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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 03-10-2018

AMLO, el Ejrcito y el 68

Luis Hernndez Navarro
La Jornada


Existe un divorcio entre   el Ejrcito y una enorme porcin de la sociedad mexicana. El papel que las fuerzas armadas desempearon en la represin al movimiento estudiantil y en la matanza del 2 de octubre de 1968 les vali el repudio ciudadano. Su participacin en la guerra sucia de la dcada posterior a Tlatelolco profundiz la animadversin en su contra.

La ruptura no era nueva. El descontento hacia la milicia estaba alimentado por su responsabilidad en la represin sistemtica a los movimientos populares. Aunque cumplieran rdenes dadas por civiles, fueron soldados de lnea quienes asesinaron en Xochicalco al lder campesino Rubn Jaramillo, a su esposa y a sus hijos. Fueron militares quienes rompieron la huelga ferrocarrilera de 1959 y detuvieron a 800 trabajadores y a sus lderes. Fue el Ejrcito el que, en 1960, aplast violentamente la protesta popular contra el gobernador de Guerrero, Ral Caballero Aburto.

Lejos de cicatrizar con el paso de los aos, la herida abierta en 68 se ha hecho mayor. La activa intervencin de las fuerzas armadas en tareas de contrainsurgencia en Chiapas y Guerrero arroj una larga lista de graves violaciones a los derechos humanos y la promocin de grupos paramilitares. Su participacin en funciones de polica en la guerra contra el narcotrfico escal la animadversin ciudadana. Su actuacin durante la noche de Iguala el 26 y 27 de septiembre de 2014, cuando fueron desaparecidos 43 jvenes estudiantes normalistas de Ayotzinapa, y en las ejecuciones extrajudiciales en Tlatlaya hicieron an mayor la desconfianza popular hacia la institucin castrense.

No es asunto subjetivo. Las quejas presentadas ante la Comisin Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) por presuntas violaciones a las garantas fundamentales de civiles por las fuerzas armadas han aumentado en la dcada reciente. Entre 2007 y 2017 se presentaron 10 mil 764 denuncias contra militares y 2 mil 790 contra marinos. Lo mismo ha sucedido con el nmero de recomendaciones emitidas por la CNDH debido a violaciones a las garantas fundamentales: 166, de las cuales 126 son contra la Sedena y 40 contra la Semar.

Estas cifras son apenas una pequea muestra del grado de descontento contra la tropa. En muchas ciudades, pueblos y comunidades de todo el pas circulan multitud de testimonios de abusos de militares contra la poblacin civil que no se denuncian por miedo o porque se piensa que es intil hacerlo. La memoria de las atrocidades cometidas contra la poblacin civil durante la guerra sucia est viva en familiares y vecinos.

Las violaciones a las garantas fundamentales en que han incurrido soldados y marinos, que han sido acreditadas en todas estas recomendaciones por la CNDH, son desaparicin forzada, ejecucin extrajudicial (vulneracin del derecho a la vida), detenciones arbitrarias, tortura y otros tratos crueles, contra la integridad y la seguridad personal, contra la libertad, agresiones sexuales y no presentar de inmediato a los detenidos ante el Ministerio Pblico.

El triunfo de Andrs Manuel Lpez Obrador en los pasados comicios estuvo alimentado, en parte, del memorial de agravios hacia las fuerzas armadas y de la esperanza de esclarecerlos, hacer justicia, reparar los daos y garantizar que no vuelvan a suceder. Tambin de su ofrecimiento de retirar al Ejrcito de las calles y regresarlo a sus cuarteles.

Por eso resulta relevante que haya usado la Plaza de las Tres Culturas, y una fecha cercana al 2 de octubre (apenas tres das antes), como escenario para fijar su posicin sobre el futuro de la milicia. Y para tratar de impulsar una reconciliacin entre esa institucin y quienes desconfan de ella. No hay que ver a los soldados y marinos como enemigos. Son pueblo uniformado, hijos de campesinos, obreros, comerciantes, dijo.

El discurso, acompaado por el ofrecimiento de no utilizar, nunca ms, al Ejrcito para reprimir al pueblo, parece ser un llamado a hacer un borrn y cuenta nueva con las violaciones a los derechos humanos cometidas por los militares. Es una especie de convocatoria no explcita a perdonar a cambio de la promesa de que esas afectaciones las garantas individuales no vuelvan a suceder, garantizadas por el hecho de que, el hoy presidente electo, ser comandante en jefe de las fuerzas armadas.

La intervencin de Lpez Obrador el viernes difiere de lo dicho por l en ese lugar el 21 de mayo de 2012, como candidato a la primera magistratura. Hay una toma de distancia con respecto a lo dicho en aquel entonces. Hace seis aos profundiz mucho ms, en el papel del movimiento del 68 en la lucha contra el autoritarismo gubernamental.

Se dir que en 2012 habl en la Plaza de las Tres Culturas como candidato y en 2018 lo hizo como presidente electo. Cierto. Sin embargo, la desconfianza de amplios sectores de la poblacin hacia el Ejrcito no se resuelve por decreto. El origen de clase de los soldados y marinos al que apela como garanta de reconciliacin no exime ni a la institucin ni a sus integrantes de las graves violaciones a los derechos humanos cometidas. Y su compromiso personal (sin duda genuino) no garantiza que esto no vuelva a suceder.

El presidente electo anunci en Tlatelolco una reforma al Ejrcito. La defensa nacional la podemos hacer todos. Los marinos y los soldados tienen que ayudarnos para garantizar la seguridad interior y la seguridad pblica, dijo. Aunque falta precisar las modalidades de esta ayuda y detallar las semejanzas y diferencias de esta propuesta con la controvertida Ley de Seguridad Interior, es muy delicado involucrar a las fuerzas armadas en funciones de polica. Buena parte de las violaciones a los derechos humanos que la milicia ha cometido son resultado, en mucho, de su accin en tareas de seguridad pblica. Y aunque la iniciativa se haya hecho en la Plaza de las Tres Culturas, no parece estar en sintona con el espritu del 68.

@lhan55

Fuente: http://www.jornada.com.mx/2018/10/02/opinion/023a1pol



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