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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2018

Ivn Mrquez y su confusa Carta Abierta

Gearid Loingsigh
El Salmn


El otrora comandante de las FARC, Ivn Mrquez puso fin a su silencio con una carta abierta, tambin firmada por El Paisa, a la Comisin de Paz del Senado. En la carta Mrquez devela, sin decirlo, una de las razones por su desaparicin y la incertidumbre respecto a su paradero. La carta es diciente en muchos aspectos, quizs de una forma no pretendida por Mrquez. La primera preocupacin que aparece en la carta es la inseguridad jurdica de los farianos y cita el caso de Santrich como ejemplo claro.

Sin duda, la INSEGURIDAD JURDICA toc techo con la detencin de Jess Santrich con fines de extradicin mediante montaje judicial urdido por el Fiscal General, el embajador de los EE.UU. y la DEA. Esta decisin delirante concebida para sabotear la paz termin ahuyentando la poca confianza que quedaba en los excombatientes Estamos frente a un descarado abuso en el ejercicio del poder, mezclado con una rendicin inaceptable de nuestra soberana jurdica a una potencia extranjera. [1]

Tiene razn en cunto al montaje burdo contra Santrich. Es un montaje y la Fiscala tuvo que reconocer hace poco que no tiene la ms mnima prueba en su contra. Segn el Fiscal General todas las pruebas las tiene la Fiscala de los EE.UU.

Le he reiterado a la JEP que en el expediente no tiene pruebas de audios y videos (...) Es que el Gran Jurado de la Corte de Nueva York tuvo acceso a audios y videos que determinan los hechos que han dado lugar a la accin de la Corte de Nueva York en este caso [2]

Pero no se hizo para sabotear la paz como afirma Mrquez, sino para recordarle al nuevo partido de la FARC que el Estado exige un sometimiento total. Cuando detuvieron a Santrich el mximo jefe de la FARC, Rodrigo Londoo, alias Timochenko afirm en una carta a los militantes de la FARC que:

En el momento en que firmamos el acuerdo aceptamos la constitucin y las leyes y es nuestro deber actuar ajustados a ellas. Quien no lo haga debe atenerse a las consecuencias y ah difcilmente puede pedrsele solidaridad al partido , [3]

Previo a la carta se reuni con Santos y afirm en su cuenta de twitter que pidi el debido proceso para Santrich, es decir el debido proceso dentro de un marco legal diseado por sus enemigos, un marco legal que el Acuerdo de La Habana no cambia, no obstante el sistema transitorio de la Jurisdiccin Especial para la Paz (JEP). Es obvio por la carta que Timochenko cree firmemente en la justicia colombiana y de paso la de cualquier estado capitalista (postura rara para un supuesto marxista). Timochenko cree tanto en el sistema judicial y el derecho burgus que cuando anunciaron que haban abierto un proceso contra Uribe, fue enftico en exigir el debido proceso y la presuncin de inocencia. Uribe recibi un apoyo vocal ms enrgico que Santrich. Joaqun Gmez y Bertulfo lvarez, dos excomandantes refirieron a eso en otra carta:

3. Cmo es posible que se cometan incoherencias, partiendo por supuesto de nuestra ptica de revolucionarios, tales como la de Timo, al afirmar en un Foro en Manizales, que l peda que al honorable senador Uribe se le respetara el debido proceso, y el principio de inocencia, mientras que en el caso Santrich, lo que dijo fue palabras ms, palabras menos, que Santrich debera demostrar su inocencia, o sea, que se parta del hecho de que era culpable. Una posicin absolutamente adversa a Santrich, comparada con la actitud defensiva asumida con relacin al caso del honorable senador y psicpata lvaro Uribe, padre genuino del paramilitarismo en Colombia. [4]

Mrquez tiene algo de razn cuando habla de funcionarios de los EE.UU. y de Colombia, sin lugar a dudas hay sectores de la burguesa y del Estado que buscan venganza, pero la inseguridad jurdica no es un problema creado por esos personajes, es un problema de fondo del mismo proceso de paz y el acuerdo firmado.

El Acuerdo de La Habana en su versin original sometida a plebiscito no habra impedido para nada lo que ocurri a Santrich ni a los farianos que an permanecen en las crceles del pas. La segunda versin tampoco. En las negociaciones en La Habana losfarianos creyeron tanto en su propio discurso y confiaron tanto en las bondades y buenos oficios de la burguesa que nunca se les ocurri que pudiera pasar lo que est pasando. Santrich es vctima del sistema judicial colombiano, pero tambin de su propia organizacin y el acuerdo que l ayud a negociar. Se rieron de la sugerencia de insistir en ser tratados como rebeldes y bajo el amparo del derecho a la rebelin como figura jurdica. Ya no se ran tanto viendo como el Estado los trata como criminales comunes.

La referencia a la entrega de la soberana jurdica es de risa. Colombia entreg su soberana jurdica hace muchos aos y el Acuerdo de La Habana ni trata el tema. De hecho, la seccin de justicia de dicho acuerdo no es ms que un dbil e ignominioso intento de evitar la intervencin de la Corte Penal Internacional, organismo aceptado como referente por todos los firmantes del acuerdo, por las ONG, la izquierda etc. Mientras algunos pases africanos amenazan con salirse de la Corte por su imperialismo y racismo jurdico (hasta la fecha solo ha juzgado a africanos), en Colombia todos aceptan que este organismo tiene voz, voto y hasta veto sobre las decisiones jurdicas tomadas en Colombia e Ivn Mrquez nunca discrep con que tenga ese poder. Ya es muy tarde para quejarse de intervenciones extranjeras en el sistema judicial de Colombia, hasta la reforma judicial y una parte del Ministerio Pblico es financiada por los EE.UU.

El mismo Acuerdo de La Habana es un documento internacional avalado por la ONU, donde incidieron gobiernos extranjeros, financiando estudios, el mismo proceso de paz y por supuesto asesorando al gobierno colombiano y financiando los mal llamados proyectos del posconflicto. De hecho, Mrquez apela a su carcter internacional cuando se queja de los incumplimientos de dicho acuerdo y se queja tambin del robo de recursos internacionales Qu alguien nos diga a qu bolsillos fueron a parar los recursos del post conflicto colocados tan generosamente por los pases donantes. [5] Tiene un problema o no con la injerencia extranjera? Al parecer no, y adems cree que los pases donantes cuyas multinacionales saquean los recursos naturales de Colombia y el mundo entero son generosos. No es el nico problema con el documento respecto a los gobiernos extranjeros. Afirma que los EE.UU. ha hecho poco para fortalecer la paz. El proceso comenz bajo el mandato de Obama, el carismtico presidente que se sentaba todos los martes delante de una pantalla plasma para supervisar el siguiente bombardeo de una boda paquistan, su siguiente crimen de lesa humanidad. Qu esperaba Sr. Mrquez de semejante personaje? En los procesos de paz los gobiernos extranjeros quieren la estabilidad y la derrota de los que los desafan. La paz no es importante en s.

Respecto a los incumplimientos y los cambios en el acuerdo, Mrquez pregunta En qu otra parte del mundo ha ocurrido algo semejante? La repuesta es en todas partes Sr. Mrquez, en todas partes, comenzando con el pap de los acuerdos de paz, los acuerdos firmados entre la Organizacin para la Liberacin de Palestina e Israel. Dichos acuerdos llevan el nombre de los Acuerdos de Oslo. Cuando Ud. Sr. Mrquez lanz el proceso de paz en un acto en Oslo, no era consciente que se encontraba en la ciudad donde firmaron dichos acuerdos con los Palestinos? Mientras negociaba en La Habana, nunca le llegaron noticias de las masacres perpetrados por los sionistas? Ha corrido tanta sangre en Palestina que uno no sabra por dnde comenzar para recordarle a Mrquez la realidad de ese pas. En El Salvador, Guatemala, Irlanda, en todas partes incumplieron los acuerdos y a veces como en Irlanda tocaba renegociar el acuerdo original, as tenemos El Acuerdo de Viernes Santo, luego el Acuerdo de St. Andrews y varios cambios administrativos de su contenido o alcance. Los incumplimientos eran polticos, pero tambin prcticos. En Sudfrica a diferencia de la tmida y contradictoria propuesta firmada por las FARC, s propusieron una reforma agraria de repartir 25 millones de hectreas de tierras de los blancos a los campesinos negros. Nunca se hizo, apenas ahora ms de 20 aos despus comienzan a hablar de la tierra y otros temas econmicos bajo la presin de revueltas populares y la creciente impopularidad del Congreso Nacional Africano.

Se entiende la ignorancia de las FARC en el tema. Ninguna de las ONG que iban a La Habana para hablarles del proceso les hablaba de la derrota de los movimientos armados en otras partes del mundo. Los polticos de la izquierda tampoco lo hicieron. Llegaron enviados de distintos pases hablando mil maravillas de sus procesos. Pero Ud. Sr. Mrquez nunca ley nada sobre los otros procesos de paz en el mundo? Ni siquiera ahora? Si hubiese ledo algo sobre Sudfrica, por ejemplo, no dira respecto a Colombia que Cinco aos despus de lograr el Primer Acuerdo Parcial no hay titulaciones de tierras, ni fondo de tres millones de hectreas para los que no la tienen, ni nada que signifique dignificacin de la vida en el campo. [6] No lo dira porque jams lo habra esperado. Realmente en todos esos aos en La Habana, nadie le habl de los fracasos de los otros acuerdos en materia de reforma agraria? Ni siquiera de Guatemala donde tampoco hubo una reforma agraria? Me pregunto qu es lo que le decan entonces.

La misiva de Mrquez y El Paisa rompe un largo silencio, pone final a los chismes si ellos representan una ruptura con el proceso, si llegarn a dirigir alguna disidencia etc. La respuesta es clara, Mrquez no ha aprendido nada del proceso de paz, finaliza su carta con la siguiente suplica:

Seores y seoras congresistas: nuestra principal preocupacin es como sacar la paz de Colombia del abismo de los acuerdos fallidos a la que fue arrojada con desprecio, y nos gustara conocer al respecto sus valiosas apreciaciones. Vale la pena intentar lo imposible, porque de lo posible se ocupan los dems todos los das. [7]

No ha aprendido nada, cree como en Irlanda que todo lo malo es una maniobra de fuerzas oscuras y no el resultado lgico del proceso de paz. Cree equivocadamente que su error quizs fue de entregar las armas antes de cumplir con la reintegracin de los guerrilleros. Pero las armas no son el problema. A fin de cuentas, las FARC usaban las armas para avanzar unas ideas polticas, pero si en el proceso de paz vimos que las posturas de las FARC son tan efmeras como el roco de la maana, el problema es de otra ndole.

Los errores Sr Mrquez fueron muchos, aqu nombro apenas 6:

1) Comenzando con su intervencin en el lanzamiento en Oslo donde por poco declara la victoria sobre el Estado y el capitalismo. Humberto de la Calle le puso en su sitio en ese momento declarando que el modelo no se toca. Pero su gente, y las ONG, y el Polo y muchos ms seguan con el cuento de la transformacin del pas, mientras Uds. negociaban no solo a puerta cerrada sino en secreto.

2) Ese fue el otro error, el proceso de Uds. fue un proceso a espaldas de la gente. Las organizaciones populares, los campesinos, los ambientalistas que hoy luchan contra la depredacin minera, no estaban presentes, las mujeres, los gays etc. S, es cierto que muchas organizaciones fueron a La Habana a hablar con Uds. Pero presentar una propuesta a Uds. no es lo mismo que participar en el proceso. A fin de cuentas, nadie explica porque Uds., a espaldas de los campesinos, negociaron la tierra y aceptaron el modelo neoliberal, o porque Uds., a espaldas de las Madres de Soacha, negociaron la impunidad para los verdugos de sus hijos. En nombre de qu apropiaron el derecho de esas mujeres de exigir justicia cuando sus hijos, tal como ellas dicen, no eran vctimas del conflicto sino del Estado? Uds. no participaron en esos sucesos, no tenan autoridad moral de negociar el futuro de las vctimas que no eran miembros ni base social de su organizacin.

3) Cuando negociaron el tema agrario, Uds. optaron como buenos farianos por prebendas y migajas. Pensaban que negociar hectreas y proyectos para una base social les favorecera. Jams plantearon una discusin siquiera sobre las estructuras de poder en el campo y el modelo agrario. De hecho, el ltimo punto del Acuerdo Agrario son ms migajas para mitigar el dao del modelo neoliberal explcitamente aceptado en ambas versiones del acuerdo. [8] Por cierto, ese punto es contrario a las reglas de la OMC y jams se puede implementar. Estoy seguro que nadie se los dijo.
4) Cuando aceptaron un acuerdo de justicia que les equiparaba con lo que se consideraban elementos criminales dentro de las fuerzas estatales (y no las fuerzas estatales como tal) Uds. aceptaron un trato de criminales comunes. Haber insistido en su reconocimiento como rebeldes y el derecho a la rebelin.

5) Uds. creyeron en la buena voluntad del Estado, un estado que masacr durante ms de 50 aos a la poblacin civil. Es un error poltico de proporciones monumentales. No solo lo creyeron, promocionaron esa idea entre la sociedad. No exista el ms mnimo indicio para creer en la buena voluntad del Estado.

6) En el tema de la justicia Ud. Sr. Mrquez confiaba plenamente en las prebendas jurdicas que negociaba, jams pensaban que podra pasar lo de Santrich, as nunca se plante garantas judiciales para la masa de la poblacin sino unas prebendas para Uds. Uds. negociaron una garanta a medias frente a la extradicin en vez de exigir un cambio sustancial en los procedimientos de extradicin. Exigir que cualquier extraditado tenga unas garantas no es mayor cosa. En muchos estados capitalistas el pas que solicita la extradicin tiene que presentar indicios razonables, establecer un caso prima faciecontra el sindicado. Pero Uds. prefirieron negociar unas ventajas para Uds. y no para la sociedad en su conjunto.

La carta demuestra que Ivn Mrquez, por el momento, no representa una oposicin poltica al Acuerdo de La Habana sino su continuacin con prebendas ms seguras y slidas en materia jurdica para l y sus militantes. No plantea ninguna reforma de la justicia, de las crceles. La paz para l depende de la posibilidad de seguir en la legalidad y de unas garantas para sus militantes con el fin de evitar que vuelvan a empuar las armas. No plantea ninguna alternativa para la poblacin, sino que nos entreguemos a un acuerdo que no promete nada. Lo de Mrquez no es ninguna lectura crtica del proceso, sino una decepcin personal ante lo que l determina en su carta como una traicin al acuerdo.

Las Reacciones

Pues la carta sorprendi a muchos, y al parecer al partido de la FARC tambin. Los pazlogos salieron a decir que Mrquez tiene razn frente a los incumplimientos y la inseguridad jurdica. Pero como son los mismos expertos que nos decan que el acuerdo de paz en Colombia sera distinto a todos los dems firmados en el mundo, que las FARC eran los ms verracos y que el acuerdo iba a transformar a Colombia, podemos descartar sus apreciaciones respecto a la carta de Mrquez. No saben valorar nada crticamente, y temen que las crticas de Mrquez animen a otros a mirar ms de fondo a los problemas del Acuerdo de La Habana. Las reacciones del partido de la FARC son ms importantes y ms interesantes, siendo Mrquez el exjefe del equipo negociador de las FARC. Primero dicen que son opiniones personales. Eso es cierto, pero no son las opiniones personales de cualquiera sino de Ivn Mrquez y Oscar Montero. Dicen ellos nunca concibieron la firma como el fin de la lucha poltica y social en el pas. Puede ser, pero declararon un nuevo mundo, que el Estado les iba a cumplir y el pas sera transformado. En su rueda de prensa hacen referencia a una declaracin poltica de la FARC donde lamentan que La Reforma Rural Integral no se ve por ninguna parte, al tiempo que se crece el propsito de reemplazarla con proyectos que slo apuntan al inters de grandes empresarios. En eso coinciden con Ivn Mrquez y se equivocan de la misma manera. El acuerdo firmado por las FARC contempla abierta y explcitamente la agroindustria, la economa de escala etc. En la pgina 12 del acuerdo se afirma lo siguiente:

Desarrollo integral del campo : el desarrollo integral del campo depende de un adecuado balance entre las diferentes formas de produccin existentes agricultura familiar, agroindustria, turismo, agricultura comercial de escala-; de la competitividad y de la necesidad de promover y fomentar la inversin en el campo con visin empresarial y fines productivos como condicin para su desarrollo; y de la promocin y fomento, en condiciones de equidad, de encadenamientos de la pequea produccin rural con otros modelos de produccin, que podrn ser verticales u horizontales y en diferente escala. En todo caso se apoyar y proteger la economa campesina, familiar y comunitaria procurando su desarrollo y fortalecimiento. (nfasis fuera del original)

Y respecto a los proyectos el acuerdo dice en la pgina 33, punto 1.3.3.6:

Asociatividad: el Gobierno fomentar y promover la asociatividad, encadenamientos y alianzas productivas entre pequeos, medianos y grandes productores as como con procesadores, comercializadores y exportadores con el fin de garantizar una produccin a escala y competitiva e insertada en cadenas de valor agregado que contribuyan a mejorar las condiciones de vida de los habitantes del campo en general y en particular de los pequeos productores. Para ello brindar asistencia tcnica, jurdica y econmica (crdito o financiamiento) a los pequeos productores con el fin de garantizar proyectos de economa familiar y asociativos, equilibrados y sostenibles. (nfasis fuera del original)

Pero los aspectos polticos son ms importantes y dentro de esos la cuestin de la seguridad jurdica para los exmilitantes de la guerrilla de las FARC. En la rueda de prensa convocada por la FARC a raz de la carta de Mrquez, Carlos Antonio Lozada afirma que:

Mal pudiera salir yo a decir que no hay condiciones ni garantas y estar sentado en la sala de prensa del Senado en una rueda de prensa, eso sera contradecirse a uno mismo. Nosotros lo que estamos diciendo es que el proceso tiene dificultades, la implementacin no ha sido consecuente por parte del Estado, pero hay unos espacios indudablemente que se han ganado que lo valoramos, que son espacios muy importantes para lograr avanzar en la implementacin de los acuerdos de paz. [9]

Tiene razn, l est sentado en el Senado y hasta el momento no han intentado hacerle nada. La Unin Patritica gozaba de esas mismas garantas hasta que comenzaron a asesinar a sus militantes, luego los concejales, los diputados y senadores y hasta dos candidatos presidenciales como hoy asesinan a desmovilizados y dirigentes sociales. Puede que el Estado decida que no hace falta asesinar a los senadores de la FARC, pues tan arrodillados para qu? Pero la preocupacin de Mrquez es real, no solo piden en extradicin a Santrich sin prueba alguna, centenares de farianos siguen presos, a pesar de lo acordado y la actitud pusilnime de Timochenko y la FARC respecto al caso de Santrich hara dudar a cualquiera no solo del sistema judicial sino de la resistencia y oposicin de sus camaradas.

Las crticas de Joaqun Gmez y Bertulfo lvarez son ms polticas. Pero las de Mrquez tambin indican que todo no est bien en las filas de la FARC. Sin embargo, Mrquez se aferra al Acuerdo de La Habana como un hombre ahogndose y agarrando a cualquier cosa para mantenerse a flote. Hay que romper con la FARC. Las cartas de Mrquez y Joaquin Gmez y compaa, demuestran una inconformidad con el partido y su entreguismo, pero no rompen con el Acuerdo de La Habana, no hacen un anlisis crtico de lo que ocurri, su contenido real y sus impactos. Siguen creyendo que firmaron un acuerdo bueno y adems en el caso de Mrquez, finaliza su carta suplicando a la intervencin de los congresistas. Pero la pelea es peleando, algo que Joaqun Gmez y Bertulfo lvarez parecen reconocer. As vamos a suplicar a los poderes del pas que sean decentes o vamos a luchar para transformar el pas? Luchar por un pas nuevo no significa regresar al monte, pero s significa romper con la FARC, el Acuerdo de La Habana y la institucionalidad burguesa. Frente a esto Joaqun Gmez y Bertulfo lvarez dicen:

39. Gran parte de los errores, inconsistencias y desviaciones tanto en lo terico como en lo prctico parecen derivarse de postulados tan absurdos no solo bajo la lupa de la teora revolucionaria sino desde la perspectiva cientfica misma, como el que aparece en los primeros prrafos del llamado programa estratgico que asegura sin ningn remordimiento: Hemos optado luchar dentro de ese orden, no para preservarlo, sino para mejorarlo y sobre todo para superarlo. 40. Sin embargo, es claro que para mejorarlo nos veramos obligados a preservarlo, lo que sera absurdo si realmente buscamos superarlo. 41. De all se deriva la entelequia de centrar el trabajo poltico en el mejoramiento y perfeccionamiento funcionalistas de los espacios institucionales. 42. De all que se pretenda desplazar la visin cientfica de la sociedad y la misma lucha por el socialismo por la difusa promesa del advenimiento de una nueva sociedad, orden social alternativo o sociedad alternativa, malabarismos que por su puesto buscan restarle importancia al Partido en la conduccin del proceso revolucionario y justificar as su ambigua configuracin actual.

La FARC como partido, no tiene nada de revolucionario. Es un partido abiertamente y irreconociblemente no solo reformista sino institucionalista. Me acuerdo de una conversacin con un amigo exintegrante de la guerrilla de las FARC y le pregunt quien pensaba iba a ser el Villalobos de Colombia. Sin vacilar escupi de una el nombre de Pastor Alape. No hay duda, y hasta la carta de Joaqun Gmez lo insina, Pastor Alape va ganando la carrera para ser el Villalobos colombiano, pero la verdad es que en muy poco tiempo parece que todo el partido se ha convertido en Villalobos. Valga recordar que Villalobos es un excomandante del FMLN de El Salvador quien hoy da es un neoliberal convencido y un derechista sin tapujos e integrante del mismo centro de pensamiento ultra derechista de la actual vicepresidente de Colombia Marta Luca Ramrez. Por all va la FARC, es la hora de romper con ellos y su acuerdo Sr. Mrquez. Toma el paso. La lucha por el socialismo no pasa por suplicas al Congreso sino por animar a los campesinos, los obreros, las mujeres, los estudiantes que tomen lo que les corresponde.



 Bibliografa
 
[1] Mrquez, I. y Montero, O. (22/09/2018) Carta Abierta a la Comisin de Paz del Senado pgina 1.
[2] RCN Radio (27/09/2018) Fiscal responde a JEP que no tiene pruebas sobre el caso Santrich www.rcnradio.com [
3] El Tiempo (21/04/2018) Quien infrinja la Constitucin y la ley debe asumir las consecuencias www.eltiempo.com
[4] Gmez, J. y lvarez, B. (s/f) Carta al Pleno de la FARC. Pgina 1
[5] Mrquez, I. y Montero, O. (22/09/2018) Carta Abierta a la Comisin de Paz del Senado pginas 3-4-
[6] Mrquez, I. y Montero, O. Op. Cit. Pgina 3.
[7] Ibd., pgina 4.
[8] Punto 1.3.4 del Acuerdo de La Habana en su ltimo inciso afirma Adicionalmente, la provisin de condiciones e incentivos a la produccin y a la comercializacin, incluyendo, cuando sean necesarios, apoyos directos para el fortalecimiento productivo, con el fin de que en la economa campesina, familiar y comunitaria se eviten o minimicen los impactos negativos que supongan la internacionalizacin de la economa y la liberalizacin del comercio.
[9] Rueda de Prensa de la FARC
Fuente original:http://www.elsalmon.co/2018/10/ivan-marquez-y-su-confusa-carta-abierta.html


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