Portada :: Cultura
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2018

A 90 aos de los Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana, de Jos Carlos Maritegui.

Miguel Mazzeo
Contrahegemona


A 90 aos de su publicacin, con ms de ochenta ediciones de ms de dos millones de ejemplares, en veinte pases y en once idiomas, los Siete ensayos de interpretacin de la realidad peruana, la obra ms emblemtica del Amauta Jos Carlos Maritegui, exhiben una renovada vitalidad. talo Calvino deca que un clsico es un libro que nunca termina de decir lo que tiene que decir. De este modo, un clsico podra caracterizarse por su rechazo a la fijacin de fronteras de normalidad semntica y por su capacidad de permanecer a travs del tiempo, incontrolable y sistemticamente creativo. Los Siete ensayos siguen desafindonos, interrogndonos y seducindonos. En efecto, dcada tras dcada los Siete ensayos se prolongaron desestabilizadores y sobre todo aurorales. Y si su voz, en algunos perodos histricos infaustos, se torn leve susurro por proliferacin de sordinas, hoy es grito desgarrado. Si su lenguaje fue ininteligible para ciertas predisposiciones dogmticas, hoy es palabra prstina para los luchadores y las luchadoras populares de Nuestra Amrica.

Constituidos prcticamente en un contramanual o un antitratado, reacios a ser concebidos como un catecismo poltico, fieles a los modos de un gnero al que suele recurrirse a la hora de decir las cosas ms importantes en Nuestra Amrica (Germn Arciniegas deca que Amrica misma era un ensayo), estos textos de Jos Carlos Maritegui continan reescribindose. No se equivoc ngel Rama cuando dijo que los Siete ensayos eran un libro cargado de futuro. Tampoco Alberto Flores Galindo cuando dijo que el mariateguismo era una aventura inconclusa.

En lneas generales esta situacin puede explicarse, en primera instancia, con la simple referencia a un contexto poltico y terico que, en los ltimos aos, viene favoreciendo la reinsercin claro que con los ropajes caractersticos de la era la transmodernidad de un conjunto de temas y problemas (viejos e irresueltos) en la agenda poltica e intelectual de Nuestra Amrica: la dependencia, la colonialidad del poder, la cuestin indgena en marcos anticapitalistas, los formatos no liberales de la nacin, la interculturalidad, la defensa de la biodiversidad, etc.. Un color de fondo, entonces, que otorga, nuevamente, centralidad poltica y terica a cuestiones como el antiimperialismo, la lucha de clases y las perspectivas del socialismo en Nuestra Amrica.

Desde el punto de vista del pensamiento se puede afirmar que dicho contexto exige una tarea de reflexin-accin sobre las posibilidades de generar conocimiento radicalmente crtico de la matriz eurocntrica y que est al servicio de una poltica revolucionaria, es decir, una teora convertida en fuerza productiva transformadora. Queda claro que el inicio del siglo XXI ha suscitado la necesidad de reinterpretar el continente.

Pero la presencia de Maritegui y sus Siete ensayos tambin se puede explicar por el hecho de que se trata de una obra que ha sobrevivido a la crisis de los socialismos reales y al agotamiento de la matriz clsica de una izquierda (del leninismo en general) que busc reducir toda la vida a un ordenamiento sistemtico. Una decadencia tal, ms all de que muchos la consideraron arrasadora de toda idea de cambio radical, no poda afectar dicha obra en sus aspectos medulares.

Esto fue percibido por sectores de la izquierda europea (los que an conservan algn vestigio del sueo emancipador) que vieron en Maritegui las posibilidades de un marxismo operativo y con arraigo, un socialismo sin frmulas envenenadas, un pensamiento genuino que suministraba claves para la vida prctica y una esperanza. El espejo europeo nos puede servir para ver en los Siete ensayos y en toda la obra de Jos Carlos Maritegui, un aporte, tal vez el ms importante, del marxismo de Nuestra Amrica a la revolucin mundial (o a la globalizacin de los proyectos emancipadores, si se prefiere) y al pensamiento crtico. Un tributo que por su relevancia ha sido paragonado, con toda justicia, al de la Teologa de la liberacin, la Teora de la dependencia y la Investigacin-accin participativa.

La contribucin de Maritegui se relaciona con un modo original de asumir las mejores promesas de la ilustracin, en primer lugar porque las metaboliz sin producir formulaciones saturadas de alocalismo y universalidad, luego porque las puso en tensin constante, conmoviendo sus bases epistemolgicas pero conservando sus horizontes emancipadores. Se trata de una contribucin que tambin puede vincularse a la posibilidad de imaginar una razn que sea algo diferente a los artefactos despticos y que no se limite a la paranoica persecucin de objetivos, una razn modesta y no autosuficiente.

Podr discutirse la potencia autosuficiente que Maritegui, como contrapartida, le otorga a la voluntad, a la que, influido por Georges Sorel, considera ilimitada e incondicionada. Pero tal exageracin debera analizarse en el marco ms amplio de una batalla permanente contra el economicismo, contra los modos de produccin de sujetos desanimados y otras formas del fatalismo de izquierda. Maritegui asume la indispensable tarea de restituir la voluntad y la subjetividad y la pasin al sitial del que haban sido arrancadas por el socialismo reformista e integrado o el socialismo dogmtico y unidimensional. El realce de la voluntad propuesto por el Amauta es bsicamente expresin de lo que Ernst Bloch llamaba optimismo militante: la actitud ante algo no decidido, pero que puede decidirse por la va del trabajo y la accin.

Para delinear un pensamiento y una poltica de izquierda con capacidad de intervencin en la realidad, hoy resulta fundamental repensar todos los ejes del pensamiento emancipador, desde la nocin de sujeto y vanguardia hasta la de de transicin. Para relanzar el proyecto socialista se impone asimismo el reconocimiento de sus elementos relacionales y civilizatorios, la valorizacin de las experiencias populares prefigurativas, el peso de las subjetividades colectivas y el poder creador de la fantasa. En el marco de estas tareas, Maritegui vuelve a tener mucho que decir. La productividad poltica de sus Siete ensayos, vuelve a ser justipreciada como insumo imprescindible de un neo-humanismo revolucionario.

No tendra ningn sentido detenerse en las figuras inactuales de la radiografa y en aquellos tpicos de los Siete ensayos que han sido definitivamente superados. Despus de 90 aos sera terrible que esto no suceda. De seguro ser mucho ms provechoso hacer un alto en lo que an late con vigor y conserva inalterada su productividad terico-poltica que, por cierto, no es poco. En que aspectos debemos reparar para plantear una renovada productividad de estos textos octogenarios? Qu elementos fundan las posibilidades de un dilogo contemporneo con esta obra? Por qu tal como plantea Hctor Alimonda este pequeo libro ha sobrevivido mientras tantos otros proyectos imperiales o vanguardistas se disolvieron en el humo de la historia?

La interpretacin mariateguiana, cuyos fundamentos aparecen mejor desplegados en los Siete ensayos, parte de una operacin antropofgica y no una idealizadora o fetichizadora respecto de la cultura occidental, busca consolidar las identidades particulares a partir de una identidad universal, asume una idea de la totalidad no totalizante y rechaza el evolucionismo, el economicismo, el reduccionismo y toda causalidad mecnica o funcionalista. Se trata, por lo tanto, de una hermenutica que sigue siendo apta para caracterizar y comprender la raz de los males que aquejan a Nuestra Amrica. Y para remediarlos.

As, una lectura sintomtica de: Esquema de la evolucin econmica, El problema del indio, El problema de la tierra, El proceso de la instruccin pblica, El factor religioso, Regionalismo y centralismo y El proceso de la literatura, nos permitir hallar un mtodo que se distingue por una eleccin de las herramientas conceptuales siempre condicionada por el objeto de estudio e interpretacin y, a la vez, de transformacin: la realidad peruana. En el caso de Maritegui el anlisis concreto de una situacin concreta est muy lejos de ser un slogan justificador del pragmatismo y, como orientacin, resulta siempre incompatible con el oportunismo. Lejos de utilizar categoras autosuficientes caracterizadas por el ejercicio del desden y la indiferencia, el lenguaje mariateguiano fluye de las exigencias planteadas por el asunto mismo. He aqu una de las diferencias ms notorias del marxismo de Maritegui con el marxismo insincero de los dogmticos que confunden los postulados con los hechos, precisamente aquellos que consideraron (y consideran) que el marxismo del Amauta es insuficiente. El contraste con los modos lamentablemente persistentes de una izquierda que adaptaba y adapta la realidad a la teora universal inmutable, resulta inevitable.

Los Siete ensayos tambin nos ponen cara a cara con un esbozo de un proyecto de racionalidad alternativa a la moderna-instrumental. Decimos alternativa porque la crtica de Maritegui est lejos de ser antiracional y antimoderna, como algunos han planteado ligeramente. Se trata de un esbozo donde mito y logos, aunque en constante tensin, no se contraponen absolutamente, sino que se complementan y se potencian, al igual que materialismo e idealismo, porque la racionalidad aparece determinada como un momento dentro del todo o descubriendo su propio ser natural, como dira Theodor W. Adorno.

Para Maritegui el mito es inseparable de la revolucin porque es el proveedor de las imgenes y las ideas que trascienden lo dado, por lo tanto le asigna un papel clave. Adems de colmar el yo profundo y la necesidad de infinito de los seres humanos, el mito para el Amauta deba abastecer los requisitos de articulacin de la diversidad, cambiar el logos de la fragmentacin y la serialidad (fuente de escepticismo, de resignacin y adaptacin al poder) en el seno de las clases subalternas, en fin, el mito, productor de comunidad y de presencia social, tambin es lo que puede conjurar a Babel sustituyendo la certidumbre por la esperanza, contrarrestando los efectos de la razn desencantada y desencantadora de la realidad, siempre atada al poder econmico, social, poltico e ideolgico, ms all de que proclame su autonoma a los cuatro vientos. Por supuesto, para el Amauta el mito distaba de ser una construccin artificial, pura abstraccin, por el contrario, se originaba en fuerzas histricas concretas, era la condensacin de tendencias reales y de lo que se encontraba en proceso de gestacin subterrnea, de ah su poder movilizador (y no de la astucia manipuladora de cierta izquierda, o de la astucia fundadora en los trminos del cdigo heideggeriano). Maritegui reconoce la porcin de logos que contiene el mito. El mito para Maritegui remite a lo vivo, al lenguaje, a la creacin colectiva, al esfuerzo y la originalidad. El mito no es de los intelectuales, sino de las multitudes.

Al exponer la homogeneidad entre lo real y lo imaginario, Mariategui abre todo un campo de posibilidades para el pensamiento crtico y la poltica revolucionaria, un abanico de formas variopintas de conocer y apropiarse del mundo. Mariategui rehabilita la imaginacin, retoma el planteo kantiano que consideraba a la imaginacin como parte de la razn y nutre al marxismo de Nuestra Amrica con lo que Michael Lwy denomina una sensibilidad romntica que constituye la atmsfera que permite establecer un parentesco esencial entre el Amauta y Antonio Gramsci, Rosa Luxemburgo, Georgy Luckacs, Walter Benjamn y Ernst Bloch. En el Amauta lo intelectual no oprime lo sensual, a diferencia de lo que ocurre con la izquierda dogmtica que le rinde culto a un angosto racionalismo que la lleva a asumir un socialismo puro e incontaminado y que termina pagando los costos polticos de la abstraccin.

De alguna manera esta apertura al mito y a la imaginacin tambin explica la opcin de Maritegui por el ensayo, el centauro de los gneros, tal como supo definirlo Alfonso Reyes. En efecto el ensayo articula ficcin (concebida como generadora de hechos) y el discurso ms erudito, y tambin siguiendo en la lnea de Reyes combina belleza y concepto, lo objetivo y lo subjetivo, lo propio y lo ajeno. No es causal el peso de los temas culturales (y especficamente literarios) en la obra de Maritegui y en particular en los Siete ensayos. El Amauta conceba a la obra literaria como expresin ideolgica y, por lo tanto, en estrecha relacin con las experiencias y los deseos colectivos, de ah su bsqueda de valores-signos y su certeza de que la realidad ms profunda puede encontrarse por los caminos de la fantasa.

Los Siete ensayos son la ms ntida expresin, en Nuestra Amrica, de una concepcin del marxismo que asume el horizonte de la autenticidad y no el de la rigidez, de la perspectiva heterodoxa entendida como superacin cualitativa de la ortodoxia (que se caracteriz en Nuestra Amrica por desarrollar una escasa presencia en la clase tal como es). Por eso el marxismo para un hermeneuta consumado como Maritegui, ms que una ideologa o incluso una filosofa de la historia cerrada, era una filosofa abierta y un mtodo creativo y crtico.

Los Siete ensayos proponen una dimensin societal y civilizatoria del socialismo: Maritegui, sin dejar de partir del anlisis material, no pone el eje en la letana del desarrollo de las fuerzas productivas. Subyace en la obra de Maritegui, y en particular en los Siete ensayos, una economa poltica de las clases subalternas. En contra de lo que sostena V.I. Lenin, para el Amauta el socialismo era ms, mucho ms, que el paso siguiente despus del monopolio capitalista del Estado o que el monopolio capitalista del Estado puesto al servicio de todo el pueblo. El socialismo era algo cualitativamente diferente a un sistema econmico en el cual la mayora de las actividades importantes son realizadas por agencias de propiedad del gobierno y controladas por l mismo gobierno (tal como ha planteado, recientemente, Robert Dhal). En este aspecto cobra una importancia crucial la nocin de elementos de socialismo prctico, presente en los Siete ensayos, que nos muestra al socialismo como algo propio de la realidad intrahistrica y geopoltica de Nuestra Amrica.

Para Maritegui estos elementos surgieron en el Per en tiempos pre-incaicos y se desarrollaron, junto a una economa que se desenvolva "espontnea y libremente", hasta la conquista espaola. Lo que significa que estos elementos no fueron eliminados o afectados por los incas, que stos no alteraron ese estado natural, por el contrario, segn Maritegui, lo potenciaron: "El trabajo colectivo, el esfuerzo comn, se empleaban fructuosamente en fines sociales". De esta manera, estos elementos garantizaron la subsistencia y el crecimiento de la poblacin. En el marco del imperio incaico, las comunidades fueron las clulas de un Estado "dinmico".

Esta postura, que ubica a Maritegui en la lnea de los sostenedores de la tesis del "comunismo incaico", no lo condujo a una idealizacin ingenua del incanato y a la formulacin de restauraciones utpicas. Por el contrario, el Amauta sostena que el pasado deba ser raz y no programa. En las notas de los Siete ensayos, correspondientes al "Problema de la Tierra". Maritegui deja en claro que no cree en la obra taumatrgica de los incas. Sostiene que la comunidad fue la clula del Imperio pero que no fue creada por los incas sino que estos reprodujeron un estado natural preexistente y remata con una de las conjeturas ms poderosas de los Siete ensayos: los incas no violentaron nada". Su mocin es indirecta, pero muy accesible la deduccin: su idea del socialismo es del mismo signo: un socialismo que no sea el fruto de una imposicin externa y compulsiva de una totalidad, de la normativizacin de la productividad poltica de las bases, del forzamiento de una totalizacin trascendente.

Lo mismo cabe para el plano de las superestructuras, especficamente para la religin. Mariategui tambin se encarga de destacar que la religin del Tawantinsuyo no violentaba los sentimientos, ni los hbitos de los indios. La inferencia se impone nuevamente: Maritegui le adjudica una dimensin religiosa al socialismo. Por supuesto, no concibe a la religin slo como dogmas, ritos y parafernalias, sino como lo que "relaciona" y une, es decir, lo que "religa". El mito revolucionario no violenta al mito religioso, no lastima al ancestral colectivismo teocrtico y a la utopa andina con su carga de mesianismo y milenarismo.

Para Maritegui la conquista espaola acab con el imperio de los incas y sent las bases, en la sierra, de una economa que denominaba "feudal". Ms all de la pertinencia del uso de la categora "feudal" para caracterizar la realidad de Nuestra Amrica, ms all de las precisiones semnticas, es evidente que Mariategui remite a un rgimen econmico-social que no logr mayores rendimientos que la economa precolonial y que adems "desnaturaliz" a las comunidades a la vez que les permiti subsistir. Maritegui confiaba no slo en el carcter "resistente" de la comunidades, tambin en sus potencialidades, que podan desarrollarse una vez liberadas del rgimen de servidumbre que las sofocaba, en el marco de un sistema que no las violente, que las proteja y que las asista con tecnologa, escuelas, hospitales, etc.. Para el Amauta ese sistema era el socialismo.

La Repblica no modific esta situacin, pero invocando el liberalismo, ms que al latifundio y al gamonalismo, lastim a las comunidades. En un pueblo de tradicin comunista, disolver la 'comunidad' no serva a crear la pequea propiedad. Dice Maritegui: No se transforma artificialmente a una sociedad...". La Repblica no asisti la paricin de una verdadera burguesa nacional y ofreci el marco adecuado para la consolidacin del capital extranjero (tanto o ms voraz y saqueador que los conquistadores ibricos) y del imperialismo que profundiz las deformidades y el atraso del Per. A partir de la Repblica, la formacin social peruana se caracterizar por la articulacin entre capital imperialista y precapital. Articulacin que remite a un todo orgnico caracterstico de las formaciones sociales perifricas y que es compatible con la nocin de desarrollo desigual y combinado. Es decir, el desarrollo capitalista del Per - nacin atrasada - asiste a la superposicin de distintas fases del proceso histrico. Mariategui prefigura la crtica al "dualismo". Lo arcaico y lo moderno que conviven en Nuestra Amrica para l son resultado del mismo proceso histrico. La escisin entre estos sectores es slo aparente y superficial. Maritegui tambin se anticipa a las explicaciones "conflictuales" y "neomarxistas" de los aos 60-70 que perciban la totalidad multisocietaria, su punto de vista, "realista" y no "ideolgico", se contrapone a la ilusin del desarrollo gradual conducido por una burguesa nacionalista y progresista.

Pero, a pesar de la penetracin del capital monoplico, la comunidad sobrevivi, y junto con ella los "residuos vivos de una economa comunista indgena", los "elementos de socialismo prctico".

As, las comunidades indgenas son reconocidas como punto de partida para el socialismo, un socialismo desde abajo. Maritegui, lejos del inconsciente vanguardista, no reconoca ni en la conciencia crtica ni en la conciencia cientfica producidas por elites los requisitos indispensables para el socialismo (un socialismo desde arriba), pero sin dudas admita que, metabolizadas por las bases, podan servir para potenciar y proyectar los elementos de socialismo prctico.

En trminos de Sigmund Freud podemos pensar el socialismo prctico como ese algo que viene al encuentro de una tradicin cuando esta se pone de manifiesto, un algo afn, unas huellas nemotcnicas o prcticas concretas (decimos nosotros), que permiten que una teora, o un saber conocido por unos pocos, pueda apoderarse de las masas. El socialismo moderno, cientfico, en fin, el marxismo, viene as a reanimar una vivencia perteneciente a los tiempos primordiales. En el mismo sentido podemos decir que el socialismo del Amauta, el socialismo de Nuestra Amrica, es ms socialismo porque la versin eurocntrica (el socialismo como un universal abstracto) lo dej afuera. Lo mismo cabe para el marxismo.

Es decir, en Maritegui se percibe una tenaz resistencia a toda forma de conciencia revolucionaria abstracta, sobrepuesta a la clase. As, sin el desarrollo de una praxis significativa que hiciera posible la refutacin de la posicin anterior, las clases subalternas no podran ser instruidas o convencidas respecto de sus posibilidades histricas. En esta disposicin palpita una orientacin estratgica: el igualitarismo de las bases (o los ncleos de buen sentido, en trminos de Gramsci, o los momentos de verdad, en trminos de Adorno) se puede multiplicar cuando se lo combina con formatos, ideas y proyectos no dogmticos, no sectarios y no elitistas.

Para Maritegui las comunidades, a partir de los elementos de socialismo prctico que en ellas sobrevivan, ofrecan una alternativa, econmica, social, poltica, identitaria y axiolgica al erigirse en mbitos donde se frustraban los mecanismos reproductivos de la burguesa y su inoculacin automtica en las clases subalternas. Mostraban en concreto que otro mundo y otra vida eran posibles. Al contraponer los modos comunitarios con el contexto general, Maritegui rechazaba cualquier actitud sectaria o purista. De este modo lo alternativo no busca imponerse desde afuera y desde arriba. Al mismo tiempo reconoce el carcter experimental de las comunidades, ya que prefiguran cambios en escalas mayores.

Muchos aos despus de la muerte de Maritegui, nufrago en un mar de desilusiones, Louis Althusser hablar de islotes de comunismo (donde hacer pie) o de valorar las potencialidades de los fragmentos de comunismo que existen en los intersticios de la sociedad capitalista. Esta idea, como la nocin de elementos de socialismo prctico, va mucho ms all de cualquier idealizacin de una comunidad incontaminada o aislada. Trata de pensar el socialismo con un fundamento social, comunitarista, relacional, intersubjetivo.

Los Siete ensayos convocan a la reinterpretacin de los valores considerados arcaicos y de los componentes valorativos usualmente desechados por precapitalistas. Entre esos valores y componentes podemos mencionar el familismo o el comunalismo en la lnea de lo planteado por el intelectual colombiano Orlando Fals Borda. Maritegui nos convoca a rescatar del orden ylico los valores familistas del grupo vecinal incaico y a ubicarlos en el marco de la accin poltica moderna, en el contexto de la fragmentacin de las clases subalternas. Vale la asociacin con el comunalismo del padre Camilo Torres. En trminos del Fals Borda, podemos plantear los siguientes pares dicotmicos: frente a los valores instrumentales, antivalores libertarios, frente a las normas, contranormas participativas, frente a las instituciones elitistas, disrganos y grupos claves populares, frente a las tcnicas de control, las tecnologas humanistas. Frente al mercado, la comunidad y un Estado con determinaciones societarias fuertes.

De esta manera, una articulacin similar (no exenta de tensiones) a que Maritegui establece entre mito y logos, se percibe tambin en la que establece entre tradicin y modernidad. En ltima instancia ambas remiten al macro proyecto de articulacin entre Arthur Rimbaud (cambiar la vida) y Carlos Marx (transformar el mundo). As, los Siete ensayos, proponen a la dialctica entre revolucin y tradicin como el arma ms letal contra el colonialismo.

Hoy, donde prcticamente todos los rdenes sociales caracterizados por el predominio de la cooperacin, la solidaridad y el respeto por la vida son considerados por las clases dominantes como parte del pasado, recobra vigencia el planteo de Maritegui consistente en recuperar y activar esos rdenes y pensarlos como fundamento de la nueva sociedad que deber recuperar la idea misma de individuo, tan vapuleada por los dispositivos de las cultura de masas del sistema capitalista (y no precisamente por el colectivismo marxista). Poco importa el carcter precapitalista de esos rdenes. Dado el grado de disolucin social producido por el capitalismo (sobre todo en las clases subalternas) casi todos ellos podran ser tildados de anacrnicos o desfasados: desde la comunidad campesina indgena a las formas ms avanzas de sociabilidad obrera de los aos 60- 70. Maritegui tambin ensea a construir con vestigios. Vestigios organizativos. Vestigios axiolgicos.

Como los Siete ensayos constituyen un programa para la accin, despliegan, en algunos pasajes en forma directa, en otros en forma un tanto solapada, una concepcin del Estado sumamente rica que constituye un punto de partida para los debates actuales. No domina en Maritegui ni el punto de vista estatalista ni el antiestatalista. Ni la caricatura de Lenin que considera que tomar el gobierno es tomar el poder, ni la caricatura de Gramsci, que cree que ganar a la sociedad civil es tomar el poder. En Maritegui podemos identificar una concepcin relacional del Estado. Maritegui no coloca al Estado en el horizonte del pensar-hacer la poltica, all reinan otra instancias, comunitarias, societarias, pero no lo niega ni lo considera un momento invariablemente reaccionario e incompatible con la democratizacin social. Una nocin como la de elementos de socialismo prctico, adems, nos permite pensar en un Estado con determinaciones societarias (y nacional - populares) fuertes y extensas. Un Estado que, a su vez, alimente esas determinaciones.

Esta concepcin del Estado, no puede dejar de vincularse a la del partido poltico. La concepcin del partido en Maritegui (tan debatida, tan controversial) es hoy tambin punto de partida para pensar la herramienta poltica que las clases subalternas necesitan para su emancipacin. Un aspecto fundamental de la concepcin del Amauta es el repudio de la idea de partido como salto en calidad a priori y de toda funcin de explotacin de la plusvala poltica de las organizaciones sociales y los colectivos militantes. As, para Maritegui, la herramienta poltica revolucionaria aparece como expresin de un proceso de constitucin de campos de hegemona, o mejor, de contrahegemona, por lo tanto consideraba que el partido no era el lugar exclusivo (y tampoco el ms adecuado) para que las clases subalternas adquieran los elementos necesarios de cara a su futuro rol directivo. Maritegui nos invita a pensar en instrumentos polticos no hipostasiados. Reluce en Maritegui una concepcin de la poltica como apuesta y no como la concrecin de una verdad prefabricada. La poltica para el Amauta no es ejecucin de los designios de un saber poder: la lnea correcta o la direccin esclarecida.

Se ha sostenido que para Maritegui el socialismo era el resultado inevitable de un liberalismo autntico o, en trminos de Eduard Bernstein, el corolario de una expansin del liberalismo. As, se vincul a Maritegui a una tradicin liberal-socialista al tiempo que se lo desvinculaba de la tradicin nacional-popular y la bolchevique. Esta operacin ha respondido al desconocimiento de la obra y la trayectoria del Amauta quien slo se aproxim a esta nocin del socialismo como consecuencia del despliegue del liberalismo en sus escritos juveniles, en una etapa de bsquedas y tanteos terico-polticos que el mismo denomin su prehistoria. Lo medular de la obra de Maritegui (incluyendo, claro est, los Siete Ensayos), se aleja de una ingenuidad tal. Sintetizar el pensamiento de Maritegui en torno a su confianza en tales ilusiones, hacerlo partcipe de tal fetichismo, es de una gran liviandad e irresponsabilidad intelectual. Pero esta visin distorsionada tambin se corresponde con los intentos de recuperacin del Amauta desde aquellas posiciones que hace rato abjuraron de todo anticapitalismo (aunque sigan definindose como socialistas) y que intentan construir un imposible Maritegui apto para la centroizquierda y el progresismo, un epgono peruano del doctor Juan B. Justo, un defensor de la ocupacin molecular del Estado. Dicha visin, tambin puede verse como la expresin de la pervivencia de esas ilusiones liberal-socialistas en ciertos sectores de las capas medias. Que el socialismo para Maritegui sea algo diferente del populismo, del totalitarismo o del desarrollismo, que Maritegui haya sido un contradictor de la idea de la toma del poder del Estado y de la nocin simple de la transicin basada en la destruccin-transformacin del Estado por parte del proletariado organizado autnomamente, que haya excedido la idea de la neutralidad y la potencialidad instrumental del Estado, no significa que est emparentado con el liberalismo.

La adhesin incondicional de Maritegui a la Revolucin de Octubre, su participacin en un universo tico-poltico comunista, pero sobre todo su concepcin profundamente anticapitalista, su idea del socialismo, la Nacin, el Estado y la revolucin, su enfoque que no dejaba de considerar las mediaciones operadas por las instituciones en la relacin entre las masas y las clases dominantes, lo colocan en las antpodas de socialismo liberal y lo diferencian parcialmente de la tradicin bolchevique, al tiempo que lo acercan a una tradicin nacional-popular pero no precisamente concebida en los trminos del populismo, s en los trminos gramscianos. Por cierto esa contraposicin entre una tradicin liberal socialista y otra nacional popular carece hoy de sentido en Nuestra Amrica. Sus contradicciones son superficiales, se agotan en la mera retrica y los imaginarios retrospectivos. Se ha conformado un campo ecumnico que articula a esas tradiciones: el campo el progresismo realmente existente cuyo eje es el rechazo a todo horizonte anticapitalista y su concepcin institucionalista, racionalista y tecnocrtica de la poltica.

Los Siete ensayos, permiten pensar en las posibilidades emancipatorias de los sujetos plurales al reconocerle capacidad emancipatoria a los sujetos subalternos no obreros. As, se reconoce la fuerza que yace en la multiplicad de los microuniversos y no los lmites de una socializacin heterognea del trabajo tan lejana del proceso de homogeneizacin prevista por las versiones ms economicistas del marxismo. Maritegui reconoce en las clases subalternas no proletarias capacidad de acumulacin de clase, capacidad de devenir masa hegemnica. Nunca dej de pensar Maritegui en trminos de clase, pero lo hizo sin las rigideces tpicas de la izquierda de su tiempo. Del mismo modo, reconoce el potencial emancipatorio de las tradiciones autctonas: toda idea de cambio radical slo resulta eficaz si se inscribe en la propia historia. Para cambiar el mundo no hay nada mejor que insistir en los elementos subversores de la propia forma de ser, pero sin desechar los caminos universales y ecumnicos que pueden servir para acercarnos a nosotros mismos, tal como plantea al final de los Siete ensayos.

Los Siete ensayos, no eluden la dimensin ecolgica y, de hecho, son prcticamente pioneros en el planteo de esta problemtica desde la izquierda. Se trata de una dimensin claramente identificable en las alegorizaciones y metforas sobre los incas y el imperio del Tawantinsuyu. En el marco de sus cuestionamientos a la idea de progreso y de modernidad impuesta por occidente, Maritegui propone un nuevo ethos que modifique las actitudes de las gentes ante la naturaleza. Por cierto, una temtica poco atendida en los 60-70 y que hoy es ineludible.

El problema de la Nacin recorre cada uno de Los Siete ensayos. Por cierto, la cuestin agraria, la emancipacin del indio, la revolucin socialista y la construccin de la nacin aparecen como planos inescindibles, dialcticamente articulados en un mismo proceso histrico. Los Siete ensayos, nos convocan a repensar la nacin a partir de coordenadas originales. Maritegui, como Tupac Amaru II, propugn la nacionalizacin, no a partir de una homogenizacin compulsiva sino en torno a una hiptesis profunda, raizal: el indio. Mientras que para otros el indio era un obstculo para la nacin, para Maritegui su presencia fantasmal operante era la nica posibilidad de una nacin, su fundamento mismo. La nacin no poda ser nacional sino se basaba en la concurrencia de las clases subalternas y en su historia alternativa, sino se configuraba como nacin popular, democrtica y diversa, estableciendo as una relacin dialctica entre las polticas de soberana y las de autonoma. En este sentido, Maritegui propone una serie de fundamentos adecuados para subvertir el concepto liberal de nacin y el concepto liberal del Estado monocultural basado en el ciudadano individual.

Los Siete ensayos destacan el contenido de clase del imperialismo y plantean una crtica a la lgica abstracta y antidialctica del etapismo compartido en tiempos de Maritegui (y tambin despus de su muerte) por el populismo y la izquierda vinculada a la Internacional Comunista. Sin invocar las Tesis de Abril de Lenin o La revolucin permanente de Len Trotsky, Maritegui insistir en las incapacidades congnitas del rgimen burgus en Nuestra Amrica a la hora de resolver las tareas democrtico-burguesas. Para el Amauta esas tareas slo eran realizables en el marco de un proceso general socialista, es decir: un proceso que sobredetermine esas tareas y les imponga una perspectiva no burguesa.

Los Siete ensayos contienen una expresin de la utopa socialista en su dimensin raizal. Existen sntomas de que se abre, en Nuestra Amrica, un tiempo de reiteracin de esa utopa, pero tambin podemos percibir seales de que esta reiteracin asume inditos perfiles de autoctona, de creacin heroica y no de calco y copia.

Los Siete ensayos dicen cosas esenciales, de ah su presencia (trmino que Jean Paul Sartre opona a vigencia, para l inexacto, adems de remanido). Ellos condensan los lineamientos bsicos de una tradicin un ser-ah, un sustrato que se vincula tanto a una hermenutica como a un pensamiento estratgico y una conciencia teltica. Estos textos de Maritegui son piedra angular, tero, partida de nacimiento. Por eso, como deca el escritor cubano Jos Antonio Portuondo: ah resisten, en pie, esperando ser impugnados, los fundamentos de esos Siete ensayos.

* El autor es Profesor de Historia y Doctor en Ciencias Sociales. Docente de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y en la Universidad de Lans (UNLa). Escritor, autor de varios libros publicados en Argentina, Venezuela, Chile y Per, entre otros: [email protected] Breve historia de un movimiento popular argentino; Qu (no) Hacer? Apuntes para una crtica de los regimenes emancipatorios; Introduccin al poder popular (el sueo de una cosa); El socialismo enraizado. Jos Carlos Maritegui: vigencia de su concepto de socialismo prctico y El hereje. Apuntes sobre John William Cooke. Colaborador de los portales Contrahegemona.web, Resumen Latinoamericano, La Haine y Rebelin.

 

Fuente: www.contrahegemoniaweb.com.ar


Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter