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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2018

Nace un monstruo

Atilio A. Boron
Rebelin


En una taberna maloliente de los barrios bajos del Munich de la primera posguerra un cabo desmovilizado del ejrcito imperial austriaco fracasado como pintor y retratista- trataba de ganarse la vida apostando con los borrachos del local a que no lograban acertarle sus escupitajos desde una distancia de tres metros. Si los esquivaba, ganaba; cuando no, deba pagar. Entre una y otra tentativa vociferaba tremendos insultos antisemitas, maldeca a bolcheviques y espartaquistas y prometa erradicar de la faz de la tierra a gitanos, homosexuales y judos. Todo en medio de la gritera descontrolada de la clientela all reunida, pasada de alcohol, y que repeta con sorna sus dichos mientras le arrojaban los restos de cerveza de sus copas y le tiraban monedas entre insultos y carcajadas. Aos despus, Adolfo Hitler, pues de l estbamos hablando, se convertira, con esas mismas arengas, en el lder del pueblo ms culto de Europa, segn ms de una vez lo asegurara Friedrich Engels. Quien en esos momentos -aos 1920, 21, 23- era motivo del cruel sarcasmo entre los parroquianos de la taberna resucitara como una especie de semidis para las grandes masas de su pas y la encarnacin misma del espritu nacional alemn.

Salvando las distancias algo parecido est ocurriendo con Jair Bolsonaro, quien encabeza cmodamente las encuestas de la primera vuelta de la eleccin presidencial de Brasil. Sus exabruptos reaccionarios, sexistas, homofbicos, fascistas y su apologa de la tenebrosa dictadura militar brasilea del 1964 y sus torturas provocaban generalizada repulsa en la sociedad. En el mejor de los casos lo consideraban tan slo un bufn, un hazmerrer nostlgico de los tiempos del rgimen que se abati sobre el Brasil entre 1964 y 1985. Por eso, durante dos aos su intencin de voto nunca super el 15 o 18 por ciento. Las encuestas de las ltimas dos semanas, sin embargo, muestran un espectacular crecimiento de su candidatura. La ms reciente le asigna un 39 por ciento de intencin de voto. Sabemos que hoy las encuestas de opinin pblica tienen enormes mrgenes de error; tambin que pueden ser operaciones mediticas de la burguesa brasilea dispuesta a instalar en Brasilia a cualquiera que impida el retorno del populismo petista al poder. Pero tambin sabemos, como lo afirma una nota reciente de Marcelo Zero, en Brasil, que la CIA y sus aliados locales han desatado una apabullante avalancha de fake news y noticias difamatorias de los candidatos de la alianza petista que encontr un terreno frtil en las favelas y barriadas populares de las grandes ciudades de ese pas. (Tem dedo da CIA nas eleicoes do Brasil, en www.brasil247.com)

Esos sectores fueron sacados de la pobreza extrema y empoderados por la gestin de Lula y Dilma. Pero no fueron educados polticamente ni se favoreci su organizacin territorial o de clase. Quedaron como masas en disponibilidad, como diran los socilogos de los aos sesenta. Quienes s los estn organizando y concientizando son las iglesias evanglicas con quienes se ha aliado Bolsonaro, promoviendo un discurso conservador duro, hipercrtico del desorden causado por la izquierda en Brasil con sus polticas de inclusin social, de gnero, de respeto a la diversidad, a los LGBTI y su mano blanda con la delincuencia, su obsesin por los derechos humanos slo para los criminales. Uno de sus recursos para atraer a los favelados a la causa de la derecha radical es mandar supuestos encuestadores para preguntarles si les gustara que a su hijo Jos le cambiaran de nombre y le llamaran Mara, para exacerbar la homofobia. La respuesta es unnimemente negativa, e indignada. La prdica del ex capitn sintoniza ntidamente con ese conservadorismo popular hbilmente estimulado por la reaccin. En ese clima ideolgico sus escandalosos y violentos disparates, como los de Hitler, decantan como un razonable sentido comn popular y podran catapultar a un monstruo como Bolsonaro al Palacio del Planalto que, como dato adicional habra que recordar que le prometi a Donald Trump autorizar la instalacin de una base militar de EEUU en Alcntara, en el estratgico promontorio del Nordeste brasileo que es el punto ms cercano entre las Amricas y frica, cosa a la que se negaron los gobiernos petistas. Si llegase a triunfar sera el comienzo de una horrible pesadilla, no slo para el Brasil sino para toda Amrica Latina.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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