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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2018

Desde la cuneta (no resignada) de la historia
El capital como enemigo de la vida

Rosa Guevara Landa
El Mono Azul


La lucha contra este poder oficial, armado de dinero y de todos los implementos de combate, es naturalmente muy interesante y tanto ms gloriosa si llegramos a resultar victoriosos, ya que de un lado est el dinero, el poder y todo, mientras que nosotros muchas veces no sabamos de dnde sacar el papel para escribir las cartas, etc. (Jenny Marx)

 

Me emociona Jenny, me emocionan sus cartas. Como las de Tussy, su hija ms pequea. Las amo, con pasin. Cuntas veces he imaginado que estaban aqu, entre nosotras, que eran amigas y que nos bamos por ah, a hablar de nuestras cosas, a manifestarnos, a algn concierto, al teatro o a ver El joven Marx! Me lo paso tan bien cuando sueo con ellas!

Perdn. Cojo el hilo de esta nota.

Me presento. Uso un seudnimo. No hace falta que les explique ni el Rosa, ni el Guevera, ni el Landa. Matilde es la tercera de mis heronas. Yo me llamo realmente Clara Luxemburg. Me oculto un poco. Los tiempos no permiten que hablemos abiertamente. No queremos engrosar, por el momento, el ejrcito industrial de reserva.

Mis otros dos nombres son Ins y Dolores (como Armand e Ibrruri). Les pregunt a mis padres de pequeita los motivos de su eleccin. No me respondieron directamente, ya entendera con el tiempo. Lo entend y se lo agradezco.

Eran buena gente mis padres. Su bondad era la de Brecht y Machado. Fallecieron muy jvenes. El trabajo los agot y trastoc. Mi madre se levantaba a las 4 de la maana y haca triple jornada; mi padre a las cinco con doble jornada fabril -por necesidad, no por codicia- durante muchos aos. Aqu, en .Cat, algunos intelectuales orgnicos del supremacismo nacionalista, les han llamado colonizadores lingsticos. Colonizadores! Qu cosas! Si no tenan ni donde caerse muertos! Como la familia. El hermano de mi padre muri en la batalla del Ebro defendiendo la II Repblica. Ni sus restos tenemos. Al padre de mi madre lo fusilaron en mayo de 1939 en el Camp de la Bota, muy cerca de donde vivimos aos despus sin saberlo. No lo enterraron, arrojaron su cadver a un cenagal de porquera.

Vuelvo a coger el hilo; me disperso mucho. Quera explicarles mi vida, la de estos ltimos aos. Como desahogo, como indignacin, como grito. A ello voy.

No han odo las voces que afirman que ya hemos salido de la crisis, que todo va mejor, que volveremos pronto a los buenos tiempos, que la situacin ha dado un giro de 180? Y un carajo (con perdn)! Mienten como bellacos.

Hace unos diez aos yo trabajaba en una empresa de la construccin. Me tenan como chica para todo. Mi sueldo no llegaba a los 1.100 euros. Me pareca un abuso; era un abuso. Muchos meses no llegaba a fin de mes. Haba que ir con mucho cuidado en los gastos. Viva entonces con el que era mi novio, mi compaero, un currante como yo con un sueldo un poco mayor que el mo. No podamos ir mucho al cine y muy pocas veces al teatro A m me gusta mucho el teatro aunque no soy teatrera. Empec a amarlo cuando estudiaba bachillerato en un instituto de mi ciudad, Santa Coloma de Gramenet. No lo digo por autobombo pero no se me daba mal. Llegu a hacer todo un Shakespeare, El sueo de una noche de verano, en el teatro principal de la ciudad. La gente me aplaudi mucho! Mi madre estaba orgullossima de m. Echo a faltar aquello!.

Lo que les deca, bamos tirando. Vivamos en un piso de alquiler. Pagbamos unos 650 euros. Un da se present en casa un seor muy trajeado que pareca saber mucho de cuentas y viviendas. Nos dijo que ramos unos ilusos, que no tena sentido pagar ese alquiler, que mejor comprar una vivienda con ms espacio y en mejor barrio. Nos coment que poda darnos -darnos!- una hipoteca de unos 200 mil euros y que pagando 750 euros al mes, durante unos 30 aos, el piso era nuestro. Ni alquileres ni nada de nada. La madurez y la vejez aparecan esplendorosas ante nuestros ojos, con piso propio y sin alquiler.

Camos en la trampa; nos engaaron muy bien. Qu estpidos fuimos! Hablan muy fino. Firmamos papeles y a pagar. Pero al poco pas lo que pas, lo que tal vez a ustedes les haya pasado tambin. Vino la que llaman crisis, una estafa monumental. Me despidieron, me dieron una porquera y ah te las apaes, a buscarse la vida. Eres libre! A mi compa, le rebajaron el sueldo; lo llamaron necesidades de la empresa para subsistir a largo plazo.

Nos pusimos de muy mal humor, muy tensos, l sobre todo. Cualquier cosa que le deca, le sentaba peor que mal. Con los meses, la crisis-estafa se llev nuestro amor, arras con l. Nos separamos. No me ha dejado tirada, eso s. Me he quedado en el piso y me ayuda un poco cuando puede (que no es siempre). Ahora lo comparto con dos amigas que tambin contribuyen con lo poco que pueden. Me sale la hipoteca por unos 400 euros pero mi sueldo apenas llega a los 900 y no estoy fija, sigo en la cuerda floja.

He hecho de todo estos aos... cuando he podido, que no ha sido siempre. Oficinista, limpiadora, he trabajado en una residencia de mayores. Ahora estoy de cajera en un supermercado. Todo en precario por supuesto.

Tengo horario intensivo. Aprovecho para estudiar un poco. Me cuesta, no es fcil para m, hace aos que no lo haca. Me he matriculado en Historia, siempre me ha gustado. Ahora, de mayor, tengo 40 tacos cumplidos, muchas explicaciones las recibo y pienso con ms madurez. Eso creo por lo menos. Preguntara, una y otra vez, hasta el agotamiento.

A lo que iba. Hemos salido de la crisis? Quines? Cuando oigo -lo escuch en la tele el otro da- que los superricos espaoles, los que en 2016 declaraban un patrimonio de ms de 30 millones de euros (5.000 millones de las antiguas pesetas!), eran 579 y que 10 aos atrs, en 2006, eran unos 200, me pongo de los nervios-nerviosos y tomo ms consciencia de las dimensiones de este inmenso y criminal engao. Mi indignacin alcanza las esferas celestiales de otras galaxias. Tendra que trabajar unos 3.000 aos, vivir unas 75 vidas currando 40 aos en cada una de ellas, sin gastar nada, con mi sueldo actual, para alcanzar esos 30 millones!

Una amiga ms que amiga (s, tengo novia, se llama Flora, como la Tristn dice ella orgullosa; la conoc en el cine viendo Carmen y Lola) me ha pasado un libro de Michael Heinrich. Ella es muy leda. El tal Heinrich, no s nada de l (eso s, es alemn como Tussy), escribe bien y muy clarito pero me resulta difcil seguirle a veces. Hay que estar muy concentrada y yo tengo mi cabeza en mil sitios; en la caja del supermercado por ejemplo. Es sobre El capital, el libro del marido de mi Jenny que l, Karl, no hubiera podido escribir sin ella. Ni una pgina... aunque se olvide, aunque no se diga lo suficiente!

Leo cinco pginas cada da; en dos meses me lo acabo si todo va bien. En la pgina 17 he ledo una reflexin que me ha gustado mucho, se la copio. Las tengo en fichas con observaciones mas.

Es cierto que el capitalismo existe en contextos sociales y polticos distintos, y tambin que las relaciones capitalistas han sido reguladas polticamente de modos muy distintos a lo largo de la historia. Pero es la dinmica generadora de crisis vinculada inseparablemente al modo de produccin capitalista la que destruye una y otra vez todos estos modos de regulacin, todos los compromisos de clases alcanzados. No es solamente el exceso, sino la normalidad misma del capitalismo, la que hace imposible una vida buena determinada por uno mismo. Por eso para Marx no se trata de una distribucin distinta dentro del modo de organizacin social capitalista existente, sino de su superacin.

Las cursivas son mas. Qu razn tiene este Michael! No es solamente el exceso, sino la normalidad misma -ste es el punto!- del capitalismo, la que hace imposible una vida buena determinada por una o uno mismo! Yo no puedo; mis compaeras de trabajo tampoco. Y ustedes?

Se me ha hecho tarde, les que tengo que dejar por hoy. Me espera el curro y como deca no s quien de nada en demasa. Sigo otro da si les apetece.

Me olvidaba: recuerdan aquella pelcula de Agustn Daz Yanes: Nadie hablar de nosotras cuando hayamos muerto? Seguro que la recuerdan. Diga lo que diga el ttulo, s que se hablar de nosotras; hablaremos nosotras. Y mucho. Nos contaremos nuestras vidas, y nos apoyaremos, y estaremos unidas, y nos daremos amor, amistad y calor, calor a la llama de siempre, a la llama de la fraternidad. A que s compaeras? A que si compaeros?

Fuente: El Mono Azul, 1, pp. 2-3 (suplemento cultural de MO 319).

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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