Union Confederation (ITUC) dificulta la afiliacin sindical y, como consecuencia, tambin la demanda de avances en las condiciones laborales. Esta situacin es especialmente lastimosa en el caso de las mujeres, el 90% de la mano de obra, a menudo amenazadas en el caso de quedarse embarazadas, lo que provoca que muchas de ellas se vean obligadas a abortar. No podemos seguir en estas condiciones, insiste Sokny, una de las voces ms crticas con el Gobierno y con las grandes multinacionales. La exigencia de los capataces se acrecienta cuando llegan los perodos de mayor consumo en los pases desarrollados, especialmente durante las semanas previas a la Navidad. Ah se produce lo que algunos expertos llaman los incentivos de la muerte: los empleados del textil necesitan tanto el dinero que trabajan hasta la extenuacin. En la temporada alta trabajamos todos los das, de lunes a domingo, durante 14 horas, asegura Sorn Nita, que lleva ms de una dcada dndole forma a la ropa que ni siquiera suea con poder vestir.

Al medioda, los alrededores de la factora Compress Holding se convierten en un comedor improvisado para los trabajadores

En 2014, ms de 1.000 personas, casi 200 ms que en todo el 2013, se desmayaron mientras trabajaban en las fbricas del textil en Camboya, segn datos del Departamento de Salud Laboral del Gobierno recogidos por el diario Cambodia Daily. Los desmayos masivos son comunes en las fbricas, subraya el responsable de IndustriALL. En un mismo da se llegaron a registrar 140 desvanecimientos en tres factoras diferentes del distrito de Dangkao, de Phnom Penh. Es algo que pasa todas las semanas, afirma Long Chenda. Es verdad, de media hay cuatro o cinco desmayos cada mes, corrobora Chem Cahaicin. En 2014 tres trabajadores murieron en las fbricas del textil en Camboya tras repetidas jornadas extremas de trabajo. Uno de ellos, Vorn Tha, de 44 aos, muri en la factora New Archid, que confecciona ropa para H&M, despus de trabajar durante das desde las siete de la maana a las diez de la noche.

Morir de hambre en el trabajo

La pobre alimentacin de los empleados, unida a la excesiva carga laboral, el uso de productos qumicos y las altas temperaturas que se alcanzan en los talleres, est detrs de esta cruenta realidad. En su informe de 2014, Better Factories, un programa de la Organizacin Internacional del Trabajo (OIT) creado en el 2001 para mejorar las condiciones laborales en las factoras del textil en Camboya, seala que slo el 18% de las fbricas cumplen con la limitacin de dos horas extraordinarias al da; el 35% con los consejos relativos al calor en el centro de trabajo ; y ms de la mitad no tienen agua y jabn suficientes.

Pese a todo, lo que realmente est causando los desmayos y las muertes es el hambre . Literalmente. Trabajamos sin parar, hasta casi morir, repite Sorn Nita. Con 23 aos, apenas pesa 46 kilos y ya no mueve con la lozana de tiempo atrs. Su cuerpo comienza a enterarse de lo que significa el paso del tiempo. En Camboya esa es la marca que seala la entrada en la edad adulta. Un informe de la ONG britnica Labour Behind the Label (LBL) afirmaba en 2012 que las mujeres que trabajan en las fbricas de Camboya injeran una media de 1.598 caloras al da, la mitad de la cantidad recomendada para una mujer que realice una actividad industrial. Una dieta completa, de alrededor de 3.000 caloras diarias, supondra un coste mensual de ms de 75 dlares, tres cuartas partes del salario mensual que perciben. Con los 100 dlares es muy difcil vivir en Camboya. Por eso es tan importante lograr el salario mnimo de 177 dlares, repite Sokny una y otra vez. Al dejar de comer, los trabajadores van quedando sin fuerzas, hasta que enferman o caen desmayados, explica la sindicalista. Muchos estn enfermos, sin fuerza, y se derrumban mientras trabajan, corrobora Sorn Nita. Si lo que tienen no es serio ni siquiera los envan al hospital. Los mandan de vuelta al trabajo, aade Chem Cahaicin. Para los empleados del textil, enfermar es casi como una sentencia, una vuelta ms en la soga de las deudas.

La hora del almuerzo est a punto de finalizar y con ella nuestra charla. Una cra se afana por recoger los restos de arroz que sobraron de algunos platos, mientras su hermana limpia las mesas del comedor. Maana habr que montarlo de nuevo. En el mundo del textil en Camboya el tiempo no tiene estaciones, es ms bien una puntada continua que va descosiendo los cuerpos hasta que los hace desfallecer. En la entrada de la factora, un grupo de mujeres apura una botella de agua. La polvareda de unas motos las hace toser. Unos metros ms atrs Sorn Nita se agarra del brazo de su madre, Sun Samnang. Ella fue quien le ense el oficio. Chem Cahaicin y Long Chenda caminan a un lado .

Una ltima cosa les digo antes de despedirme. Vosotras que le pediras al futuro?

Silencio.

Que nuestros hijos no tengan que trabajar en estas fbricas.

Fuente: https://luzes.gal/



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter