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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2018

Navantia, demonizacin de trabajadores o los demonios de la transicin?

Alonso Gallardo
Rebelin


Recientemente, los trabajadores de NAVANTIA han situado un debate en cierto sectores de la izquierda por sus movilizaciones en defensa de los puestos de trabajo, encarnados en la construccin de buques de guerra para la dictadura desptica y medieval saud apoyada por la monarqua espaola, los cuales estaban en peligro si el gobierno socialista retiraba la venta de misiles, por poder ser utilizados en la intervencin militar genocida saud contra el pueblo yemen. Nada justifica las responsabilidades ticas y morales individuales y colectivas de los trabajadores y sindicatos del astillero, por su acto de indiferencia ante el genocidio que la dictadura saud est cometiendo con el pueblo yemen. Pero siendo conscientes de las decisiones que toman, el problema ya no es la decisin tomada, sino en saber cmo un colectivo obrero organizado en sindicatos de clase mayoritarios y alternativos, han llegado a tomar esa decisin con el apoyo de sindicatos presentes y la omisin de otros.

Para poder analizar la toma de decisin sin complejos por un colectivo obrero y el resto por complejo, ante la falta de tica global dominante abstenerse de decir algo, necesitamos mirar retrospectivamente atrs y conocer la relacin histrica del proceso social y colectivo de la lucha de clases que han vivido los trabajadores de NAVANTIA, bajo la direccin de sus representantes ideolgicos y polticos mayoritarios y que han representado y actualmente representan sociolgicamente a la izquierda clsica, los sindicatos y partidos CCOO, UGT, PCE-IU y PSOE, que en las instituciones y la calle, gestionaron este proceso hasta la actualidad, proceso que no es exclusivo de los trabajadores de la naval, lo fue del conjunto de la gran empresa pblica y privada en todos los mbitos de produccin, donde tambin se dan procesos insolidarios aunque no estn basados en actos que provocan genocidios de pueblos.

La historia de NAVANTIA que sirve de ejemplo concreto para muchos, sin necesidad de ser exhaustivos, comenz en los ltimos aos de la dcada de los cuarenta, cuando bajo la dictadura franquista se construy como sociedad pblica Empresa Nacional Bazn, dando trabajo a miles de personas y cuna como la mayora de las grandes y medianas empresas durante la transicin, de un tipo de sindicalismo asambleario y de lucha, teniendo el momento ms lgido de su movilizacin, durante los procesos de integracin de astilleros por reconversin y cierre con despidos de eventuales y subcontratas a finales de los setenta, durando esta pelea los ochenta, noventa y parte del 2000, aunque ya perdida la fase inicial de defensa de los puestos de trabajo y la industria local y ms centrados, en ir al desempleo prejubilados en las mejores condiciones posibles, crendose IZAR con los restos y ya reconvertidos en el 2005 la actual NAVANTIA de carcter pblico, como construccin militar inicialmente.

Si nos fijamos en los aos, vemos como recorren los cuarenta aos de la transicin del franquismo al capitalismo actual, cuestin que nos obliga a situar los pasos de la lucha de los trabajadores del naval como la de otros muchos, dentro del proceso por la ruptura o reforma poltica del franquismo, donde sin duda formaron parte de la vanguardia de la clase obrera en la lucha por las libertades contra la dictadura franquista, pagando sus lderes y trabajadores el alto precio de la crcel, represin y despidos de sus puestos de trabajo. Por eso mismo, conocer su sacrificio en la lucha por la justicia y las libertades, en contraposicin a los resultados obtenidos con la lnea poltica que hegemoniz el proceso, son claves para entender los actuales comportamientos, teniendo en cuenta que estos son los hijos de la transicin y de la monarqua parlamentaria, sabiendo de la lucha y de las concesiones de sus padres, que los han dejado en la precariedad actual y sin transmisin cultural histrica que, conscientes del abandono de su lucha de igualdad por una prejubilacin, oscurecieron los referentes ideolgicos y polticos.

Profundizando en los motivos de la derrota ideolgica y poltica, vemos que el primer coste surgi con la ruptura de la unidad de accin en el movimiento obrero, por la divergencia de los que forman el bloque rupturista, con la desmovilizacin que la militancia del PCE predicaba en la negociacin colectiva ya en el 1976 desde el movimiento de las comisiones obreras, que tuvo su continuidad con la firma por el PCE y el PSOE de los Pactos de la Moncloa en el 1977 apoyadas por CCOO y UGT, que introducen moderacin salarial y reformas econmicas para modernizar y hacer ms competitiva a Espaa en su aterrizaje europeo, junto a otras supuestas medidas sociales nunca cumplidas. Un ao ms tarde aprueban el Estatuto de los Trabajadores con el despido libre indemnizado, como el ltigo que llev al desempleo a miles y miles de cuadros polticos y sindicales y a la dimisin de Marcelino Camacho como diputado.

El PCE necesitaba demostrar al gran capital, que era el dominante absoluto en el movimiento obrero a travs de las comisiones obreras, al ser el lugar donde se jugaba el partido fundamental de reforma o ruptura con el franquismo. Impuso su mayora en el movimiento obrero y sindical mediante mtodos autoritarios y en las fbricas y centros de trabajo, mediante la represin del despido libre indemnizado impuesta por la patronal a la militancia sindical crtica, tambin, forzando la disciplina partidaria entre una militancia comunista desmoralizada por la aceptacin de la reconciliacin nacional y el fin de la lucha de clases, lo cual les permiti llegar a acuerdos con la patronal y el gobierno, inicindose as un proceso de colaboracin de clases en la modernizacin de la industria mediante reconversiones, despidos, cierres de empresas y de continuidad del rgimen en la actual monarqua parlamentaria.

El PCE consigue el reconocimiento ante la oligarqua europesta y neoliberal, por el abandono de la repblica, la memoria y la ruptura con el franquismo , ofreciendo la paz social a cambio de su reconocimiento institucional y de un estado de bienestar que garantiz unas mejores condiciones de vida al pueblo , pero la paga con su escaso reconocimiento social en las elecciones del 77 y posteriores, abrindose las puertas al actual rgimen de 78 espaol, sobre la base de la apropiacin de todo lo pblico mediante su venta, la corrupcin y el retroceso en el derecho al trabajo, imponindose a travs del despido libre la precariedad laboral y la subcontratacin, negociada por los sindicatos aos tras aos en pleno retroceso de credibilidad. Esto es lo fundamental de la derrota ideolgica de la clase obrera, que acab con un franquismo obsoleto para los intereses oligrquicos y con su ideal solidario de clase.

Pero si grave fue el abandono ideolgico para la conciencia solidaria y de clase de las masas obreras, tambin lo fueron los mtodos escogidos para imponer una estrategia empresarial de reconversin en la industria y empresas estratgicas, bajo la financiacin pblica del cierre o despido mediante el cese indemnizado para los altos cargos y los empleados que tenan alternativa de trabajo y la prejubilacin para la mayora de los fijos, para lo cual desarrollaban fuertes movilizaciones intentando mejorar las condiciones de prejubilacin y el resto, subcontratas y eventuales como el grueso de la clase obrera, al paro, la precariedad y la marginacin laboral por la edad.

No se dio por parte de los sindicatos ni partidos de izquierda mayoritarios, ni un grito de alerta por el futuro de sus hijos e hijas, vendan sus puestos de trabajo y su conciencia con una alegra de triunfo, pretendiendo ocultar que su victoria era un privilegio que la patronal y los gobiernos neoliberales les concedan, para que abandonaran la lucha y del que un grueso muy grueso de la clase obrera careca y carece. Asamblea tras asamblea para prejubilaciones, cierres de industrias y centros de trabajo, con despidos de empleos directos e indirectos, industriales y de servicio, es lo que dej la derrota del movimiento obrero, adems del mantenimiento del franquismo reformado y junto a ello, una prdida total de las libertades en los centros de trabajo y en la calle, dejando a sus hijos en la miseria del desempleo y la precariedad, en un mundo laboral con despido libre y contratacin a la carta por el empresario y esta es la imagen de la Baha de Cdiz, del de estado espaol y de su clase obrera.

As que no es de extraar que la actual clase obrera posfranquista, sea incapaz de diferenciar entre derecha e izquierda, porque las dos en el mbito sindical y poltico, desarrollaron las mismas polticas neoliberales y corruptas durante estos cuarenta aos con colaboracin de sus padres, dejndolos sin futuro y sin historia como clase en brazos de la cultura, enseas y banderas burguesas, as que no es de extraar, que apoyen a la burguesa neoliberal en las polticas identitarias de rupturas del estado espaol, asumiendo sus objetivos de mantenimiento de privilegios, porque la izquierda apoy desde la estructura partidaria, el caf para todos en la creacin de comunidades autnomas a propuesta de las burguesas locales, que asumidas como progresistas sin referndum democrtico, aceptaron la ruptura y fraccionamiento de los sistemas pblicos que construyeron el estado de bienestar en aras de un libre mercado, que no tiene nada que ver con la descentralizacin democrtica en la gestin de la enseanza, sanidad, dependencia o servicios sociales, todos de carcter pblico e igualitario hasta esos momentos.

Por lo tanto, tampoco es de extraar que la actual clase obrera sea insolidaria con los pueblos que sufren las guerras, porque el grueso de la izquierda parlamentaria apoy los bombardeos en los pases que la sufren junto a la derecha, ocultando que migran forzados por la miseria y las hambrunas que las potencias imperialistas occidentales, Espaa y EEUU provocan, para la extraccin por las multinacionales de la materia prima y de mano de obra barata y por lo tanto, no es de extraar que la clase obrera espaola acabe apoyando maana, a una derecha nacional proteccionista y reaccionaria, como a Trump en EEUU, a Le Pen en Francia o Salvini en Italia. Hay cierta excepcin hasta ahora en Espaa, Portugal y Grecia por la oposicin de gobiernos y partidos progresistas, a la austeridad y la precariedad social provocada por el neoliberalismo conservador y progresista. As que, an estamos a tiempo la izquierda marxista obrera y popular, de construir un discurso desde los intereses concretos de la clase trabajadora y de su unidad como clase y pueblo, combatiendo el revisionismo y los perjuicios ideolgicos que nos dividen heredados de la transicin, ahora es el momento, cuando todo est en desequilibrio por la crisis global del sistema capitalista de libre mercado y la ruptura del pacto social de estado de bienestar.

Alonso Gallardo es miembro del crculo comunista de Podemos en Asturias

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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