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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2018

Cundo se jodi el progresismo en Latinoamrica?

Pablo Stefanoni
Revista Anfibia

Los progresismos latinoamericanos desestiman la construccin de una nueva tica pblica como un problema liberal propio de almas bellas o de las agendas imperiales. Pero es posible identificar un tipo de republicanismo desde abajo en toda la regin, que incluye una cierta economa moral de lo que debe ser la funcin pblica junto con ideas de alternancia en el poder estatal. Las cruzadas anticorrupcin, el "honestismo" y el socialismo real.


Venamos bien y pasaron cosas, dijo en una entrevista el presidente Mauricio Macri para explicar una crisis que puso fin a su utopa gradualista que, hasta el momento, lo alejaba de la imagen del presidente ajustador con el que buscaba asociarlo la oposicin. Pero la expresin podra usarse, tambin, para reflexionar sobre el cambio de ciclo poltico en la regin: el continente actual est muy lejos de aquellos das en los que Chvez, Lula, Kirchner, Evo, Lugo y Correa parecan estar construyendo un proyecto regional comn con una espalda poltica que era la suma ampliada de sus propias legitimidades y de los capitales simblicos que cada uno de ellos movilizaba. Pocos esperaban que, algunos aos ms tarde, la regin se encontrara frente al actual deterioro econmico, e incluso democrtico, y con sus instituciones de integracin en crisis. Pero se podra fcilmente reemplazar la superficial expresin macrista por una pregunta vargallosiana de mayor calado: cundo y por qu se jodi el progresismo?

Despus de dos dcadas de proyectos polticos definidos e intensos la neoliberal de los 90 y la progresista de mediados de los 2000 el continente entr, ms que en un nuevo ciclo, en un proceso de fragmentacin y disgregacin, que combina la supervivencia de un progresismo que no acaba de morir y de una restauracin conservadora que no acaba de nacer, al menos en trmino de un nuevo proyecto hegemnico.

Mientras una Venezuela en cada libre sirve a las derechas continentales como baza de triunfo electoral por la amenaza de venezuelizaciones ms imaginarias que reales, el lder estrella del post-populismo Mauricio Macri comenz a hacer agua y pocos querran hoy ser los Macris de sus pases. Brasil, otro proyecto post-progresista, pero sin elecciones de por medio, se encuentra sumido en la peor crisis en dcadas, con un potencial candidato ganador preso (Lula), otro hospitalizado (el ultraderechista Bolsonaro, recientemente atacado con un cuchillo) y un presidente conservador, Michel Temer, cuya aprobacin asciende al 3%; el 76% lo considera ruim o pssimo. Entretanto, el triunfo electoral de Andrs Manuel Lpez Obrador en Mxico puso en marcha una incierta experiencia de progresismo tardo que difcilmente sea suficiente para reeditar el ciclo sudamericano pero alcanza para limitar la consolidacin del giro conservador.

Recientemente, el filsofo Slavoj iek convoc a dar vuelta la famosa Tesis N 11 de Marx sobre Feuerbach (Los filsofos no han hecho ms que interpretar el mundo, pero de lo que se trata es de transformarlo). En el siglo XX, tal vez hayamos tratado de transformar el mundo demasiado rpido, sin saber qu estbamos haciendo. Debemos dar un paso atrs y reinterpretarlo. Y en el caso latinoamericano, no se trata solo de comprender el mundo, sino de sacar conclusiones no autocomplacientes de la agenda y experiencia progresistas y de su agotamiento. La reciente reunin del Foro de San Pablo reunido en La Habana que articula a las fuerzas de izquierda de la regin es una expresin patente de las dificultades para andar este camino y de un repliegue en la resistencia antiimperialista que funciona como un operativo de cierre poltico/sentimental, cargado de nostalgia hacia el Comandante Fidel Castro, de cualquier perspectiva de lectura (auto)crtica del pasado reciente. Este XXIV puede tener la misma importancia histrica de los aos 90 cuando cay el Muro de Berln, seal Mnica Valente, secretaria ejecutiva del Foro, en una analoga sintomtica de las dificultades para pasar del socialismo del siglo XX al del XXI.

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La corrupcin est hoy en el centro del debate poltico y social. Es cierto, como ha apuntado Frederico de Almeida , que asistimos a la expansin internacional de esquemas polticos y legales de combate a la corrupcin desde el centro hacia la periferia y que los efectos de las cruzadas anticorrupcin se vuelven ms inciertos cuando se aplican en democracias frgiles, como hoy ocurre en Brasil y podramos agregar a la Argentina. Pero no es verdad, como se sostiene a menudo, que las luchas anticorrupcin sean solo contra gobiernos de izquierda: en Guatemala hubo una lucha de masas contra la descomposicin del Estado, hasta niveles de verdadera podredumbre moral, bajo un gobierno de extrema derecha como el del general Otto Prez Molina ; en Mxico, Lpez Obrador gan con una campaa fundamentalmente honestista, y el reciente referndum anticorrupcin en Colombia boicoteado por Alvaro Uribe fue motorizado por la izquierda; por no hablar del papel del rechazo social a la corrupcin en el nacimiento de fuerzas amigas de Amrica Latina como Podemos en Espaa.

A menudo, especialmente en su versin nacional-popular, los progresismos desestiman la cuestin de la construccin de una nueva tica pblica como un problema liberal propio de almas bellas o de repetidores del discurso de los medios hegemnicos o las agendas imperiales. Sin embargo, es posible identificar un tipo de republicanismo desde abajo en toda la regin, que incluye una cierta economa moral de lo que debe ser la funcin pblica junto con ideas de alternancia en el poder estatal (como ocurri en Bolivia en el referndum de 2016 ). Que eso sea manipulado por la derecha no puede ocultar que las formas de financiamiento poltico (y personal) y los esfuerzos por construir o apoyar a burguesas nacionales de maneras opacas y corruptas debilitaron las credenciales morales de los progresismos y habilitaron que figuras de la patria contratista (Macri) o de la banca y las offshore (Guillermo Lasso, en Ecuador) pudieran enarbolar banderas anticorrupcin como parte de sus campaas.

En Argentina, Macri gan; en Ecuador Lasso perdi, pero el vicepresidente corresta Jorge Glas termin preso por la causa Odebrecht en medio de una guerra poltica entre Lenn Moreno y el expresidente Rafael Correa quien, a su vez, habra pedido asilo en Blgica , donde vive con su esposa. En Venezuela, a su vez, oper un verdadero saqueo de recursos pblicos por arriba, reconocido por el propio gobierno y el enraizamiento de una economa poltica de la ilegalidad por abajo que explica, en gran medida, la supervivencia de los sectores populares en medio de la hiperinflacin y la escasez. Y en Brasil, Lula Da Silva (casi 40% de apoyo en las encuestas) est impedido de enfrentar en las urnas al neofascista Jair Messias Bolsonaro (alrededor de 22%). La sentencia de 12 aos de prisin por el famoso trplex supuestamente recibido de manos de una constructora es dbil y no es difcil percibir en la aversin a su candidatura un antiplebeyismo a flor de piel, sumado al racismo y el clasismo de gran parte de las elites brasileas. No obstante, como balance poltico de los gobiernos del PT, no es posible dejar de lado los vnculos opacos con constructoras o frigorficos, y el papel del propio Lula en la expansin regional de las translatinas brasileas, aprovechando su influencia y prestigio como un soft power como queda en claro con el reguero dejado por la causa Odebrecht en toda Amrica Latina.

Sin duda, no se puede reducir el ciclo progresista a la corrupcin y borrar lo que implic en el sentido del derecho a tener derechos difundido entre los sectores populares. Pero tampoco puede pasarse por alto que, histricamente, el socialismo democrtico combin la demanda de tica pblica con la de justicia social y que el desacople de ese binomio termin por crear un hndicap moral de la izquierda que dificulta seriamente la (re)construccin de alternativas polticas anticonservadoras.

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Pero si el hndicap moral de la izquierda le lav la cara a diversos polticos y polticos/empresarios conservadores, existe un hndicap democrtico que impide denunciar con eficacia los retrocesos democrticos evidentes hoy en la regin. Brasil es sin duda un caso alarmante de degradacin con consecuencias regionales, como la desaparicin de la Unin de Nacionales Sudamericanas (Unasur), e internas, como los crmenes polticos, el aumento de las desigualdades, la prdida de derechos y la desdiabolizacin de quienes defienden la dictadura militar. El caso de Bolsonaro es un emergente de esta situacin, con su discurso fascistizante y discriminador en lo poltico y ultraliberal en lo econmico (lo que atrae a los partidarios de la mano dura y de la destruccin del Estado de bienestar). En Colombia, la violencia estatal y los asesinatos polticos son de ms larga data. Pero la falta de crtica a los dficits democrticos de Venezuela y ms an de Nicaragua impide construir una vara comn para responder ante la politizacin de la justicia (o judicializacin de la poltica), la represin estatal, los retrocesos institucionales y ms en general los recortes de derechos democrticos. Hoy Venezuela es gobernada por una Asamblea Constituyente por encima de cualquier poder constituido que opera como un poder de facto sin contrapesos institucionales de ningn tipo. Y el gobierno de Daniel Ortega utiliz grupos parapoliciales para resistir en el poder con un saldo de alrededor de 300 muertos. Todo esto es justificado por la amenaza imperialista.

Es cierto que el imperialismo conspira, pero como lo muestra un reciente artculo de investigacin del New York Times , lo hace de manera menos orgnica, homognea y eficaz de lo que parece creer el discurso bolivariano. Lo que no es sorprendente, dado que hoy ocupa la Casa Blanca un presidente acusado de traicin a la patria por parte del establishment conservador por su aparente colusin con Rusia en la campaa electoral de 2016 que adems est enfrentado con los tradicionales aliados de la OTAN. Denunciar las conspiraciones reales es diferente a utilizar la amenaza imperial como acto reflejo frente a todos los problemas en su mayor parte de naturaleza endgena. Por ejemplo, por qu Venezuela est sumergida en caos econmico y Bolivia mostr una macroeconoma cuyo desempeo fue elogiado por el Banco Mundial y la prensa econmica global? Quizs la gestin de algunas pistas. Pero el actual retroceso de parte de la izquierda hacia la cultura del socialismo real expresado en simpatas hacia Vladmir Putin lleva a abandonar la disputa por la democracia contra las visiones que la reducen a la libertad de mercado, la pospoltica o el republicanismo conservador. Y a replegarse en un dudoso y minoritario pueblo verdadero.

La ventaja del progresismo es que las derechas regionales carecen de proyectos atractivos para la regin, en medio de una incertidumbre global que puso en crisis a los defensores del libre comercio y las modernizaciones neoliberales ms clsicas. Pero lo que parece cierto es que el progresismo no va a volver2 tal como era. Ni el continente es el mismo que el de la dcada ganada. Quizs, el progresismo se jodi cuando dej de leer bien la realidad. La Tesis 11 invertida.

Ilustracin Sebastin Angresano

Fuente: http://www.revistaanfibia.com/ensayo/cuando-se-jodio-el-progresismo/



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