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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2018

Ocho claves para el patriotismo democrtico que viene (II)
A propsito de democracia, soberana y pueblo

Clara Ramas
CTXT


Continuamos la serie iniciada en el anterior artculo, en la que proponemos algunas claves para un patriotismo democrtico. Abordamos ahora los puntos Democracia, Soberana, Pueblo(s); continuaremos con Feminismo, Inmigracin, Ecologismo, Identidad, Conservacin-progreso-reaccin.

1. Democracia

Si la democracia es la participacin de un pueblo en su destino, entonces es claramente incompatible con el capitalismo y el libre mercado.

Streeck, bajo el elocuente ttulo Mercados y pueblos, argumenta que existe desde 1945 una contradiccin fundamental entre los intereses del capital y los de los votantes; tensin que se ha ido desplazando sucesivamente mediante un insostenible pedir prestado al futuro expresin tambin utilizada por Varoufakis-, hasta desembocar en el colapso de 2008. Grecia ha sido el caso evidente de este gobierno de tecncratas y la imposicin de una coaccin fctica [ Sachzwang ]. Nuestros Estados democrticos ya no susurran a odos del pueblo, sino que escuchan el lenguaje arcano de los mercados, dice Streeck: Dado que la confianza de los inversores es ms importante ahora que la de los votantes, tanto la izquierda como la derecha ven la toma del poder por los confidentes del capital no como un problema, sino como la solucin.

Esta contradiccin fundamental entre capitalismo y democracia se traduce en una contradiccin poltica: democracia y globocracia. Reside el poder en los pueblos, o en lites transnacionales que extienden su poder a lo largo del globo? Las fuerzas democrticas hoy tienen que dar salida al reclamo generalizado de que la toma colectiva de decisiones no se sustituya por la obediencia al Diktat de Bruselas.

2. Soberana

La tradicin democrtica republicana denomina soberana a la voluntad general constituida como sujeto poltico. De poco sirve en poltica apelar a un marco jurdico o legal sin considerar la voluntad poltica que lo sustenta. Kant distingua entre la forma regiminis , por la que un Estado es de Derecho o no, y la forma imperii , que determina qu tipo de Estado es, esto es, quin gobierna. Lo primero es ley, norma; lo segundo es soberana, voluntad. En democracia, como se entiende desde Aristteles, Cicern, Rousseau o Robespierre, hay una voluntad general que reside en el conjunto de ciudadanos: mandan obedeciendo. El nombre moderno de este sujeto es la nacin.

En cambio, entender el cuerpo poltico como un mero conjunto de normas sin referencia a su sujeto unitario constituyente tiene como presupuesto que lo poltico consistira en normas que regulan un conjunto previo e independiente de individuos libres: la esfera privada de la sociedad civil.

Pero la sociedad no es esta suma de individuos: por eso ninguna Constitucin es un mero sistema de normas aplicadas al individuo, sino que comienza en sus primeros artculos definiendo el sujeto colectivo de soberana. En la actual, el pueblo espaol (art. 1); en la de 1931, Espaa es una Repblica democrtica de trabajadores de toda clase []. Los poderes de todos sus rganos emanan del pueblo (art. 1); en la de Cdiz de 1812: La soberana reside esencialmente en la Nacin, definida como reunin de todos los espaoles de ambos hemisferios (arts. 1 y 3). O, de modo todava ms claro, en la actual Constitucin alemana, recogiendo la formulacin de la de Weimar de 1919: El pueblo alemn [] se ha otorgado a s mismo esta Constitucin (Prembulo).

En resumen: la voluntad de democracia es la voluntad de autoconciencia poltica de un pueblo, que atae a una determinada relacin con sus lites y con una determinada capacidad de configurar su destino; y el modo en que esta conciencia poltica aparece en la modernidad es la de nacin. No hay ciudadana, reconoca Kant, sin comunidad que d sentido a la voluntad general de un pueblo.

Una fuerza que hoy se quiera heredera de esta tradicin democrtica y republicana tendr que ser capaz de pensar ms all del reparto liberal que reduce la poltica a la gestin de la esfera pre-poltica de los intereses individuales. Ello implica una voluntad general popular capaz de dotarse a s misma de su propio orden y que decida sobre s misma: soberana.

3. Pueblo(s)

Esta idea de voluntad soberana es el fundamento de la idea moderna de nacin. Y ella no es necesariamente opresiva, sino la mejor herramienta para garantizar los derechos de quienes viven juntos y los ms vulnerables. La pregunta es: a favor de quin se ejerce la soberana? El capitalismo es el primer destructor de fronteras. Adam Smith reconoca que el comerciante no tena otra patria que aquella donde obtuviera el mayor beneficio, Marx, que los comunistas no pueden destruir la propiedad, la familia o la patria, porque para la mayora ya los ha destruido el capital. Es decir, ha destruido las estructuras y los vnculos que permiten a los de abajo protegerse y tener bienestar. Para los que no se enriquecen especulando, sino que subsisten trabajando, una patria que les proteja no es un lujo del que puedan prescindir. Hoy por hoy, con una UE reducida a espacio tecnocrtico de unin monetaria, y mientras no se vislumbre la posibilidad de constituirse como bloque continental con identidad poltica y capacidad de agregacin, no se ha encontrado otra forma de articularla fuera de los espacios nacionales sobre esto reflexionamos en Foro Res Publica con Gallego-Daz, lvarez Junco, Martnez-Bascun, Franz, Villacaas o Errejn entre otros.

Para las lites no hay ninguna duda: el neoliberalismo en lo econmico ha de acompaarse del globalismo en lo poltico. Una opcin popular no puede sino responder, hoy por hoy, desde lo nacional y sus posibles ulteriores alianzas interestatales. Construir una voluntad general es construir un pueblo: donde lo nacional y lo popular coinciden. As lo ha pensado la tradicin democrtica y republicana. Para Sieys, la nacin se constituye cuando la clase potencialmente universal, el Tercer Estado, se constituye como totalidad mediante la exclusin de una clase particular, los privilegiados. Slo fundan nacin quienes logran encarnar y representar el todo social y el inters general. Los privilegiados son la quiebra del orden comn, un reino dentro del reino, solo una sombra que se esfuerza en vano en oprimir a una nacin entera. Los de abajo no deben constituir un nuevo orden en los Estados Nacionales, sino una Asamblea Nacional. No son parte, son el todo.

Una parte de la izquierda ha sido muy crtica con esto, como hemos comprobado en las pasadas semanas en este mismo medio, en forma de intervenciones a veces virulentas. Un texto ms antiguo de Fernndez Liria, en su obra sobre populismo, deca: La lgica institucional de la Ilustracin no genera pertenencia, sino, ms bien, derecho a no pertenecer. Defenda la prioridad de un ser humano sin ms, previo a de cualquier pertenencia tribal, cultural, histrica o social. En nuestra opinin, esta comprensin de derechos humanos, de raigambre liberal anglosajona (se inicia en la Declaracin de Virginia de 1776), nos deja muy desamparados. Algunos odos se escandalizan con trminos como seguridad, orden o pertenencia. Sin embargo, sera un grave error considerar que eso es entrar en el terreno de la derecha: bien al contrario, los ms vulnerables son los primeros en sufrir la ley de los poderes salvajes de los mercados. No por casualidad el liberalismo se ali histricamente con el darwinismo social en la apologa del libre mercado: para Treitschke y Rochau, Estados y regulaciones son lastres, la libertad individual prevalece y, quien quede atrs, es por debilidad y no merece. Es con la falta de orden con lo que la derecha se siente cmoda.

Frente a ello, patria democrtica es orden que protege, institucionalidad de un destino comn. El liberalismo, esto no es nuevo, tratar de estigmatizar toda posicin estatalista, institucionalista o republicana como fascista antes fue como estalinista o socialista. Pero no se sostiene: parte del voto a Trump migr desde voto de Obama, desde Brexit a Corbyn, desde Le Pen a Mlenchon. Son Obama, Corbyn o Mlenchon fascistas? O, an ms, lo es Nancy Fraser (!)? Obviamente no. De poco sirve apelar a supuestos engaos: en poltica no hay falsa conciencia. Lo que ocurre es que mucha poblacin demanda una opcin que ofrezca seguridad, solidaridad, proteccin, garanta de derechos y comunidad con un horizonte de trascendencia por encima de la economa y el libre mercado; esto, ms all de fobias o provocaciones varias, era el fondo relevante de la polmica abierta con los artculos de Monereo, Anguita e Illueca.

En el caso de Espaa, hay dos dificultades principales para su construccin popular como patria. En primer lugar, la usurpacin de la bandera y la identidad nacional por la dictadura franquista, rgimen violento e impotente que tuvo que masacrar y expulsar como anti-Espaa a la mitad del pas real que no era capaz de integrar. La resistencia, recogiendo hilos de la historia espaola de levantamientos populares, fue a la vez democrtica y patritica, nacional y popular, contra la considerada invasin extranjera alemana e italiana. Como explica el reputado historiador Jos Luis Martn Ramos, la nocin de patria soberana en Espaa se construye como reaccin popular a la ocupacin francesa; afirmar que el trmino patria es propiedad del franquismo o el centralismo denota la ms abyecta subordinacin cultural a los mismos y la impotente incapacidad de proponer un horizonte emancipador.

En segundo lugar, la insoslayable plurinacionalidad de Espaa, como subraybamos en la sesin del Foro Res Publica enlazada arriba. Quien no comprenda esto no tiene un problema con Catalua o con Pas Vasco, lo tiene con Espaa: un pas cuya diversidad es una riqueza incalculable, expresada en instituciones locales y autonmicas, lenguas y tradiciones populares vivas, que pujan por existir como identidad propia. Nuestra mejor tradicin democrtica, plural y federal jams ha olvidado este punto sin dejar de ser, an ms, por ello siendo, patriota.

No ser, pues, posible construir un patriotismo democrtico en Espaa sin atender a las distintas identidades nacionales que la conforman y a las experiencias histricas que se expresaron como reivindicacin de una patria democrtica y popular.

 

Clara Ramas es doctora Europea en Filosofa (UCM). Investigadora post-doc en UCM y UCV. Tratando de pensar lo poltico hoy desde un verso de Juan Ramn Jimnez: Races y alas. Pero que las alas arraiguen y las races vuelen. @clararamassm

Fuente: https://ctxt.es/es/20180926/Firmas/21965/democracia-soberania-patria-pueblo-clara-ramas-populismo.htm



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