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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-10-2018

La fiebre de la soja enferma al Paraguay

Sandra Weiss
Alainet


La soja transgnica destinada a la exportacin est invadiendo el Paraguay y cambiando al pas. Los perdedores son los campesinos y los consumidores. Esta es la historia de un despojo.

El ojo humano se pierde en un mar verde. Los monocultivos de soja alrededor de esta pequea localidad en el Este del Paraguay se extienden hasta el horizonte. El sol quema, y el vehculo levanta polvo rojo mientras recorre los tpicos caminos de tierra de la regin. Un desagradable olor a pesticidas irrita las mucosas mientras un tractor con una aspersora est fumigando con glifosato. Los grandes productores no pierden ni un centmetro. Sus plantaciones empiezan directamente al lado del camino, aunque por ley, las calles y los asentamientos deberan estar protegidos por barreras de rboles.

Actualmente se cultivan 3.2 millones de hectreas de soja en Paraguay. La cosecha de 2017 promete un nuevo rcord. Desde su oficina climatizada en Asuncin, Jos Berea, presidente de la Cmara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (CAPECO), luce contento. No hubo sequa y muy pocas plagas.

En 2016, la exportacin llen los bolsillos de los barones de la soja con ms de tres mil millones de dlares, prcticamente libres de impuestos. Recin en 2012 se implement el impuesto a la Renta. Los exportadores agrcolas generan 1/4 del PIB, pero segn clculos del economista Vctor Ral Bentez, solo pagan el 2 % de los ingresos fiscales del Estado.

La soja es un gran negocio que implic una profunda transformacin del campo paraguayo. El paso de un modelo de agricultura familiar al modelo agroexportador con elevada capitalizacin de las unidades productivas por mecanizacin y uso de transgnicos, no deja lugar para pequeos agricultores como Alcides Ruiz (33 aos) de San Juan.

La soja transgnica por sus altos costos, no es rentable en propriedades menores a 150 hectreas. Muchos campesinos han cedido, vendieron sus tierras y se mudaron al cinturn de pobreza en los alrededores de la capital, el mismo afirma con determinacin, su negacin de salir de su territorio, Yo no quiero lustrar zapatos en Asuncin, razn por el cual, se uni a la Federacin Nacional Campesina (FNC), el ncleo de la resistencia pacfica.

Sin embargo Qu chances tienen las 20.000 familias campesinas organizadas contra la fuerza combinada de las multinacionales que se esconden detrs del negocio de la soja, que vale miles de millones de dlares? Contra empresas como Monsanto y Syngenta, que dominan el mercado de la soja transgnica y los pesticidas que la acompaan? Contra los grandes terratenientes locales o contra agroexportadores como Cargill o Bunge?

Paraguay es, segn BASE Investigaciones Sociales -apoyada por MISEREOR- uno de los pases con la concentracin de tierra ms alta a nivel mundial. Un 2.6 % de propietarios de tierra, controlan 85.5 % de la superficie apta para la agricultura. Desde el Estado, los sojeros, muchos de ellos colonos brasileos, tienen todo el apoyo.

Sin embargo, no siempre fue as. Despus de su independencia, hace ms de 200 aos, el dictador Jos Gaspar Rodrguez de Francia decidi seguir un camino diferente para desarrollar al Paraguay econmicamente. El Estado controlaba la economa y con excepcin de mquinas, no se importaba nada, pero s se exportaba yerba mate y madera. Los extranjeros no podan entrar al pas. Promovi la produccin domstica y posicion al Paraguay como uno de los pases econmicamente ms avanzados de Sudamrica.

Este xito, basado en un modelo proteccionista, era contrario a los intereses comerciales de los Estados Unidos y el Reino Unido, por lo cual intentaron desestabilizar al Paraguay con la ayuda de los pases vecinos aliados. Los intentos culminaron hace 150 aos en la Guerra de la Triple Alianza, en donde Paraguay luch solo, contra una alianza compuesta por Uruguay, Brasil y Argentina. Fue una de las guerras ms sangrientas de Sudamrica. Paraguay perdi la mitad de su territorio y tres cuartos de su poblacin muri.

Desde ese momento, nunca ms pudo deshacerse de la influencia extranjera. Tambin el auge de la soja vino de afuera. Se planific en las oficinas de las multinacionales. En 2003, la corporacin suiza Syngenta public un aviso en el cual alababa sus semillas transgnicas y en el que hablaba de su visin de una Repblica Unida de la Soja, una zona de cultivos de soja de un tamao de 46 millones de hectreas entre Brasil, Bolivia, Argentina, Paraguay y Uruguay. Monsanto -apenas unos aos antes- haba desarrollado la famosa soja transgnica resistente al glifosato: la Soja RoundupReady (RR). La visin de Monsanto y Syngenta se convirti en una realidad. Una gran parte de la Regin Oriental del Paraguay fue despojada de sus bosques y se ve hoy convertida en sojales. Mquinas gigantes estn operando da y noche durante la temporada alta de cosecha entre noviembre y marzo. Una flota de camiones transporta la carga a los silos de los compradores multinacionales como Cargill y Bunge, o hasta los puertos de carga privados, desde donde se llevan los granos de soja a Europa para ser procesados como pienso. El avance de la soja ha devorado todo en su camino: bosques, animales silvestres, zonas protegidas de poblacin indgena y el negocio familiar de los campesinos. Los trabajadores agrcolas han sido reemplazados por mquinas. La diversidad dio paso a un desierto verde, sobre el cual llueven anualmente 20.5 millones de litros de pesticidas. Hoy en da, el Paraguay tiene que importar la mayora de sus alimentos.

El campesino Alcides Ruiz est sentado en una silla de plstico, a la sombra de una morera y toma un trago largo de terer antes de empezar a contar: En 1999 todo esto era todava un pequeo paraso. Tierra frtil, bosque, un ro cristalino. En aqul entonces podamos todava cazar armadillos. Hoy en da le prohbe a su hijo Igor de un ao, baarse en el rio. Y sus gallinas mueren cada vez que el viento, con los pesticidas de los campos vecinos de soja, sopla hacia su vivienda.

Funcionarios del gobierno se excusan diciendo que puede ser culpa de algn virus. Ruiz no les cree, pero es difcil demostrar lo contrario. No hay ningn veterinario en San Juan. Las estadsticas de los Centros de Salud locales son imprecisas. Solo urgencias y casos con signos claros son declarados como envenenamiento por pesticidas, cuenta el enfermero Carlos Acosta. Problemas muy comunes ac como erupciones cutneas, infecciones respiratorias o enfermedades renales, que pueden ser relacionados con el uso de pesticidas, no estn incluidos en esta categora. Cientficamente, es complicado determinar las causas exactas.

Una de las pocas personas que investigan las consecuencias de los pesticidas sobre la salud humana en Paraguay es la Dra. Stela Bentez Leite, pediatra del Hospital de Clnicas en Asuncin. Hace un par de meses ella estuvo en San Juan examinando a los nios. Lo que para la doctora es preocupante, son los posibles daos a largo plazo. Su estudio -en el cual se est analizando la sangre de nios buscando marcadores tumorales- todava no est terminado. Sin embargo, Bentez Leite ha encontrado nmeros alarmantes en las estadsticas oficiales: Paraguay tiene una mortalidad infantil elevada, con 19 muertes por cada 1.000 nacidos vivos. Esas defunciones son en primer lugar causadas por infecciones, y en segundo lugar por malformaciones que hace algunos aos estaban en cuarto lugar.

Alcides Ruiz lleg a San Juan en 1999 cuando fue expulsado del Departamento vecino de Alto Paran, en donde la soja comenz su avance. El glifosato de los campos de soja sopl sobre su propiedad, marchit su maz y mat sus animales. l fue uno de los ltimos que dej Alto Paran y deposit su esperanza en ese nuevo pedazo de tierra intacta. Junto con otras 500 familias se establecieron en San Juan, en 5.000 hectreas entregadas por el Estado. La Constitucin del Paraguay y el Estatuto Agrario conceden diez hectreas de tierra para uso agrcola a cada familia campesina. Pero entre la Constitucin y la realidad, hay un abismo. A la par que Ruiz, los sojeros tambin haban puesto sus ojos en las tierras frtiles de San Juan. Los campesinos trasladados de Alto Paran, fueron desalojados de manera violenta. Cuando se resistieron, 64 terminaron en la crcel, uno fue asesinado, las viviendas y la escuela fueron quemadas y su cosecha destruida. A pesar de eso, Ruiz y otros campesinos volvieron un par de das despus y empezaron a sembrar de nuevo.

El Instituto Nacional de Desarrollo Rural y de la Tierra (INDERT) haba cedido el derecho de uso a cada familia, con vistas a obtener un ttulo diez aos despus, algo que est esperando Ruiz todava. En lugar de recibir los ttulos de sus tierras, vinieron los barones de la soja acompaados por la polica, y el mismo juego de expulsin y ocupacin se volvi a repetir.

Sin embargo, los campesinos de la FNC no se dan por vencidos. En 25 aos hemos logrado obtener ms de 300.000 hectreas de tierra para los pequeos pro-ductores, dice la Secretaria General de la FNC, Teodolina Villalba, con propiedad. Pero esto no es suficiente en absoluto, todava queda mucho por hacer. Segn nuestras estimaciones hay cerca de 327.000 campesinos jvenes sin tierra que siguen trabajando en la tierra de sus padres, pero esta situacin no es sostenible a largo plazo.

La FNC organiza ocupaciones de tierra y ayuda con la formacin y la construccin de bancos de semillas comunitarios. Villalba sabe que los pequeos productores solo pueden sobrevivir si logran transmitir a la sociedad paraguaya por qu los productos de la agricultura campesina son mejores. Es una difcil batalla contra el Estado, los sojeros y el marketing de las grandes transnacionales de la alimentacin. Pero para Alcides Ruiz vale la pena para que su pequeo hijo Igor tenga en el futuro un pedazo de tierra donde producir alimentos saludables.

Sandra Weiss es politloga y trabaja desde hace 18 aos como periodista independiente en Amrica Latina.

Fuente: https://www.alainet.org/es/articulo/193646


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