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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-10-2018

Sobre el salario en el Anteproyecto constitucional
Institucionalizar, constituir, cumplir

Ricardo Rivern Rojas
La Jiribilla


Un pas son sus habitantes, pero tambin sus instituciones, sobre todo las pblicas. En la organizacin socialista nuestra dependencia de ellas es an mayor. Y preferible. Definen el ritmo de nuestras vidas, nos optimizan (o, si funcionan mal, pulverizan) el tiempo y los bolsillos; existen, con el Estado como centro aglutinador de las ms valiosas, para satisfacer necesidades materiales y espirituales. Nos salvan de las asimetras que la naturaleza o la suerte establecen.

La institucin se rige por leyes, se estructura por proyectos, concibe estrategias, objetivos, acciones. Produce, comparte, departe, reparte, hace valer la equidad. Nada queda al azar, sujeto a leyes ciegas. El ser humano, que demanda sus realizaciones, debe ser siempre su prioridad.

Sin instituciones estatales slidas y eficientes, la justicia social deriva hacia la ambigedad del pronunciamiento vaco. La institucin no debe funcionar al amparo de la autofagia; no debe tragarse a s misma en pos de erigirse alfa y omega de su razn de ser a la par que involucra a los ciudadanos y los enajena enajenndose tambin ella de las esencias.

En el toma y daca de una dinmica de funcionamiento eficaz, las instituciones crean el algoritmo para que la sociedad constituya un espacio donde el hombre realice su cotidianidad con un confort creciente; el ciudadano a su vez le reintegra esa voluntad y esos procederes materializando, con trabajo, sus proyectos. El mediador para que esa relacin biunvoca opere de manera expedita es el salario. La institucin estructura los pilares donde se sustenta la ciudadana mientras el ciudadano sostiene a la institucin con su aporte laboral, cada vez ms calificado segn lo demanda la vida contempornea.

Las anteriores son ideas que acudieron a m al leer el texto del Proyecto de Constitucin de la Repblica de Cuba y seguir, a travs de los medios, los debates donde cada quien ha expresado, con total libertad, sus puntos de vista, sus propuestas de modificacin, supresin, adicin, todo ello signado casi siempre por pautas reflexivas de loable profundidad.

De mi agrado ha sido ver, en las intervenciones que los medios socializan, la prevalencia de un espritu crtico que rebasa con mucho la complacencia y pasividad que nos atribuyen los voceros del imperio meditico. Este proceso, de gran madurez poltica, supera el unnime discurso afirmativo a ultranza que matiz a otros llevados a cabo en etapas de antao, aunque recuerdo perfectamente los candentes y ricos debates de lo que fue el llamamiento al IV Congreso del PCC, desarrollados en su mayora en 1990, as como la consulta popular de 2007, promovida por Ral.

Ya tuve mi asamblea de debate, y expuse en ella mi inconformidad con lo que me pareca mejorable. Como cualquier cubano que aspire a fortalecer el socialismo y su institucionalidad, considero mi deber cvico y revolucionario valerme de todos los espacios posibles para compartir mi opinin.

El nico sealamiento en que me centro tiene que ver con lo expresado en el artculo 76 (prrafos 204 y 205) del proyecto, donde, pasando por alto el estatus de hibridez econmica en que vivimos inmersos, se establece, una vez ms, el principio del Programa de Gotta, como regidor de la poltica salarial del pas: de cada cual segn su capacidad, a cada cual segn su trabajo. En el estado de la actual poltica salarial cubana las instituciones estatales conviven con un emergente sector privado que casi desmesuradamente y no siempre en labores complejas y productivas retribuye ms generosamente y dispara sin piedad los precios. En tal contexto, seguir apegados a ese principio e inscribirlo como el que fija pauta en la lgica salarial solo nos servira para que esta, a poco de aprobarse la nueva Carta Magna, devenga anticonstitucional.

Se trata de un principio que no se cumple desde hace dcadas, y al parecer demorar mucho en hacerse efectivo. Solo se cumplir cuando se realice una reforma general de salarios que equilibre el salario real con el costo de la vida. Tras el esperanzador pronunciamiento de Ral a finales de 2017, tal reforma pareca inminente, pero se ralentiz sin que hasta ahora se haya vuelto a hablar de ella como realizacin a la vista en un perodo de tiempo concreto.

El tema salarial resulta muy sensible. A mi modo de ver es el agujero negro por donde se nos escapan los frutos de una poltica educacional que acaba invirtiendo durante 17 aos, o ms, para formar profesionales sin que al final obtengamos los frutos de ese esfuerzo, dada la emigracin de jvenes, el robo de cerebros, la reconversin de profesionales en gastronmicos o choferes de taxis, o cualquier otra ocupacin para las cuales no se necesita mucha calificacin. Si mantenemos el enunciado tal como est en el artculo 76 y no ocurre la ansiada reforma general (no comparto la lgica de reformas sectoriales), la credibilidad de la Constitucin que hoy queremos perfeccionar se resentir.

El pluriempleo, la extensin de la edad para jubilarse, la contratacin de ancianos jubilados, el que sea casi imposible hallar un economista (o cualquier otro tcnico o profesional) para cualquier empresa o unidad, la corrupcin en los niveles bajos, que nos pone a pagar por servicios que el Estado en teora garantiza, son expresin de una poltica salarial divorciada de las necesidades del ciudadano. Esa problemtica corroe las bases de la institucionalidad eficiente que luchamos por construir.

El absurdo de que en Cuba casi nadie quiera trabajar en instituciones estatales, que velan por el bienestar del ciudadano trabajador, contrasta con otros pases, incluso regidos por el neoliberalismo, donde todos ansan un puesto en entidades del Estado. Tal fenmeno nos pone en desventaja poltica, nos derrota de antemano siempre que las discusiones que sostenemos con profesionales toman por el rumbo econmico, que no debe oponerse al poltico sino sostenerlo.

Un diputado que vive en mi barrio argument con respeto, en respuesta a mi planteamiento, que la Constitucin es el proyecto del pas soado, con proyeccin futura. En ese sentido pienso que si tal futuro tiene una larga data de enunciacin y un largo pasado de no cumplirse por razones objetivas, ofrecerlo como ley para el futuro adquiere visos utpicos, en el peor sentido del concepto de utopa. Creo firmemente que nuestra Constitucin debe contener un equilibrio visible entre sueo y objetividad.

Por otra parte, en el texto introductorio del tabloide distribuido para el debate, se pueden leer, en los prrafos finales, unas palabras de Fidel, que ahora yo tambin reproduzco:

Una de las cosas que nos preocupa y que debe ser una preocupacin perenne, es que [] la Constitucin que nosotros hagamos se cumpla rigurosamente. No podemos tener o aprobar uno solo de esos preceptos que no se aplique rigurosamente. []

La Revolucin no puede crear una Constitucin, no puede crear instituciones, no puede crear principios que no se cumplan.

Por eso es nuestro propsito una vez que se haya aprobado esta Constitucin, luchar consecuente y tenazmente, para que cada uno de los preceptos de esta Constitucin se cumplan; que nadie le pueda imputar a la Revolucin jams, de que acord leyes y principios que despus no se cumplieron.

Mi punto de vista es que ese artculo 76, si no tenemos a la vista una reforma general de salarios, debe redactarse de nuevo. O sencillamente modificarse y no dar como hecho lo que es solo una aspiracin. Podra decir: El Estado aspira a retribuir salarialmente segn el principio de cada cual segn su capacidad, a cada cual segn su trabajo, y luchar incesantemente por hacerlo valer con las rectificaciones a la poltica salarial que se vayan haciendo posibles a travs del incremento de la productividad o cualquier otro factor, coyuntural o no.

Las instituciones en tanto reguladoras de la gestin estatal son: su rostro, sus manos, su herramienta mayor. Entre esas herramientas est el cuerpo legislativo que sustenta la lgica de un devenir. Pero las herramientas legales no operan con robots; son los hombres los que las deben hacer valer, y los hombres merecen una retribucin por su trabajo que les permita vivir con total limpieza tica.

Hace ocho aos me jubil por la llamada ley vieja. Trabajo en mi casa, porque escribo diariamente. Ya no dependo del salario, ni de mi (casi simblica) pensin. Hablo de un problema que va mucho ms all de intereses personales.

Ricardo Rivern Rojas. Poeta, periodista y editor cubano. Villa Clara, 1949. En 1990 fund la Editorial Capiro, en la ciudad de Santa Clara. Fue director de Signos, revista de cultura popular, tambin con sede en la ciudad de Santa Clara. En 2002 le fue otorgada la Distincin por la Cultura Nacional. Entre sus libros se cuentan: Das como hoy (poesa) Editorial Letras Cubanas, La Habana, 2008; Irrelevancia crnica (crnicas) Editorial Capiro, Santa Clara, 2010; y No me quieras matar, corazn (antologa potica), Ediciones Unin, La Habana, 2011.

Fuente: http://lajiribilla.cu/articulo/institucionalizar-constituir-cumplir



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