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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-10-2018

Yemen, Arabia y Navantia

Rafael Silva
Rebelin


Los puestos de trabajo no estn por encima de la vulneracin de derechos humanos. Y enfrentar a las vctimas de Arabia Saud con los trabajadores de Cdiz es enfrentar a los pobres entre s. Esto se salva con ideas y convicciones en la toma de decisiones

(Vctor Arrogante)

 

No se trata solamente de un contrato por 2.000 millones de , sino de todo un programa de colaboracin blica con este gobierno autocrtico, que pasa por la creacin de una compaa conjunta, Industrias Militares de Arabia Saud, la remodelacin del puerto de Yeda, el mantenimiento de los buques y la instruccin de los marinos saudes en San Fernando. Y se une a la constante venta de piezas de artillera, municiones y bombas por parte del Gobierno a Arabia Saud

(Juanlu Gonzlez)

 

Entre 2015 y 2017, Espaa export armas a Arabia Saud por valor de 932 millones de euros y autoriz licencias por valor de 1.235 millones (...) Cada vez son ms los pases que se dan cuenta de que armar a Arabia Saud y a la coalicin que bombardea Yemen es incompatible con el derecho internacional y los principios humanitarios

(Amnista Internacional)

 

Como si una bomba de precisin hubiera cado por sorpresa y hubiera estallado. Caos, shock, sangre, heridas, astillas, miembros amputados, cuerpos despedazados, humo. Destruccin y muerte. La Izquierda se desangra sin remedio en los astilleros de Navantia, merodea asfixiada, conmocionada, completamente desorientada entre la densa humareda que dejan las bombas y el zumbido que revienta los odos. No ve, no oye. Languidece, puede que para dcadas, vctima de cuatrocientas bombas de precisin, cinco embarcaciones militares, seis mil puestos de trabajo, diecisiete mil civiles assinados, diez mil heridos, ms de veinte millones de personas en riesgo de hambruna, difteria y clera. La mayor catstrofe humanitaria del planeta a da de hoy, Yemen, y el mayor genocida actual, Arabia Saud

(Luis Gonzalo Segura)

 

Los trabajadores -y los sindicatos- que sigan comportndose como mandaos y renuncien a la posibilidad de forzar los cambios necesarios y urgentes en las lneas de produccin, irn al suicidio. Lo mismo cabe decir de los Estados que renuncien por exceso de cautela presupuestaria a generar alternativas viables a una infraestructura productiva desfasada, insostenible e injusta, heredada de generaciones anteriores

(Paco Rodrguez de Lecea)

 

No es ningn secreto que el reino de Arabia est dirigido por una familia, en el sentido ms doncorlenico de la palabra, que aplica el apartheid y un totalitarismo teocrtico, el ms severo del mundo que, como castigo de delitos como apostasa, adulterio, la homosexualidad y la hechicera no slo amputa manos y pies, sino ejecuta con lapidacin y decapitacin, para luego crucificar sus cadveres en pblico. Conden al bloguero Raif Badawi a 10 aos de prisin y 1.000 latigazos. Qu tal si creamos puestos de trabajo fabricando ltigos de alta calidad, ya que despus de unos fuertes golpes estos ltigos se rompen, junto con los huesos del reo? Es el rgimen que patrocina a los grupos terroristas que atentan por los cuatro costados del planeta, incluidos en los pases occidentales que le protegen, a pesar de que los tratados internacionales prohben la venta de armas a los pases que infringen gravemente los derechos humanos o apoyan el terrorismo

(Nazann Armanian)

 

Paros, protestas y movilizaciones. Marchas y cortes de carreteras. Huelga laboral ante el supuesto peligro de un contrato. Exigencia al Gobierno para que no permita que se anule la carga de trabajo prevista. Esto es lo que ha pasado hace varias semanas con los trabajadores de Navantia en San Fernando (Cdiz), es decir, que han organizado protestas masivas durante varios das, porque teman que peligrara el contrato que nuestro Gobierno posee con Arabia Saud, en lo referente a la fabricacin y venta de cinco corbetas, un contrato por ms de 1.800 millones de euros, y que dar empleo a ms de 6.000 personas (entre puestos directos e indirectos) durante los prximos cinco aos. Resulta que dicho contrato para la fabricacin de las corbetas (en realidad buques de guerra Avante 2200) se puso en riesgo por la negativa (despus corregida por el Gobierno) de no entregar 400 bombas de precisin lser al rgimen saud, lo cual gener la mencionada represalia de la dictadura strapa hacia nuestro pas. Las bombas ya haban sido vendidas (y cobrados los ms de 9 millones de euros) por el Ministerio de Defensa anterior (bajo el mandato del ex Ministro Pedro Morens), pero la actual Ministra del ramo decidi anular dicho pedido, ante las sospechas del uso salvaje y brutal que los saudes estn haciendo de ellas, bombardeando incluso autobuses escolares en Yemen. Es decir, que habamos vendido armas a Arabia Saud, y las corbetas que fabricar Navantia tambin se usarn en los conflictos blicos. Armas en definitiva, armas para un pas que est en guerra contra la poblacin indefensa de Yemen, y que est causando una de las crisis humanitarias ms devastadoras de los ltimos aos. Digmoslo claro: Yemen est siendo masacrado y silenciado, y el Gobierno espaol ha decidido participar activamente proveyendo de bombas y buques de guerra al pas agresor, en este caso Arabia Saud. Seguramente, las bombas se descargarn sobre poblacin civil indefensa. Y las corbetas servirn para continuar con el bloqueo naval de Yemen e impedir la llegada de alimentos y ayuda humanitaria a su poblacin.

Pero vayamos por partes, porque aqu hay mucha tela que cortar. En primer lugar, no deberamos vender armas a ningn pas, sea el que fuere. Pero detengmos en esta pregunta: A quin le estamos vendiendo armas? Se trata quiz de un pas civilizado y respetuoso, pacfico y tolerante? Quin es Arabia Saud? Pues se trata de una de las autocracias ms sanguinarias, peligrosas, regresivas y mortales del planeta, que desprecia absolutamente los derechos humanos, y que se adhiere a la corriente ms fundamentalista del Islam. Y desde que Riad inici su brbara agresin contra su vecino del sur, Yemen, varios pases occidentales han vendido y suministrado armamento y equipamiento militar a este execrable pas, a la postre primer importador mundial de armas. Una dictadura dspota, corrupta y sanguinaria, cuya familia real est muy hermanada con la nuestra. Aunque el Gobierno de nuestro pas no lo admite, existe constancia de que los saudes utilizan municin espaola en sus ataques a los yemenes. Un pas, Arabia Saud, que igual bombardea a poblacin civil de Yemen de forma indiscriminada, que encarcela a activistas por la democracia y los derechos de la mujer, que ejecuta en masa a cientos de condenados, o que empobrece a su poblacin mientras sus jeques del petrleo compran yates y castillos en el extranjero. Como podemos ver, todo un modelo a seguir. La venta de armas a un pas de semejante perfil es, adems de letal, inmoral e injustificable. Pero todo esto le trae al pairo al complejo militar-industrial, que presiona a los Gobiernos (y stos se dejan presionar) para que la venta de armas no decaiga. En esta situacin, est claro que asistimos a un conflicto capital-vida, o si se quiere, trabajo-armas. En concreto, se enfrentan el derecho al trabajo para los empleados de astilleros de la Baha de Cdiz y los derechos fundamentales a la paz, a la vida y a la libertad para las vctimas de dicho equipamiento blico... O ms bien todo esto es un dilema mal enfocado?

Necesitaramos quiz ms datos para tomar una decisin? Ah van algunos: la masacre cometida por la coalicin internacional liderada por Arabia Saud contra Yemen alcanza ya una situacin desoladora desde que comenzara en 2015. Las principales ONG han documentado innumerables crmenes de guerra por parte de los saudes, se practican decenas de bombardeos ilegtimos contra poblacin civil y contra las infraestructuras ms bsicas que abastecen a la poblacin, y la hambruna est ya absolutamente desbordada. Hospitales, escuelas, mercados, mezquitas y todo tipo de establecimientos han sido destruidos sin piedad, siendo la poblacin infantil la ms castigada (las cifras actuales hablan de cinco millones de nios en situacin crtica). Necesitamos ms datos? Se equivoca profundamente el Alcalde de Cdiz cuando afirma que l elige "comer" aunque sea fabricando armas. Jos Mara Gonzlez demuestra de esta forma pertenecer a ese grupo de "izquierdistas" a los que les falta un hervor, y deberan hacrselo mirar. No es el nico. Existe mucha ms gente as en este Podemos tan descafeinado al que estn involucionando. Cuando los principios no se tienen claros, a veces hemos de elegir entre alternativas que pueden parecernos difciles, pero que no lo son tanto. Porque los principios no slo se albergan en la razn y el pensamiento, tambin estn en el corazn y en las tripas. Los principios deben residir por todo nuestro cuerpo, deben rezumar por nuestra piel, y entonces nunca tendremos dudas, ni traicionaremos gravemente, como frecuentemente ocurre, las bases y valores de la izquierda, una de los cuales es el Pacifismo. Una mnima conciencia pacifista exigira de las fuerzas polticas progresistas (cunto ms en los lugares donde gobiernan) la bsqueda de alternativas para que la respuesta no fuese trabajar fabricando armas para una petromonarqua asesina.

Porque si no practicamos esto... tendremos despus credibilidad cuando participemos en determinadas marchas o protestas contra la guerra? Estas movilizaciones resultarn absolutamente hipcritas si no van acompaadas del compromiso efectivo por una cultura de la paz y una economa basada en la solidaridad. Parece ser que los trabajadores de los astilleros no lo entienden as, sus sindicatos tampoco, las autoridades locales tampoco, el Gobierno de la Junta de Andaluca tampoco, y el Gobierno de Espaa an menos. Deprimente panorama. Desolador escenario. Parece que no acabamos de entender que los derechos humanos y el derecho internacional han de primar sobre las relaciones comerciales, aunque stas sean portadoras de noticias tan halageas como las que rodean a los trabajadores de los astilleros de Cdiz. La legislacin internacional prohbe expresamente la exportacin o venta de armamento cuando se tiene constancia de que el destinatario de dicho armamento va a utilizarlo en cualquier conflicto armado. Y es cierto, por otra parte, que la zona de la Baha de Cdiz ha sido especialmente castigada por el desempleo (es la provincia espaola con la tasa de paro ms alta, con ms de 150.000 personas desempleadas). Los mismos agentes polticos que han venido causando tanto desempleo son los mismos que no han sido capaces de generar o de transformar los nichos de negocio y de mercado para que no tengan que estar pendientes nicamente de la carga de trabajo que generan unos astilleros dedicados tan solo a la fabricacin de material para la guerra. Pero todo ello no es bice para que, dada una situacin como la actual, donde tenemos absoluta evidencia de que nuestra colaboracin va a ser cmplice en dicha guerra cruel, elijamos el trabajo, a sabiendas de las consecuencias que ste va a tener. Las guerras generan tambin sus propios "puestos de trabajo", pero es un trabajo inmoral e indecente. Que se lo pregunten a las variadas multinacionales que estn forrando sus bolsillos a costa de las "reconstrucciones" en diversos pases tras los conflictos blicos. Es a eso a lo que queremos jugar?

Nos quejaremos despus de los cientos de miles de desplazados? Protestaremos por la llegada de extranjeros, de migrantes y refugiados, que en realidad slo son desplazados forzosos que nosotros mismos hemos creado con nuestras decisiones, con nuestras polticas, con nuestra "colaboracin", con nuestro desprecio a los derechos humanos? !Basta ya de hipocresa y de cinismo! Basta de participar en guerras ilcitas, cruentas y salvajes, que generan beneficios a unos pocos a costa de la destruccin y de la barbarie! El trabajo humano no puede basarse en estas fuentes. El trabajismo fundamentalista donde nos quieren conducir no respeta nada, ni la paz, ni la ecologa, ni el feminismo, ni los cuidados, ni la igualdad...El trabajo humano es fuente de riqueza, como la propia naturaleza, y por tanto, no puede prostituirse al mejor postor, a costa de ser cmplice de guerras criminales que siembran terror, caos y devastacin. La tica de la izquierda debe prevalecer en todo momento sobre cualquier forma de populismo electoralista. Y en este caso, tenemos un Gobierno que pasar a la historia, entre otras cosas, por actuar como cmplice de los crmenes de guerra cometidos en Yemen. As de claro. As de triste. Los astilleros fabricarn los buques, los trabajadores de Navantia garantizarn su empleo, pero eso no podr alejar el fantasma de nuestra conciencia, por haber participado en la execrable masacre saudita sobre su pas vecino. Habremos sido cmplices del sufrimiento indecible de la poblacin yemen, habremos colaborado en su extincin, habremos participado en su genocidio. Habremos actuado como cualquier potencia capitalista al uso, preocupndonos ms de proteger nuestros intereses econmicos que las vidas humanas, sean de donde sean, estn donde estn, tengan la nacionalidad que tengan. Es ste el Occidente libre y civilizado que los terroristas atacan despus en mltiples y variados atentados? Es ste nuestro sistema de valores y de libertades que tanto cacarean nuestros indecentes polticos?

La coherencia de la izquierda poltica ha brillado por su ausencia en este asunto, creando como es lgico otro palo en la rueda de su credibilidad. Porque como afirma sin titubeos ni medias tintas Luis Gonzalo Segura: "...nos encontramos ante la mayor tragedia humanitaria del planeta, y ante tamao infierno solo existe oponerse, dimitir, romper un partido o irse a casa. Pero nunca asumir". Efectivamente. No se puede asumir. No podemos asumir los postulados de la guerra. La izquierda se desangra ante tanta incoherencia, ante tanta cobarda, ante tanta incapacidad. La izquierda debe creer que se pueden hacer las cosas de otra forma, debe demostrar cuando gobierna que se pueden hacer las cosas de otra forma, y si no lo puede hacer, debe irse a su casa, y dar oportunidades a otros que s puedan hacerlo. Pero no podemos claudicar ante la brbara disyuntiva que nos obliga a elegir, en falaz dilema, entre paz o puestos de trabajo. Las bombas, las guerras y los conflictos nunca pueden proporcionarnos trabajos, al menos trabajos moralmente dignos. No pueden existir atajos para crear empleo. Los objetivos honestos siempre deben conseguirse por medios honestos. Lo que ocurre es que la perversidad del neoliberalismo ha despojado al trabajo de todas sus dems consideraciones humanas, ticas y morales, al igual que ha propiciado la mercantilizacin de todas las necesidades y derechos humanos bsicos. Y una parte de la clase obrera se ha impregnado de ese discurso, ese aberrante discurso que aboga porque lo importante son los puestos de trabajo, sin ms. Da igual que se cree trabajo para construir un hotel a la orilla del mar, para construir una central de residuos nucleares, para construir una presa hidrulica que acabar con territorios de pueblos indgenas, para construir todo un megacomplejo hotelero con casinos y pistas de golf que destroce el entorno natural, o para construir buques de guerra, que se utilizarn, evidentemente, para las guerras. Porque lo fundamental no es el trabajo o la actividad en s misma, sino el sentido mismo del trabajo, su objeto, su finalidad.

La clase obrera hara bien en tener estos principios en cuenta, y reflexionar sobre la finalidad de su actividad productiva. Tanto a nivel individual como colectivo, algunas lneas rojas no deberan nunca ser traspasadas. La renuncia a esta reflexin nos convertir cada vez ms en piezas de puzzle al servicio del capital, sin capacidad ni autonoma para decidir por nosotros mismos. Las protestas en Navantia no deberan entonces haber ocurrido para reivindicar la carga de trabajo comprometida, sino para reivindicar que los trabajadores no estaban dispuestos a construir buques de guerra para ser entregados a un pas que se dedica a masacrar a otro. Los obreros tambin tienen su cuota de responsabilidad en la fabricacin del producto o servicio en el que trabajan, y ah tambin deberan aplicar la tica, al igual que la debera aplicar un bombero al que le solicitan que derribe la puerta de una vivienda para desahuciar a la familia que la habita, porque un banco desalmado no permite ms retrasos en su hipoteca, o porque un fondo buitre pretende desalojarlos para revender o realquilar ms caro. Y por supuesto, el Gobierno tambin posee su cuota de responsabilidad, pues debe ser el ltimo garante de que dichos contratos de venta de armamento y material militar a un pas genocida y abyecto, simplemente, no sean posibles, pues van en contra de la ms mnima tica poltica y de los derechos humanos fundamentales, entre ellos el derecho a la paz. Las relaciones comerciales no pueden tener como contrapartida sangre, muerte, dolor y devastacin. Y por su parte, los Estados no pueden ser meros gestores de los intereses de las empresas, ni constituir su comit diplomtico. Y eso es justamente lo que viene ocurriendo cada vez que la Corona organiza un viaje a un pas extranjero, acompaada de varios Ministros y grandes empresarios. Esos viajes al ms alto nivel se han convertido en la alfombra roja para las grandes empresas, que los utilizan para obtener contratos y proyectos muy rentables con los pases en cuestin. Esta "diplomacia econmica privada" no debiera simplemente estar en la agenda poltica.

Y qu hacemos entonces con los trabajadores de Navantia? Es evidente que su modelo productivo actual les hace dependientes de este tipo de industria militar, por lo tanto se impone un cambio de modelo. Hay que impulsar de forma urgente y decidida la inmediata implementacin de un Plan de Reconversin Industrial que ofrezca alternativas de empleo dignas, y no vinculadas con la produccin de material blico o a la exportacin de dicho material. Como es lgico que todo ello no podr conseguirse de un da para otro, se impone tambin de manera transitoria un plan de provisin de rentas y ayudas de diverso tipo para su personal, financiadas con fondos pblicos estatales y europeos, para garantizar el sustento de los trabajadores y de sus familias durante el tiempo que dure la migracin y culminacin de dicho Plan de Reconversin. Hasta ahora, ni los sindicatos de Navantia, ni el Ayuntamiento de Cdiz, ni la Junta de Andaluca ni el Gobierno del Estado se han puesto a investigar y disear un plan de reconversin para dicha empresa naviera, que sea capaz de desligar (o al menos hacer menos dependiente) las actividades de los astilleros con respecto a la industria militar. As nos va. Se podra reconducir para que pasara a producir bienes y servicios para el mundo civil. Se podra y debera diversificar la produccin, equilibrando los pedidos de la industria militar con la civil. De hecho, hoy da no estn satisfechas todas las necesidades en materia de construccin naval para el mundo civil. Navantia podra reconvertirse, por ejemplo, renovando la flota de navos mercantes, o fabricando buques de salvamento martimo, buques ecolgicos (que luchen contra la contaminacin marina), buques cientficos, etc. Tambin estamos necesitados del reciclaje ecolgico de buques (la llamada deconstruccin naval, un mercado casi virgen). Tambin la energa elica off shore (fuera de la costa) sera una dedicacin propia para la naviera, entrando a formar parte de la cadena de valor de esta energa limpia: construccin, equipamiento, instalacin, mantenimiento, suministro, reparacin...de aerogeneradores en el mar, en vez de dar soporte nicamente a los parques elicos marinos. Existen muchas alternativas, pero no parece que exista la voluntad poltica de reconvertirse a ellas, y alejarse del negocio de la guerra.

Blog del autor: http://rafaelsilva.over-blog.es

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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