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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2018

Libia: la guerra de Macron y Salvini

Javier Martn
Esglobal

Mientras el plan de Naciones Unidas para Libia languidece tras un ao de su puesta en marcha, las maniobras polticas de Francia e Italia, apoyando a unos u otros actores del conflicto, dan una vuelta de tuerca ms al laberinto libio.


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El mariscal libio Jalifa Hafter dndole la mano al Presidente francs, Emmanuel Macron, en la conferencia Internacional sobre Libia celebrada en Pars, mayo 2018. Etienne Laurent/AFP/Getty Images

 

A finales de septiembre de 2017, escasos das despus de ser designado nuevo enviado especial de la ONU para Libia, Ghassam Saleme present un ambicioso plan diseado para atajar la inestabilidad poltica, la crisis econmica y la violencia crnica que ensangrientan y paralizan el pas desde que en 2011 la OTAN contribuyera militarmente a la victoria de los distintos grupos rebeldes sobre la larga y estrambtica dictadura de Muamar al Gadafi. El proyecto del ex ministro de Cultura libans, que un ao despus languidece, descansaba sobre cuatro pilares y tena como objetivo declarado restablecer la quebradiza armona legislativa rota tras las aciagas elecciones de 2014. Desde entonces Libia es, de facto , un Estado fallido , un moderno reino de Taifas con varios territorios autnomos y dos gobiernos que no se reconocen mutuamente, uno en el Este bajo la tutela del controvertido mariscal Jalifa Hafter, y otro aislado en Trpoli sostenido por Naciones Unidas y la Unin Europea. Ambos adolecen de legitimidad democrtica.

El primero, conocido como Parlamento de Tobruk, emergi de aquellos mismos comicios pero nunca pudo ejercer en la capital. Obligado a refugiarse en la citada localidad oriental a causa de la negativa del antiguo gobierno islamista a abandonar el poder y reconocer su derrota, fue recibido y acogido por el taimado oficial, un antiguo miembro de la cpula militar que en 1969 aup al poder a Al Gadafi y que aos despus, reclutado por la CIA, devino en uno de sus principales opositores en el exilio. Ayudado por Estados Unidos, Hafter haba regresado a Libia en marzo de 2011, apenas un mes despus de que estallara la insurreccin, y cabildeado entre las brigadas rebeldes hasta lograr que en 2014 la cmara de Tobruk y el gobierno dependiente de sta establecido en la ciudad de Al Bayda le designaran jefe del desmantelado Ejrcito Regular Libio (LNA, en sus siglas en ingls). Cuatro aos ms tarde, sus tropas controlan cerca del 70% del territorio libio y la mayor parte de los recursos petroleros.

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Miembro de una milicia leal al Gobierno de Acuerdo Nacional disparando en Trpoli, septiembre 2018. Mahmud Turkia/AFP/Getty Images

El segundo permanece confinado Trpoli y es fruto del llamado Acuerdo Poltico Libio (PAL), un pacto forzado en diciembre de 2015 por el entonces enviado especial de la ONU para Libia, Bernardino Len, tras el fracaso de las negociaciones entre el este y el oeste que l mismo foment y marr. Liderado por Fayez al Serraj, se instal de forma furtiva en la capital en abril de 2016 y desde entonces no ha sido capaz, siquiera, de imponer su total autoridad sobre las distintas milicias que se reparten la urbe. An as, y pese a carecer igualmente de legitimidad democrtica y de apoyo popular, cuenta con el pleno respaldo de la ONU y la financiacin de la UE, que le concede millones de euros en ayudas cada ao. Dos han sido hasta la fecha sus hitos: confiri la cobertura legal necesaria para la intervencin de la Fuerza Area estadounidenses en la reconquista de la ciudad de Sirte, ocupada por la rama libia del autoproclamado Estado Islmico en febrero de 2015; y facilit la articulacin de la estrategia diseada por Italia en la lucha contra la migracin irregular. De este Ejecutivo dependen nominalmente las mafias de contrabando de personas que han sido enroladas y reconvertidas en la nueva Guardia Costera.

En los mrgenes de ambos, movidos por sus propios intereses, trabajan las ciudades-Estado de Zintan (oeste) y Misrata (costa centro-oeste), que mantienen alianzas lquidas con ambos gobiernos y acumulan arsenales repletos de armas. Y la histrica regin de Fezzan, en el sur, en la que se mezclan tribus nmadas Tebu y Tuareg con clanes rabes, y que en las ltimas semanas se ha declarado independiente. Fezzan es clave tanto para el control de las fronteras con Argelia y Nger ruta principal de entrada del contrabando de armamento, combustible y personas, esencial tambin para el movimiento de yihadistas en el Sahel como para el suministro de crudo y gas en el oeste de Libia. De los yacimientos prximos a Sebha, capital meridional, arrancan los oleoductos y gasoductos que surten Trpoli, explotados por multinacionales como Eni, Total o Repsol, y vigilados por milicias que de tanto en tanto aprovechan su pequeo poder para chantajear al Ejecutivo de Al Serraj. De la fragmentacin se benefician grupos radicales islmicos heterogneos, que han arraigado en todo el territorio libio y establecido estrechos vnculos con el movimiento panyihadista regional que se extiende en el Sahel; y las mafias dedicadas al matute de todo tipo de mercancas incluidos los migrantes, que se han apropiado de la economa nacional.

En este contexto, Saleme explic a los escasos periodistas presentes en su primera alocucin en Tnez que la solucin que propona se estructuraba en cuatro fases: con la primera pretenda acercarse a los rivales en liza y convencerlos de que regresaran a una mesa de dilogo que abandonaron ms alejados y desengaados. Una vez recuperadas las sillas, el siguiente objetivo sera persuadirlos de las ventajas de ceder para enmendar el apresurado acuerdo gestado por su predecesor, y adecuarlo a la nueva realidad poltica del pas el documento de 2015 incorporaba un polmico artculo que exiga la renuncia de todos los cargos pblicos, incluidos los de responsabilidad militar, condicin a la que siempre se ha opuesto Hafter. Logrados los dos primeros, aspiraba a organizar una amplia Conferencia Nacional que sirviera para allanar la convocatoria de un referndum nacional sobre la nueva Constitucin; como colofn, Salame prometa que seran los propios libios quienes elegiran el nuevo Parlamento y al nuevo presidente en unas elecciones a todas luces instrumentales.

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El Vicepresidente italiano, Mateo Salvini, muestra una camiseta con las banderas italiana y libia sobre un mapa de Libia tras una conferencia de prensa donde estuvo hablando de inmigracin, junio 2018., Roma. Tiziana Fabi/AFP/Getty Images

Doce meses ms tarde, este proyecto, estancado en el primer punto, boquea vctima tanto de las pulsiones cainitas de las tribus libias como de la injerencia de las potencias europeas, cada vez ms invasivas. En especial del Presidente francs, Enmanuel Macron, y del Vicepresidente italiano, Mateo Salvini, que parecen decididos a transformar el laberinto libio en un nuevo episodio de su pulso en el Mediterrneo, bajo la atenta mirada del Reino Unido, EE UU y Rusia. Resuelto a acabar con la masiva llegada de migrantes a sus costas, el entonces Gobierno italiano de Paolo Gentiloni opt en el verano de 2017 por dar un arriesgado paso al frente, contrario a los planes del Elseo: servicios de inteligencia italianos contactaron con los principales seores del estraperlo y les ofrecieron un trato tan eficiente como indecoroso. Financiacin y patrulleras a cambio de que en vez de alentar la salida de pateras, se ocuparan de que stas ni siquiera abandonaran las playas. Afamados contrabandistas, como Abdurahman al Milad Aka al Bija, o la familia Khuslaf, mudaron la naturaleza de sus rentables negocios en pos de una inmunidad supuestamente prometida.

Francia respondi a nivel poltico. En contra de la estrategia seguida hasta entonces por la comunidad internacional, Macron decidi erigirse en mediador necesario incorporando un viejo y codicioso jugador en la partida. De manera unilateral, convenci a Al Serraj para que se aviniera a estrechar la mano de Hafter en territorio neutral europeo. La reunin celebrada en julio de 2017 en Pars permiti al denostado mariscal al que entonces solo apoyaban Egipto y Arabia Saud crecer en estatura poltica, legitimar su discurso y normalizar el papel de interlocutor necesario en cualquier negociacin sobre el futuro de Libia, que hasta ese momento se le negaba. Sobre el terreno las consecuencias fueron igualmente favorables para los planes del militar: unidades especiales francesas sumaron al cerco que mantena sin xito desde 2014 sobre la ciudad oriental de Bengasi, ocupada por milicias salafistas prximas al antiguo gobierno islamista en Trpoli. Un mes ms tarde, el entonces ministro britnico de Asuntos Exteriores, Boris Johnson, se converta en el primer responsable poltico de alto nivel que visitaba al mariscal en el extrarradio de la referida urbe, que finalmente lograra reconquistar este mismo ao.

Las maniobras polticas de Francia se han repetido e intensificado desde entonces, hasta convertirse en una de las razones principales que explican el camino descendente hacia el fracaso emprendido por el plan Saleme. Cauto por naturaleza, el diplomtico libans siempre opt por dejar los detalles en el aire. Aunque en cada una de sus intervenciones insista en que el objetivo era convocar los comicios a lo largo de 2018, jams se aventur siquiera a sugerir una fecha aproximada. En mayo, sin embargo, Macron volvi a juntar a Hafter y Al Serraj en Pars, reunin de la que sali una fecha: el 10 de diciembre, para enfado de la ONU y desmayo de Italia, ms cmoda con las imprecisiones y divagaciones del exministro. En Roma an entienden que una previsible victoria de los candidatos prximos al mariscal y una hipottica cada del gobierno instrumental en Trpoli estableceran una nueva realidad y sta afectara a su pacto con milicias y contrabandistas. Peor posicionados en el este, la presin de Francia ha obligado, sin embargo, a la dupla Conte-Salvini a reconsiderar parte de su estrategia: el pasado 11 de septiembre, el ministro italiano de Exteriores, Enzo Moavero, viaj a Bengasi para entrevistarse con Hafter. La primera demanda del militar fue toda una declaracin de intenciones: le pidi la renuncia del molesto Embajador italiano en Libia, firme defensor del gobierno en Trpoli.

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Un nio monta en bicicleta cerca de edificios destruidos por el conflicto en la ciudad de Bengasi. Abdullah Doma/AFP/Getty Images

El penltimo episodio de esta batalla que influir en las polticas energticas y de migracin europeas comenz a librarse el pasado 27 de agosto en los suburbios del sur de Trpoli. Desde entonces, milicias contrarias y favorables al llamado Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA) sostenido por la ONU luchan por garantizar el control del antiguo aeropuerto internacional todava en reconstruccin y de la base militar de Maitiga, nico aerdromo en funcionamiento de la capital. Los primeros, bajo el mando del coronel Salah Badi, un antiguo piloto de combate encarcelado durante aos por Al Gadafi que fue uno de los primeros oficiales en sumarse a la sublevacin. Originario de la ciudad de Misrata, est considerado uno de los principales culpables del inicio de la guerra civil que desangra al pas desde 2014. Derrotado entonces, huy a Turqua de donde regres a finales de agosto para cobrarse venganza al frente de la Sptima Brigada y las milicias de la ciudad vecina de Tarhouna. Enfrente, las Brigadas Revolucionarias de Trpoli y la Fuerza Especial de Disuasin (RADA), conducidas por los seores de la guerra salafistas Haizam Tajouri y Abdel Rauf Kara, tratan an de mantener su posicin como las milicias ms poderosas de la capital, dueas de los ministerios de Interior y Defensa del GNA. A los combates, los ms cruentos en la capital en los ltimos cuatro aos, se sumaron en las ltimas semanas milicias procedentes de Misrata aliadas del gobierno sostenido por la ONU en la guerra contra el Estado Islmico y brigadas de Zintan, acusadas de ser una quinta columna del mariscal Hafter.

El oficial no ha movido un solo soldado, pero se perfila como el autntico vencedor de una batalla que parece diseada para ajusticiar el plan de Saleme y probablemente le obligue a reconfigurar la estrategia global. Desde Bengasi, Hafter exige la salida definitiva de todas las milicias de Trpoli en particular las favorables al GNA y advierte que de lo contrario la solucin militar no es descartable. Opuesto a las elecciones en enero pasado concedi una entrevista a la publicacin Jeune Afrique en la que aseguraba que Libia no est madura para la democracia, es proclive ahora a la consulta, como desea Pars. Y ha dejado por ello que se emprendan los trmites legales exigidos, aunque expertos locales e internacionales coinciden en que la fecha del 10 de diciembre es ya insostenible. A finales de septiembre, mientras la artillera an bramaba con su estruendo metlico en la capital, el Parlamento de Tobruk anudaba las disensiones que durante meses han bloqueado el proceso y aprobaba la esperada enmienda a la Ley de referndum constitucional necesaria para asfaltar el camino a las urnas. Solo Misrata que considera a Hafter un criminal de guerra parece interponerse en la ruta del hombre rehabilitado por Macron, con el que ya negocia tambin a regaadientes Salvini. Pgiles de una guerra su guerra que sus predecesores comenzaron a librar mucho antes de que llegara Al Gadafi.

Fuente: https://www.esglobal.org/libia-la-guerra-de-macron-y-salvini/



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