Portada :: Brasil
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-10-2018

El eterno pas del futuro atrapado en su pasado colonial

Jorge Majfud
Rebelin


Das antes de las elecciones en Brasil, un joven brasileo se me acerc y me dijo Dios quiera que gane Bolsonaro. Es un militar y acabar con la corrupcin. No quise contestar. Estimo a este muchacho como una persona de bien, tal vez demasiado joven para ser otra cosa. Pero las dos breves frases resuman varios tomos de la historia y del presente latinoamericano.

Para empezar, lo obvio: si en el continente hubo gobiernos y regmenes corruptos, esos fueron los regmenes militares. Primero, porque toda dictadura es corrupta por definicin y, segundo, porque los robos directos fueron siempre masivos, slo que bastaba con denunciarlos para desaparecer o aparecer flotando en algn ro con evidencias de tortura. Bastara con mencionar el ms reciente caso de la investigacin a la fortuna del general Pinochet, un militar que acumul varios millones de dlares con su salario de presidente no electo, por no ir a otros detalles como los miles de asesinados y muchos ms perseguidos. Por no hablar de esa farsa autoconcedidas, como las condecoraciones, de asumirse la reserva moral y bastion de coraje de los pueblos por el solo hecho de poseer las armas que ese mismo pueblo financia con su trabajo, para que luego sus propios ejrcitos los amenacen con poner orden, el orden de los cuarteles y de los cementerios. Esa misma cultura de la barbarie de no pocos generales y no pocos soldados y de no pocos carngidos que presumen de machos y de valerosos combatientes pero que nunca ganaron ni fueron a ninguna guerra contra otros ejrcitos, y s se dedicaron a servir a la oligarqua rual y a aterrorizar y amenazar a sus propios pueblos. Con la complicidad, claro, de millones de carngidos, ahora escondidos en su nueva condicin de cowangry digitales.

Esta prctica y mentalidad militar aplicada a la vida civil y domstica (desviada de todo propsito de ser de un ejrcito, es decir, la seguridad contra hipotticos ataques exteriores), como las histricas y brutales desigualdades sociales de proporciones feudales, es una tradicin latinoamericana que no naci con la guerra fra sino mucho antes de que nacieran las nuevas republicas y se consolid con la corrupcin, el racismo profundo e hipcrita, sobre todo en Brasil (el ltimo pas del continente en abolir la esclavitud), donde hasta el candidato a vicepresidente del capitn Bolsonaro, el general Mouro, un hombre mulato, como la mayora de sus compatriotas, se congratula que su nieto aporte al branqueamento da raa. Nunca nadie se ha cruzado con esta especie de ciudadano con un profundo desprecio racial y social por el noventa por ciento de su propia familia? Por no seguir con los mismos problemas histricos en otras regiones que destacan por su brutalidad en el Caribe o en Amrica Central.

Lo segundo, menos obvio, es la apelacin a Dios. De la misma forma que Estados Unidos reemplaz a Gran Bretaa en su consolidacin de la verticalidad colonial espaola, las iglesias protestantes hicieron lo mismo con esas sociedades ultraconservadoras (patrones dueos de todo y silenciosas masas de pobres obedientes), las que haban sido previamente moldeadas por la jerarqua de la iglesia catlica. A los protestantes, a los pentecostales y otras sectas les llev por lo menos un siglo ms que al dlar y a los caones. El fenmeno se inici en los sesenta y setenta, probablemente: esos seores inocentes, presuntamente apolticos, que iban puerta en puerta hablando de Dios, deban tener una clara traduccin poltica. El paradjico efecto del amor cristiano (aquel amor radical de un rebelde que andaba rodeado de pobres y seres marginales de todo tipo, que no crea en las chances de los ricos en llegar al cielo y no recomendaba tomar la espada sino dar la otra mejilla, que rompi varias leyes bblicas, como la obligacin de matar a las adulteras a pedradas, que fue ejecutado como un criminal poltico) termin derivando en el odio a los gays y a los pobres, en el deseo de arreglarlo todo a los tiros, como es el caso de candidatos medievales como el capitn Jair Messias Bolsonaro y muchos otros a lo largo de Amrica Latina, apoyado por un fuerte y decisivo voto evanglico y por gente en transe que, regados en sudor y gritos histricos, dice hablar en lenguas y solo habla el idioma inconexo de su propio odio poltico y su fanatismo ciego en que Dios los prefiere a ellos con una pistola en la mano antes que a alguien que, de forma pacfica, lucha por la justicia, el respeto al diferente y contra el poder arbitrario, como se supone que hacia Jess.

En medio de la euforia de la dcada dorada de los gobiernos progresistas, como el de Lula, advertimos dos errores: el optimismo ingenuo y los peligros de la corrupcin, que poda tener un efecto domin. Porque la corrupcin no fue una creacin de ningn gobierno sino que es una marca de identidad de la cultura brasilea. No menos en Argentina, por nombrar solo un caso ms.

A todo eso, hay que agregar que los tradicionales narradores sociales de la Amrica Latina ms rancia y poderosa, encontraron en la Venezuela de Maduro (de la igualmente pattica oposicin no se habla) el ejemplo y la excusa perfecta para seguir aterrorizando sobre algo con lo cual casi todos los pases del continente han convivido desde la colonia: pobreza, crisis econmicas, despojo, impunidad, violencia civil y violencia militar. No, el Brasil de Lula, el que sac a treinta millones de la miseria, el de los sper empresarios, el de Deus brasileiro, el Brasil que se iba a comer el mundo y haba pasado el PIB de Inglaterra, no es el ejemplo de la propaganda brasilea sino Venezuela.

Era la coartada ideal: hacer creer que la corrupcin no tena doscientos aos de brutal ejercicio, sino que la haban creado un par de gobiernos populistas de izquierda cinco, diez aos atrs. Por el contario, estos gobiernos fueron una excepcin ideolgica en un continente profundamente conservador, racista, clasista y sexista. Todo lo que ahora encuentra resonancia con un mundo que abandona los ideales de la Ilustracin y se sumerge de forma neurtica en un nuevo Medioevo, desde Europa hasta Amrica latina, pasando por Estados Unidos.

Resta por saber si esta reaccin medieval de las fuerzas tradicionales en el poder es solo eso, una reaccin, o una tendencia de varias generaciones.

Para la segunda vuelta, la coalicin contra Bolsonaro ya ha lanzado el lema: Juntos pelo Brasil do dilogo e do respeito.

Slo este lema demuestra que quienes se oponen a Bolsonaro en Brasil, como quienes se oponen a Trump en Estados Unidos, no entienden la mentalidad del cowangry. El cowangry necesita saber que hay alguien ms (no l, no ella) que va a devolver las mujeres a la cocina, los gays a sus closets, los negros al trabajo en las plantaciones, los pobres a las industrias y a las iglesias, que alguien va a tirar alguna bomba en alguna favela (muerto el perro, muerta a rabia), que alguien va a torturar a todos los que piensan diferente, sobre negros pobres, profesores, periodistas y otros con ideas forneas, todo en nombre de Dios, y de esa forma alguien acabar con todos esos miserables, responsables de sus propias frustraciones personales.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter