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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-10-2018

Per
El velasqusmo. experiencias y lecciones

Gustavo Espinoza M.
Rebelin


Cuando en la madrugada del 3 de octubre de 1968 los tanques de la Divisin Blindada volvieron a rodar por las calles de la capital, la mayora de los peruanos recordamos al poeta nacional Martn Adn Algunos aos antes, tambin en octubre de 1948 ocurri en el Per un Golpe Militar, y el ingenioso autor de La Casa de Cartn tuvo la idea de registrar el hecho comentando: El Per, ha vuelto a la normalidad.

Y es que, en efecto, la normalidad, por lo menos en la primera parte del siglo pasado, era que se sucedieran Golpes Militares; y que todos ellos, fueran identificados con un mismo signo: la represin salvaje, y el anticomunismo ms desenfrenado. Todos, por cierto, tenan un solo propsito: cautelar los privilegios de la clase dominante y proteger los intereses del Imperio.

En 1968, sin embargo, se registraban algunos sntomas que podan permitir una mirada distinta de las cosas. El escenario poltico estaba centrado en el contrato que el gobierno Belaunde suscribiera, en agosto de ao, con la IPC, entregando el Petrleo por 40 aos ms a la empresa imperialista. Y por la pgina 11, sospechosamente extraviada, y donde estaban anotados los nmeros de la transaccin prevista.. Y haba, adicionalmente, otros graves problemas: las continuas masacres de campesinos que luchan por la tierra en diversos mbitos del Per; y el desconcierto que dejara el aniquilamiento de las columnas guerrilleras de Luis de la Puente y sus compaeros, alzadas en armas tres aos antes.

Desde inicio de los aos 60 se poda apreciar, en realidad, un cierto cambio en algunas esferas militares. El surgimiento del CAEM El Centro de Altos Estudios Militares-, el mismo hecho que un uniformado -el General Csar Pando Egsquiza- presidiera el Frente de Defensa del Petrleo y luego el Frente de Liberacin Nacional, en el que el Partido Comunista era la fuerza principal; era ya un indicio ms que claro de un cambio de percepcin en algunos segmentos de la institucin castrense. Pero nada de eso cont. La izquierda -y eso hay que admitirlo autocrticamente- se dejo llevar por antecedentes y prejuicios, por su sectarismo estrecho y por su casi nulo trabajo en el plano militar.

Y ese fue no el error de algunos, sino de todos los segmentos del campo popular. La edicin de UNIDAD el rgano del PC- correspondiente al jueves 5 de octubre, grafic la miopa de todos: abajo el golpe gorila! deca en grandes caracteres. Como integrante del ncleo dirigente del PC en esos aos, debo admitir que tambin fui presa de ese error. Pes en m el recuerdo de las columnas militares ingresando a balazos por las calles de Arequipa, en junio de 1950. Eso, que pude ver a tan solo dos cuadras de la Plaza de Armas de la ciudad, incub en m un anti militarismo radical, y del que no me fue fcil desprenderme. Una primera leccin planteada.

Seis das despus comenzaron a variar las cosas. El 9 de octubre, la ronca voz de Juan Velasco invadi los hogares, y despert adhesiones, Al anunciar que ese da, y a esa misma hora, las tropas de la I Regin Militar con sede en Piura estaban ocupando los campos petroleros de Talara y expulsando a la empresa imperialista, modific radicalmente el escenario. Era dijo el Mandatario- voluntad del nuevo gobierno, recuperar las riquezas bsicas de manos extranjeras para qu sirvieran al Per, y a los peruanos. Pero aun as, fue preciso que nueve meses despus -en junio del 69- se diera la Ley de Reforma Agraria, para que el pas tuviera conciencia plena de lo que implicaba un genuino Proceso que ya estaba en marcha.

Fue lo que hizo Velasco, una Revolucin verdadera? No fue una Revolucin Socialista, sin duda; pero s una autntica Revolucin Nacional Liberadora, de fuerte contenido anti feudal, anti oligrquico y anti imperialista. Nacionaliz las ms importantes empresas norteamericanas, acab con el latifundio, exprop los complejos agro-industriales de la costa, arrebat a los sectores ms reaccionarios los medios de comunicacin, cre la Comunidad Industrial y Minera, gener la existencia de un poderoso sector estatal de la economa, alent la propiedad social, decret la estabilidad de los trabajadores en el empleo y respet en lo fundamental los derechos sindicales. Mantuvo relaciones con todos los pases del mundo sobre todo con la URSS y con Cuba- y mantuvo una poltica exterior independiente y soberana; y fue solidario con otros procesos y luchas de nuestro continente y en el campo de los pases No Alineados. Pero de todo, quiz lo ms importante, fue su prdica revolucionaria, patritica y anti imperialista, que supo anidar conciencia en amplios sectores de la vida nacional. La dinmica del proceso, una segunda leccin.

No fue, sin embargo, un proceso homogneo. Su vitalidad, radicaba en su carcter de Gobierno Institucional de la Fuerza Armada. Pero, dialcticamente, esa era tambin su debilidad. Tena que avanzar, pero estaba obligado a hacer concesiones y girar lentamente sobre su eje, para mantener su unidad. Una experiencia a considerar.

Esa realidad, se mantuvo incluso en los momentos ms trascendentes del proceso. Velasco se dio maa para imponer sus posiciones ms definidas, pero debi ir depurando las instituciones armadas, aunque no pudo completar la tarea. En la Marina, predominaron los sectores ms conservadores, y aun fascistas, que nunca ocultaron sus prejuicios anti obreros y anti comunistas. No obstante, en esa rama hubo jefes de primer nivel y de probada consecuencia como Dellepiani, Arce Larco o Faura Gaig, contra los que a CIA organiz atetados terroristas. Y en la Fuerza Area, hombres como Pedro Sala Orosco, o Rolando Gilardi, supieron entenderse con los trabajadores y los sectores ms avanzados de la sociedad.

En el IV Congreso de la CGTP el ms importante evento de la poca- los trabajadores expresamos nuestras inquietudes por lo que considerbamos un Gobierno heterogneo en el que coexistan en equilibrio ms o menos precario, fuerzas distintas, y aun contrarias. Eso explicaba muchas cosas. Entre ellas, la decisin del Gobierno de crear el SINAMOS para promover una participacin digitada de la poblacin; desdear a los Partidos de Izquierda fundar la CTRP para paralelizar el trabajo sindical de la CGTP; dar nacimiento al Movimiento Laboral Revolucionario, una suma fascistoide de grupos ligados al APRA a travs del general Tantalean Vanini. Y tambin, por cierto, tener una actitud autoritaria e incluso represiva- contra algunos sectores laborales. Una segunda experiencia: preservar siempre la independencia de clase de los trabajadores.

Eso, sin embargo, nunca nos impidi tomar partido alentando activamente a los sectores ms progresistas de la Fuerza Armada, con los que fue posible avanzar. Con seguridad, ellos mismos no estaban originalmente dispuestos a marchar tan adelante como los acontecimientos lo impusieron. Y es que oper all la dinmica de un proceso que todos saban cmo comenz, pero que nadie intua realmente dnde habra de concluir. Para los comunistas, la tarea era impulsar los cambios y hacer avanzar al pas uniendo al pueblo y organizando a las masas, creando conciencia y sentimiento de clase, promoviendo y alentado las luchas sociales y reivindicativas. Era esa -a nuestro juicio- la manera de sembrar condiciones para un escenario en el que la Clase Obrera tuviera una funcin ms definida y se afirmara una Revolucin Socialista, El pueblo debe prepararse mejor.

Una experiencia decisiva

Los aos del velasquismo, fueron los ms ricos y trascendentes de la historia nacional. Un lder demcrata cristiano de posiciones avanzadas, dira ya en 1978 dos aos despus de la cada de Velasco y ejerciendo el mando Morales Bermdez, que la diferencia entre uno y otro momento la primera y la segunda fase, como se les llamaba- era evidente. Con Velasco hubo siete aos de Revolucin sin crisis. Y con Morales, dos aos de crisis, sin Revolucin , dijo en una memorable polmica con el lder derechista del PPC Luis Bedoya Reyes.

Y es que con Velasco hubo un Plan de Gobierno el Plan Inca- una poltica coherente, un discurso progresista, un proceso en marcha, no exento de contradicciones y errores; pero, sin duda, el ms radical y profundo que se oper en esta parte de Amrica en aquellos aos.

Hoy, 50 aos despus, es posible mirar atrs, y decir con toda propiedad que quienes se jugaron por l en uno u otro nivel- no se equivocaron. Erraron los que, por el contrario, sabotearon, boicotearon o combatieron el ms limpio proceso vivido en la historia social del Per. Una verdadera leccin para todos.

Gustavo Espinoza M. Colectivo de direccin de Nuestra Bandera.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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