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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2018

La vendimia extremea, de la huelga del 76 a nuestros das
Explotacin y lucha de pura cepa

Manuel Caada
El Salto

Durante aos, la vendimia se constituy en el corazn de la lucha de clases en el campo extremeo. La recoleccin de la uva ser la trinchera donde se diriman el salario y los derechos.


La Rioja Temporeros Vendimia 1

Manos de uno de los trabajadores temporeros. SONIA TERCERO



Yo s cunta fatiga, sobre el otero en llamas,

cunto sudor y sol ardiente se precisa,

para engendrar mi vida y para darme el alma

El alma del vi no, Charles Baudelaire


Las cinco de la maana. Navaja, esportn y una linterna de cabeza. Jos lvarez, su hijo Jos Francisco y Manuel Infante el Coco, como otros miles de jornaleros de Tierra de Barros durante estas fechas, ya estn en el corte. Son los mineros de la uva, las cuadrillas del dios Baco. La noche est estrellada y tiritan azules el carro, las mulas y todos los astros, a lo lejos. Pero no se ha venido aqu a escribir poemas de amor ni canciones desesperadas, sino a cortar racimos a paso vivo, a mover la espuerta con bro o a arrastrarla si flaquean las fuerzas, a doblar la rabailla con afn hasta que no se sientan los huesos.

Pionero en tantas cosas, Carlos Falc fue el primero en instaurar la vendimia nocturna, escriba hace seis aos Carlos Delgado, crtico enolgico del peridico El Pas, exaltando el espritu innovador del Marqus de Grin y presidente del Crculo Fortuny, la patronal espaola del lujo, al tiempo que enalteca el embrujo de la vendimia nocturna. Pero no parece que a muchos de los que tienen que recolectar la uva les produzca la misma fascinacin. Esto de trabajar en el campo sin verse, con las linternas, me parece sangrante. Nos sacan la pringue todo lo que quieren y ms Pero esto es lo que hay. Quien as habla es Antonio, un temporero de Almendralejo, de 64 aos, que trabaj mucho tiempo de encofrador y que, cuando la construccin revent, volvi al campo.

Pero, de un modo u otro, con linterna o sin linterna, sea uva negra o uva blanca, la dureza de la vendimia es ineludible. En Extremadura, la cosecha se sigue haciendo a mano, con esportones a la cabeza. La media que se corta una persona son 1.500 kilos de uva y si la via est buena y se dan las condiciones uno puede llegar a vendimiar hasta 200 arrobas. Echa cuentas, a once kilos y medio la arroba. Y si la via est mala trabajas ms porque tienes que llevar el esportn arrastro, sin llenarlo. Y antes el compaero te echaba la mano y te lo pona en la cabeza, pero ahora ya no. Y eso te deja la espalda hecha polvo. Ahora quien tercia es Jos Martnez, trabajador de Ribera del Fresno y uno de los militantes de la comarca ms activos en la Organizacin de Defensa de lo Pblico y en los Campamentos Dignidad.

El mundo del vino es uno de los grandes exponentes de lo que Rafael Chirbes denominaba con irona el estadio superior de los buenos modales, un bien cultural ms del botn de los vencedores. Tras la acumulacin primitiva de capital, tras el momento canbal, escriba Chirbes, viene la etapa de la moral pblica y hay que aprender a servir el banquete, a elegir las manteleras y vajillas, a poner orden en la mesa, a saber dnde se sienta cada cual, el nombre del cocinero que prepara el men, el orden en que tienen que ir apareciendo los platos, las etiquetas de los vinos, la calidad de las aadas. Tras la jerga oscura del sumiller y la excelencia elitista del gusto, la opresin annima de los jornaleros.

El 15 de septiembre de 1976 el periodista Jos Mara Pagador escribir en la prensa regional un artculo que levantar ronchas entre la clase empresarial de la comarca, criticando el carcter elitista de la Fiesta de la Vendimia: El sbado por la noche en Almendralejo, en el cine Carolina Coronado y en la cena que sigui, haba mucho oropel, mucha joya, mucha piel y mucho lazo en cuello almidonado. Pero no vimos al pueblo por ninguna parte; todo lo ms, un puado de curiosos jvenes a las puertas de un acto que no era para ellos. Por aquellas mismas fechas, hace 42 aos, cuando todava no haba sindicatos legales, los jornaleros de Tierra de Barros protagonizarn una potente huelga arrancando el primer convenio de la vendimia. La cosecha de este ao viene rezumando dignidad.

LA HUELGA DEL 76: EL RETORNO DEL SUEO JORNALERO

No queremos que nos sigan comprando en la plaza como lechugas. Es 19 de septiembre de 1976 y la frase es un titular del diario Hoyinformando de la segunda jornada de huelga de los vendimiadores en Villafranca de los Barros. Quinientos trabajadores han participado en la asamblea celebrada en el teleclub y alguno de ellos ha utilizado esa expresin tan elocuente.

En cada huelga late el socialismo, afirmaba temeroso un ministro de Bismarck. Y en la huelga que estn comenzando los jornaleros de Tierra de Barros late tambin la memoria de las luchas primeras, el espectro del 25 de marzo, la revolucin pendiente de los campesinos. La esperanza no ha parado de bregar un solo momento, pasando de una faena a la otra, de una mano a otra mano.

Fernando Cid, Felipe Meneses, Jos Santos y Antonio Garca son algunos de los jornaleros de Villalba de los Barros que participaron en las huelgas de los 70 y en su laboriosa sementera. Aqu, como en tantos pueblos, la represin posterior a la guerra fue feroz y la codicia de los vencedores no le anduvo a la zaga. En la localidad, el monte comunal conocido como El Carrascal, con 1.800 fanegas de buena tierra, se lo quedaron dos de los seoritos con mando en plaza; uno de ellos, Sebastin Garca Guerrero, llegara a ser presidente de la Diputacin Provincial y su cuadro an cuelga, solemne, en los salones de la institucin.

Huelga del 76-Titular del Hoy

Titular del peridico 'Hoy' de la huelga de la vendimia de 1976.

Los aos 40 y 50 sern aos de hambre y penalidades de todo tipo. Mis hermanos salan a por bellotas. Salan de noche y lo que te podas coger era una camisa grande, luego se descargaban en casa y por lo menos tenamos para hacer unas migas, recuerda Felipe Meneses. En la memoria del pueblo quedar grabada la muerte en 1946 de Marcos, un jornalero que muri hinchado de hambre. Y tambin la de Jimnez, el guarda de fincas al que Antonio Bentez el Pichirichi, harto de hambre y de palos, mat con un hacha. La emigracin desangrar el pueblo tambin en esas dcadas: la poblacin se reducir a la mitad, pasando de 3.300 habitantes en la dcada de los cincuenta a los 1.700 en la dcada de los 70 y a los 1.500 actuales.

Pero, a pesar de todo, de la represin, de la matanza de Badajoz, de las fosas comunes, del nuevo saqueo de los terratenientes, del hambre, del acoso pertinaz de la guardia civil y de la emigracin, el viejo topo de la resistencia campesina no ha dejado de excavar durante la larga dictadura. El pueblo vuelve a organizarse, vuelve a emerger el coraje reprimido. Y lo hace tejiendo