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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-10-2018

Votar en contra de s mismo: Bolsonaro ya gobierna en la Argentina?

Carlos A. Villalba
Rebelin


Los fascistas del futuro no van a tener aquel estereotipo de Hitler y de Mussolini.

No van a tener aquel gesto duro militar. Van a ser hombres hablando de

todo aquello que la mayora quiere or.

Sobre bondad, familia, buenas costumbres, religin y tica.

En esa hora va a surgir el nuevo demonio,

y tan pocos van a percibir que la historia se est repitiendo.

Falsa cita de Jos Saramago desmentida por la Fundacin que lleva su nombre


Como capas de una cebolla, ante resultados electorales como el de la Argentina de 2015, o los del pasado 7 de octubre en Brasil, aparecen razones que subyacen a otras explicaciones, estudios, prejuicios y sobre todo, reverdece el sufrimiento de quienes ya padecieron las consecuencias funestas de aquel comportamiento electoral o las perspectivas de lo que podra venir.

La pregunta misma sobre por qu votar en contra de s mismo?, si se limitase a la retrica, constituira un preconcepto, una sentencia sin fundamentos que permitan comprender los sucesos. Desconocera, por ejemplo, que en 2017, ya era raro no conocer un chico o un joven del Morro da Cruz, la mayor periferia de Porto Alegre, que no fuese admirador de Bolsonaro, a quien pensaban votar, convertido en un fenmeno, en un smbolo totmico de identificacin juvenil masculino, similar al papel que Nike o Adidas, desempeaban en tiempos de crecimiento econmico y defensa gubernamental del consumo por parte de quienes menos tienen, un proceso desarrollado por Lula y su Partido de los Trabajadores, segn el estudio de las antroplogas Rosana Pinheiro Machado y Luca Mury Scalco[1].

La respuesta ms sencilla al interrogante podra ser que se vota de ese modo porque no se sabe que es en contra de s mismo. Y porque cambiar (en la Argentina poskirchnerista) siempre es bueno, o porque un mesas (brasileo), inevitablemente, debe mejorar la situacin, sobre todo de aquellos mismos despojados, ya que as lo dicen los evangelios, y lo confirman los militares.

Por ambas cosas, un sector de los afrobrasileos, de las mujeres, de los homosexuales, de los trabajadores, de los jubilados, colocaron al borde de la Presidencia de la Repblica Federativa de Brasil a Jair Mesas Bolsonaro, racista, misgino, homofbico, defensor de la tortura, que quiere terminar con las paritarias, considera una excentricidad al aguinaldo, pretende suprimir el derecho a las vacaciones y a las indemnizaciones por despido y se propone privatizar las jubilaciones, ya que no se puede gastar en esa franja sociolaboral.

Por ambas cosas Mauricio Macri se instal en la Casa Rosada el 10 de diciembre de 2015, cuando logr trepar hasta el 51,34% de los votos, desde su techo del 34,15% de la primera vuelta electoral del 25 de octubre del mismo ao. Lo consigui anunciando que hara todo lo que no hizo durante su gestin y que no hara todo lo que hace, esta poltica que sumergi en la miseria, la pobreza, el hambre y el fro a las mayoras argentinas, causando la mayor cantidad de dao socioeconmico en menos tiempo de la historia constitucional argentina. Y lo logr tambin en base a criticar al gobierno que produjo la mayor redistribucin de renta desde la dcada peronista de 1945 a 1955.

Cuando los resultados brasileos del domingo 7 de octubre confirmaron la estrella del hombre de la contradiccin entre los militares nacionalistas y los ultraliberales de la escuela de Chicago, algunos se preocuparon por lo que podra suceder en la Argentina, guiados por el viejo mito de que el brasileo es un reloj argentino que adelanta. Sin embargo, un anlisis ms serio aunque no menos pesimista, indica que Bolsonaro ya gobierna la Argentina desde diciembre de 2015, el Bolsonaro posible en un pas con historia peronista, clase media desarrollada, sindicatos fuertes, movimientos sociales con capacidad organizativa y control de calle, sostenido rechazo transversal a la dictadura cvico militar y un movimiento de gnero convertido en factor de poder, tambin por encima de las adscripciones partidarias.

Nada es tan sencillo

La economa, sobre todo la de todos los das, la que se siente, en el bolsillo y hasta en el estmago cuando las cosas se agravan, juega un papel determinante en el comportamiento electoral, aunque sus efectos no necesariamente son reflejos ni inmediatos. La Argentina posapocalptica que hered Nstor Kirchner en 2003 tena una desocupacin formal del 21%, una pobreza del 57,5%, con una indigencia del 27,5% y, por ejemplo, el consumo anual de carne vacuna por persona era del 59,3%. En 2007 haba saltado hasta los 69,9 kilos.

En 2015, cuando Cristina Kirchner dej la Presidencia, la situacin, medida a partir de cualquiera de los parmetros que se eligiesen, era mucho mejor que la inicial, aunque en un marco de deterioro econmico producido en los ltimos aos de su mandato, producto de los lmites del modelo elegido por la pareja presidencial que vino del Sury por las crisis internacionales que impactaron en las economas de los pases dependientes, como lo es la Argentina.

En general, las sociedades determinadas por el capitalismo no comparan su presente material con los indicadores del inicio del proceso de mejora de sus consumos (en este caso 2003) sino contra el pico de bienestar (por ejemplo 2010). Si en una familia se coman4 milanesas semanales, subi a 10 y despus baj a 7, lo que se registra no son las 3 milanesas ms sino las 3 menos Un clculo de carnicera que grafica operaciones tan profundas como no conscientes de la psiquis de quienes eligen o descartan candidatas y candidatos.

Ese es el comportamiento del ser humano dentro del sistema socioeconmico imperante, el de suma y sigue; cuando se llega a la subidita de una loma, se quiere escalar la siguiente, ms alta.

Medios y mucho ms

Mauricio Macri, presidente de un club popular de ftbol, se convirti en Presidente de la Nacin a pesar de ser gerente de uno de los grupos econmicos ms beneficiados por los negocios generados durante la ltima dictadura cvico militar, condenado y exculpado por prescripcin como contrabandista, referente de la cartelizacin y los sobornos durante todos los gobiernos constitucionales argentinos desde 1983. Desde ese momento la mitad de los analistas analizan el milagro por el cual la derecha ultraliberal pudo llegar al gobierno nacional por elecciones; la otra mitad se rasga las vestiduras progresistas y reniega de los pobres que votaron en contra de s mismos.

Desde las carteras costosas de una ex presidenta hasta el peso decisivo del Grupo Clarn y el conjunto concentrado de medios; desde los globitos amarillos hasta los lmites de un modelo que no transform las estructuras bsicas que oprimen a las mayoras ni tom parte de los recursos de las corporaciones concentradas de la economa, se plantean a diario como variables de lo que no sucedi y del desastre econmico y social que s sucede en el presente. Mesas Bolsonaro y el estrpito del apoyo logrado reinstala dudas, dilemas e ignorancias argentinas.

Los medios de comunicacin, obvio, juegan un papel extraordinario. En un sistema capitalista, la ideologa que domina es la de los grupos dominantes; a travs de los aparatos de esos grupos comunicacionales circulan los contenidos de ese mecanismo inconsciente que se pone en funciones desde el da mismo del nacimiento, el que impone y naturalizaque el pobre es menos que el rico, la flaca tiene un modelo esttico mejor que el de la gorda, el del alto que el del petiso, el negro es peor que el blanco, y as hasta el fin de los prejuicios, que sentencian sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, lo lindo y lo feo y, sobre todo, acerca de lo valioso y til y lo intil y peligroso, casi casi, el vago y malentretenido, del Juan Moreira, el de Favio ms que el de Eduardo Gutirrez.

Los medios de comunicacin son los vehculos que distribuyen esa visin.Los consumidores de sus productos degluten no solo curvas de mujeres hermosas, peripecias de inspectores y forenses, gambetas y atajadas de equipos de ftbol, penurias novelescas o debates polticos, en realidad mastican y digieren aquel modelo pautado de consumir y vivir, que disimula los mecanismos del empobrecimiento.

Ese mundo comunicadohasta hace pocos aos se circunscriba a los medios. Las nuevas tecnologas de distribucin y recepcin de datos, noticias, imgenes, series, msica, generaron un espacio an ms veloz de contacto y, sobre todo, mucho menos controlado de veracidad. El 60% de los votantes de Bolsonaro en primera vuelta se informan -de manera exclusiva- por whatssap, un vehculo al alcance de todos, ms cuando ms joven se es, a travs del que, cualquiera, puede asegurar que los rivales de determinado sector partidario van a secuestrar a los chicos del barrio para encerrarlos en mazmorras adoctrinadoras, anunciar el restablecimiento del derecho de pernada medieval, el retiro de los planes sociales o, por el contrario, asegurar que determinado candidato va a distribuir pantallas Smart de 50 pulgadas para cada vecino. En el caso brasileo con el sostn del complejo ideolgico, movilizador y comunicacional del sector evanglico pentecostal.

Sin criterios de verdad, sin datos, sin comprobacin, se tiran honras a los perros, se viralizan y se convierten en certezas que, tambin, influyen sobre el comportamiento electoral de sectores importantes del electorado. Las redes sociales constituyen el complemento del accionar de la banca transnacional en el mecanismo de dominio de un mundo como el del presente. 

Cultura del descarte

En su actual fase financiarizada, al capitalismo le interesa ms que las sociedades consuman a que produzcan; en consonancia, el trabajo no constituye una forma de generar bienes y obtener un salario que permita satisfacer el conjunto de necesidades, apetencias, deseos de todas las mujeres y hombres en capacidad de ejercitarlo.

Una vez ms son los medios los encargados de distribuir esa visin. Miles de millones de personas de todas las edades, religiones, gneros, condiciones econmicas, comprando cualquier tipo de bienes, servicios e inutilidades en el mundo entero, testimonian el xito del Capital en convertir el consumo en aspiracin fundamental de la sociedad[2].

Sin embargo, el consumismo no es una ventaja, un bien, una superacin de los problemas de la sociedad; por el contrario, encarnauna enfermedad del capitalismo.

El fraile dominico brasileo Frei Betto, telogo de la liberacin reconocido mundialmente, considera que la mayora de los recientes gobiernos de la regin permitieron que la gente haya mejorado de vida. Los pobres tuvieron acceso a bienes personales, como celulares, computadoras, hasta coches. Piensa sin embargo que no se garantiza el apoyo popular a los procesos dando al pueblo slo mejores condiciones de vida, porque eso puede originar en la gente una mentalidad consumista y es necesario desarrollar en simultneo un trabajo poltico, ideolgico, de educacin, sobre todo en los jvenes[3]. 

El elemento consumista forma parte del conjunto de variables que determinan el comportamiento electoral, en poblaciones de las caractersticas descritas por Betto. En pases que vienen de procesos beneficiados por economas inclusivas, parte de esos sectores, a partir de la prdida parcial del poder adquisitivo alcanzado bajo esas administraciones, protestas, se desencantan, siguiendo el ejemplo de las milanesasy, por ltimo, cambian el signo de su voto, tratando de seguir el Norte del tener y no la meta del ser.

En esa direccin, el ya citado estudio de la periferia de Porto Alegre sostiene que se podra inferir que la pertenencia bolsonarista (del sector juvenil analizado) tiene una de sus races en el propio modelo de desarrollo lulista, centrado en la capacidad individual y el consumo. Y no en el cambio estructural de los bienes pblicos vinculados a un proceso de movilizacin colectiva.

Participacin, movilizacin, organizacin

Solo la prctica consciente permite, primero, comprender la trampa que impone el sistema; despus, evitar, al menos parcialmente, sus consecuencias.

En trminos sociales, participacin, movilizacin y organizacin (populares) constituyen las herramientas con capacidad para contrarrestar las imposiciones ideolgicas del sistema, del mismo modo que contribuyen a la acumulacin poltica que fortalece a los sectores que defienden los intereses de empobrecidos y marginados y se rebelan contra las injusticias.

Esas prcticas son las que posibilitan la batalla, por dispar que sea, contra la cultura dominante, contra el sentido comn dominante, en el marco de la disputa por la construccin de sentido; instituyen la diferencia entre los productos de un proceso histrico determinado, y no un mero conjunto de afirmaciones verdaderas, dadas, naturales, que siempre fueron de ese modo y siempre lo sern.

El sentido comn dominante, la ideologa dominante, son la forma de concebir el mundo, la sociedad y el modelo de producir de la clase dominante, del bloque social dominante en ese momento histrico. Es decir que el conjunto social comprende su realidad con la visin del sector minoritario que tiene en sus manos el control del aparato ideolgico, productivo, econmico y financiero que, adems, determina la cultura y sus expresiones.

Sin embargo, la presencia de un bloque dominante, implica la existencia -mayoritaria- de los dominados y la puja entre ambos sectores genera una dinmica de tensiones, en cuyos resquicios anidan las posibilidades de transformacin.

Cuando las condiciones, las correlaciones de fuerza y las fortalezas de los despojados se organizan y avanzan sobre las lgicas de explotacin, las transformaciones profundas estn ms cerca. En la Argentina lo saben los centenares de miles de movilizadas y movilizados por todo tipo de injusticias en su contra, y se lo hicieror sabes al gobierno del presidente Macri que, con su nave escorada, debi abrazarse a la soledad del palo mayor que le arrim el FMI.

El Bolsomito puede llegar a comprobarlo en poco tiempo; aunque los plazos electorales sean cortos, el camino de la Historia y de sus pueblos, es tan paciente como implacable.

Notas:

[1] Rosana Pinheiro-Machado e Lucia Mury Scalco: Da esperana ao dio: Juventude, poltica e pobreza do lulismo ao bolsonarismo (http://www.ihu.unisinos.br/583354-da-esperanca-ao-odio-juventude-politica-e-pobreza-do-lulismo-ao-bolsonarismo)

[2] Emilio Prsico, Juan Grabois: Nuestra Realidad; Confederacin de Trabajadores de la Economa Popular (CTEP). http://www.ctepargentina.org/descargas/1.pdf

[3] Frei Betto: El papel de la tica en las polticas de desarrollo (http://www.lajiribilla.cu/articulo/el-papel-de-la-etica-en-las-politicas-de-desarrollo)

Carlos A. Villalba. Psiclogo y periodista. Investigador argentino asociado al Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE) (http://estrategia.la/). Miembro de La Usina del Pensamiento Nacional y Popular, Buenos Aires, Argentina

Fuente: http://estrategia.la/2018/10/13/votar-en-contra-de-si-mismo-bolsonaro-ya-gobierna-en-la-argentina/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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