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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2018

La geopoltica del fallo de La Haya

Rafael Bautista S.
Rebelin


Esta lectura no es geopoltica a secas sino que constituye una aplicacin analtico-coyuntural de lo que hemos denominado una geopoltica de la liberacin. La geopoltica ya no puede ser ms patrimonio de los imperios de turno sino que ahora se nos presenta como el ineludible desmontaje des-colonial al sistema de categoras que sustenta la cosmogona del sistema-mundo moderno y su cosmovisin imperial centro-periferia. Lo que ponemos a consideracin es una lectura crtica de lo que ya habamos indicado el 2013 (https://www.alainet.org/es/active/63317), acorde ahora a la situacin en que nos deja el fallo de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, CIJ. Porque la crtica no trata de la degeneracin que ha adquirido la palabra en el circo meditico, no se trata de emitir juicios y sentencias o calumnias o buscar culpables o iniciar las endechas del lamento boliviano; la crtica sirve para dar razn de los hechos, para poner luz en la incertidumbre y serenidad en el conflicto. No se hace crtica para oponerse sino para restaurar desencuentros. Lo otro es pura criticonera del chisme y la calumnia.

La situacin en la que nos deja la CIJ requiere de la evaluacin crtica de nuestras propias expectativas y ahora de las opciones que nos quedan (tampoco el triunfalismo chileno les otorga sabidura, porque fue un triunfo regalado). Porque la cuestin es siempre no ganar sino qu haces con el triunfo o, en el caso contrario, perder significa si la derrota te derrota. Entonces, de lo que se trata, es de mostrar los lmites de la sustentacin de derecho dbil que tena la posicin boliviana ante la CIJ; debida no slo a un cndido optimismo legalista que es ciego de los supuestos liberales del derecho internacional, sino tambin a lo que habamos sealado (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=164053) como la ausencia imperdonable de lectura geopoltica en la demanda de reivindicacin martima.

Vayamos por partes. Generalmente se olvida que el neoliberalismo no es sino una radicalizacin del liberalismo mismo, esto quiere decir que, si el neoliberalismo puede no slo redefinir la economa sino la poltica y hasta el derecho, esto puede hacerlo porque esto no va en contra de los credos liberales sino que, lo que hace, es adecuarlos a las exigencias exponenciales del capital financiero transnacional. Por eso, con el derecho neoliberal, los Estados dejan de ser sujetos del derecho internacional y son las transnacionales las que usurpan esa condicin, dejando a los pueblos y a la humanidad privados de todo derecho. Ese diagnstico poda tasar de mejor modo los compromisos que implicaba un fallo jurdico de semejante magnitud; sobre todo cuando la actual institucionalidad global en decadencia, de la cual la CIJ forma parte, est diseada desde la provinciana visin unipolar anglosajona, como garante de un orden geopoltico centro-periferia, en crisis terminal.

Recurrir a una instancia anacrnica al orden tripolar actual (con un equilibrio global en disputa), tena que constituirse en tctica pero nunca en la estrategia misma. El exitismo gubernamental replic la tragedia de nuestro futbol: metemos un gol y ya nos creemos con la copa (aunque ese exitismo, hay que decirlo, tena sobradas razones para festejar anteladamente, eso los chilenos lo saban muy bien).

Pero veamos primero el proceder de la CIJ. En primer lugar, resulta contraproducente que la Corte admita competencia en el tema que plantea Bolivia, para despus ya ni siquiera proponer una solucin salomnica sino desentenderse del asunto mismo. Porque si la CIJ no cumple con sus prerrogativas de contribuir a la solucin de diferendos entre pases, entonces es la propia Corte la que se excusa de su propia responsabilidad de administrar justicia, dejando a la parte ms afectada en la incmoda situacin de quedarse con la verdad histrica, pero no saber qu hacer con ella. Moraleja: lo que pasa con los pobres pasa tambin con los Estados dbiles. La ley no slo es ciega (a quin le conviene esa ceguera?) sino que resulta ahora sorda, porque ya no escucha razones.

Qu proceder muestra la CIJ con su fallo? El mismo que funda las expectativas de todo derecho liberal: la interpretacin formalista de los hechos; esto significa legalismo, donde la letra muerta decide el proceder legal del dictamen, porque dnde se ha visto que el usurpador admita, por escrito, sus obligaciones de reparacin histrica? Si los jueces queran ver la obligatoriedad como admisin rubricada del propio Estado chileno, jams iban a encontrar aquello en ningn documento. Lo que hace el fallo es tpico derecho positivo. En tal caso, si la vctima aunque moribunda no demuestra con papeles las pruebas suficientes entonces resulta que no hay causa procesal; si es as, para qu hay jueces? Juzgan hechos o procedimientos?

Si primero admiten competencia es porque encuentran materia procesal y, si es as, entonces su tarea consiste en develar lo que la letra muerta no dice pero asume: el tema pendiente, o sea, la reparacin obligada de una usurpacin de hecho, o sea, la obligatoriedad que se asume implcitamente al sentarse a una mesa de negociacin; cosa que Chile siempre hizo, no para reparar nada sino para aprovecharse siempre de las necesidades nuestras.

Si los jueces de La Haya no saben leer entre lneas entonces era mejor acudir a una computadora de ltima generacin (al menos la mquina no presume tener criterios ticos ni aboga voluntariamente por la justicia, as que podamos imaginar un juicio a-moral, por no decir inmoral). Porque los jueces no son capaces ni siquiera de ver en el tratado de 1904 (al cual en su ceguera persisten en llamar tratado de paz, cuando se trataba de la continuidad de la guerra por otros medios, legales) una imposicin legalista que confirma en los papeles lo que, por beligerancia, fue usurpado fcticamente.

Por eso no es raro que, en las universidades neoliberales ya no les interese tener, en sus facultades de derecho, ni a la filosofa ni a la tica. De ese modo de-forman juristas que aplican ciegamente dogmas jurdicos y juzgan slo procedimientos formales. Esa es la clase de meritocracia acadmica que reclutan las transnacionales del derecho internacional.

Toda la institucionalidad jurdica global es parida por el dlar y est diseada para darle forma legal a todo el despojo que pretende siempre el capital transnacional. Entrar a ese juego significa constituirse en deudor de ese culto. Por eso los poderosos se valen de ese derecho internacional para imponer tratados a los Estados dbiles. En ese sentido, puede que hasta sea mejor que la CIJ haya fallado a favor de Chile (recordemos, no slo se nos arrebat territorio por las armas, tambin se hizo en los papeles, con procedimientos legales; eso sucede, por ejemplo, en la guerra del Chaco, con la mediacin de la Argentina). En tal caso, el fallo de la Corte nos otorga, sin proponrselo, una ganancia nada despreciable: la estatura moral para denunciar ante el mundo el irracional uso del derecho internacional, porque consagra el derecho del vencedor, un derecho que slo puede otorgarlo la fuerza, no la razn.

La sustancia del derecho moderno-liberal guarda esa maldicin. Si nos preguntamos dnde nace el derecho liberal, nuestra mirada debe dirigirse a la conquista del Nuevo Mundo. En las Conferencias de Valladolid, de 1550, Gins de Seplveda aduce argumentos de derecho natural para declarar que el indio no es vctima sino inferior; es decir, el argumento para beatificar la conquista es de derecho y funda jurisprudencia. El derecho que concede la conquista funda el factum que admite el derecho liberal como su propia sustancia jurdica. Por eso el factum del derecho liberal no es sino la conculcacin del derecho mismo; porque si, ante el derecho del vencedor, la vctima ya no posee derecho alguno, porque se ha inferiorizado su humanidad, entonces resulta que el derecho liberal administra esta clasificacin racializada, naturalizndola por medio de la ley. La injusticia misma se hace legal.

Por eso la ley est podrida, aqu y en todo lado. Esta historia es lo que precisamente encubre la formalizacin del derecho moderno-liberal. Por eso se entenda la amonestacin chilena: la Corte, en el caso de un fallo favorable a Bolivia sentaba un peligroso antecedente y esto significaba, ni ms ni menos, que los jueces no podan ir en contra del fundamento del derecho liberal. Desde Locke y Hobbes, el estado de guerra que declara Europa a los indios del Nuevo Mundo, funda al Estado de derecho moderno-liberal; con ese derecho se legaliza el exterminio de los indios del Nuevo Mundo. Se trata siempre del derecho que impone el derecho del vencedor. La historia de las categoras jurdicas modernas, como el ius gentium (derecho de gentes) y el ius peregrinandi (derecho internacional), desde Francisco de Vitoria, son la formalizacin de una jurisprudencia que admite la apropiacin ilegitima como sustancia legal que legitima al orden moderno-liberal instituido.

Por eso la ley moderna sirve al rico y al poderoso y funda una jurisprudencia que hace del despojo lo que, desde Hegel, se conoce como determinacin positiva de la libertad individual en cuanto apropiacin; es decir, en el mundo moderno, la propiedad privada (de individuos y hasta naciones) es la sustancia del derecho. De ese modo, el derecho consagra esa libertad, porque es la base del derecho y esta libertad consiste en la apropiacin o privacin de algo comn en algo que aparece, por mediacin del derecho, como algo con dueo; este proceso es el factum del derecho, por eso la apropiacin, que es en realidad una privacin (de all el concepto de propiedad privada), sienta base jurdica y, a la luz del derecho internacional, eso es lo que aparece como legal.

Por eso se comprender que Bolivia siempre perdi y siempre ira a perder por esas vas ante Chile, porque la letra muerta, que es la nica materia jurdica que admite la Corte, es la legitimacin jurdica de una cesin hecha, en su origen, por la fuerza. De tal modo que acudir a los tribunales es ya una aceptacin de facto del derecho que impone el vencedor y que se debe, por esa aceptacin, obedecer. La propia ley produce esta trampa.

Ahora bien, qu hay detrs de ese fallo que no caba ni en el ms pesimista de los escenarios? La crtica jurdica que hemos hecho es geopoltica, porque el fundamento del derecho internacional responde a equilibrios de poder que delimitan la materia misma de la cosa juzgada; los fallos, as como no son a-polticos, tampoco son indiferentes a cartografas conceptuales que contienen jerarquas naturalizadas y, si se presentan de modo abstracto, en cuanto derecho positivo, es slo para no delatar una connivencia hasta acostumbrada con los poderes fcticos. La figura del contrato es claro ejemplo de ello, porque ante el contrato todos aparecemos formalmente iguales ante la ley, pero esta igualacin formal es una argucia jurdica que oculta desigualdades de hecho, antropolgico-histricas que, por medio de la ley, fundan, mantienen y hacen estables, relaciones de poder injustas. En ese contexto, ingresemos en la geopoltica implcita en el fallo de La Haya.

sta nuestra interpretacin parte de un principio: los propsitos de la invasin al litoral no fueron meramente comerciales o econmicos; fueron en realidad razones geopolticas las que sostienen la poltica de Estado chilena, en lo referente al Litoral boliviano. El Estado chileno slo poda apostar a la invasin de 1879 no como mero garante de los intereses britnicos si aquello significaba a largo plazo asegurar su importancia estratgica. Por eso sealbamos el 2013 que, si una apelacin a instancias jurdicas como la CIJ, adolece del componente geopoltico urgente y necesario en esta nueva poca de dislocacin del tablero global y rediseo de las reas de influencia y corredores estratgicos, estaba condenada al fracaso.

Exponer la geopoltica implcita en el fallo de la CIJ quiere decir, dejar al descubierto las razones ocultas que priman en el giro que da la supuesta consabida decisin de la Corte, despus de asumirse como tribunal mundial en una controversia histrica bilateral.

En un orden mundial en decadencia, sucede que sus instituciones se vuelven anacrnicas, esto significa que las razones que pesan en todos sus fallos pasan necesariamente por calcular las consecuencias de estos y no comprometer su propia sobrevivencia. El Estado chileno, con su usual prepotencia, ya haba advertido con desconocer el fallo, pues de principio sostuvo la no competencia de la Corte en este asunto (cosa que la CIJ sospechosamente no tuvo en cuenta en su fallo). La amenaza posterior que hace la delegacin chilena al sealar el nefasto precedente que ira a marcar en adelante la decisin de la Corte en asuntos bilaterales, no fue debidamente examinada por la parte boliviana.

Porque esa amenaza marcaba el principio realidad para una Corte cuya decisin, de ser contravenida, generaba la posibilidad de ser burlada y esto significaba ratificar su propia incompetencia en asuntos de controversia bilateral. Entonces la CIJ se lava las manos como Poncio Pilato, porque sabe que no tiene, en los hechos, potestad vinculante. Implicarse que esa es su razn de ser en tales asuntos, ya no tiene sentido en un mundo donde, por ejemplo, USA se burla del derecho internacional y las potencias occidentales lo usan para destruir pases enteros. En tal caso, los fallos de la CIJ slo tendran competencia moral pero, las consecuencias de esos fallos, en medio de un dramtico des-orden mundial, no pueden socavar su propia institucionalidad; porque adems su garante real no es la justicia sino los poderes fcticos (a los cuales debe su permanencia), aunque se hallen en decadencia. Si las potencias occidentales defienden al actual orden mundial decadente, porque slo en ese mundo son centro civilizatorio, lo que hacen sus instituciones es defender los valores de ese mundo.

En tal contexto, el conflicto martimo Chile-Bolivia, se inscriba en la disputa de hegemona global entre USA y China, es decir, entre Occidente y el Club de Shanghi, donde tambin est la nueva potencia militar y energtica: Rusia. El tren biocenico no le conviene a la geoeconoma del dlar, que est representado en Sudamrica por la Alianza del Pacfico, del cual Chile forma parte. As como en Nicaragua estalla el conflicto para impedir una futura penetracin de la hegemona china con el nuevo canal de Nicaragua, as el fallo de La Haya se constituye en una advertencia del dlar contra los Estados que se atrevan a escoger nuevos socios con otras monedas.

La cosmogona del dlar hace que la CIJ se incline por el universo de los prejuicios occidentales que representa Chile en estos lados. Porque los capitales globales se encuentran en plena guerra financiera contra toda otra moneda que pretenda redisear la imagen del mundo que tenemos (la pelea de aranceles entre China y USA es apenas la punta del iceberg de algo parecido a lo que origin la segunda guerra mundial). La diplomacia chilena no es tonta y sabe adnde arrimarse y sabe el poder de los lobbies, adems que representa a una burguesa aliada al ms espurio capital transnacional (para el mundo neoliberal Chile siempre fue su nia mimada, su primognita, parida en la destruccin de una democracia popular, presentada como milagro econmico, cuando la dictadura nunca produjo un crecimiento econmico superior al periodo incluso de Allende).

Ese contexto pona en aprietos a la CIJ que, como toda institucin global, es sensible al equilibrio de poderes y, en ello, opt, como siempre, en sacrificar al dbil antes de enfrentarse a sus garantes: los poderos fcticos.

En consecuencia, el sustento histrico-poltico que fundamentaba jurdicamente la apelacin boliviana, sin esta contextualizacin que le poda brindar una lectura geopoltica de la coyuntura global, se quedaba con la verdad discursiva pero sin posibilidades de persuasin estratgica actual. Sin lectura geopoltica, la demanda boliviana no saba en qu mundo se encontraba ni a quin arrimarse para equilibrar una situacin adversa. Por eso, no se trata slo de querellarse contra el Imperio, sino de plantearse una poltica de liberacin de la dependencia estructural, para actuar en la arena global de modo soberano.

En ese sentido, la demanda martima fue desaprovechada y ya no se nos presentaba como la mejor forma de disear ya no una lectura geopoltica clsica sino de redefinir la geopoltica misma a la hora de fundamentar, por ejemplo, una diplomacia de los pueblos (apuntando a una nueva institucionalidad global). De eso tratara una geopoltica de la liberacin: de tematizar, de modo multidimensional e hipercomplejo, las posibilidades de irradiacin estratgica del poder popular. Slo de ese modo una lectura geopoltica des-colonial estara en condiciones de dar razn ya no solo de un mundo multipolar sino, lo que ms interesara a los pueblos: de un nuevo orden mundial basado en la cero-polaridad (donde ninguna potencia tenga poder de decisin al margen de los pueblos).

En la invasin al Litoral boliviano Chile tambin se jugaba su sobrevivencia como Estado. Y su sobrevivencia pasaba por reducirnos a garantes de su desarrollo. Por eso se proponen vivir a costa nuestra y todos los tratados que hizo firmar a la oligarqua antinacional boliviana no hicieron ms que ratificar ese propsito geopoltico del Estado chileno. Nos tenan que encerrar, enclaustrar, para que Chile, o sea, su burguesa, las 7 familias, se abran al mundo. Cmo podemos revertir aquello?

Nuestra propuesta ha sido siempre responder geopolticamente al enclaustramiento martimo. Sin necesidad de disparar un solo tiro o de insultarnos mediticamente, una poltica de Estado debiera consolidar, a largo plazo, un corredor geoeconmico de irradiacin al pacfico (donde se est desplazando la economa del siglo XXI, con la nueva Ruta de la Seda), basado en la conexin geocultural entre el sur del Per, el occidente boliviano y el norte de la Argentina. Porque en toda reconfiguracin del tablero geopoltico, de lo que se trata es de ingresar, en las mejores condiciones, en la nueva cartografa global. Entonces, el tren biocenico, por ejemplo, debiera ser visto como un recurso geoestratgico que nos libere definitivamente de la dependencia de los puertos chilenos.

El norte chileno vive gracias al comercio boliviano. La poltica arancelaria con Chile debe redefinirse para promover la industria nacional y desplazar las mercancas chilenas del mercado boliviano. Con el Per (sobre todo el sur) nos une la cultura y la lengua, y una estrategia integradora conviene tanto al Per como a Bolivia, antes que el capital chileno se entre otra vez a saquear hasta Lima.

Por qu el pacfico? Porque es nuestra conexin natural. Somos culturas que miran al Oriente, no al Occidente. ste tiene apenas 5 siglos. Nuestra conexin al pacfico tiene milenios. Por qu sucede el enclaustramiento en nuestra propia idiosincrasia, es decir, en nuestra propia subjetividad?, porque se cierra nuestra apertura natural al mundo. Eso merma nuestra propia realidad, porque ningn pueblo posee realidad sin su propio espacio vital, y si algo de ste le es arrebatado, su propia existencia sufre la falta de un complemento necesario para afirmar su consistencia como pueblo. Por eso ningn robo es impune, altera todo el orden natural, porque siembra dolor y llanto en el hombre y la tierra.

Cmo hacer que el exitismo chileno se convierta en su triunfo prrico? Si las instancias jurdicas no pueden siquiera persuadir al Estado chileno a actuar de buena fe con nuestra demanda martima, entonces geopolticamente debemos liberarnos de toda prerrogativa chilena, comenzando con mermar su importancia en nuestro comercio, dejando de alimentar a la economa chilena y apostar definitivamente a salir al pacifico va Per.

Esto no significa renunciar al Litoral sino sentar las condiciones para que sea Chile quien requiera de nuestro comercio para no deprimir su economa y sean ellos quienes toquen nuestras puertas y nos pidan nuevos tratados. Entonces podramos negociar soberanamente. Esto ya lo hemos expuesto en nuestro libro La geopoltica y el derecho al mar: si toda apuesta boliviana fracasa, es porque nunca se gener las condiciones para remontar la dependencia, de modo que se pueda tener mrgenes soberanos de negociacin. No es lo mismo negociar suplicando favores que reclamando deudas. Suplicar es lo que siempre hizo la oligarqua boliviana, hasta la presidencia de Carlos Mesa.

Pero slo se reclama soberanamente una deuda cuando ya no hay dependencia de por medio. El ptimo nacional, ahora plurinacional, slo sera decisivo si asume que nuestro consumo no puede significar nuestro despotenciamiento nacional, favoreciendo siempre al enemigo. Por eso la salida al enclaustramiento es, ms que todo, subjetiva, porque se trata de nuestra propia dignificacin como pueblo y como nacin. Y esto empieza por empezar a consumir lo nuestro, impulsando la produccin nacional para potenciar nuestra cultura. Un pueblo es libre y soberano cuando produce con dignidad su propio pan, porque, como deca Marx, la verdadera forma universal de la riqueza no es el capital sino la produccin del alimento.

Salir del enclaustramiento martimo es, en realidad, salir del enclaustramiento mental (por eso, el consumo, o dignifica o deshumaniza, o sea, el consumo puede liberar). Gran parte de la diplomacia boliviana se form en universidades chilenas, por eso siempre patrocin acuerdos a favor del enemigo; no le quedaba otra porque, una vez naturalizada la dependencia, la dominacin constituye una religiosidad donde el enemigo se hace dios y puede imponer su derecho como mandato divino. Ese es su triunfo acabado. El seorialismo boliviano padece de esa tragedia. Por eso es antinacional y ahora se constituye en oposicin y festeja el fallo de La Haya haciendo coro a la arrogancia chilena.

Un escenario post-Haya no puede establecerse sino por una lectura geopoltica. Slo de ese modo podemos hacer de la derrota una, como deca Coco Manto, victoria postergada. Pero eso requiere recuperar el horizonte plurinacional y eso es lo que los socialistas anacrnicos del gobierno no entienden. Ya rifaron al lder en el referndum pasado; y eso no fue promovido por el CONALCAM, o las Bartolinas o los interculturales o la CSUTCB; eso tena otra fuente. No vaya a ser que sea la misma que promovi ese exitismo con la demanda martima, instrumentalizado para legitimar una continuidad forzada. Esperemos que haya sabidura para asumir esta derrota de modo esperanzado, sin clculos polticos coyunturales.

Slo nos restara decirles a los jueces de La Haya, lo que otra vctima de la injusticia de la ley, vejado, torturado, crucificado acorde al derecho (romano en ese tiempo), dijo en pleno martirio: perdnalos Dios mo, porque no saben lo que hacen.

Rafael Bautista S. es autor de La geopoltica y el derecho al mar, Rincn ediciones, 2013. Dirige el taller de la descolonizacin.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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