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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-10-2018

El ecologismo de Marx

Joaquim Sempere
Nous Horitzons / Sin permiso


El ecologismo apareci como corriente influyente en los Estados Unidos y Europa occidental en los aos 60 del siglo XX, al margen de las izquierdas tradicionales, y en particular del marxismo. Algunas de sus corrientes incluso se presentaban como una superacin de la oposicin entre derecha e izquierda, con el argumento de que los conflictos sociales (especialmente entre clases) estaban destinados a pasar a segundo trmino frente a un problema de fondo: la agresin humana contra el medio ambiente natural. Esta agresin afectaba a todo el mundo, era un problema de la humanidad, no de una parte, de una clase social. Pero no todo el ecologismo lo vea igual. Un sector, que se volvi mayoritario en su seno, consideraba que la destruccin ambiental era un resultado ms de la dinmica expansiva, dominadora y privatizadora del capitalismo, y que por tanto el ecologismo tena que ser anticapitalista.

Hasta qu punto los fundadores del socialismo moderno fueron conscientes del problema? Ha corrido mucha tinta sobre el tema. En el caso de Marx y Engels, fundadores de la corriente ms influyente de la izquierda socialista, la polmica fue intensa. Alguno les ha atribuido desde ignorancia de la cuestin ecolgica hasta posiciones abiertamente productivistas y, como tales, antiecolgicas y cmplices de desarrollos industriales extremadamente destructivos del medio natural. Las prcticas inequvocamente productivistas de los regmenes autodenominados marxistas reforzaban este argumento. El bicentenario del nacimiento de Marx es una buena ocasin para repasar qu hay de verdad en estas crticas.

Marx consideraba que la burguesa, impulsando el industrialismo capitalista, cre un nuevo mundo, introduciendo innovaciones que multiplicaban las capacidades humanas para transformar el medio natural y para dotarse de mejoras gracias a la aplicacin de la ciencia y la tcnica a la produccin. La burguesa, con ello, generaba adems las condiciones previas necesarias para avanzar hacia una nueva etapa de la historia humana, una era de fraternidad: el socialismo o comunismo. El maquinismo y la concentracin de trabajadores en fbricas hacan nacer un nuevo modo socializado de trabajo y de produccin, que, gracias a la divisin del trabajo en el interior de la empresa, incrementaba la productividad del trabajo humano y aportaba un pltora de productos inaudita. Y concentraba en grandes fbricas aquellos que seran los protagonistas de los cambios revolucionarios exigidos por el nuevo rgimen socioeconmico: los proletarios, llamados a subvertir el orden capitalista. Pero el maquinismo fragmentaba la actividad de cada trabajador hasta convertirlo en una simple pieza de una gran maquinaria, y sometindolo a explotacin. La explotacin, es decir, la expropiacin por el empresario capitalista del producto del trabajo excedente de los obreros, permita una acumulacin de riqueza en manos del empresario. De modo que Marx, al tiempo que vea progreso en la industria mecanizada, vea dominacin, sufrimiento y regresin humana. Haba aprendido a pensar dialcticamente, percibiendo juntos los aspectos opuestos de una misma realidad, que raramente tiene una sola cara. En el socialismo moderno hay tambin una idea frecuentemente no explicitada: la productividad de las modernas fuerzas productivas permite liberar tiempo y energa para los trabajadores que, emancipados de la explotacin capitalista, podran dedicarse a la vida poltica y a la gestin de la cosa pblica bajo un rgimen comunista.

No comprender el punto de vista dialctico ha llevado a muchos lectores y crticos de Marx a interpretar erradamente algunas de sus ideas. As, si el industrialismo capitalista es un paso hacia la liberacin de los trabajadores, parece que tenga que ser considerado sin reservas como un fenmeno positivo. Desde este punto de vista, Marx sera un admirador del progreso tcnico e industrial, y, como tal, alguien que, de una manera u otra, ha contribuido a implantar o consolidar la civilizacin tcnica que est revelndose nefasta para las condiciones de vida de la biosfera y de la misma especie humana. En otras palabras, Marx no solo no tendra nada de ecologista, sino todo lo contrario, formara parte activa de una cultura esencialmente contraria a la vida y dominadora de la naturaleza.

Pero disponemos desde hace ms de 30 aos de estudios orientados a sealar la presencia, en la obra de Marx, de ideas que se pueden calificar como ecologistas o protoecologistas. Manuel Sacristn, traductor de diversas obras de Marx (entre ellas, el primer libro de El capital) y muy buen conocedor de su obra, publicaba en 1984 en la revista Mientras Tanto un trabajo titulado Algunos atisbos poltico-ecolgicos de Marx (recogido en el volumen Manuel Sacristn, Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987). En este trabajo, Sacristn explicaba cmo Marx denunciaba la degradacin, en el sistema capitalista, tanto de la integridad y la salud de los trabajadores como de la fertilidad de la tierra, dos realidades naturales el trabajo humano y la tierra que son, dice Marx, las dos fuentes de las cuales mana toda la riqueza. Marx y Engels fueron conscientes de un problema que preocup a muchos cientficos y estadistas del siglo XIX: la prdida de nutrientes de las tierras agrcolas en un momento de crecimiento demogrfico, y de la irracionalidad metablica que supona la existencia de grandes ciudades que importaban de los campos muchos alimentos pero no retornaban los nutrientes a la tierra, sino que los evacuaban hacia los ros, contaminndolos, y derrochando un recurso de gran valor. La ruptura de la circularidad de los nutrientes pona en cuestin tanto la viabilidad econmica a largo plazo de la agricultura capitalista como la viabilidad ecolgica de las grandes ciudades, hasta el punto de que, en el Anti-Dhring, Engels afirma: La civilizacin nos ha dejado con las grandes ciudades una herencia que costar mucho tiempo y trabajo eliminar; pero las grandes ciudades deben ser eliminadas, y lo sern, aunque a travs de un proceso lento.

Marx, segn Sacristn, crea que en el momento de construir una sociedad socialista el capitalismo habr destruido completamente la relacin correcta de la especie humana con el resto de la naturaleza (...) Y entonces asigna a la nueva sociedad una tarea dice literalmente de producir sistemticamente este intercambio entre la especie humana y el resto de la naturaleza. (...) La sociedad socialista queda as caracterizada como aquella que establece la viabilidad ecolgica de la especie [1] . Como se puede observar, Sacristn pona de manifiesto en los textos de Marx y Engels unos puntos de vista inequvocamente ecologistas y una percepcin muy acertada de un rasgo esencial del capitalismo: la ruptura de la circularidad de los intercambios entre humanos y medio natural que son la condicin bsica de la continuidad de la vida humana sobre la tierra. Marx utiliz profusamente el trmino metabolismo en alemn Stoffwechsel, es decir, intercambio de materiales, que no es nada ms que la definicin de metabolismo, un trmino tpicamente ecolgico, y eso dice mucho de la consciencia de Marx sobre la cuestin. La observacin de Marx segn la cual el socialismo estaba destinado a establecer la viabilidad ecolgica de la especie [humana] se hace explcita en el libro III de El capital, donde se caracteriza la sociedad sin clases, el comunismo, que supuestamente ha de suceder al capitalismo, no solo como una sociedad libre de explotacin y de inseguridad, sino tambin como una sociedad en la que los seres humanos regularn conscientemente su metabolismo con la naturaleza. Esta frase, que ha sido en general poco comentada por los lectores e intrpretes de El capital, subraya hasta qu punto Marx fue consciente de la dimensin ecolgica de la vida humana, del papel destructivo del capitalismo respecto a esta dimensin e incluso de la misin regenerativa que correspondera al socialismo en el futuro.

En el ao 2000 se publicaba la obra de John Bellamy Foster Marxs Ecology. Materialism and Nature (traducido al castellano con el ttulo La ecologa de Marx. Materialismo y naturaleza, El Viejo Topo, 2004), una obra consistente y muy documentada sobre el tema, que aclara muchos puntos. Este libro aporta elementos adicionales que permiten hacerse una idea ms precisa del ecologismo de Marx, a partir de un recorrido muy detallado de las diferentes tradiciones cientficas y materialistas que influyeron en este autor, desde Epicuro (a quien va dedicar su tesis doctoral) y Lucrecio hasta los ilustrados europeos y la ciencia natural. Foster explica, a partir de los cuadernos de lectura de Marx, como este se interes, entre otros, por la geologa histrica, por la teora evolucionista de Darwin y por la qumica agrcola, especialmente por Justus von Liebig, que denunci la inviabilidad a largo plazo de la agricultura capitalista. Recoge tambin mltiples pronunciamientos sobre el tema tanto de Marx como de Engels. Este ltimo, en una carta a Marx, pona el acento en el derroche de nuestras reservas de energa, nuestro carbn (que caracteriza como calor solar del pasado) y de los bosques, indicando los efectos devastadores de la deforestacin [2] .

Foster relaciona la conciencia marxiana de la fractura metablica (trmino utilizado por Marx) con la obsesin por la divisin antagnica entre ciudad y campo. Y alude a un tema que la moderna crtica ecologista ha puesto en evidencia explicando que el comercio desigual implica expolio de recursos naturales, es decir, uso y consumo, por parte de los pases ricos, de la tierra y el agua de los pases pobres cuando los primeros importan piensos, produccin vegetal o ganadera de los pases pobres:

Para Marx dice Foster la fractura metablica relacionada en el nivel social con la divisin antagnica entre ciudad y campo se pona tambin de manifiesto a un nivel ms global: las colonias asistan impotentes al robo de sus tierras, sus recursos y su suelo al servicio de la industrializacin de los pases colonizadores. Siguiendo a Liebig, que haba afirmado que Gran Bretaa roba a todos los pases las condiciones de su fertilidad y sealando a Irlanda como ejemplo extremo, escribe Marx: Indirectamente Inglaterra ha exportado el suelo de Irlanda sin dejar siquiera a sus cultivadores los medios para reemplazar los elementos constituyentes del suelo agotado (p. 253).

Es bastante evidente que, en estas observaciones, Marx apunta una visin del imperialismo que va mucho ms all de una explotacin en trminos de valor econmico, y que incluye el saqueo y la transferencia fsica de recursos naturales: fertilidad de la tierra, minerales del subsuelo, agua. Foster recoge tambin que Engels transmiti a Marx la noticia de los trabajos de Podolinski sobre flujos de energa y de valor, solo unos meses antes de la muerte de Marx. Este desestim por simplistas las inferencias de Podolinski, pero sin negar su pertinencia.

Un par de observaciones ms indican hasta qu punto haba avanzado en la mente y la obra de Marx la conciencia ecolgica. Una es el esbozo de la nocin de sostenibilidad ecolgica en la idea de la continuidad de la especie humana o cadena de generaciones, cuando dice, por ejemplo, en el libro I de El capital, que la agricultura tiene que preocuparse por toda la gama de condiciones permanentes de la vida que requiere la cadena de las generaciones humanas, o cuando se refiere a las condiciones eternas de la existencia humana impuestas por la naturaleza [3] . Otra observacin, esta ms socioecolgica, merece una atencin especial, porque se ha atribuido a Marx la idea de que el desarrollo agrcola exige aumentar la escala de la produccin, idea que parece coherente con una visin peyorativa del pequeo campesinado como una rmora del pasado. He aqu como lo presenta Foster:

(...) Su anlisis [el de Marx] le ense los peligros de la agricultura a gran escala, a la vez que le haca ver que la cuestin principal era la interaccin metablica entre los seres humanos y la tierra. En consecuencia, la agricultura solo poda existir a una escala bastante grande all donde se mantuvieran las condiciones de sostenibilidad, cosa que Marx consideraba imposible en la agricultura capitalista a gran escala. La moraleja del cuento dice Marx en el libro III de El capital (...) es que el sistema capitalista va en sentido contrario a la agricultura racional, o que la agricultura racional es incompatible con el sistema capitalista (aunque este promueva el desarrollo tcnico de la agricultura) y necesita o bien pequeos campesinos que trabajen por su cuenta o el control por parte de productores asociados. Marx y Engels argumentaron continuamente en sus obras que los grandes terratenientes eran invariablemente ms destructivos en relacin a la tierra que los agricultores libres (p. 255).

Sorprendente, no? Estas observaciones contradicen la visin habitual de Marx en relacin a la ecologa. Esto tiene una explicacin. Estas percepciones de Marx y Engels no bastaron para superar su visin esencialmente productivista y su confianza, pese a todo, en el progreso tcnico, y no influyeron en los contenidos bsicos del corpus terico que se traspas a sus herederos, los cuales fijaron su atencin en la interpretacin marxiana del desarrollo industrial, que tomaron como paradigma desligndolo de sus efectos colaterales ecolgicos.

Foster recorre las aportaciones de diversos autores marxistas que recogieron algunas de las reflexiones ecolgicas de Marx y Engels, como el mismo Kautsky en su trabajo sobre la cuestin agraria. Da un valor especial a Bujarin, que asign un papel importante al concepto de metabolismo en su tratado de sociologa. Bujarin atribuy a la agricultura ms importancia que cualquier otro dirigente bolchevique, hecho que estaba ligado a su defensa de los campesinos frente a los intentos de colectivizacin forzosa de las tierras. Dio una particular importancia a Vernadsky, introductor en el ao 1926 del concepto de biosfera y fundador de la geobioqumica, de quien Lynn Margulis dijo que fue la primera persona en toda la historia que se enfrent a las implicaciones reales del hecho de que la tierra sea una esfera autnoma. Y a Vavilov, especialista en gentica vegetal. Tanto Vernadsky como Vavilov vivieron y desarrollaron sus teoras en la Rusia sovitica. El mismo Lenin estableci en 1920 una reserva natural en la Unin Sovitica al sur de los Urales, la primera en el mundo destinada por un gobierno al estudio cientfico de la naturaleza. Todo esto hace decir a Foster que en la dcada de 1920 la ecologa sovitica era probablemente la ms avanzada del mundo (p. 365). Pero como tantas otras iniciativas innovadoras de la revolucin sovitica, todo se lo llev el viento de la contrarrevolucin estalinista. La URSS puso en prctica un industrialismo descarnado y una agricultura qumica y mecanizada de grandes unidades. No solo las prcticas agronmicas quedaron marcadas por la filosofa desarrollista, sino que dieron origen a planteamientos tericos e ideolgicos que influyeron en todo el movimiento de obediencia sovitica en el mundo. Un ejemplo estremecedor de hasta dnde ha podido llegar la tecnolatra implcita en esta orientacin se encuentra en la obra colectiva checa La civilizacin en la encrucijada, dirigida por el cientfico social Radovan Richta, que en los aos 60 del siglo XX llam la atencin como una versin modernizada de la filosofa del socialismo real. El equipo redactor se vincul al programa democratizador de Alexander Dubcek, y por tanto era visto como una renovacin de la idea del socialismo. Lo fue realmente? No en el replanteamiento de la consideracin terica de la naturaleza en relacin a la especie humana. Entre otras cosas, la mencionada obra dice: El mundo que rodea hoy al hombre ya no es desde hace tiempo la naturaleza intacta. (...) Adopta los rasgos de una naturaleza otra, impuesta por el hombre. (...) El hombre deja de ser un simple ser natural y deviene, en todos los aspectos, un individuo social, elaborado por la civilizacin. El gran cambio que los autores de este estudio ponen de relieve es un cambio tecnolgico, el paso de una tecnologa que fragmenta y aliena las capacidades de los trabajadores y de los ciudadanos, a una tecnologa multilateral, que les abre el camino de su desarrollo propio y autnomo. El mrito de este cambio proviene de la revolucin cientificotcnica:

La automatizacin, la quimizacin, la biologizacin de la produccin, las tcnicas modernas de consumo, los medios de comunicacin y el urbanismo tienden actualmente a evitar que las personas sirvan al mundo de los objetos. La revolucin cientfica y tcnica, en su conjunto, puede en definitiva llegar a transformar la civilizacin en un servicio para el ser humano: a adaptar el proceso de produccin, a construir un modo de vida, etc., favoreciendo as el desarrollo humano en su plenitud [4] .

Es absolutamente revelador que este informe de 460 pginas en la versin francesa no contenga ninguna consideracin ni mencin alguna de la agricultura y la alimentacin humana, que no hable de alienacin del hombre respecto de la naturaleza que no haga aparecer la palabra agricultura! Su tecnolatra llega tan lejos, si no ms, que los documentos de la Rand Corporation de los Estados Unidos o de cualquier otra agencia tecnocrtica del mundo.

La izquierda tiene que librarse de toda esta regresin terica. Dos amenazas le ayudarn a hacerlo: el cambio climtico y el agotamiento de los combustibles fsiles y el uranio. No se podrn abordar estas dos amenazas sin una reconsideracin radical de la fractura metablica experimentada los dos ltimos siglos y sin un programa de mutacin energtica y metablica para reconstruir la economa sobre la base de la sostenibilidad ecolgica y la circularidad de los recursos. Releer a Marx y Engels con una nueva mirada, que permita recuperar sus reflexiones protoecologistas superando sus insuficiencias, ayudar sin duda a llevar adelante este programa de reconstruccin.

(Este texto es una versin castellana y parcialmente modificada de un artculo publicado por su autor en la revista Nous Horitzons, n 218, que conmemora el bicentenario del nacimiento de Karl Marx).

Notas:

[1] Manuel Sacristn, Algunos atisbos poltico-ecolgicos de Marx, en el volumen Pacifismo, ecologa y poltica alternativa, Barcelona, Icaria, 1987, pp. 146-147. La cita del Anti-Dhring est en la p. 144.

[2] John B. Foster, La ecologa de Marx. Materialismo y naturaleza, Barcelona, El Viejo Topo, 2004, pp. 255-256.

[3] J.B. Foster, op. cit., pp. 253 y 252.

[4] Radovan Richta (dir.), La civilisation au Carrefour, Pars, ditions Anthropos, 1969, pp. 210-211 y 213.

Joaquim Sempere Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso

Fuente: www.sinpermiso, 7-10-18

Traduccin: Iovana Naddim

Fuente: http://www.sinpermiso.info/textos/el-ecologismo-de-marx



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