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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 16-10-2018

Bolsonaro y la derrota cultural del progresismo

Aram Aharonian
Rebelin


La expresiva actuacin del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro, del Partido Social Liberal (PSL) en la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil, puede ser explicada por tres factores que actuaron de forma simultnea: antipetismo (odio), rechazo al sistema poltico (frustracin) y la consolidacin de valores conservadores en la sociedad, tras la derrota cultural del progresismo brasileo.

Hay un punto que hay que tener en cuenta: el poder fctico desech a la democracia como instancia de negociacin y marcha hacia un enfrentamiento radical contra los sectores populares, en una guerra de imposicin ideolgica que tiende a borrar las conquistas sociales, inclusin social y de redistribucin de la riqueza de la etapa del progresismo, que incluye confrontaciones de clase, de grupos tnicos, de gnero.

Dos conceptos definen la importancia que tiene Brasil. El exsecretario de Estado de EEUU, Henry Kissinger, dijo que Hacia donde se incline Brasil, se inclinar Latinoamrica y defini al gigante sudamericano como el satlite privilegiado de las polticas de Washington en estos territorios.

No hay que olvidar que la dictadura militar en Brasil fue larga (1964-2003) y tuvo gobiernos desarrollistas conservadores durante los cuales el pas creci y se industrializ, de la mano de una gigantesca exclusin y desigualdad social. Pero el desprestigio de los militares n el imaginario colectivo de los brasileos fue inferior al desarrollado en los otros pases del rea.

La victoria en primera vuelta del candidato ultraderechista Jair Bolsonaro en Brasil, da cuenta que ms all de una derrota electoral del progresismo, ste debe asimilar la derrota cultural. Incluso si gana en la segunda vuelta, a Fernando Haddad, el delfn de Lula, le ser muy difcil gobernar: la derecha acumul 301 de los 513 escaos en Diputados (sumaba 238 en 2014), mientras la izquierda pas de 166 a 137 diputados, y el centro, el gran derrotado, apenas logr 75 bancas (tena 137): el MDB de Temer y el PSDB de Fernando Henrique Cardoso lograron 31 y 25 diputados respectivamente.

 Si bien no participa directamente en el escenario electoral, la prensa hegemnica era poseedora casi exclusiva del contacto diario y directo con los ciudadanos. Pero ahora ve su relevancia amenazada por otros medios de comunicacin, las redes sociales y la militancia de las iglesias evanglicas (a travs de la oligoplica Red Record) fueron las que produjeron los fenmenos electorales de Bolsonaro y tantos otros desconocidos de la gran prensa que, de la noche a la maana, conquistaron victorias electorales impensable.

En 2019, la cuestin meditica ser crucial. Independientemente de quien gane la eleccin, las redes Globo y Record estarn en franca disputa por las pautas oficiales y las redes sociales permanecern dominadas por el odio hacia la izquierda, propagado por ambas concesionarias pblicas, y por la milicia virtual del mesas, que cuenta con hartos recursos de empresarios brasileos y extranjeros, como estamos viendo a lo largo de esta campaa, seala Joaquim Palhares, director de Carta Maior.

El Laboratrio de Estudos de Mdia e Esfera Pblica seala que se est pasando de un paradigma donde la comunicacin con el elector se daba por medio de los partidos y los medios tradicionales a un paradigma donde stos, sin quedar totalmente fuera de la ecuacin, se ve sobrepasados por las iglesias evanglicas y las redes sociales.

Lo cierto es que los partidos tampoco fueron aniquilados, en vista de las expresivas votaciones recibidas por el PT, PSB, PP, pero perdieron mucho de su capacidad comunicativa. Para los grandes medios, junta a este cambio vino otro, la quiebra del patrn de competencia que haba caracterizado a la Nueva Repblica, el del enfrentamiento entre el PT y el PSDB. Esta vez, Geraldo Alckmin, el candidato tucn (del PMDB) no consigui mostrarse competitivo, a pesar de su preponderancia en horario electoral gratuito, lo que demostr la carencia de capacidad comunicacional de los partidos, ya no solo del PT.

Algunos analistas se adelantan a los resultados de la segunda vuelta y hablan del mayor tsunami poltico, social y cultural que ha vivido Brasil en su historia, pero no hubo engaos: la gente saba a quin votaba. Esta vez los grandes medios (la Red Globo, Folha de Sao Paulo, O Estado) no jugaron a favor del Bolsonaro (aunque dieron amplia difusin sus bravatas), e incluso lo criticaron.

El candidato ultraderechista tuvo muy poco tiempo en los espacios gratuitos de la televisin y el atentado sufrido jug a su favor: fue una excelente excusa para rehuir debates.

Se present como el candidato antisistema aunque lleva 27 aos como diputado (sin que se le conozca propuesta alguna), y consigui captar los sentimientos de la mayora, de la mano de la inteligencia y del financiamiento puesto a su disposicin por la internacional capitalista (la Red Atlas), sus think tanks, sus ongs, sus redes y sus vendedores de esperanza evanglicos: pare de sufrir. Es ms, aprovech e insufl la ola conservadora, fascistoide, machista y racista.

Entre estos movimientos ultraconservadores, se destaca el Movimiento Brasil Libre (MBL), que lanz la campaa anti-Dilma Rousseff en 2013. Kim Kataguiri, uno de sus lderes aspira a presidir la Cmara de Diputados. Janaina Paschoal, una de las autoras del juicio poltico a la expresidenta, obtuvo el mayor caudal de votos que se recuerde como diputada en Sao Paulo. El propio hijo del candidato, Eduardo, sum 1,8 millones de votos, la mayor votacin para diputado lograda en la historia.

Hoy, el bloque ruralista -del agronegocio y contra cualquier reforma agraria,- tiene dos centenares de diputados, el evanglico unos 76 y la bancada de la bala, defensora de la pena de muerte y de armar a la poblacin, que no tena senadores, pas a contar con 18 de los 54 curules en disputa.

Para avizaorar lo que se viene, es necesario desmenuzar la actual crisis por la que atraviesa ese pas; las debilidades del progresismo del Partido de los Trabajadores (PT), los generalizados problemas en materia de corrupcin e inseguridad (utilizados por la propaganda del sistema), la herencia de la dictadura, el anunciado fin del lulismo, las limitaciones evidentes del progresismo y de la izquierda para comprender las nuevas realidades y sobre todo de afrontarlas.

Causas de la restauracin conservadora

Entre sus principales logros de los gobiernos del PT (Lula y Dilma) se puede destacar que sac de la pobreza a ms de 20 millones de brasileos, de la mano de una poltica asistencialista, pero dej inclumes las bases econmicas del sistema empresarial que sigui dominando el poder, arraigado en los latifiundistas y la poderosa Federacin de Industriales de Sao Paulo (FIESP), con la que negociaba el poder poltico.

Lula dej el Banco Central en manos del economista Henrique Meirelles, del sector financiero y amigo de la FIESP y ministrfo del golpista Temer. Joaquim Levy, economista de la Escuela de Chicago, fue Ministro de Hacienda de Dilma. O sea, en lugar de producir cambios estructurales, profundos y de incentivar la participacin popular, prefirieron dormir con el enemigo, facilitando el acoso de las trasnacionales y las conveniencias estratgicas de la poltica estadounidense en la regin.

Fue el propio gobierno del PT, su tibieza, el que abri las puertas para una restauracin conservadora: el consumismo reemplaz a una necesaria formacin ideolgica y construccin de un poder en manos del pueblo organizado.

Para peor, aquellos movimientos sociales que llevaron al PT al gobierno, fueron desmantelados y sacados de la calle. Lo prueban el escaso protagonismo y movilizacin de la central obrera CUT, de la militancia del PT, y en menor grado del Movimiento de los Trabajadores sin Tierra, en los ltimos acontecimientos lo prueban.

La persistente dictadura

Brasil es el nico pas sudamericano donde no hubo un Nunca Ms a la dictadura militar, ni juicios a los militares (ningn torturador fue preso y Bolsonaro se dio el lujo de alabar al torturador de Dilma) y civiles del rgimen. En el imaginario colectivo represent el lanzamiento de Brasil como potencia regional, con grandes obras de infraestructura y un crecimiento econmico sostenido hasta que lleg el estancamiento.

En esa poca el general Golbery do Couto es Silva deline la nueva geopoltica brasilea que convirti al pas en potencia regional (el subimprialismo del que hablaba Paulo Schilling), Sucedieron gobiernos democrticos, pero la dictadura simpre se sostuvo soterrada, la polica sigui militarizada, nadie os tocar el poder castrense dejando en el camino las pretensiones hegemnicas de los militares argentinos.

Pero Bolsonaro no slo alab a torturadores sino que lanz ataques permanentes contra homosexuales, mujeres, negros e indios. No fue el nico: hasta Jos Antonio Dias Toffoli, el presidente del Supremo Tribunal Federal, elegido por el PT, en lugar de hablar de dictadura prefiri referirse al movimiento de 1964. El PT, que cuando Lula dej el gobierno ostentaba un 84% de aprobacin, no consigui (ni intent) terminar con la dictadura ni cambiar las estructuras del Estado.

Si bien Bolsonaro estuvo tentado de elegir como vice al prncipe Luiz Philippe de Orlans e Bragana, descendiente de familia imperial portuguesa, opt por el verborrgico y ultraderechista general Hamilton Mouro, cuyas banderas de campaa fueron la eliminacin del aguinaldo y la redaccin de una nueva Constitucin por notables, sin participacin ciudadana.

Corrupcin, inseguridad, Venezuela: jugar con el miedo

Los temas de corrupcin e inseguridad estn en el centro de las cuestiones planteadas, con mucha influencia en las decisiones de los electores. Ambos problemas son reales pero han sido construidos de tal manera para que siembren el miedo y favorezcan polticas represivas; sirven al objetivo de despolitizar a la sociedad y dejar que solo el poder econmico pueda gobernar e imponer sus criterios, obviamente al servicio de sus intereses.

La corrupcin incluye los recursos necesarios para el financiamiento de un sistema poltico que deja afuera a quienes no tengan mucho dinero y su aprovechamiento por parte del sistema imperial de dominacin que, de esa manera, se evita tener que adoptar otras formas de intervencin que lo dejaran al descubierto. Esa circulacin de dinero ilegal crea las condiciones para el enriquecimiento de la dirigencia que maneja esos recursos.

Los movimientos populares siempre reivindicaron el valor de la tica en el manejo de la cosa pblica, pero ese valor se fue deshilachando cuando les toc ser gobierno, recuerda el dirigente social argentino Juan Guahn. Esto constituye un acto de traicin a los intereses que dicen defender y al sentido de los cambios que en sus discursos- proponen realizar, aade.

El tema de la inseguridad -64 mil muertos en 2017- es una de las claves de las polticas de dominio de los poderosos: cuatro de cada cinco informaciones de los medios hegemnicos no slo en Brasil- se refiere a asuntos policiales, con el fin de estigmatizar a los pobres, fortalecer las polticas represivas y multiplicar la desconfianza y descreimiento en un sistema poltico institucional, que por mritos propios es cada vez ms decrpito.

Antes de intentar ser presidente, Bolsonaro intent producir un polmico filme de 26 minutos, difundido por youtube, con el ttulo Venezuela: um alerta para o Brasil, que relata una cobarde conspiracin comunista para tomar control de la mayor democracia latinoamericana para tornarla en un infierno bolivariano. Es posible que Brasil se convierta en la Venezuela del maana, tuite Bolsonaro, con un link a su filme.

En sus primeros comentarios tras el triunfo del 7 de octubre, Bolsonaro seal que haba slo dos caminos para los electores: el suyo, de prosperidad, libertad y santidad, o el de Haddad, el amino de Venezuela. Campaas similares se usaron para derrotar al candidato centroizquierdista Gustavo Petro en Colombia, acusado de castrochavista.

Ante esta arremetida de Bolsonaro fue el expresidente Fernando Henrique Cardoso, acrrimo crtico del PT y de Lula, calific de exagerados los alegatos sobre la amenaza comunista. Haddad, acosado por periodistas extranjeros, reafirm el compromiso del PT con el principio de no intervencin en los asuntos internos de otros pases: La respuesta no son ms balas, ms bases militares, ms guerra el continente necesita ms cooperacin. 

El anunciado fin del lulismo

El socilogo Ral Zibechi recuerda que junio de 2013 fue el momento decisivo, el que formate la coyuntura actual, desde la cada de Dilma hasta el ascenso de Bolsonaro. En ese momento comenzaron las manifestaciones de jvenes estudiantes urbanos contra el aumento de las tarifas del transporte urbano, que encontraron la reaccin brutal de la polica militar, que tuvo inmediata respuesta de miles de ciudadanos en 353 ciudades del pas.

Era el primer aviso en reclamo de mayor igualdad, exigiendo un paso ms en las polticas sociales que se venan aplicando, lo que implicaba tocar los intereses del 1% ms pudiente del pas. La que s supo intrepretar la situacin fue la ultraderecha. La izquierda, los movimientos sociales vaciaron las calles en junio de 2013 y se las dej a una derecha que desde las vsperas de la dictadura haba perdido toda conexin con las multitudes.

Luego vinieron las multitudinarias manifestaciones contra el gobierno del PT, la ilegtima destitucin de Dilma, la multiplicacin de los sentimientos contra los partidos y el sistema poltico y, finalmente, Bolsonaro, con el teln de fondo de la crisis econmica.

El anunciado fin del lulismo tiene su raz en la crisis econmica de 2008 que derrumb los precios de los commodities y las movilizaciones de 2013, que rompieron de facto el consenso trabajadores-empresarios y el esquema de coalicin para gobernar, entre sectores de izquierda y varios grupos de centroderecha como el PMDB.

Esta coalicin se rompi en 2014 cuando la derecha llen el congreso y logr, finalmente, el juicio poltico y la destitucin de Dilma, mientras se desmoronaba la socialdemocracia de Fernando Henrique Cardoso: su candidato Geraldo Alckim apenas logr el 4% de los votos y su base social emigr a Bolsonaro. El PSDB, que fuera el rival ms fuerte del PT desde 2002, perdi toda relevancia, as como el MDB y el DEM, la base de la derecha neoliberal.

El intent de Dilma de calmar al poder fctico al asumir su segundo gobierno en 2015 con un ajuste fiscal, termin por dinamitar las conquistas sociales de la dcada anterior. El descontento social fue capitalizado por la derecha radical, alimentada diariamente por la prensa hegemnica y las redes sociales.

Durante ms de una dcada el desarrollismo lulista proporcion bienestar a las grandes mayoras y enormes ganancias a la gran banca, pero el modelo se agot cuando ni siquiera intent realizar cambios estructurales en el pas, temeroso de afectar al poder fctico. Claro, pona en riesgo los miles de cargos estatales y todos los beneficios materiales y simblicos que conllevan. El PT mostr su incapacidad de cambiar su estrategia, la derecha s lo hizo.

La paz social era la clave del consenso entre trabajadores y empresarios, as como de un presidencialismo de coalicin que albergaba partidos de izquierda y de centro derecha, pero las consecuencias de la crisis econmica de 2008, que derrumb los precios de las commodities y derechiz a las elites, junto a las jornadas de junio de 2013 que hicieron aicos la paz social, enterraron el llamado consenso lulista.

Lo cierto es que el lulismo no fracas, sino se agot. Durante una dcada haba proporcionado ganancias a la mayora de los brasileos, incluyendo a la gran banca , que obtuvo los mayores dividendos de su historia. Pero el modelo desarrollista haba llegado a su fin, ya que se haba agotado la posibilidad de seguir mejorando la situacin de los sectores populares sin realizar cambios estructurales que afectaran a los grupos dominantes. Algo que el PT an se niega a aceptar.

En el terreno poltico, la gobernabilidad lulista se basaba en un amplio acuerdo que sumaba ms de una decena de partidos, la mayora de centro derecha liberal como el PMDB y el DEM. Pero esa coalicin se desintegr durante el segundo gobierno de Dilma, entre otras cosas porque la sociedad eligi en 2014 el parlamento ms derechista de las ltimas dcadas, que fue el que la destituy en 2016.

Otra consecuencia del ascenso de la derecha ms conservadora, es la crisis de la socialdemocracia de Cardoso: su candidato Geraldo Alckmin apenas alcanz el 4% de los votos.. El PSDB perdi toda relevancia, y desnuda la crisis del partido histrico de las elites y las clases medias blancas urbanas. Su base social emigr a Bolsonaro.

La izquierda sin estrategia

Lo que se viene ahora es una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la poblacin negra e indgena, contra todos los movimientos sociales. Con o sin Bolsonaro, porque su poltica ya gan y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones.

No es un caso aislado. La ministra de Seguridad argentina Patricia Bullrich, acaba de lanzar su propio exabrupto, esta semana en una entrevista televisada, al vincular los movimientos sociales con el narcotrfico, abriendo de ese modo el grifo de la represin. Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstculos para implementar medidas ms profundas contra las economas populares y la soberana estatal sobre los bienes comunes.

Sobre el futuro inmediato, el cientista poltico Csar Benjamin seal al portal Piau: Temo que un gobierno de Bolsonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilizacin de grupos, de masas que lo apoyan, que el rgimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado puede entender que lleg la hora de lanzar sus pistoleros, un polica que participa de un grupo de exterminio entender que puede ir ms lejos. El sistema vigente desde la Constitucin de 1988, ya no existe ms.

Para el supuesto que Haddad logre remontar el resultado adverso del domingo pasado, Brasil seguir una ruta semejante a la que tuvieron Lula y Dilma, pero con caractersticas particulares. Ese gobierno, tendr mucho menos poder y estar sometido al constante acecho de este nuevo liderazgo de un conservadorismo militante y reaccionario.

A ello habr que agregarle la presencia amenazante de una estructura militar fuertemente comprometida con una candidatura de surgida segn analistas- de la entraas de la inteligencia militar. Todos esos antecedentes le daran un fuerte clima de inestabilidad institucional a un eventual gobierno del PT.

Paulo Guedes, quien ha sido presentado como el prximo ministro de Economa de Bolsonaro, ahora cuestionado por hechos de corrupcin, es un liberal clsico, tambin formado en la Escuela de Chicago. Su poltica puede chocar con cierto nacionalismo de Bolsonaro y de algunos ncleos de sectores militares.

Se tratara de un gobierno de los BBB -buey (ganado), biblia y bala-, por la fuerza que tendran los tradicionales terratenientes y dueos del poder; por la presencia decisiva de los sectores evanglicos integrantes de la Iglesia Universal del Reino de Dios (IURD), expulsada en1992 del seno de la Alianza Evanglica de Iglesias por sus actividades non sanctas; y por el anunciado carcter represivo del que hace alarde y promueve Bolsonaro.

De ganar Bolsonaro incluso de no lograrlo-, se vendr una fenomenal ofensiva contra los derechos laborales, contra la poblacin negra e indgena, contra todos los movimientos sociales, porque su poltica ya gan y se ha hecho un lugar en la sociedad y en las instituciones. Bolsonaro no alcanaz an a la ministra argentina de Seguridad, Patricia Bullrich, quien vincul los movimientos sociales con el narcotrfico, abriendo de ese modo el grifo de la represin.

Se trata de desviar el sentimiento de inseguridad hacia los actores colectivos que resultan obstculos para implementar medidas ms profundas contra las economas populares y la soberana estatal sobre los bienes comunes, afirma Zibechi.

El cientista poltico Csar Benjamin seal al portal Piau su temor de que un gobierno de Boslonaro sea peor que el gobierno militar. Hay una movilizacin de grupos, de masas que lo apoyan, que el rgimen militar nunca tuvo. Una vez que llegue a la presidencia, un hacendado de Par puede entender que lleg la hora de lanzar sus pistoleros, un polica que participa de un grupo de exterminio entender que puede ir ms lejos.: El sistema vigente de los aos 80, especialmente desde la Constitucin de 1988, ya no existe ms.

Es sabido que Argentina tiene en Brasil a su principal socio comercial. Esa situacin puede cambiar o sufrir un severo deterioro si finalmente- ese eventual gobierno decide dinamitar o profundizar la decadencia del Mercosur.

Hay dos formas de pararse ante la segunda vuelta. Desde la ptica de los partidos, sus plataformas electorales y lo dicho por sus dirigentes, surge que Haddad tendra buenas posibilidades de revertir el resultado. Si bien son pocos los que han pedido a sus adherentes que voten a Haddad, la mayora de ha manifestado pblicamente su oposicin a Bolsonaro. Ese sera el modo racional, polticamente correcto, de analizar la realidad y Haddad tendra posibilidades.

Pero hay otra forma de mirarla, colocando el eje ms en los aspectos emocionales y ese es el modo que Bolsonaro ha planteado su campaa. Uno de sus spots ms difundidos dice: o mito llegou e o Brasil acordou, mientras un coloso de piedra se despereza ante una poblacin emocionada que sale a ver ese fenmeno y donde se escucha ordem e progresso, eu quero pro mi pas y se ve, al fondo, el lema o gigante nao esta mais adormecido.

Frente a ese despliegue emotivo y en un marco muy crtico a los partidos conocidos es lamentablemente- poco probable que el racionalismo partidario, que puede reunir Haddad, logre quebrarlo, descontando los 18 millones de votos que los separaron en la primera vuelta. Pero el voto til lleg a su mximo potencial: Bolsonaro se sinti frustrado de tner que disputar la segunda vuelta y suspendi la fiesta de celebrascin programada.

Esta ventaja no es esttica: no hay automatismo en la escogencia de inmensas parcelas del electorado y por ende, la eleccin est abierta y es realista la posibilidad de Haddad venza a Bolsonaro. Una semana antes de la primera ronda, unos 20 millones de ciudadanos an no tena definido su voto. El efecto manada del voto til derriti las principales candidaturas antipetistas (Marina Silva y Geraldo Alckmin), ayud al crecimiento de Bolsonaro y gener resultados sorprendentes, como la eleccin inesperada de ciertos gobernadores, diputados y senadores.

Si uno sigue con la numerologa, la votacin de las candidaturas no-antipetistas (Haddad, Ciro Gomes, Ghillerme Boulos, Vera Luca, Goulart) totalizaron 45, 4 millones de votos (42,36%), 13,7 millones menos que los estimados el 20 de agosto, cuando Lula an mantena posibilidades. Hoy, segmentos del antipetismo rechaza las barbaridades de Bolsonaro y sus prcticas truculentas y odiosas, lo que permite pensar que parte de ellos puede votar nulo, no votar, e incluso votar por Haddad.

Anticomunistas sin comunistas

Uno de los dramas del progresismo en nuestra regin es que ha dejado a mitad de camino

la transformacin econmica, la revolucin cultural, la transferencia del poder a los ciudadanos, el ejercicio de nuevos tipos de gestin poltica, de gobierno, sin olvidar los vicios atvicos propios del poder: corrupcin, nepotismo, trfico de influencias, soberbia,

prepotencia, autosuficiencia, dice Nstor Francia..

Mientras, la convivencia y connivencia con los usos electoralistas, propagandsticos y organizativos de los factores de la democracia burguesa, termin por confundirlos con la derecha en la percepcin popular que los considera tan polticos como los de la derecha, en el peor sentido de la palabra.

Los medios hegemnicos de informacin han impuesto el imaginario de que en todas las sociedades de nuestra regin impera la sensacin de desorden, anarqua y crisis

multidimensional, donde se mueven poderosas bandas delictivas, con participacin de policas y militares organizadas (como las milicias verdes de Bolsonaro), que practican el chantaje, el soborno, el contrabando, el trfico de drogas, el sicariato, el paramilitarismo. Por eso cala tan hondo el discurso que ofrece orden y autoridad.

Es innegable que Bolsonaro conquist una inmensa base social. Su discurso de odio y violencia fue capturando las insatisfacciones desde jvenes hasta las viudas de la dictadura, desde las periferias hasta las elites, bajo el aplauso de los vendedores de armas. Responsables de la construccin de la polarizacin social en el pas, Globo (y tambin la pentecostal Red Record) diseminaron el antipetismo, reaplicando su vieja receta de anticomunismo bsico.

Un tuit del investigador argentino Andrs Malamud, habla de la paradoja brasilea: elegir a un fascista de verdad, creyendo que es de mentira, por miedo a un comunismo de mentira que creen que es de verdad. Es mucho ms que un juego de palabras: quiz resume el drama que se vive hoy en Brasil.

Aram Aharonian. Periodista y comuniclogo uruguayo. Magster en Integracin. Fundador de Telesur. Preside la Fundacin para la Integracin Latinoamericana (FILA) y dirige el Centro Latinoamericano de Anlisis Estratgico (CLAE, www.estrategia.la)

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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