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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-10-2018

De los desafos a las amenazas en el frentismo

Emilio Cafassi
Caras y Caretas


El Frente Amplio uruguayo (FA) enfrenta desafos inmediatos que exceden la desembocadura electoral del ao prximo, necesariamente reida, como viene sucediendo en las ltimas tres ediciones. No es exiguo el mrito de haber logrado trazar una clara frontera poltica entre progresismo genuino y derecha contumaz. Ni despreciables los borrones que, con el paso del tiempo, exhibe la lnea divisoria. Aquellos que el politlogo Oscar Bottinelli caracteriz como desencanto en la edicin de Caras y Caretas del 14/9. Si bien las difuminaciones no son exclusivas del frentismo ya que tardamente algunos dirigentes y sectores de los partidos tradicionales descubren que no hay espacio alguno para otra perspectiva que el rancio restauracionismo neoliberal, es el FA quien sufre la anemia militante. Porque no es -slo- una opcin electoral, una fuerza poltica de seduccin de electores, sino de cotidianos actores sociales y civiles, compleja y dificultosamente organizados, una casona laberntica con diversas puertas carentes de cerradura por las que transitan de adentro hacia afuera y en sentido inverso, miles de encarnaciones humanas de convicciones en estado de crnica dubitacin.

En el prximo Congreso frentista de inicios de diciembre no se definirn exclusivamente las precandidaturas presidenciales, sino los detalles programticos sobre los que se erigir la estrategia del prximo gobierno, quienquiera resulte candidato en las internas abiertas y simultneas, constitucionalmente estatuidas. Ser ocasin de que vuelva a ostentar -no exclusivamente ante sus opositores sino ante el mundo- una metodologa de elaboracin colectiva precursora y digna de admiracin. Treinta y tres comisiones temticas, que adems de expertos integraron militantes de a pie, convergieron en un borrador que, impreso en tabloide, recuerda las ms voluminosas ediciones dominicales del diarismo del siglo pasado. Ms de un millar de congresales, reunidos en un estadio cubierto, sometern cada lnea de texto a una viviseccin sin las actitudes meramente contemplativas que Rembrandt destaca para los discpulos en su leo leccin de anatoma.

No obstante, las pasiones que reverberarn en las estructuras del recinto congresal, no se transmitirn necesariamente de manera mecnica a la sociedad. Ni siquiera al conjunto de la militancia frenteamplista o de los movimientos sociales y de la sociedad civil. Recuperar el optimismo crtico, las convicciones sobre el rol colectivamente relevante de la poltica, an desatados sus nudos tecnicistas y formales o las disputas narcisistas que desborden el dique del pudor, no resulta una consecuencia inevitable de metodologas de produccin colectiva de buenos programas.

Todo un apartado del grueso borrador est dedicado al estmulo y concrecin de la participacin ciudadana, aunque en trminos ms intencionales que propositivos, donde el problema de la apata poltica de cada vez ms vastos sectores sociales, recorre tcitamente las pginas del captulo especfico. Creo que el pasaje de lo implcito a lo explcito, la visibilizacin del sntoma, permitira atacar el nudo gordiano de la atona creciente, adems del envejecimiento militante paulatino sin mayor recambio generacional. Tal vez para ganar la prxima eleccin baste orientar la mirada hacia la catstrofe de los dos vecinos de frontera y ms all tambin, a excepcin de Bolivia. Pero sospecho que para neutralizar la centrifugacin militante y el desnimo, no bastan las conquistas econmicas y sociales si no se perciben producto de la participacin concreta de los beneficiarios de sus logros. Para participar de algo es indispensable sentirse implicado y relevante.

El borrador de bases programticas slo menciona en un par de oportunidades la necesidad de un debate en torno a la reforma constitucional, a pesar de haber elaborado en el anterior congreso Rodney Arismendi, un documento especfico sobre esta iniciativa. Considero que es la propia institucionalidad vigente la que aherroja al FA entre los barrotes de la democracia representativa, la que lejos de inducir a la participacin, la desalienta. Las tentativas carentes de institutos concretos de intervencin ciudadana, producen frustracin y pasividad en la sociedad civil. No se trata de cuestionar o impugnar moral o cvicamente a las masas o a la militancia descontenta, sino de comprender que all donde la desilusin pretenda ser compensada con voluntarismo vaco de imaginacin institucional que garantice la intervencin en las decisiones que afectan a los participantes, el vaco ser inevitablemente rellenado con lo realmente existente que es precisamente aquello que desencanta.

Si la dinmica, organizacin y funcionamiento de los partidos polticos prefiguran el tipo de Estado que se proponen construir, o ms especficamente de rgimen de gobierno y si el desencanto se advierte en ciertas proporciones de la ciudadana politizada, el diseo institucional no resulta exclusivo de un programa de gobierno sino simultneamente de la prctica de sus autores. Quizs la introduccin de esta hiptesis contribuya a problematizar la conclusin de Bottinelli en el reportaje ya aludido: el FA tiene problemas consigo mismo. El prximo congreso ser una ocasin para exhibirlos y mensurarlos.

De lo contrario, consumar la poltica del avestruz.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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