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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 10-10-2018

La felicidad bruta

Jaime Richart
Rebelin


No es que yo sea un provecto quejumbroso de esos que aoran los aos de su juventud o de su plenitud, esas etapas de la vida en las que no es infrecuente sentirse uno inmortal... No es que yo no d importancia a los tiempos luminosos que vivimos: un hito de la historia del ser humano que los clasificar ms adelante en la nomenclatura de otra Era. No es que subestime, desdee o desprecie las maravillas tradas por las nuevas tecnologas despus de haber ido asistiendo al descubrimiento de la radio, del coche, de la televisin y de la cama articulada... No, no es nada de eso por lo que entiendo que vivimos una poca de decadencia cuya culminacin en una guerra total o en un tedio mortal de toda la Humanidad, tambin Oriente, es fcilmente predecible, pero que espero y deseo no vivir y que por mi edad lo ms seguro es que asi sea. La sociedad occidental, la oriental va por otros caminos, creo que ha tocado techo y fondo. A partir de aqu y a pesar de que los estilos de vida y del arte se han alternado siempre ajustndose a unos patrones o rompiendo los patrones, no veo probable una vuelta a alguna modalidad de romanticismo o de clasicismo, sino al caos o a los orgenes, pero no a los orgenes del buen salvaje sino a los orgenes de lo que en el ser humano haba de la bestia. Porque la deriva hacia lo orgistico, que es como llama Nietzsche a la poca opuesta a lo apolneo caracterizado por la medida, parece acentuarse cada vez ms. Ahora ya no hay otra medida ni patrn que no sea el capricho, ni ms ėtica personal o colectiva que el cdigo penal: el mnimum del mnimo moral. Esto se me antoja para toda la sociedad de Occidente, pero Espaa parece estar alcanzando las ms altas cotas de la descomposicin social.

Ser por lo dicho, que en los ltimos cuarenta aos en Espaa no hemos odo ni en las conversaciones, ni en los debates, ni en las tertulias, ni en las charlas ni en las conferencias la palabra felicidad, ni la hemos ledo en algo que no sea de otras pocas? Ser porque, como sucede con tantas otras palabras abstractas relacionadas con el espritu: amor, prudencia, recato, fidelidad, pudor, honestidad, lealtad, etc., la sociedad espaola ya no cree en ellas? o bien que la propia aoranza de los significados, cada una de esas palabras se nos hiela en la garganta al darla por perdida?

Las Naciones Unidas, es ella en s misma decadente. La prueba de que la sociedad mundial, la que representa a todas las naciones del mundo, es decadente est en su modo de estimar y graduar la felicidad colectiva. Valora el cunto de felicidad de las naciones por el producto interior bruto per cpita. Es decir por lo que produce cada nacin y por lo que consume cada individuo. Pues bien, en un ranking que llama ndice Global de Felicidad, basndose en diversos factores pero por encima de todos el PIB, entre 155 pases Espaa figura en el puesto 36, detrs de Guatemala o Malasia, siendo Finlandia el pas ms feliz del mundo, segn el ndice de 2018.

Aunque el artilugio que supone ese ndice fuese una metfora, sigue siendo lamentable. Ms bien una barbaridad sabido el grado de esquilmacin del planeta al que le han sometido las naciones occidentales principalmente; sabido que el planeta ya no aguanta, ni el desarrollo no sostenido ni el sostenido; que colosales cifras de objetos fabricados y desperdicios no reciclables lo estn aplastando; asociar la felicidad bsicamente a la produccin y al consumo de materiales supone legar a las siguientes generaciones, a nuestros nietos y biznietos, unas condiciones de vida sombras y probablemente insoportables...

El contrapunto a tal ndice lo puso en 1972 el rey de Butn. Propuso a cambio el ndice de Felicidad Nacional Bruta, un indicador que mide la calidad de vida en trminos ms holsticos y psicolgicos que el producto interno bruto. Es decir, que mientras los modelos econmicos convencionales observan el crecimiento econmico como objetivo principal, el concepto de felicidad nacional bruta se basa en la premisa de que el verdadero desarrollo de la sociedad humana se encuentra en el desarrollo material pero tambin espiritual; esto es, en el desarrollo socioeconmico sostenible e igualitario, en la preservacin y promocin de los valores culturales, en la conservacin del medio ambiente y en el establecimiento de un buen gobierno marcadamente responsable de lo que constituye su responsabilidad colectiva. Si bien yo, personalmente, y supongo que millones de personas en el mundo, estimo que no es el desarrollo sostenido el fin, sino slo el decrecimiento sostenido lo que corresponde a una racionalidad propia del tiempo que vivimos.

Hablaba antes de decadencia, pues bien la decadencia moral va siempre acompaada de la decadencia orgnica del individuo y de la sociedad... Pues bien, en esas sociedades decadentes se vive como en un verdadero torbellino y dudo mucho que se conozca, o al menos se entienda qu es propiamente felicidad, confundida con estertores y chispazos. El individuo entregado exclusivamente a sensaciones, tiene escaso recorrido. Pues la felicidad no es el goce, ni el placer ni el deleite de los sentidos. Y tampoco creo que sea el arrobamiento ocasional del ermitao en su cubil o el xtasis puntual del monje en su celda. Ni que sea la iluminacin que esperan intilmente los gnsticos, ni el nirvana de los budistas, ni la ataraxia de los antiguos griegos... Al menos no puede ser nada de eso felicidad en las naciones occidentales, tampoco en Espaa, arrolladas por el inextirpable virus del comprar y el consumir, en medio de la escasez, por un lado, y el despojo, por otro, de millones de personas. Y si alguien dice que lo es, que es feliz, nadie podr convencerme de que no ser por breves momentos y mediando una fuerte autosugestin.

Esto, en cuanto a la felicidad convencional colectiva. En cuanto a la felicidad individual, no hay pensador o filsofo que no haya respondido a la pregunta qu es felicidad? haciendo abstraccin de la circunstancia personal y haciendo recaer la responsabilidad de serlo exclusivamente de nosotros, pase lo que pase. Sin embargo, habida cuenta que yo soy yo y mi circunstancia, como afirma Ortega y Gasset, para que la reflexin sea ms til y consoladora que terica, a efectos ms prcticos que filosficos, y a condicin de disponer de lo imprescindible para subsistir, en tanto llega por fin la iluminacin a los responsables del mundo sobre el giro que deben dar a la economa y a la felicidad , en la vida ordinaria de los tiempos actuales yo creo que slo se puede vislumbrar la felicidad en el equilibrio personal y en la consciencia plena del vivir, del existir y del ser para la vida, sin aturdimiento ni desmayos. Un equilibrio cada vez ms dificultoso, pero al que habra que sumar el cultivo de la sensibilidad de modo que no derive en sensiblera, ni se aduee tampoco de nuestra personalidad; dejando entre equilibrio y sensibilidad espacio para la bizarra. Me refiero, naturalmente, al equilibrio interno, no al equilibrio exterior que es relativamente asequible por ser artificial y slo por breves espacios de tiempo que acortan la vida. El equilibrio interior ms aproximado, sin necesidad de los sinuosos y melifluos mtodos de la paraespiritualidad y dems monsergas orientalistas, slo es posible de una manera prolongada con una vida ordenada, una alimentacin frugal, un entretenimiento diversificado y un ejercicio fsico moderado.

La injusticia social es una monstruosidad que denigra a la sociedad en proporcin al escaso o nulo inters, segn los casos, de sus dirigentes, elegidos por ella, por aminorarla. Sin embargo, la paradoja es que entre quienes apenas tienen lo justo para sobrevivir, no hay infelicidad. El afn o impulso por superar su trance les hace inconscientes de lo que, visto por otros, es su hipottica desgracia. La gente infeliz, secretamente, en su estricta intimidad, no pblicamente, abunda hoy da cada da ms entre los acomodados, los muy ricos y los demasiado ricos. Los acomodados, porque suelen valorar ms lo que no tienen que lo que tienen. Los muy ricos, porque desean tener ms y temen perder lo que tienen. Y los demasiado ricos porque viven slo atentos a su riqueza, y el tedio que causa la sobreabundancia les cierra el paso a ese espritu desenfadado que acompaa al indigente. Este enfoque desfigura y falsea ese torpe modo de llamar felicidad las Naciones Unidas al reparto del producto interior bruto.

En suma y para terminar, la felicidad personal se considera inasequible salvo en la gloria, o bien es un estado excesivamente transitorio como para que persista en los sentidos. Y al igual que la libertad no existe en estado puro pues slo se percibe negativamente, es decir porque la amamos somos incapaces de abusar de ella, la felicidad bruta, la tuya y la ma, slo est en no sentirnos desgraciados...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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