La primera bomba de tiempo se construy en el perodo colonial y en el proceso de independencia, se accion de modo particularmente brutal varias veces a lo largo de la historia moderna de Brasil, aunque nunca se desactiv eficazmente. Se trata del ADN de una sociedad dividida entre seores y siervos, elites oligrquicas y el pueblo ignorante, entre la normalidad institucional y la violencia extrainstitucional, una sociedad extremadamente desi- gual en la que la desigualdad socioeconmica nunca puede separarse del prejuicio racial y sexual. A pesar de todos los errores y defectos, los gobiernos del Partido de los Trabajadores (PT) fueron los que ms contribuyeron a desactivar esa bomba, creando polticas de redistribucin social y de lucha contra la discriminacin racial y sexual sin precedentes en la historia de Brasil. Para que la desactivacin fuera eficaz sera necesario que dichas polticas resultaran sostenibles y permanecieran durante varias generaciones a fin de que la memoria de la extrema desigualdad y de la cruda discriminacin dejara de ser polticamente reactivable. Como esto no ha sucedido, las polticas tuvieron otros efectos, pero no el efecto de desactivar la bomba de tiempo. Por el contrario, provocaron a quien tena poder para activarla y hacerlo cuanto antes, antes de que fuera demasiado tarde y las amenazas para las elites y las clases medias se volvieran irreversibles. La avasalladora demonizacin del PT por los medios oligopolistas, sobre todo a partir de 2013, revel la urgencia con la que se quera poner fin a la amenaza.

La segunda bomba de tiempo se construy en la dictadura militar, que gobern el pas entre 1964 y 1985, y en el modo en que se negoci la transicin a la democracia. Consisti en mantener a las Fuerzas Armadas (FF.AA.) como ltimo garante del orden poltico interno y no solo como garante de la defensa contra una amenaza extranjera, como es normal en las democracias. Ultimo quiere decir en situacin de disposicin para intervenir en cualquier momento definido por las FF.AA. como excepcional. Por eso no fue posible castigar los crmenes de la dictadura (a diferencia de Argentina, pero en la misma lnea de Chile) y, por el contrario, los militares impusieron a los constituyentes de 1988 veintiocho prrafos sobre el estatuto constitucional de las FF.AA. Por eso tambin muchos de los que gobernaron durante la dictadura pudieron seguir gobernando como polticos elegidos en el Congreso democrtico. Apelar a la intervencin militar y a la ideologa militarista autoritaria qued siempre latente, a punto de explotar. Por eso, cuando en los ltimos meses los militares comenzaron a intervenir ms activamente en la poltica interna (por ejemplo, apelando a la permanencia de la prisin de Lula), pareca normal, dadas las circunstancias excepcionales.

La tercera bomba de tiempo se construy en Estados Unidos a partir de 2009 (golpe institucional en Honduras), cuando el gobierno estadounidense se dio cuenta de que el subcontinente hua de su control mantenido sin interrupcin (con la excepcin de la distraccin en Cuba) a lo largo de todo el siglo XX. La prdida de control contena ahora dos peligros para la seguridad de Estados Unidos: el cuestionamiento del acceso ilimitado a los inmensos recursos naturales y la presencia cada vez ms preocupante de China en el continente, el pas que, mucho antes de Trump, se consider la nueva amenaza global a la unipolaridad internacional conquistada por Estados Unidos tras la cada del Muro de Berln. La bomba comenz entonces a construirse, no slo con los mecanismos tradicionales de la CIA y el Instituto del Hemisferio Occidental para la Cooperacin en Seguridad (tambin conocido por su denominacin anterior, Escuela Militar de las Amricas), sino sobre todo con los nuevos mecanismos de la llamada defensa de la democracia amiga de la economa de mercado.

Esto signific que, ms all del gobierno estadounidense, la intervencin podra incluir organizaciones de la sociedad civil vinculadas a los intereses econmicos de Estados Unidos (por ejemplo, las financiadas por los hermanos Koch). En consecuencia, es una defensa de la democracia condicionada por los intereses del mercado y, por eso, descartable siempre que los intereses lo exijan. Esta bomba de tiempo mostr que ya estaba lista para operar en Brasil desde las protestas de 2013. Fue mejorada gracias a la oportunidad histrica ofrecida por la corrupcin. La gran inversin norteamericana en el sistema judicial se inici a principios de 1990, en la Rusia post-sovitica, y tambin en Colombia, entre muchos otros pases. Si la cuestin no es el regime change, la intervencin tiene que ser despolitizada. La lucha contra la corrupcin es precisamente eso. Sabemos que los datos ms importantes de la operacin Lava Jato fueron proporcionados por el Departamento de Justicia de Estados Unidos. El resto fue resultado de la miserable delacin premiada. El juez Srgio Moro se transform en el agente principal de esa intervencin imperial. Solo que la lucha contra la corrupcin por s sola no ser suficiente en el caso de Brasil. Lo fue para neutralizar la alianza de Brasil con China en el mbito de los Brics, pero no ser suficiente para abrir plenamente Brasil a los intereses de las multinacionales. Es que, como resultado de las polticas de los ltimos cuarenta aos (algunas venidas de la dictadura), Brasil tuvo hasta hace poco inmensas reservas de petrleo fuera del mercado internacional, tiene dos importantes empresas pblicas y dos bancos pblicos, y 57 universidades federales completamente gratuitas. Es decir, es un pas muy distante del ideal neoliberal, y para aproximarse al mismo se requiere una intervencin ms autoritaria, dada la aceptacin de las polticas sociales del PT por la poblacin brasilea.

As surgi Jair Bolsonaro como el candidato preferido de los mercados.

Lo que l dice sobre las mujeres, los negros o los homosexuales o acerca de la tortura poco interesa a los mercados. Poco interesa que el clima de odio que l cre est incendiando el pas. En la madrugada del pasado lunes 8, el conocido maestro de capoeira Moa do Katende fue asesinado en Salvador por un seguidor de Bolsonaro a quien no le gust que el maestro expresara su apoyo a Haddad. Y esto es solo el comienzo. Nada de esto interesa a los mercados con tal de que su poltica econmica sea semejante a la del dictador Pinochet en Chile. Y todo lleva a pensar que lo ser, pues su economista jefe tiene conocimiento directo de esa infame poltica chilena. El poltico de extrema derecha estadounidense, Steve Bannon, apoya a Bolsonaro, pero es solamente la cara visible del respaldo imperial.

Los analistas del mundo digital estn sorprendidos con la excelencia de la tcnica de la campaa bolsonarista en las redes sociales, que incluy microdireccionamiento, marketing digital ultrapersonalizado, manipulacin de sentimientos, fake news, robots, perfiles automatizados, etctera. Quien vio la semana pasada en la televisin pblica norteamericana (PBS) el documental titulado Dark Money, sobre la influencia del dinero en las elecciones de Estados Unidos, puede concluir fcilmente que las fake news en Brasil (sobre nios, armas y comunismo, etctera), son la traduccin al portugus de las que el dark money hace circular en Estados Unidos para promover o destruir candidatos. Si algunos centros de emisin de mensajes tienen sede en Miami y Lisboa es poco relevante (pese a ser verdadero).

La victoria de Jair Bolsonaro en segunda vuelta significar la detonacin simultnea de las tres bombas de tiempo. Y difcilmente la democracia brasilea sobrevivir a la destruccin que provocar. Por eso la segunda vuelta es una cuestin de rgimen, un autntico plebiscito sobre si Brasil debe continuar siendo una democracia o pasar a ser una dictadura de nuevo tipo. Un muy reciente libro mo circula hoy bastante en Brasil. Se titula Izquierdas del mundo, nanse! Mantengo todo lo que digo ah, pero el momento me obliga a una invocacin ms amplia: demcratas brasileos, nanse! Es cierto que la derecha brasilea revel en los ltimos dos aos una afeccin muy condicional a la democracia al alinearse con el comportamiento descontrolado (ms bien controlado en otros sitios) por parte del Poder Judicial, pero estoy seguro de que amplios sectores de ella no estn dispuestos a suicidarse para servir a los mercados. Tienen que unirse activamente en la lucha contra Bolsonaro. S que muchos no podrn pedir el voto por Haddad, pues tanto es su odio al PT. Pero basta que digan: no voten por Bolsonaro. Imagino y espero que eso sea dicho pblicamente y muchas veces por alguien que en otro tiempo fue gran amigo, Fernando Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil y, antes de eso, un gran socilogo y doctor honoris causa por la Universidad de Coimbra, de quien pronunci el discurso de elogio. Todos y todas (las mujeres no tendrn en los prximos tiempos un papel ms decisivo para sus vidas y las de todos los brasileos) deben involucrarse activamente y puerta a puerta. Y es bueno que tengan en mente dos cosas. Primero, el fascismo de masas nunca lo hicieron masas fascistas, sino minoras fascistas bien organizadas que supieron capitalizar las aspiraciones legtimas de los ciudadanos comunes a vivir con un empleo digno y seguridad. Segundo, al punto que llegamos, para asegurar un cierto regreso a la normalidad democrtica, no basta que Haddad gane: tiene que hacerlo con un holgado margen.

Boaventura de Sousa Santos es director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra, Portugal.

Traduccin: Antoni Aguil y Jos Luis Exeni Rodrguez, para Pgina 12.