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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2018

Los servicios como motor de la creacin de empleo

Fernando Luengo
CTXT

En un contexto econmico caracterizado por la insuficiente generacin de empleos y la baja calidad de estos es necesario introducir el reparto del trabajo y la renta bsica ciudadana


<p>Centro de interpretacin de la tecnologa. </p>

 

Centro de interpretacin de la tecnologa. FLICKR

 

Los servicios han sido, desde hace dcadas, el principal baluarte de las polticas ocupacionales de las economas europeas, y, en general, del mundo capitalista desarrollado. Este sector que agrupa a un heterogneo conjunto de actividades que presentan como denominador comn ser relativamente intensivas en la utilizacin de trabajo ha absorbido buena parte del empleo liberado por la agricultura y la industria.

Poniendo el foco en la Unin Europea, en el caso de las actividades agrarias, el nmero de trabajadores se ha reducido entre 1995 y 2016 en algo ms de siete millones (toda la informacin estadstica procede de Ameco), aportando en este ltimo ao el 4,5% del empleo total (en algunos pases, como por ejemplo Rumania y Bulgaria, los registros son sustancialmente ms elevados; este porcentaje alcanzaba en ese ltimo ao el 23,6% y el 18,3%, respectivamente). Todos los socios comunitarios, con la excepcin de Malta donde la contribucin de la agricultura no llega al 2% han seguido esta tendencia.

Tambin en la industria la UE ha conocido, salvo en Luxemburgo, un drstico retroceso en el nmero de personas ocupadas. En el mismo tramo temporal, 1995-2016, el empleo perdido ha sido algo mayor que en la agricultura, lo que ha llevado su peso relativo en la ocupacin global desde el 21,1% al 15,3% (tambin aqu encontramos diferencias sustanciales, como en la Repblica Checa, donde la industria aportaba en 2016 el 29,1%, y en Polonia el 23,6%).

El contrapunto de esa evolucin ha sido el sector servicios. Dentro de la UE, el nmero de personas ocupadas a lo largo del perodo considerado ha aumentado en casi 43 millones, cifra muy superior a los puestos de trabajo destruidos en los sectores primario y secundario. lo que supuso un aumento de ms de diez puntos en su contribucin a la totalidad del empleo, pasando desde el 63,2% en 1995 hasta el 73,9% en 2016.

As pues, como se sealaba al comienzo, el sector servicios ha actuado como colchn amortiguador y como dinamizador del empleo (grfico), absorbiendo el destruido, tanto en la agricultura como en la industria, y canalizando asimismo la demanda de empleo procedente de los jvenes que cada ao se incorporan al mercado de trabajo.

Continan teniendo los servicios ese potencial de creacin de puestos de trabajo? A la luz de las cifras que acabamos de desgranar, la respuesta es claramente afirmativa. Pero conviene tener al respecto una mirada amplia; mirada que nos obliga a plantearnos, cuando menos, dos cuestiones. La primera tiene que ver con el diseo y ejecucin de la poltica econmica; la segunda, con las caractersticas estructurales del sector.

 

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En cuanto al primero de los aspectos mencionados, la poltica llevada a cabo en esta dcada de crisis que, en realidad, contina, aunque de manera ms intensa, la implementada por las instituciones comunitarias y por la mayor parte de los gobiernos europeos desde los aos 80 del pasado siglo ha tenido entre sus objetivos prioritarios los ajustes presupuestarios.

No entrar en el anlisis del impacto contractivo de esa poltica sobre la demanda agregada y la implicacin que ha tenido en trminos de destruccin de empleo, cuando se lleva a cabo en un contexto de debilidad del consumo y de la inversin privada (asunto sobre el que existe un amplio consenso entre los economistas). De mayor empaque estructural, y de gran relevancia para el tema que nos ocupa, es el relato y la accin poltica que pretenden legitimarla y convertirla, antes, ahora y en el futuro, en el santo y sea del edificio comunitario.

En virtud de ese relato, no slo se seala al Estado y a las polticas pblicas como responsables de la crisis, sino que, adems, se les atribuye, frente a la supuesta racionalidad y buen hacer de los mercados, una intrnseca ineficiencia. As, la austeridad presupuestaria, adems de definir la hoja de ruta que hay que seguir obligatoriamente para dejar atrs la crisis, se convierte en una pieza fundamental de una buena poltica econmica, al facilitar que los recursos materiales y financieros disponibles se destinen a la iniciativa privada.

Es en este contexto estructural donde hay que situar la sacralizacin de la disciplina fiscal impuesta desde Bruselas, la insistencia en los (supuestos) efectos beneficiosos del rigor presupuestario y la constitucionalizacin tanto en los tratados europeos como en el ordenamiento legal de los pases de los objetivos de dficit y deuda pblicos.

Pero si los poderes pblicos quedan privados de legitimidad y recursos para acometer polticas sociales y productivas y si adicionalmente se exige a los estados que dispensen prioridad absoluta al pago de las deudas contradas con los grandes bancos (reforma del artculo 135 de nuestra constitucin o exigencia de los planes de rescate a Grecia), tambin queda seriamente limitada su capacidad para intervenir activamente en la poltica ocupacional. Alguien duda de la necesidad y la urgencia de esa intervencin en la lucha contra la degradacin de la naturaleza y el cambio climtico, en la cobertura de los cuidados necesarios para la vida, en la garanta de una educacin y una sanidad de calidad para todas las personass, en el fortalecimiento de las capacidades de investigacin, desarrollo e innovacin? En esos y otros mbitos hay mucho empleo que no puede dejarse en manos de la iniciativa privada; exige un decidido compromiso pblico.

El segundo factor que tambin es necesario tener presente hace referencia a las profundas transformaciones que est experimentando el sector servicios durante las ltimas dcadas, y que, con toda seguridad, se harn ms pronunciadas en las siguientes. Como se ha sealado antes, una de las caractersticas que distingue a las actividades agrupadas en este sector es ser relativamente intensivas en trabajo, requiriendo, en trminos generales, menos capital por unidad de producto que las industriales. Ello explica, al menos en parte, su potencial de creacin de empleo.

Esta sea de identidad todava la encontramos en una parte sustancial de los servicios; sobre todo en aquellos que presentan un formato ms tradicional, bien sean ofertados por las administraciones pblicas o por el sector privado. Pero una parte creciente de los mismos, especialmente los que se ofrecen en clave mercantil, estn experimentando importantes transformaciones de gran entidad que estn alterando el panorama estructural del sector.

Por un lado, aumentan los requerimientos de capital, al tiempo que penetran las nuevas tecnologas, sobre todo las relacionadas con la informacin, la digitalizacin y las comunicaciones. Todo ello, reduce la demanda de trabajo. Por otro, a diferencia de los de corte ms tradicional, articulados alrededor del mercado interno y donde la proximidad entre el productor y el consumidor resulta imprescindible, una parte de los servicios se ha internacionalizado. Las nuevas tecnologas facilitan su almacenamiento, procesamiento y exportacin, incorporando de esta manera un rasgo propio de la industria manufacturera. Estos servicios se caracterizan por ser transables en el mercado internacional, susceptibles de deslocalizaciones transfronterizas y estar sometidos a una competencia ms intensa. Su supervivencia depende de la obtencin de mejoras en la productividad, lo cual tiene una incidencia negativa en el nivel de empleo.

Estos factores, en un contexto de dbil e inestable crecimiento econmico, como el que se dibuja para los prximos aos, apuntan hacia un escenario caracterizado por una insuficiente generacin de empleos y por la baja calidad de estos. En estas condiciones, adems de reformular radicalmente la poltica econmica y de otorgar al sector pblico un papel relevante en la estrategia ocupacional, es necesario introducir en el debate ciudadano y en la agenda poltica el reparto del trabajo y la renta bsica ciudadana.

Fernando Luengo es economista y miembro de la Secretara de Europa de Podemos. @fluengoe

Fuente: https://ctxt.es/es/20180926/Firmas/21900/renta-basica-empleo-precariedad-sector-servicios-fernando-luengo.htm

 



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