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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2018

Un mensaje de aliento desde el 5 de octubre

Ariel Dorfman
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El prximo 6 de noviembre, las elecciones en los Estados Unidos van a decidir si los demcratas son capaces de tomarse la Cmara de Representantes y tal vez el Senado, poniendo coto a la corrupcin y demasas de un billonario racista y misgino que gan la Presidencia en forma fraudulenta. Una victoria tan fundamental depender de un fenmeno que me ha llamado la atencin desde que vine a vivir a este pas en 1980: el hecho de que muchsimos de los que pueden votar no lo hacen (en los ltimos comicios para el Congreso en el 2014, slo ejercieron ese derecho 36,6 por ciento de los ciudadanos hbiles). Escpticos o indiferentes o meramente fatigados, parecen creer que su voto no tendr efecto alguno. Estn equivocados. Tal vez en este momento crucial en que ya ha comenzado el proceso de early voting (la posibilidad de sufragar durante el mes anterior a las elecciones), sera bueno que a esos norteamericanos que se abstienen tan inconscientemente se les contara la historia de una eleccin diferente que se llev a cabo treinta aos atrs en un pas lejano en que tambin se decida dramticamente, como sucede hoy en la patria de Obama, el destino de su pueblo.

El 5 de octubre de 1988 se llev a cabo en Chile un plebiscito que iba a determinar si el perverso General Augusto Pinochet, cuyo golpe militar de 1973 haba derrocado al gobierno constitucional, seguira en el poder por otros ocho aos ms (aunque todos sabamos que era de por vida).

En esa ocasin pareca inverosmil que un tirano tan omnipotente y astuto pudiera perder una contienda que tena todas las de ganar. Me acuerdo que muchos enviados internacionales (incluyendo un corresponsal del New York Times con que convers) crean que tal hazaa era imposible. Adems de los militares y la polica, Pinochet controlaba el Ejecutivo y el Legislativo (haba abolido ambas ramas del Congreso), y el amedrentado poder judicial. Sus cmplices civiles, una combinacin de la vieja oligarqua y los piranhas, nuevos y voraces millonarios advenedizos que se haban enriquecido gracias a las polticas neoliberales de los Chicago Boys, eran dueos absolutos de la economa y de los mayores medios de comunicacin. Ms intimidante todava era el miedo que asolaba a Chile. Cmo poda esperarse que hombres y mujeres que haban sufrido y presenciado ejecuciones, acosos, tortura y exilio durante quince interminables aos, fueran capaces de superar un terror tan cotidiano como implacable? Podra una poblacin acostumbrada a callarse sacar la voz?

La respuesta me la dio una modesta y enjuta anciana en una poblacin perifrica del gran Santiago, un encuentro que ocurri unos das antes del referndum. Como miles de voluntarios pacficos a lo largo de Chile, particip en un puerta-a-puerta que tena por objeto informar a la gente acerca de sus derechos. Esa tarde, la seora respondi con cautela a mi presencia, solo invitndome a entrar a su casa cuando estuvo segura de que nadie en la vecindad nos estaba acechando.

Viendo su desconfianza, le expliqu que nadie sabra nunca lo que ella haba resuelto en la soledad de la cmara secreta. Durante un buen rato, no respondi ni una palabra, hasta que, finalmente: El sabe, dijo. Tiene un ojo adentro del lugar donde se vota, sabe todo lo que hacemos. Y me va a quitar mi fonolita, mi techo, cuando se d cuenta de lo que hice. Aun as, cuando nos despedamos, susurr unas palabras de aliento y desafo en mi odo: Voy a votar contra l. No voy a perder mi nica oportunidad de que se oiga mi voz.

Unos das ms tarde, esa mujer se uni a casi cuatro millones de sus compatriotas para derrotar a la dictadura. Contra todos los pronsticos, 56 por ciento del pas le notific al General que sus das estaban contados. No sera fcil, pero habamos comenzado el largo, arduo camino de retorno a la democracia.

Esa noche, acompaado de mi esposa y nuestros dos hijos, y rodeado de innumerables amigos y vecinos, bail en las calles de Santiago, integrndonos a una ola festiva que se despleg por toda la nacin. Al final de cuentas, nuestro triunfo no fue ni tan extrao ni tan improbable como los observadores suspicaces haban augurado. Fue un triunfo que provino de una profunda tradicin democrtica que la intervencin militar no pudo sofocar, y de la lucha, sacrificio y movilizacin de centenares de miles de activistas que acompaaron a personas como aquella anciana en su bsqueda de la dignidad. Ella supo mirarse en el espejo de su propio coraje, intuyendo de que algo tan aparentemente frgil como una mano marcando una papeleta solitaria, un susurro de esperanza y desafo, puede cambiar la maldicin de la historia.

Este es el recuerdo que invoco hoy, desde los Estados Unidos, cuando su pueblo se pregunta si ser posible rescatar esta democracia apremiada. Me gustara creer que los ciudadanos de la patria de Lincoln y Rosa Parks, en circunstancias mucho ms auspiciosas que las que existan en Chile, son tan valientes y devotos de la libertad como esa anciana en Santiago que logr desterrar la apata y vencer el temor. Y quiero creer que, junto a la mayora de este pas donde hoy vivo y al que llamo tambin mo, voy a encontrarme bailando en las calles la noche del 6 de noviembre, celebrando que el fin de la pesadilla que se llama Donald Trump comienza a vislumbrarse.

Ariel Dorfman: Escritor. Autor de La Muerte y la Doncella y, recientemente, de la novela Allegro.

Fuente: http://www.pagina12.com.ar/146679-un-mensaje-de-aliento-desde-el-5-de-octubre



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