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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2018

Races de un fenmeno socio-poltico
Una huracn llamado Bolsonaro

Ral Zibechi
Brecha


El ascenso vertiginoso de la ultraderecha tiene races histricas, sociales y culturales que es necesario desentraar para ir ms all de los adjetivos. Las elites dominantes han abandonado la democracia como instancia de negociacin de intereses opuestos y parecen encaminarse hacia un enfrentamiento radical con los sectores populares. En Brasil esto significa una guerra de clases, de colores de piel y de gneros, donde las mujeres, los negros y los pobres son el objetivo a batir.

La arrasadora victoria de Jair Messias Bolsonaro en la primera vuelta de las elecciones brasileas, es el mayor tsunami poltico, social y cultural que ha vivido este pas en su historia. Si dejamos de lado las posturas elitistas y conspirativas, debemos aceptar que la gente saba a quin votaba, que no lo hicieron engaados ni presionados. Ms an, esta vez los grandes medios no jugaron a favor del candidato ultraderechista, difundieron sus bravatas y no escatimaron crticas.

Para completar este breve cuadro, debe saberse que Bolsonaro tuvo muy poco tiempo en los espacios gratuitos de la tev, los que en otras ocasiones cambiaron las preferencias electorales. Por pertenecer a un pequeo partido sin casi representacin parlamentaria (el PSL, Partido Social Liberal), debi utilizar las redes sociales, donde tuvo una performance muy superior a la de los dems postulantes. Se present como el candidato antisistema aunque lleva 27 aos como diputado, y consigui captar los sentimientos en contra del establishment de la mayora de los brasileos.

Bolsonaro surfe y alent la ola social conservadora, machista y racista, pero no fue el hacedor de esos sentimientos. Los aprovech porque coinciden con su forma de ver el mundo.

La tormenta poltica del domingo pasado llev hasta las instituciones a personajes desconocidos, como Eduardo Bolsonaro, el hijo, que reuni 1,8 millones de votos para lograr su banca de diputado, la mayor votacin para ese cargo en la historia del pas. La desconocida abogada Janaina Paschoal, que fue una pieza clave en la destitucin de Dilma Rousseff en 2016 (fue una de las autoras del pedido de impeachment contra la expresidenta), fue electa con el mayor caudal de votos que se recuerda para su cargo de diputada estatal, en el estado de So Paulo. Kim Kataguiri, un joven impresentable animador del Movimiento Brasil Libre (MBL) que llen las calles en 2015 y 2016 contra el PT, fue electo por el derechista Demcratas (DEM) y aspira a presidir la Cmara de Diputados federal.

EL CENTRO DERROTADO

La derecha en su conjunto consigui 301 de los 513 escaos de la cmara baja (vase nota en pgina 13), un aumento sustancial, ya que en 2010 tena 190 diputados y en 2014, 238. La izquierda perdi uno respecto a las elecciones de 2014: obtuvo 137 diputados, pero en 2010 haba alcanzado 166. El gran derrotado fue el centro, que cay a 75 escaos, de 137 en 2014. Entre los partidos, el MDB de Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso son los grandes derrotados con apenas 31 y 25 diputados respectivamente. Hubo adems una proliferacin de nuevos partidos con escasa representacin, pero que en su conjunto suman 95 escaos, la mayora de la derecha (la organizacin de los datos anteriores, en las categoras izquierda, centro y derecha, fue hecha por el Centro de Estudios de Opinin Pblica de la Universidad Estatal de Campinas y fue publicada por el Observatrio das Eleies).

Las tormentas tienen resultados como el que mostr la primera vuelta: no dejan nada en su lugar, sacan a la superficie aquello que estaba sumergido y, tras el desolador panorama del da despus, ensean las heces que nadie quera ver. Pero muestran tambin que, debajo y detrs de las heridas, hay caminos posibles que las fuerzas institucionales y sus acomodados analistas se niegan a transitar.

El da despus ensea varios hechos que deben ser desmenuzados para avizorar lo que puede depararnos el futuro inmediato: el Ya Basta! que pronunci la sociedad en 2013, la herencia de la dictadura militar, el fin del lulismo y las limitaciones de la izquierda para afrontar los nuevos escenarios.

EL FACTOR JUNIO 2013

Fue el momento decisivo, el que formate la coyuntura actual, desde la cada de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. Junio de 2013 comenz con manifestaciones del Movimiento Pase Libre (MPL) contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que consigui movilizar alrededor de 10 mil personas. Se trata de una agrupacin juvenil formada en el Foro Social Mundial de Porto Alegre, que encarna a los jvenes estudiantes de las ciudades y tiene formas de organizacin y movilizacin horizontales y festivas.

La reaccin de la polica militar fue, como siempre, brutal. Pero esta vez la poblacin de las grandes ciudades sorprendi a todos, al salir a las calles por cientos de miles y hasta millones. A lo largo del mes, 20 millones ocuparon las calles en 353 ciudades. Fue un evento fundamental de la historia reciente de Brasil, que mostr los altos niveles de descontento y frustracin social pero, a la vez, la potencia transformadora que anidaba en la sociedad.

El PT no entendi que se trataba de un clamor pidiendo ms: ms inclusin, mejores servicios sociales, ms igualdad, exigiendo un paso ms en las polticas sociales que se venan aplicando, lo que implicaba tocar los intereses del 1% ms pudiente del pas. El gobierno y su partido retrocedieron espantados, sin comprender que podan ponerse al frente las multitudes para desbloquear un sistema poltico que jugaba a favor de las elites.

Suele sucederle a los que estn arriba, que los murmullos de abajo los inquietan, porque suean con la paz social para seguir representando a los ausentes. En efecto, la representacin es un teatro que slo funciona si los representados ocupan las sillas para que los representantes se hagan cargo del escenario.

La ultraderecha, sin embargo, supo interpretar las debilidades de la presa (el gobierno del PT), como esos cazadores contumaces, entendi los puntos flacos de la presa (la corrupcin) y se lanz con saa en una guerra de rapia. Los resultados estn a la vista. La izquierda vaci las calles en junio de 2013 y se las dej a una derecha que desde las vsperas de la dictadura (1964) haba perdido toda conexin con las multitudes. El PT y el conjunto de la izquierda perdieron la nica oportunidad que haban tenido de torcerle el brazo a la derecha y las elites.

Luego vinieron las millonarias manifestaciones contra el gobierno del PT, la ilegtima destitucin de Dilma, la multiplicacin de los sentimientos contra los partidos y el sistema poltico y, finalmente, el crecimiento imparable de Bolsonaro. Es cierto que la crisis econmica es el teln de fondo de todo este proceso, que polariz an ms a la sociedad. Pero haba otros caminos si la izquierda hubiera dejado los cmodos despachos para aquilatar los verdaderos dolores de la poblacin ms pobre.

LA HERENCIA DE LA DICTADURA

Brasil es el nico caso en la regin en el que no hubo un Nunca Ms, ni juicios a los militares y civiles del rgimen. Lo peor es que para buena parte de la poblacin adems de las elites por supuesto, la dictadura fue un buen momento econmico y represent el lanzamiento de Brasil como potencia regional.

La dictadura gener importantes inversiones en obras de infraestructura, consigui un crecimiento econmico sostenido en la dcada de 1960 y comienzos de 1970, hasta que lleg el estancamiento. En el imaginario de muchos brasileos, fue un perodo positivo, tanto en lo econmico como en la autoestima nacional. Fueron los aos de oro de la geopoltica brasilea delineada por el general Golbery do Couto e Silva que llev al pas a tener una presencia determinante entre sus vecinos y convertirse en la principal potencia regional, al doblegar a la Argentina en la vieja competencia por la expansin de influencias.

Segn el filsofo Vladimir Safatle, la dictadura se acomod a un horizonte de democracia formal pero en lo subterrneo estaba all, presente y conservada. Las policas continuaron siendo policas militares, las fuerzas armadas siguieron intocadas, ningn torturador fue preso y se preserv a los grupos polticos ligados a la dictadura (Agencia Pblica, 9-X-18). En consecuencia, cuando la Nueva repblica nacida luego de la dictadura (1964-1985) comenz a naufragar, el horizonte de 1964 reapareci como el imaginario del pas deseable, para una parte sustancial de la poblacin.

Como ejemplo de esta realidad, estn no slo las brutales declaraciones de Bolsonaro contra gays, lesbianas, negros e indios, sino las de importantes personalidades del sistema judicial. El nuevo presidente del Supremo Tribunal Federal, Jos Antonio Dias Toffoli, justifico das atrs el golpe de Estado de los militares diciendo que prefiere referirse a ese momento como el movimiento de 1964 (iG ltimo Segundo, 1-X-18). Safatle asegura que no conseguimos terminar con la dictadura y opin que el PT podra haberlo hecho pero ni siquiera lo intent, pese a que Lula alcanz un increble 84% de aprobacin cuando dej el gobierno.

Otras consecuencias de la continuidad de la dictadura en democracia, es la composicin de las instituciones del Estado. En el parlamento los sectores ms reaccionarios vienen creciendo de formar sostenida desde 2010 y alcanzaron la hegemona en 2014. El bloque ruralista que apoya el agronegocio y rechaza con violencia la reforma agraria, cuento con casi 200 diputados, mientras la bancada evanglica oscila en torno a los 76 diputados. La bancada de la bala (que defiende la pena de muerte y el armamento de la poblacin) pas de no tener ningn senador a conseguir 18 sillones de los 54 que estaban en disputa (Uol, 9-X-18).

En el mismo sentido puede registrarse la abrumadora presencia de militares en el equipo de campaa de Bolsonaro, empezando por su candidato a vicepresidente, el general Hamilton Mouro, que defiende desde la eliminacin del aguinaldo hasta una nueva Constitucin, pero sin asamblea constituyente. Quiz lo que mejor revela el espritu de esta ultraderecha, son los pasos dados por Bolsonaro cuando estaba en el proceso de elegir a su vice: uno de los sondeados fue el prncipe Luiz Philippe de Orlans e Bragana, descendiente de familia imperial (Carta Capital, 5-VIII-18).

EL FIN DEL LULISMO

El fin del lulismo tiene dos races: la crisis econmica de 2008 y el nuevo activismo social. La paz social era la clave de bveda del consenso entre trabajadores y empresarios, as como de un presidencialismo de coalicin que albergaba partidos de izquierda y de centro derecha, como el MDB de Michel Temer.

Las consecuencias de la crisis econmica de 2008, que derrumb los precios de las commodities y derechiz a las elites, sumada a las jornadas de junio de 2013 que hicieron aicos la paz social, enterraron el llamado consenso lulista. Cuando apenas haba inaugurado su segundo gobierno, el 1 de enero de 2015, Dilma Rousseff se propuso calmar al gran capital a travs de un ajuste fiscal que erosion buena parte de las conquistas de la dcada anterior.

El descontento de la base social del PT fue capitalizado por la derecha ms intransigente. Recordemos que Dilma gan con el 51 por ciento de los votos, pero meses despus su popularidad se situaba por debajo del 10 por ciento. Con el ajuste fiscal el PT perdi una base social laboriosamente construida, que se haba mantenido fiel al partido durante dos dcadas de derrotas, antes de llegar al poder.

Lo cierto es que el lulismo no fracas, sino se agot. Durante una dcada haba proporcionado ganancias a la mayora de los brasileos, incluyendo a la gran banca , que obtuvo los mayores dividendos de su historia. Pero el modelo desarrollista haba llegado a su fin, ya que se haba agotado la posibilidad de seguir mejorando la situacin de los sectores populares sin realizar cambios estructurales que afectaran a los grupos dominantes. Algo que el PT an se niega a aceptar.

En el terreno poltico, la gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo que sumaba ms de una decena de partidos, la mayora de centro derecha como el MDB. Pero esa coalicin se desintegr durante el segundo gobierno de Dilma, entre otras cosas porque la sociedad eligi en 2014 el parlamento ms derechista de las ltimas dcadas, que fue el que la destituy en 2016.

Otra consecuencia del ascenso de la derecha ms conservadora, es la crisis de la socialdemocracia de Cardoso. El PSDB perdi toda relevancia, as como el MDB y el DEM que eran la base de la derecha neoliberal. El PSDB se form en 1988 durante la transicin a la democracia y la redaccin de la Constitucin. Junto al PT fueron los rivales ms enconados de la poltica brasilea, pero a la vez era los dos principales partidos capaces de aglutinar una amplia colacin a su alrededor, algo que le permiti a Cardoso gobernar entre 1994 y 2002.

Los resultados del candidato presidencial del PSDB, Geraldo Alckmin, el 7 de octubre, de apenas el 4 por ciento de los sufragios, ensean la crisis del partido histrico de las elites y las clases medias blancas urbanas. Su base social emigr a Bolsonaro, por lo menos en las elecciones federales, aunque an conserva cierto protagonismo en el estado de So Paulo, donde se asientan sus ncleos histricos. El descalabro de este sector, neoliberal pero democrtico, puede tener hondas repercusiones en el futuro inmediato, independientemente de quin gane el domingo 28.

LA IZQUIERDA SIN ESTRATEGIA

Lo que se viene ahora es una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la poblacin negra e indgena, contra todos los movimientos sociales. Con o sin Bolsonaro, porque su poltica ya gan y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones. Cuando dice que hay que poner punto final a todos los activismos en Brasil, est reflejando un sentimiento muy extendido, que pone por delante el orden a los derechos (Expresso, 8-X-18).

No es un caso aislado. La ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, acaba de lanzar su propio exabrupto, esta semana en una entrevista televisada, al vincular los movimientos sociales con el narcotrfico, abriendo de ese modo el grifo de la represin. Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstculos para implementar medidas ms profundas contra las economas populares y la soberana estatal sobre los bienes comunes.

Sobre el futuro inmediato, el cientista poltico Csar Benjamin seala: Temo que un gobierno de Boslonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilizacin de grupos, de masas que lo apoyan, que el rgimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado de Par puede entender que lleg la hora de lanzar sus pistoleros, un polica que participa de un grupo de exterminio entender que puede ir ms lejos. Concluye con una frase lapidaria: El sistema vigente de los aos 80, especialmente desde la Constitucin de 1988, ya no existe ms (Piau, 8-X-18).

Cuando la izquierda apost todo a una democracia claramente deficiente, sucedieron dos cosas. Primero, se evidenciaron sus dificultades a la hora de moverse en el borde de los cauces institucionales, como lo hacen todos los movimientos sociales. Hacerlo, significara poner en riesgo los miles de cargos estatales y todos los beneficios materiales y simblicos que conllevan. En cierto sentido ense su incapacidad de cambiar su estrategia, cuando la derecha s lo hizo.

Segundo, optar por este camino supona no tomar en cuenta que para los sectores que la izquierda dice representar, como los jvenes y las mujeres de las favelas los ms atacados por el sistema del orden, nunca hubo democracia verdadera. Estos sectores se ven forzados a moverse en el filo de la legalidad, porque, usando un concepto de Fanon, en la zona del no-ser, donde los derechos humanos son papel mojado, la sensatez les dice que no pueden confiar en las instituciones estatales. La impunidad del crimen de Marielle Franco habla por s sola.

Limitarse al terreno electoral es suicida para un movimiento de izquierda, cuando del otro lado estn rifando las libertades mnimas. Entre la lucha armada de los 60 y la adhesin ciega a elecciones sin democracia, hay otros caminos posibles. Los que vienen transitando tantos pueblos organizados para recuperar la tierra, cuidar la salud, el agua y la vida. Si algo nos ensea el Brasil de estos aos, es que hace falta tomar otros rumbos, no limitados a la estrategia estatista, probablemente inciertos, pero que tienen la virtud de abrir el abanico de posibilidades.

Fuente: https://brecha.com.uy/huracan-llamado-bolsonaro/

 


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