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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2018

Algunas verdades acerca de las pensiones pblicas

Juan Francisco Martn Seco
Contrapunto


El Gobierno de Pedro Snchez se podra denominar el de los tristes destinos o, mejor, el de los anuncios y desmentidos; pero pocos proyectos han durado tan poco como el intento de eliminar la desgravacin fiscal a la inversin en fondos de pensiones. Al da siguiente de difundirlo, se produca ya la rectificacin. Algunos medios lanzaron la idea de que el Gobierno no quera enemistarse con tantos contribuyentes como se aprovechan de la desgravacin.

La afirmacin no creo que tenga mucha consistencia, porque los beneficiados con los fondos de pensiones no son tanto los contribuyentes como los bancos. Los partcipes lo nico que obtienen es retrasar el pago de los impuestos, ya que la deduccin actual se compensa con la cuanta que tendrn que abonar en el momento del rescate. Como contrapartida, pierden la administracin de su inversin, que entregan a la entidad gestora, ms preocupada de la ganancia del banco al que pertenece, que de la de los partcipes. Las comisiones se terminan comiendo cualquier asomo de rentabilidad. Hasta el ao 2006 se poda dudar de la conveniencia que para el contribuyente tena esta figura financiera, ya que en el momento del rescate se tributaba tan solo por el 60% del total. Pero, a partir de esa fecha, no parece que haya duda alguna, ya que la imposicin es del 100% al recuperar el fondo.

Lo que, sin embargo, s es seguro, es que las grandes favorecidas por los planes de pensiones son las entidades financieras, puesto que a travs de ellos cuentan con cuantiosos fondos cautivos que pueden gestionar a su antojo segn sus conveniencias y que les proporcionan importantes comisiones. De ah la defensa a ultranza que los bancos realizan de la desgravacin, porque por lo menos crean el espejismo de que esta figura financiera es ventajosa para los contribuyentes.

Los intereses de las entidades financieras en incentivar los fondos de pensiones son los que han estado detrs de la ofensiva lanzada desde los aos ochenta en contra del sistema pblico de pensiones. Desde entonces, los caones informativos del poder econmico no han dejado de bombardear con mltiples consignas acerca de la previsible quiebra de la Seguridad Social, pronosticando la hecatombe para determinadas fechas. Sin embargo, los das sealados fueron llegando sin que se cumpliesen los negros augurios de los expertos a sueldo.

Los intereses financieros estn tambin detrs de todas las voces que estos das han surgido en tono crtico al conocerse que el Pacto de Toledo haba aprobado la actualizacin anual de las pensiones por el IPC. Hasta Solchaga ha salido del escondite de sus negocios para saltar a la palestra y afirmar que los jubilados no han pagado todo lo que reciben. Ante la algaraba de despropsitos escuchados, he considerado conveniente contestar una vez ms a algunos de ellos. Tengo que reconocer que lo hago con cierta apata por no poder decir nada nuevo, distinto de lo que he repetido en bastantes ocasiones (ver los ltimos artculos sobre este tema en este diario digital publicados el 8, el 15 y el 22 de marzo de este ao, respectivamente). Pero, como los tpicos, los sofismas y las falacias son tambin los mismos, no tengo ms remedio que reiterar los argumentos. Ahora bien, la referencia a los tres artculos anteriores me exime de un relato pormenorizado, y me permite limitarme a sealar tan solo a modo de resumen los puntos ms relevantes y significativos sin entrar a fondo en ellos:

La actualizacin de las pensiones con el IPC no representa ninguna subida real, simplemente se trata de impedir que se reduzca su cuanta. Tampoco constituye un coste real para el Estado, porque si la inflacin eleva en trminos nominales el gasto pblico, incluyendo las pensiones, en la misma medida incrementa los ingresos de todas las administraciones pblicas. Si, no obstante, el gasto de la Seguridad Social se incrementa ao tras ao en trminos reales, son otras las variables responsables, por ejemplo, se debe al hecho de que las prestaciones de los nuevos jubilados sean ms elevadas que las de aquellos que abandonan el sistema, manifestacin clara de cmo las pensiones crecen menos que los salarios.

Las pensiones no tienen por qu financiarse exclusivamente con cotizaciones sociales. Son todos los ingresos del Estado los que deben hacer frente a su desembolso.

No hay ninguna razn para diferenciar el gasto en pensiones de otras partidas del presupuesto tales como la educacin, la sanidad, la justicia, el seguro de desempleo, la defensa o los intereses de la deuda. A nadie se le ocurre afirmar que tales gastos son inviables y que el Estado va a dejar de costearlos.

La viabilidad de las pensiones, como la del resto de los gastos pblicos, no depende de cuntos son los que producen, sino de cunto se produce. Gracias a los incrementos de productividad, menos trabajadores pueden generar un mayor

En los pases occidentales la productividad viene creciendo paulatinamente desde 1700. En concreto, en el periodo 1980-2012, la tasa promedio de crecimiento fue del 1,8%. Aun cuando esta tasa es bastante ms reducida que la de los periodos anteriores, es lo suficientemente elevada como para que la renta per cpita durante estos aos se haya incrementado en trminos reales el 77% y se haya creado, por lo tanto, sobrada riqueza para que no exista ningn obstculo en la financiacin del Estado social en su conjunto, incluyendo por supuesto las pensiones. Eso s, siempre que el Estado como socio destacado del sistema productivo se apropie mediante impuestos de una parte suficiente de la produccin.

Los problemas, de existir, no son de produccin sino de distribucin, y de la decisin social y poltica de crear y perfeccionar un sistema fiscal dotado de la progresividad y suficiencia apropiadas para financiar la totalidad de las prestaciones del Estado social.

No es verdad sin ms que los impuestos se opongan al crecimiento. Ms bien, si se emplean adecuadamente, puede ser al contrario. Los pensionistas tienen una propensin marginal a consumir bastante ms elevada que los contribuyentes de rentas altas -sobre quienes en mayor medida deben recaer los impuestos-, por lo que los recursos en sus manos contribuirn ms a la expansin econmica que en el bolsillo de los contribuyentes.

La prxima revolucin industrial, que ya se vislumbra, incrementar significativamente la productividad, pero por el mismo motivo puede reducir de forma considerable el nmero de puestos de trabajo. La alternativa al desempleo es, tal como ha ocurrido ya en otros momentos de la Historia, el reparto del trabajo, empleando al menos parcialmente los incrementos de productividad en disminuir la jornada de trabajo o la vida activa de la poblacin.

El sistema pblico de pensiones, a pesar de ser de reparto, no constituye ninguna injusticia intergeneracional. Los ms interesados en que no se reduzcan las pensiones son los futuros pensionistas.

Si la productividad crece y cada generacin es ms rica que la anterior se debe a que parte con un bagaje tcnico y de conocimientos mucho mayor, que ha sido posible gracias al esfuerzo de las anteriores generaciones.

Concretamente en el caso de Espaa, los jubilados actuales han costeado con sus impuestos una educacin universal y gratuita de la que la mayora de ellos no gozaron en su infancia y adolescencia. Con sus impuestos han facilitado en buena medida el acceso a la universidad de las generaciones posteriores, facilidades de las que muy pocos de su generacin disfrutaron. Con sus cotizaciones se han mantenido las pensiones de los trabajadores de pocas precedentes. Han sido su trabajo y sus contribuciones al erario pblico los que han hecho posible que hoy las estructuras y el desarrollo econmico en Espaa sean muy superiores a los que conocieron en su niez y que la renta per cpita sea ms del doble de la existente hace cuarenta aos. No le parece, seor Solchaga, que al menos han aportado tanto como reciben? No tienen derecho a que al menos se mantenga el poder adquisitivo de sus pensiones?

El sistema de pensiones espaol comparado con los de otros pases no tiene nada de generoso, a pesar de las manifestaciones de sus detractores, que se fijan exclusivamente en el porcentaje que la pensin que se reconoce en el momento de la jubilacin representa respecto del ltimo salario sin considerar otras variables.

Segn datos de Eurostat para 2015, en Espaa el porcentaje que representa el gasto en pensiones sobre el PIB es inferior al de Grecia, Francia, Portugal, Austria, Dinamarca, Holanda, Finlandia, Blgica, Italia y Alemania. Tan solo los pases que provienen del bloque del Este mantienen un porcentaje inferior.

En Espaa el gasto por pensionista es inferior al de Dinamarca, Luxemburgo, Blgica, Holanda, Suecia, Austria, Reino Unido, Finlandia, Italia, Francia, Irlanda, Alemania, etc.

En todos los pases de la Unin Europea las pensiones se revalorizan peridicamente de acuerdo con la evolucin de una o varias de estas tres variables: los precios, los salarios y el PIB. Estoy seguro de que los jubilados espaoles estaran encantados con que a la evolucin de los precios se aadiese la del PIB y la de los salarios a la hora de actualizar sus pensiones.

Por ltimo, es bueno recordar que la presin fiscal espaola se sita ocho puntos por debajo de la media de los pases de la Unin Europea. Nadie puede decir que no existe margen para mantener el sistema pblico de pensiones y actualizar las prestaciones anualmente de acuerdo con el IPC.

Artculo publicado originalmente en el blog del autor Contrapunto

Fuente: https://www.republica.com/contrapunto/2018/10/04/algunas-verdades-acerca-de-las-pensiones-publicas/#



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