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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2018

Cuaderno postcrisis 11
Vuelve el fin del trabajo?

Albert Recio Andreu
Mientras tanto


I

La vida de la poblacin trabajadora est peridicamente amenazada por una pesadilla recurrente: la del fin del trabajo provocado por el cambio tecnolgico. No es que la gente est ansiosa por deslomarse trabajando, o por vivir a las rdenes de un superior. Es que temen que la contrapartida sea el paro, la falta de ingresos, la marginacin social.

El debate sobre tecnologa y empleo es antiguo. La economa capitalista se caracteriza entre otras cosas por un cambio tcnico constante, por desempleo recurrente y desigualdades obscenas. Por lo que sabemos de la historia del paro, los peores momentos, las crisis, tienen menos que ver con la tecnologa y ms con la organizacin de la economa y la sociedad. Pero nos dicen que ahora es distinto, porque la digitalizacin va a permitir no solo sustituir millones de empleos rutinarios, sino que reducirn tambin empleos cualificados porque la inteligencia artificial y la capacidad de clculo de las mquinas resultar mucho ms eficaz. O sea, que el paro no slo es un peligro para la clase obrera tradicional, sino tambin para las clases medias educadas.

Los que defienden esta posicin suelen ser altos empresarios o tcnicos cualificados (ingenieros, cientficos) en la materia. Sus opiniones reflejan tanto su percepcin de los hechos como sus deseos ocultos (lo que yo llamo sus sueos hmedos). Para un empresario, un mundo sin obreros sera ideal. La gestin de personal es siempre una de las tareas ms pesadas de cualquier actividad en general. En la empresa, donde los intereses de empresarios y trabajadores estn en conflicto ―abierto o latente― esta gestin es an ms ardua. Una empresa sin trabajadores, funcionando automticamente y dejando al propietario una renta recurrente, es el ideal que todo rentista deseara. Tambin para los altos tecncratas las personas son un estorbo. Muchos tienden a pensar que son las chapuceras intervenciones humanas las que provocan fallos y problemas (slo hay que ver que casi siempre que hay un desastre se alude al fallo humano, sin pensar que a lo mejor este estaba propiciado por la tecnologa empleada). Eliminando empleados se reducen los problemas potenciales (Michel Piore, un importante economista laboral, lo descubri en una investigacin hace casi 50 aos; los ingenieros entrevistados le comentaron que siempre que el coste fuera soportable, recomendaban la solucin que incorporaba menos empleo). Hay un sesgo capitalista y un sesgo tecnocrtico en la orientacin del cambio tecnolgico. No es casualidad que Frederick W. Taylor aunara en su persona el ser ingeniero profesional e hijo de empresario.

Pero esta introduccin del cambio tecnolgico no ha supuesto hasta ahora la eliminacin del trabajo por muchas y variadas razones. En primer lugar, la eficacia de la tecnologa nunca es completa ni se adapta por igual a todas las actividades humanas. En segundo lugar, porque las mejoras tecnolgicas han ido asociadas a un aumento en la escala de la produccin, a una diversificacin de los bienes y servicio. Y, en tercer lugar, porque las luchas sociales han impuesto limitaciones al uso de la fuerza de trabajo y han conseguido que en bastantes casos el aumento de productividad se tradujera en una reduccin de la jornada laboral. Este razonamiento se aplica habitualmente al empleo mercantil. El reconocimiento de la importancia del trabajo domstico muestra adems otras cuestiones interesantes. La primera es que aos de cambio tcnico no han generado un movimiento de reduccin radical del tiempo de trabajo domstico. La segunda es que algunas de las innovaciones en bienes de consumo, ms que eliminar el trabajo domstico, lo han transformado. Un estudio de hace veinte aos de la jornada laboral de las amas de casa a tiempo completo mostr que su jornada global era parecida. Lo que haba cambiado era su contenido. A principios del Siglo XX, la tarea principal era la produccin domstica de pan, algo que haba casi desaparecido 80 aos despus. A finales del siglo pasado, lo que ocupaba ms tiempo era conducir, pues estas mujeres se encargaban de transportar al resto de la familia y, dado el modelo urbano estadounidense, tambin deban conducir para hacer compras, acudir a centros mdicos etc. Y, la tercera, que las propias necesidades familiares han cambiado con el tiempo (por ejemplo, los procesos ligados al envejecimiento reclaman una enorme cantidad de cuidados que generan un segundo ciclo de actividad posterior al generado por el cuidado de la infancia). En suma, la tecnologa es slo uno de los factores que influyen en la carga de trabajo, y sus efectos son a menudo ambiguos, pues al mismo tiempo reducen y aumentan la carga de trabajo. Por eso, en la revisin de estudios que ha realizado la Organizacin Internacional de Trabajo, la previsin de lo que ocurrir en el futuro es incierta. Depende de muchas variables.

II

Las visiones unidireccionales sobre el impacto del cambio tcnico olvidan adems cuestiones clave que se pasan por alto en las presentaciones ms repetidas. Se destacan cuando menos tres cuestiones habitualmente omitidas.

En primer lugar, la introduccin de cambios tecnolgicos debe superar la prueba del coste. En una economa capitalista, las empresas invierten para ganar dinero, y por tanto las inversiones no se deciden slo por cuestiones tecnolgicas, sino tambin por rentabilidad. Hay demasiados ejemplos de tecnologas sofisticadas cuya introduccin se ha realizado por parte del sector pblico basndose en criterios ajeno a la rentabilidad (desde la energa nuclear, pasando por el armamento sofisticado o los trenes de alta velocidad). En segundo lugar, que la digitalizacin completa exige la creacin de costosas redes de comunicaciones, de pesadas infraestructuras cuyo coste slo es pensable por una masiva inversin pblica que choca con la realidad de muchos pases y con las orientaciones de las polticas de austeridad. (Desde la revolucin industrial sabemos que el papel del sector pblico ha sido clave en la construccin de las bases materiales del negocio privado: canales, carreteras, internet). Por ltimo, y posiblemente ms crucial: el desarrollo de la digitalizacin supone un nuevo salto en el consumo energtico global y en el uso de unas materias primas bsicas. Algo que parece imposible de alcanzar con lo que conocemos como los lmites materiales de la actividad humana. Los defensores de la digitalizacin global suelen ignorar los problemas que plantea la energa y el recurso a minerales especficos.

Por tanto, el discurso sobre el fin del trabajo suele ignorar muchas de las cuestiones que son clave para determinar qu cantidad de trabajo se desarrollar. O es ignorancia, o el discurso forma parte de una campaa propagandstica con otros fines.

III

Hablar del fin del trabajo en sociedades de empleo asalariado lo que pretende es un efecto de disciplina social. Se le dice a la gente que su participacin social es redundante, que es prescindible, que la sociedad puede pasar sin l. Un efecto disciplinante en lo individual: si el trabajo asalariado tiende a desaparecer, es una especie de lotera mantener el empleo, hay que aceptar lo que salga pues siempre es mejor que nada. Y tambin en lo colectivo: si la clase obrera asalariada es un grupo social a extinguir, deja de tener una verdadera capacidad de agencia colectiva, deja de representar la posibilidad de alternativa social. Su destino es formar parte paulatinamente de un grupo social subsidiario. No es un discurso nuevo, se puso activamente en circulacin por los think tanks neoliberales, cuando se repeta insistentemente la tontera de que el trabajo es un bien escaso (la mayora de mujeres puede explicar con detalle que es una actividad abundante). Y se ha repetido paulatinamente en los momentos de crisis. Ahora estamos en una nueva versin de la misma familia de profecas que buscan autocumplirse. Ahora se da otra vuelta de tuerca, se le dice adems a la mayora de poblacin, incluso a la educada, que sus conocimientos van a estar obsoletos, qu slo los muy preparados y muy competitivos tienen espacio.

Pretende adems que la sociedad acepte acrticamente el modelo de implantacin de nuevas tecnologas. Y esto tiene un importante impacto potencial para las polticas pblicas, puesto que se trata de evitar que las regulaciones reduzcan la rentabilidad de los negocios privados, seleccionen las formas socialmente ms interesantes de usar los conocimientos colectivos o bloqueen actividades que pueden ser muy lucrativas para algunos a costa de generar costes sociales insoportables. De esto tambin va el eslogan de que el cambio tcnico no se puede parar y hay que adaptarse. Esto es lo que estn planteando obscenamente los Uber, Amazon, Deliveroos, etc. Que aceptemos como naturales la degradacin de las condiciones laborales, la desertizacin de las ciudades y el despilfarro ambiental como una derivada inevitable de su modelo tecnolgico y social.

IV

El futuro de la sociedad humana est siempre lleno de incertidumbre. Las cuestiones ambientales cuestionan la viabilidad del crecimiento econmico y de los modelos de vida dominantes. Las desigualdades de gnero, de clase, de nacionalidad y etnia son causa de grandes sufrimientos y conflictos. El cambio tecnolgico actual impacta sobre estructuras sociales y condiciones ambientales. Pero no es, nunca lo ha sido, una dinmica natural. La mayor parte de cambios tcnicos se producen en la combinacin de polticas pblicas y decisiones individuales, mayormente empresariales. Obedecen a criterios casi siempre definidos por las lites que operan en inters propio o en respuesta a sus propias visiones del mundo. Que su impacto sea ms o menos beneficioso para la gente depende a veces de objetivos no buscados, o de que haya fuerzas sociales que lo orienten en una direccin adecuada. Por eso, el debate de las tecnologas no puede dejarse en manos de los expertos, sino que debe ser objeto de un verdadero debate social.

Los que sostienen que estamos ante el fin del trabajo ignoran adems la carga y la importancia social del trabajo no mercantil. Lo que realmente debe preocupar sobre el trabajo es cmo se reparte toda la carga de trabajo social, cmo se construyen reglas de juego donde cada persona contribuya equitativamente a su realizacin. Si nos interesa la relacin entre trabajo, tecnologas y produccin, lo que debemos determinar es qu modelos de consumo, qu tipos de produccin son compatibles con nuestros lmites naturales y con la garanta de condiciones de vida universales. Nos interesa saber los impactos sociales y ambientales de cada tipo de desarrollo tecnolgico (algo que aclara el debate sobre la energa nuclear). Nos interesa, en suma, una reflexin colectiva sobre cmo organizar igualitariamente la vida en el planeta, como orientar, a la vez, las regulaciones institucionales y los desarrollos tecnolgicos ms prometedores. Si queremos hablar del trabajo no podemos reducirlo al empleo asalariado, sino al conjunto de la actividad laboral.

Y para este debate sobran gurs y agoreros, sobran dogmatismos. Lo que se requiere es una reflexin ordenada, que en lugar de pnicos y euforias genere capacidad analtica y democracia deliberativa.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-172/notas/vuelve-el-fin-del-trabajo

 



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